Liturgia franciscana propio de la Familia Franciscana

san jose de leonisa
4 de febrero
SAN JOSÉ DE LEONISA,
PRESBÍTERO, I ORDEN
Memoria obligatoria para la OFMCap

José nació en Leonessa (Rieti), Italia, en 1556. Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos en 1572. Se distinguió por su pureza de vida y por su austeridad. El ardiente celo de la fe lo llevó a Constantinopla, donde se entregó a consolar y redimir a los esclavos. Lo apresaron y sometieron a tormento. Milagrosamente se vio libre de la muerte. Volvió a su patria, donde, colmado de dones celestiales, cosechó muchísimo fruto en su apostolado. Murió en Amatrice en 1612. Fue canonizado por Benedicto XIV en 1746.
Del Común de pastores.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De un sermón de san José de Leonisa
(Analecta OFMCap, 13 [1897], pp. 281-283)

El cristiano es el libro abierto del Evangelio

El Evangelio y la buena noticia de la venida del Señor al mundo por medio de la Virgen no debe escribirse en pergaminos, sino en el corazón y en nuestras entrañas. La ley escrita y la ley de gracia se diferencian en esto: aquélla fue esculpida en piedra, mientras que la nueva ley se imprime en el corazón del hombre por la infusión del Espíritu Santo y de su gracia. Dios prometió por boca del profeta Jeremías: Haré en la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será una alianza como la que hice con sus padres; y sobre esta nueva alianza agrega: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones.

Por consiguiente, cada cristiano debe ser un libro abierto, en el que se pueda leer el mensaje evangélico. Pablo escribía a los de Corinto: Vosotros sois nuestra carta, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne; el autor, el Espíritu Santo; el medio, nuestro ministerio, porque mi lengua es ágil pluma de escribano.

¡Ojalá la lengua del predicador, movida por el Espíritu Santo, mojada en la sangre del Cordero inmaculado, se convierta hoy en ágil pluma sobre vuestros corazones! Y ¿cómo se podrá volver a escribir sobre una página ya impresa? Si no se borra lo anterior, no se podrá escribir lo nuevo. En vuestros corazones se esculpió de antemano la avaricia, la soberbia, la lujuria, y los restantes vicios. ¿Qué hacer para fijar de nuevo en ellos la humildad, la honestidad, y las demás virtudes, si antes no se erradican los vicios que ahí se asientan?

Por tanto, si los hombres imprimieran esta segunda página de las virtudes en sus corazones, cada uno de ellos sería, como afirmamos más arriba, el libro abierto del mensaje evangélico, y su conducta ejemplar atraería a los demás hombres. Pablo, siguiendo la cita anterior, agrega: Sois vosotros la carta conocida y leída por todos los hombres.

Los predicadores y prelados han de emplear estos medios para conquistar las almas de todos los hombres y conducirlos hacia la luz de la verdad; pero usando en cada caso el medio apropiado y conforme a la diversidad de los individuos concretos. Pablo, ministro fiel de Cristo y maestro en el ejercicio de la salvación de las almas, decía: Me he hecho judío con los judíos; con los que no tienen ley me he hecho como quien no tiene ley, como quien está sin ley. En una palabra, se adaptaba a cada situación y a cada persona; por eso termina diciendo: Me he hecho todo para ganar, sea como sea, a algunos.

RESPONSORIO                                                                                                    Cf. 1Co 9, 26-27. 22
R. Yo corro, pero no al azar; lucho, pero no contra el aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo someto. * Para ganar a algunos.
V. Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles: me he hecho todo para todos, * Para ganar a algunos. 

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

¡Qué hermoso resplandece el crucifijo,
en un predicador arrebatado;
Jesús es la bandera del amor:
José de Leonisa lo alza en alto!

Jesús es el mensaje, el Evangelio,
su siervo mensajero es el heraldo:
él es la medicina, él es la fuerza,
él es la luz, el rostro contemplado.

Y fueron sus caminos hasta Oriente,
y en garfios de martirio fue colgado;
mas Cristo lo quería voz y seña,
y torna a Italia, sano y liberado.

Apóstol andariego de los pobres,
tu fe contemplativa es un regalo;
tu fe cristiana es Monte de piedad
para el hambriento y el necesitado.

José de Leonisa, fuego ardiente,
pasión de Dios que busca ser amado;
condúcenos por senda franciscana
de Paz y Bien perenne en nuestros labios.

¡Honor a Jesucristo, Misionero,
que vive y ama y reina y sigue hablando:
le rinda el mundo entero su homenaje,
al Dios que es Uno y Trino, el Todo Santo! Amén.

Benedictus. ant. Proclamaba el mensaje de Cristo y la fuerza del Señor lo acompañaba. 

Oración

Te rogamos, Señor, que, a ejemplo de san José de Leonisa, predicador de tu Evangelio, animados por su mismo entusiasmo, nos entreguemos a la salvación de los hombres y te sirvamos con fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles: me he hecho todo para todos, para salvar a algunos. Y todo lo hago por causa del Evangelio.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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