Liturgia de las horas propio de la Familia Franciscana

12 de enero
SAN BERNARDO DE CORLEONE,
RELIGIOSO, I ORDEN
Memoria obligatoria para OFMCap

Bernardo nació en 1605 en Corleone, Sicilia. De alta estatura y complexión fuerte, tuvo fama de ser pendenciero y violento. Tras una sincera conversión, cambió radicalmente de vida. Fue miembro de la Tercera Orden Franciscana y se dedicó a obras de misericordia con los pobres, enfermos y afligidos. Posteriormente pidió ser admitido en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Se distinguió por su vivencia evangélica impregnada de profunda piedad. Fiel al bautismo y la consagración religiosa, su única preocupación fue asemejarse cada día más a Cristo crucificado mediante una ferviente caridad y penitencia. Murió en Palermo el 12 de enero de 1667. Fue beatificado por Clemente XIII en 1768 y canonizado por Juan Pablo II en el año 2001.
Del Común de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De un sermón de san Buenaventura, obispo
(Sermo de sancto Andrea, apostolo, Opera omnia IX, Quaracchi-Florentia 1901, pp. 463-470)

Hagamos penitencia y padezcamos con Cristo

La cruz, horrible en sí misma, especialmente antes de morir Cristo en ella, debemos, con todo, desearla, porque vivifica nuestra existencia. Todos anhelan y quieren la vida perenne; no hay persona tan descastada que no la desee y la busque. Los pecadores también la quieren, pero indebidamente, porque desean disfrutar de ella sin desprenderse de sus malos hábitos y placeres.

La senda que conduce a la vida perenne, carísimos, no es ésa, sino la que atraviesa el puente levantado por Cristo, que es la cruz, y que consiste en la lucha y en la victoria contra las inclinaciones perversas.

La cruz, desde fuera, espanta; mas, considerada y vista desde dentro, es apetecible: exteriormente, es leño de muerte; profundizando en su misterio íntimo, es el árbol de la vida, porque en él estuvo clavado Cristo. Desde entonces es fuente de vida, que produce gracia, como afirma Pablo a los Romanos: La paga del pecado es la muerte; mientras que el don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. La cruz es el árbol de la gracia vivificante que viene de Cristo por el riego de la penitencia.

¿Qué árbol es éste que puede conducir al hombre desde la aridez a la fronda, de la muerte a la vida? Esta cruz es la de Cristo. ¿Por qué padeció el Hijo de Dios por los hombres y no lo hizo por los ángeles? Porque el hombre es capaz de hacer penitencia; el ángel no. El hombre es aquel árbol que de fruto cuando recibe el riego del agua, es decir, de la gracia penitencial.

Y si la cruz es portadora de gracia vivificante, nosotros, muertos tantas veces por el pecado, abracemos esa cruz, hagamos penitencia y suframos con Cristo. Pedro dice: Ya que Cristo padeció en la carne, armaos también vosotros de este mismo pensamiento. Si no hacemos penitencia no veo cómo podremos responder en el juicio.

Si quieres dar fruto espiritual, debes morir a la carne. En el evangelio de Juan dice Cristo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto. Si deseamos alcanzar los frutos del árbol de la vida juntamente con Cristo que murió crucificado en la cruz, también nosotros debemos ser crucificados con él.

Carísimos, para encontrar al Señor, debemos antes aproximarnos a la cruz; quien abandona la cruz abandonó primero a Cristo. El que desea ardientemente la cruz y al Señor lo encuentra sobre ella, y no retornará jamás con las manos vacías, porque de ella mana la fuente de la gracia. 

RESPONSORIO                                                                                                                   Rm 12, 1-2
R. Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios. * Éste es vuestro culto espiritual. 
V. Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, qué es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.* Éste es.

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Bernardo y Corleone son dos nombres
unidos en amor y penitencia:
pasión de amor y cruz hay en Sicilia
y amor al hombre y Dios Bernardo enseña.

El santo Crucifijo fue su libro,
el único saber sin otras letras:
saber de amor nacido en unas llagas,
que él gusta y dulcemente saborea.

No fue por la ciudad de limosnero,
tampoco su servicio fue la puerta;
pero el amor traspasa la clausura,
y olor de buen perfume al pueblo llega.

La dura penitencia fue querida,
templada en oración que nunca cesa;
María fue un secreto de ternura
y los enfermos fueron preferencia.

¡Oh Cristo, maravilla de tus santos,
reflejo vivo, luz que nos alegra:
a ti, el manantial de toda gracia,
a ti en la Trinidad la gloria sea! Amén.

Benedictus, ant. Bendito sea Dios que nos eligió para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.

Oración

Dios de misericordia, que nos has dejado un vivo ejemplo de penitencia y de virtudes cristianas en san Bernardo de Corleone; te pedimos nos concedas, con la fuerza de tu Espíritu, permanecer fieles en la fe y firmes en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Bernardo pasó por su tierra haciendo el bien, sirviendo a los hermanos, curando a los enfermos del cuerpo y del alma y se alegró, alabando al Señor.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia

un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega

su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,

con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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