Liturgia de las horas propio de la Familia Franciscana

2 de marzo
SANTA INÉS DE PRAGA
(SANTA INÉS DE BOHEMIA),

VIRGEN, II ORDEN
Memoria libre para la Familia Franciscana
Memoria obligatoria para la II Orden y OFM
Conmemoración en Cuaresma

Inés, hija de Ottocar I, rey de Bohemia, nació en Praga hacia 1205. Rehusó al matrimonio con el emperador Federico II. Prefirió abrazar como esposo a Jesús pobre y crucificado, siguiendo la misma forma de vida que Clara en San Damián. Con ese propósito fundó en Praga un monasterio e ingresó en él junto con otras cinco hermanas en 1236. Tuvo singular amistad con santa Clara y de ella recibió varias cartas. Murió el 6 de marzo de 1282. Fue canonizada por Juan Pablo II el 12 de noviembre de 1989.
Del Común de vírgenes.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la carta de santa Clara, virgen, a santa Inés de Praga
(2CtaCl 3-14, 17-23: Los escritos de Francisco y Clara de Asís: Textos y apuntes de lectura, EFA, Oñati 2001, pp. 341-344)

Fue esposa pobre de Cristo pobre

Doy gracias al que con esplendidez da la gracia, de quien creemos que procede todo buen regalo y todo don perfecto, porque te ha adornado con tantos títulos de virtudes y te ha hecho brillar con los signos de tanta perfección, para que, hecha diligente imitadora del Padre perfecto, merezcas llegar a ser perfecta, y sus ojos no vean en ti nada imperfecto.

Y en esto está tu perfección, por la que el mismo Rey te unirá a sí en su tálamo celestial, donde se sienta glorioso en su solio de estrellas: en que, despreciando estar en la cumbre de un reino terrenal, desdeñando las ofertas de matrimonio imperial, y tratando de emular a la santísima pobreza, con gran humildad y ardorosísima caridad te has adherido a las huellas de aquel a quien mereciste ser unida en matrimonio.

Como sé que estás cargada de virtudes seré breve, porque no quiero cargarte con palabras superfluas, por más que a ti no te parecerá superfluo nada que pueda proporcionarte algún consuelo. Mas, como sólo una cosa es necesaria, esta única cosa es la que te pido y aconsejo, por amor de aquel a quien te ofreciste como sacrificio santo y agradable, para que, recordando, como otra Raquel, tu propósito, y viendo siempre tu principio, retengas lo que tienes, hagas lo que haces, sin renunciar a ello; y, con andar apresurado, con paso ligero, sin estorbos en los pies para que ni siquiera tus pasos recojan el polvo, segura, gozosa y dispuesta, recorras con cautela la senda de la bienaventuranza, no creyendo ni dando asentimiento a nadie que quiera apartarte de este propósito, o que te ponga obstáculos en el camino, para que no cumplas tus votos al Altísimo con aquella perfección a la que te ha llamado el Espíritu del Señor.

Y, si alguien te dijera algo o te sugiriera algo que impida tu perfección, o que parezca contrario a tu vocación divina, aunque debas respetarle, no sigas por ello su consejo, sino abrázate a Cristo pobre como virgen pobre. Míralo hecho despreciable por ti, y síguelo, hecha tú despreciable por él en este mundo. Reina nobilísima, mira atentamente, considera, contempla, con el anhelo de imitarle, a tu Esposo, el más bello de los hombres, hecho para tu salvación el más vil de los varones, despreciado, golpeado, y azotado de mil formas en todo su cuerpo, y muriendo entre las angustias de la cruz.

Si sufres con él, reinarás con él; llorando con él, gozarás con él; muriendo con él en la cruz de la tribulación, con él poseerás las moradas eternas en el esplendor de los santos, y tu nombre será escrito en el libro de la vida y será glorioso entre los hombres.

Por ello, a cambio de los honores terrenos y transitorios, tendrás parte para siempre, y por los siglos de los siglos, en la gloria del reino celestial; a cambio de los bienes perecederos, participarás de los bienes eternos, y vivirás por los siglos de los siglos.

RESPONSORIO                                                                                           Cf. Cant 1, 15; Rom 8, 35
R. ¡Qué hermosa eres, virgen de Cristo! * Tú que has merecido recibir la corona del Señor, la corona de la perpetua virginidad.
V. Nadie podrá arrebatarte la palma de la virginidad, ni separarte del amor del Hijo de Dios. * Tú que has merecido.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Ésta es la virgen prudente que, unida a Cristo, resplandece como el sol en el reino celestial.

Oración

Señor, Dios nuestro, que inspiraste a santa Inés de Praga la renuncia a las glorias de este mundo y la condujiste por el camino de la cruz hacia la meta de la perfección evangélica; te suplicamos que, siguiendo su ejemplo, antepongamos a los bienes pasajeros, los valores eternos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Ven, esposa de Cristo, recibe la corona que el Señor te tiene preparada para siempre.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,

en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:

la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre

en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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