9 de febrero, beato Leopoldo de Alpandeire, religioso, I Orden

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9 de febrero
BEATO LEOPOLDO DE ALPANDEIRE
RELIGIOSO, I ORDEN

Memoria libre para la Familia Franciscana
Memoria obligatoria para OFMCap

Nació en Alpandaire (Málaga) el 24 junio de 1864. Siendo ya de edad adulta vistió el hábito de los Hermanos Menores Capuchinos. Por espacio de medio siglo vivió en Granada pidiendo limosna para su convento y para los pobres y para las misiones, mientras distribuía, al mismo tiempo, la ayuda espiritual del consuelo, consejo y buen ejemplo de una vida austera y pura. Rezaba con extraordinaria fe y devoción la oración de las tres Ave-Marías por todos los que se lo pedían o acudían a él. Después de una larga enfermedad, en la que resplandecieron, aún más, sus virtudes, murió en Granada el 9 de febrero de 1956. Fue beatificado en Granada, el día 12 de septiembre de 2010 por el cardenal delegado del papa Benedicto XVI.
Del Común de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De La vida perfecta (para religiosas), de san Buenaventura, obispo
(Cap. III, 1-4.10: San Buenaventura: Experiencia y teología del misterio, BAC, Madtid 2000, pp. 239-240.243-244)

De la perfecta pobreza

También la pobreza es una virtud necesaria para alcanzar la perfección, pues sin ella nadie puede ser perfecto, como lo atestigua el Señor, que dice en el Evangelio: Si quieres ser perfecto, anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Ya que la suma perfección evangélica consiste en la excelencia de la pobreza, no crea haber conseguido la cumbre de la perfección quien no sea perfecto imitador de la pobreza evangélica. Y así dice Hugo de San Víctor: «Por mucha perfección que podamos encontrar en los religiosos, no se considere perfección plena si no se ama la pobreza».

Dos son las razones que deben mover al religioso, más aún, a cualquier hombre, a amar la pobreza. La primera, el divino ejemplo, que es irreprensible; segunda, la promesa divina, que es inestimable. Lo primero, digo, que a ti, sierva de Cristo, debe llevarte a amar la pobreza, es el amor y el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo. Porque él fue pobre al nacer, pobre durante la vida y pobre muriendo.

Observa qué ejemplo de pobreza te ha dejado, para que con él llegues a ser amiga de la pobreza. Nuestro Señor Jesucristo fue pobre en su nacimiento, hasta no tener cobijo, ni vestido ni alimento; tuvo por casa un establo; por vestido, un mísero pañal; por alimento, la leche virginal. Así el apóstol Pablo, considerando tal pobreza, dice suspirando a los Corintios: Conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre, a fin de que os enriquezcáis con su pobreza. Y san Bernardo dice: «En el cielo había abundancia de todas las cosas, pero no pobreza. Precisamente abundaba Y sobreabundaba ésta en la tierra y el hombre ignoraba su valor. El Hijo de Dios se prendó de ella, bajó para elegírsela y, con su estima, hacerla preciosa a nuestros ojos».

Nuestro Señor Jesucristo se nos ofreció como ejemplo de pobreza al habitar en el mundo. Escucha, virgen dichosa; escuchad todas vosotras que habéis profesado la pobreza, cómo fue pobre el Hijo de Dios, Rey de los ángeles, mientras vivió en este mundo. Fue tan pobre
que en ocasiones no pudo tener ni refugio, debiendo dormir muchas veces con sus apóstoles fuera de las ciudades y aldeas. Como afirma el evangelista Marcos: Después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los doce para Betania. Y Mateo dice: Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.

