16 de enero, santos Berardo y compañeros, protomártires, I Orden

santos Berardo y compañeros
16 de enero
SANTOS BERARDO Y COMPAÑEROS,
PROTOMÁRTIRES FRANCISCANOS
Memoria Obligatoria para la Familia Franciscana
Fiesta para OFM

Berardo, Pedro, Acursio, Adyuto y Otón, discípulos de San Francisco, partieron en 1219 de Italia a España para predicar el Evangelio a los musulmanes. Los prendieron en Sevilla, desterrándolos a Marruecos, donde continuaron predicando. Apresados de nuevo en la ciudad de Marrakech, los encarcelaron y torturaron. El rey del país los condenó a muerte en 1220. San Francisco, al enterarse del martirio, exclamó: «¡Ya puedo decir que tengo cinco auténticos hermanos menores!». San Antonio, presente en el traslado de sus reliquias a Coimbra, decidió hacerse franciscano. Fuero canonizados por Sixto IV en 1481.
Del Común de varios mártires.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires.
El salmo invitatorio como en el Ordinario.

Oficio de lectura

HIMNO

Fueron seis hijos queridos
los que Francisco eligió
para ser los mensajeros
del gran Rey, Cristo, el Señor.

Tormentos crueles sufrieron,
no los hicieron callar,
firmes en sus decisiones
con plena fidelidad.

No quisieron los halagos
ni los bienes pasajeros,
eran soldados intrépidos
del Dios Trino y verdadero.

Te damos gracias, Señor,
y te pedimos la fuerza
para vivir esta vida
siempre en marcha misionera.

A Dios Padre, al Hijo amado
y al Espíritu de Amor
sea por los siglos eternos
gloria, alabanza y honor. Amén

PRIMERA LECTURA
Del libro del Apocalipsis                                                                                                           7, 9-17

Éstos son los que vienen de la gran tribulación

En aquellos días, yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie, delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».

Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».

Y uno -de los ancianos me dijo: «Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?»

Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás».

Él me respondió: «Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono los apacentará y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos».

RESPONSORIO                                                                                              Cf. Sab 10, 17-20; 19, 7
R. Tus santos, Señor, fueron conducidos por un camino maravilloso, por su obediencia a tus mandatos. * Pasaron sin daño a través de aguas caudalosas: emergió la tierra firme, y el mar Rojo se convirtió en camino practicable.
V. Ensalzaron a coro tu brazo victorioso y cantaron, Señor, un himno a tu santo nombre. Pasaron sin daño.

SEGUNDA LECTURA
De la Crónica de los veinticuatro ministros generales de la Orden de los Hermanos Menores
(Analecta Franciscana III, Quaracchi-Florentia 1987, pp. 15-19)

Por amor a Cristo, despreciamos los bienes pasajeros de este mundo

El bienaventurado Francisco, llevado de inspiración divina, escogió a seis de sus mejores hijos y los envió a predicar la fe católica entre infieles.

Se pusieron en camino hacia España y llegaron al reino de Aragón, en donde enfermó gravemente fray Vidal, y, no logrando reponerse en su salud, dispuso que sus cinco compañeros prosiguieran la empresa, para no contradecir la voluntad del Seráfico Padre, y para no demorar por su causa la obra emprendida por Dios. Estos cinco hermanos, obedientes a los deseos de fray Vidal, que se quedó reponiéndose de su enfermedad, se dirigieron a Coimbra y desde allí a Sevilla, pero antes se despojaron del hábito religioso.

Cierto día, confortados espiritualmente, salieron por la ciudad de Sevilla con el propósito de visitar la mezquita principal y de entrar en ella; pero los sarracenos se lo impidieron, empleando la fuerza, a gritos, empellones y golpes. Apresados, fueron conducidos al palacio de su soberano, ante quien estos varones de Dios aseguraron ser mensajeros del Rey de reyes, Cristo Jesús. Tras una exposición de las principales verdades de la fe católica y animando a sus oyentes a que se convirtieran y se bautizaran, el rey, enfurecido por tanta osadía, mandó que fueran decapitados inmediatamente. Mas su Consejo, presente allí, sugirió al rey que suspendiera la sentencia, dejándoles ir a Marruecos, en conformidad con los deseos manifestados por ellos.

