Liturgia de las horas: 30 de enero, santa Jacinta de Mariscotti, virgen, III Orden

30 de enero
SANTA JACINTA DE MARISCOTTI,
VIRGEN, III ORDEN
Memoria obligatoria para la Familia Franciscana

Nació cerca de Viterbo en 1585. Amiga de fiestas, siempre se la veía donde pudiera lucir su gracia y elegancia. Su padre la obligó a ingresar en las Hermanas Franciscanas de la Tercera Orden, pero aun en el monasterio vivió disipadamente y con toda clase de lujo, como una joven noble, durante diez años. A raíz de una grave enfermedad cambió de vida y se afanó en obras de caridad y penitencia. Cambió la soberbia en paciencia, la ambición en humildad. Ejerció una caridad llena de delicadeza para con sus hermanas y para con la población de Viterbo. Dios la distinguió con muchos carismas. Murió en Viterbo en 1640. Fue canonizada por Pío VII en 1807.
Del Común de vírgenes.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Carta a los fieles, de san Francisco de Asís
(2CtaF 19-30: San Francisco de Asís: Escritos, biografías, documentos de la época. Nueva edición corregida y actualizada, BAC, Madrid 2011, pp. 64-65)

Amemos a Dios y a los hermanos

Amemos, pues, a Dios y adorémosle con puro corazón y mente pura, porque él, buscando esto por encima de todo, dice: Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Es preciso que todos los que lo adoran lo adoren en espíritu de verdad. Y dirijámosle alabanzas y oraciones día y noche, diciendo: Padre nuestro, que estás en los cielos; porque es necesario que oremos siempre y no desfallezcamos.

Debemos, ciertamente, confesar todos nuestros pecados al sacerdote. Y recibamos de él el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo: Quien no come su carne y no bebe su sangre, no puede entrar en el reino de Dios. Pero cómalo y bébalo dignamente, porque quien lo recibe indignamente, come y bebe su propia sentencia, no distinguiendo el cuerpo del Señor, es decir, sin discernirlo. Demos, además, los frutos propios de la penitencia. Y amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos. Y si alguno no quiere amarlos como a sí mismo, al menos no les haga mal, sino hágales el bien.

Y los que han recibido la potestad de juzgar a otros, juzguen con misericordia, como ellos mismos quieren tener misericordia del Señor, pues tendrán un juicio sin misericordia aquellos que no tuvieron misericordia. Tengamos, por tanto, caridad y humildad; y demos limosna, porque ésta limpia en las almas las manchas de los pecados. Pues los hombres pierden todo lo que dejan en este mundo, pero llevan consigo la recompensa de la caridad y las limosnas que hicieron, por las que recibirán del Señor premio y digna remuneración.

RESPONSORIO

Lc 4,8; Me 1, 15; Sal 50, 1

R. Dad el fruto que pide la conversión. * Convertíos y creed en el Evangelio.
V. Misericordia, Dios mío, por tu bondad. * Convertíos y creed.

Laudes

HIMNO

Mirad qué perla tan fina
guardaba Dios en su campo;
oculta estaba en el cieno
del lujo y amor mundano.

¡Cómo Jacinta moría
cautiva en tales engaños!
Renació en la enfermedad
y olvidó sus sueños vanos.

La sostuvo su oración,
la cruz y el Crucificado.
Entonces brilló su alma
con la gloria del Dios santo.

Ya en caridad sin medida
su huerto ha fructificado:
piedad con los pecadores,
ayuda a enfermos y ancianos.

Como rosas, a raudales,
brotan gracias de sus manos,
y derraman ciencia santa
las palabras de sus labios.

Gloria a Dios que descendió
de su cielo a nuestro barro
y triunfó en santa Jacinta
con el poder de su brazo. Amén

Benedictus, ant. Virgen prudente, entra en el banquete de bodas del Cordero con tu lámpara encendida.

Oración

Dios, Padre bueno, que nos has dejado en santa Jacinta un ejemplo vivo de mortificación y amor a ti, concédenos, por su intercesión, reconocer nuestros pecados, llorarlos y permanecer en tu amistad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

HIMNO

Jacinta, humilde sierva del Altísimo,
media vida viviste encadenada
a la nobleza humana de tu estirpe,
al lujo, ostentación y gloria vana.

Mas te miró el Señor con su clemencia,
con grave enfermedad sanó tu alma,
te alentaron los santos penitentes
y la Madre de Dios fue tu abogada.

Ya sólo Cristo en cruz era tu amor,
tu orgullo, tu oración y tu esperanza,
entregada a severa penitencia,
con gozo al sufrimiento te abrazabas.

A los pobres y enfermos socorriste
con obras por tu ardiente amor dictadas,
tu palabra y el fuego de tu espíritu
a muchos convirtió a la vida santa.

Dios te dotó del don de profecía,
con el carisma de guiar las almas,
tus consejos certeros y oraciones
nobleza y pueblo con afán buscaban.

Gloria al Dios de perdones generosos,
que al pecador con tanto amor 10 llama,
que en la cruz de su Hijo nos redime
y gozoso a su gloria nos exalta. Amén.

Magníficat, ant. Ven, esposa de Cristo, recibe la corona eterna que el Señor te tiene preparada.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén

 

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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