Lo segundo que debe encender en ti el amor a la pobreza es la inestimable promesa divina. ¡Oh rico para todos, Señor Jesús bueno!, ¿cómo expresar con palabras, concebir en el corazón, escribir con la mano, aquella gloria celestial que prometiste dar a tus pobres? Ellos con su pobreza voluntaria merecen tomar asiento en la gloria del Creador, merecen entrar en las obras del poder del Señor, allá en los eternos tabernáculos, en las luminosas mansiones; merecen ser ciudadanos de aquella ciudad creada y fundada por Dios. Tú mismo lo prometiste con tu boca bendita, diciendo: Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Y no es otra cosa, Señor Jesucristo, ese reino de los cielos que tú mismo, que eres Rey de reyes y Señor de señores. Tú mismo te das a ellos en premio, como recompensa y como gozo. Ellos se gozarán, se alegrarán y se saciarán de ti. Porque los desvalidos comerán hasta saciarse; alabarán al Señor los que lo buscan. ¡Viva su corazón por siempre! Amén.

RESPONSORIO                                                                                                                Is 35, 1; 51, 3
R.
Sois luz por el Señor. Vivid como hijos de la luz. * Toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz.
V. Vosotros sois la luz del mundo. Brille vuestra luz ante los hombres. * Toda bondad.

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Beato fray Leopoldo,
alforja de la bondad,
por las calles de Granada
mendigabas caridad.

Eras el santo Evangelio,
vestido en dulce humildad,
de tus ojos apacibles
fluía mansa la paz.

Eras hermano menor,
entre humildes uno más,
tus sandalias franciscanas
hacían fraternidad.

Eras sencilla oración
con el Padre celestial,
y Jesús tu confidente
con la Madre de Piedad.

Hoy vuelves entre nosotros,
brillante de santidad,
más cercano, más presente,
mas hermano de verdad.

Fray Leopoldo, intercede
cuando vamos al altar:
que tu oración, nuestro hermano,
alcance gracia eficaz.

A Jesús toda la gloria,
en tiempo y eternidad;
¡a ti, Jesús, la ternura
que por tus santos nos das! Amén

Benedictus, ant. Mucho me alegró y animó tu caridad, hermano, pues gracias a ti, el pueblo fiel ha recibido alivio cordial.

Oración

Dios Padre misericordioso, que has llamado al beato Leopoldo a seguir las huellas de tu Hijo Jesucristo por la senda de la humildad, pobreza y amor a la cruz, concédenos imitar sus virtudes para participar junto a él en el banquete del Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

HIMNO

Hermano de la alforja y las sandalias,
Leopoldo, fiel hijo de Francisco,
del alma de Granada eres aroma,
presencia de Jesús entre sencillos.

Un campesino recio y bondadoso,
un corazón de oro desde niño:
tu vida era la azada y la familia,
y un misterioso instinto compasivo.

Sonó la voz de Dios en las misiones
y tú escuchaste un íntimo latido:
Seré un humilde hermano con los votos,
de todos servidor por Jesucristo.

Y Dios hizo el milagro en tu obediencia,
pobreza humilde y castidad de lirio;
de Cristo fuiste todo y para siempre,
y en él de todos fuiste un buen amigo.

Tu vida transparente es Evangelio,
tu vida es Paz y Bien, amor sencillo,
perdón al pecador, al que disculpas:
«no sabe lo que hace el pobrecillo».

La Virgen fue tu guía y dulce Madre,
Pastora de la grey junto a su Hijo;
Hermano Leopoldo, desde el cielo
sé nuestro intercesor, sé nuestro alivio.

La gloria sea al único Señor,
Jesús, autor de todos los prodigios,
a ti, mi Dios, que irradias tu clemencia
mostrándote en tus santos y elegidos. Amén.

Magníficat, ant. Salve, Señora, Santa Reina, Santa Madre de Dios, María, Virgen hecha Iglesia, elegida por el santísimo Padre del cielo, consagrada por él con su santísimo Hijo amado y el Espíritu Santo Defensor.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Un comentario en “9 de febrero, beato Leopoldo de Alpandeire, religioso, I Orden

  1. los buenos catolico de buenafe siempre por la paz y bien de los hermanos franciscano. y por todos los devotos de fray leopoldo. yo soy un buen devoto de fray leopoldo y un catolico de lass ordenes franciscanas. fe y paz a todo el mundo escuchemos nuestro corazon.

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