Llegados a Marruecos, sin pérdida de tiempo predicaron el Evangelio, especialmente en el zoco mayor de la ciudad. Se comunicó esta nueva al Sultán, quien dispuso que fueran encarcelados sin demora. Veinte días permanecieron en prisión, sin darles alimento, ni bebidas, confortados sólo con la refección del espíritu. Acabada esta reclusión, fueron llevados a la presencia del Sultán, e, interrogados, siguieron firmes en sus decisiones anteriormente manifestadas de plena fidelidad a la religión católica. Encolerizado el Sultán, mandó que fueran azotados, y que, separados los unos de los otros en diversas cárceles, fueran sometidos a intensas torturas.

Los esbirros, una vez esposados los santos varones, ligados los pies, y con sogas puestas al cuello, los arrastraron con tanta violencia, que casi se les salían las entrañas por las heridas abiertas en sus cuerpos. Sobre esas mismas heridas arrojaban aceite y vinagre hirviendo, y esparcieron por el suelo los vidrios que contenían esos líquidos para que se les clavaran al pasar por encima de ellos. Toda la noche duró este tormento, bajo la custodia de unos treinta sarracenos, quienes los flagelaron sin ningún miramiento.

A la mañana siguiente, reclamados por el Sultán, fueron trasladados semidesnudos y descalzos, mientras eran golpeados. Se repitió el interrogatorio, siendo idénticas las respuestas, por lo que el soberano cambió de táctica, haciendo traer hermosas mujeres, a las que recluyó con ellos, mientras les increpaba:

«Convertíos a nuestra religión mahometana y, en premio, os daré por esposas a estas doncellas; os colmaré de riquezas y seréis honrados por todo mi reino.»

La contestación fue unánime:

«Quédate con tu dinero, con tus mujeres y con tus honras, que nosotros renunciamos a todos esos bienes pasajeros del mundo por amor a Cristo.»

El rey, al verse desairado, se encolerizó, empuñó la espada y uno a uno, de un tajo, les abrió una brecha en la cabeza; luego, con su propia mano, les clavó en la garganta tres cimitarras. Así murieron.

RESPONSORIO                                                                         Cf. Dan 3, 95; Rom 8, 17; Ap 12, 11
R. Los santos de Dios, al morir por el nombre de Cristo, no temieron los golpes de los verdugos, * Para ser coherederos en la casa del Señor.
V. Entregaron por Dios sus cuerpos al suplicio. * Para ser.

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Francisco, pregonero del Gran Rey,
quiere llevar doquier la luz de Cristo,
quiere hacer de sus hijos, mensajeros,
como él, ardiendo en ansias de martirio.

Berardo, Pedro, Otón, Acursio, Adyuto,
a sarracenos van enardecidos,
ante reyes y fieles del “Profeta”,
proclaman como Rey a Jesucristo.

Marruecos y Sevilla se enfurecen,
los someten a escarnio y a suplicio;
flagelados, tundidos, arrastrados,
nada en su cuerpo queda ya no herido.

Con sus manos y espada, el mismo rey
siega sus vidas de héroes invictos.
Los menores, su amor y testimonio
culminan con su propio sacrificio.

Ahora está fundada la familia
con la sangre de cinco de sus hijos,
cinco hennanos, auténticos menores,
que hacen sentirse mártir a Francisco.

Dios que vences la muerte y das vida,
Dios Padre, Dios Espíritu, Dios Hijo,
con gozo te alabamos en tus siervos,
de tu verdad y amor fieles testigos. Amén.

SALMODIA
Ant.1. Los mártires contemplan la gloria de Dios; por eso soportan con alegría los tormentos.
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Ant.2. Mártires del Señor, bendecid al Señor por los siglos.
Ant.3. Aleluya, la salvación y la gloria son de nuestro Dios que ha coronado a los mártires.

LECTURA BREVE                                                                                                               2Cor 1, 3-5
¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios! Porque lo mismo que abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo abunda también nuestro consuelo gracias a Cristo.

RESPONSORIO BREVE
R. Los justos * Viven eternamente. Los justos.
V. Encuentran su recompensa en el Señor. * Viven eternamente. Gloria. Los justos.

Benedictus, ant. Por su entrañable misericordia nos ha santificado el Sol que nace de lo alto, y por medio de los santos mártires ha iluminado a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

PRECES
Celebremos, amados hermanos, a nuestro Salvador, el testigo fiel, y, al recordar hoya los santos Berardo y compañeros, protomártires franciscanos, que murieron a causa de la Palabra de Dios, aclamémoslo, diciendo:
Nos has comprado, Señor, con tu sangre.

Concédenos vivir más profundamente el misterio de Cristo,
para que podamos dar testimonio de él con más fuerza y claridad de palabra y de obra.

Perdónanos por haber ignorado la presencia de Cristo en los pobres, los sencillos, los marginados,
y por no haber atendido a tu Hijo en estos hermanos nuestros.

Maestro y Salvador nuestro, que viniste al mundo para dar la buena noticia a los pobres
haz que sepamos proclamar el Evangelio a toda criatura.

Que trabajemos, Señor, para que el mundo se impregne de tu Espíritu,
y se logre así más eficazmente la justicia, el amor y la paz universal.

Tú que, siendo nuestra vida, quisiste morir en la cruz para destruir la muerte y todo su poder,
haz que a ejemplo de los santos Berardo y compañeros, protomártires franciscanos, sepamos hacer de nuestra vida una ofrenda agradable a tus ojos.

Padre nuestro.

Oración

Padre misericordioso, que santificaste los comienzos de la Familia Franciscana con la sangre de sus primeros mártires, los santos Berardo y compañeros, concédenos que, a ejemplo de ellos, sepamos mantenernos firmes en la fe, y con nuestra vida demos testimonio de ti ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

Hora intermedia

Las antífonas y los salmos, de la feria correspondiente. La lectura breve, del Común de varios mártires; la oración como en Laudes.

Vísperas

HIMNO

 En el rosal franciscano
que brotó en Santa María
de la Porciúncula, tiene
Francisco flores y espinas.

Florecen ya cinco rosas
en las tierras mogrevinas.
Ciñen al talle la cuerda
y están de sangre teñidas.

Son cinco frailes menores
que ganaron a porfía
ser verdaderos menores
como Francisco quería.

Menores por la firmeza
de su fe, y por su vida
que entregan en testimonio
de amor por quien se la quita.

Menores en inmolarse
con su cruz en su cruz misma;
menores, porque vivieron
por su profesión ya víctimas.

 Demos al Dios Trino y Uno
alabanzas infinitas.
Y con Francisco cantemos
por siempre sus maravillas. Amén.

SALMODIA
Ant.1. El Señor benigno y justo me salvó de las garras de la muerte.
Los salmos, del Común de varios mártires.
Ant. 2. Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles; rompiste mis cadenas.
Ant. 3. Los santos mártires entregaron sus cuerpos para ser fieles a la alianza de Dios y han lavado sus mantos en la sangre del Cordero.

LECTURA BREVE                                                                                                       lPe4, 12a. 13-14
Queridos míos, estad alegres en la medida que compartís los sufrimientos de Cristo, de modo que, cuando se revele su gloria, gocéis de alegría desbordante. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, bienaventurados vosotros, porque el Espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE
R. Alegraos, justos. * Y gozad con el Señor. Alegraos.
V. Aclamadlo, los de corazón sincero. * Y gozad con el Señor. Gloria al Padre. Alegraos justos y gozad con el Señor.

Magníficat, ant. Los santos derramaron por el Señor su sangre gloriosa; en su vida amaron a Cristo, lo imitaron en su muerte y así merecieron la corona de la victoria.

PRECES
Oremos a Jesucristo, camino, verdad y vida de los hombres, y al recordar a los santos Berardo y compañeros, mártires que dieron su vida como testimonio de la fe, aclamémoslo diciendo:
Rey de los mártires, escúchanos.

Oh Cristo, luz indestructible, que vienes a iluminar nuestras tinieblas,
al llegar la tarde, despierta nuestra fe aletargada.

Concédenos mansedumbre y valentía ante las pruebas y sufrimientos de la vida,
para que demos testimonio de ti con nuestras palabras y obras.

Tú que no estás lejos de ninguno de nosotros,
muéstrate enseguida a todos los que te buscan con sincero corazón.

Danos fe firme, esperanza cierta y caridad solícita para que, siguiendo el ejemplo de los santos Berardo y compañeros, protomártires de la Familia Franciscana,
estemos siempre dispuestos a entregar la vida como testimonio de fe y de servicio a los hermanos.

Acuérdate, oh Cristo, de los que han salido de este mundo en tu paz,
y recíbelos, junto con todos los santos, en tu reino de gozo y de felicidad.

Padre nuestro.

Oración

Padre misericordioso, que santificaste los comienzos de la Familia Franciscana con la sangre de sus primeros mártires, los santos Berardo y compañeros, concédenos que, a ejemplo de ellos, sepamos mantenernos firmes en la fe, y con nuestra vida demos testimonio de ti ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén

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