5 de abril, santa María Crescencia Höss, virgen, III Orden

5 de abril
SANTA MARÍA CRESCENCIA HOSS,
VIRGEN, III ORDEN
Memoria obligatoria para TOR y OFS
Conmemoración en Cuaresma

Nació en Kautbeuren, región de Baviera, Alemania, en 1682. Ingresó muy joven en el convento de las Terciarias Franciscanas de su ciudad, Kautbeuren. «Madre de los pobres» la llamaban católicos y luteranos, que acudían al convento. Fue una gran maestra de espiritualidad tanto para los seglares como para las religiosas, modelo de piedad, paciencia y diligencia en el trabajo. Con gran fama de santidad, murió en 1744. Beatificada en 1900 por León XIll, fue canonizada por Juan Pablo TI en el año 2001.
Del Común de vírgenes.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De los Avisos espirituales de san Francisco de Asís: La verdadera alegría
(VerAl 1-15: San Francisco de Asís: Escritos, biografías, documentos de la época. Nueva edición corregida y actualizada, BAC, Madrid 2011, pp. 101-102)

Dónde está la verdadera alegría

Un cierto día el bienaventurado Francisco, estando en Santa María, llamó al hermano León y le dijo:
– Hermano León, escribe.
Éste le respondió:
-Ya estoy listo.
– Escribe -le dijo- cuál es la verdadera alegría:
Llega un mensajero y dice que han venido a la Orden todos los maestros de París. Escribe: «En esto no está la verdadera alegría».
También que han venido todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos, y también el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: «En esto no está la verdadera alegría».
Y dice también que mis hermanos han ido entre los infieles y los han convertido a todos a la fe. Y que, además, yo he recibido de Dios tanta gracia, que sano enfermos y hago muchos milagros. Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría.
Pero, ¿cuál es la verdadera alegría?
Vuelvo de Perusa y, en medio de una noche cerrada, llego aquí; es tiempo de invierno, está todo embarrado y hace tanto frío, que en los bordes de la túnica se forman carámbanos de agua fría congelada que golpean continuamente las piernas, y brota sangre de sus heridas.
Y todo embarrado, aterido y helado, llego a la puerta; y, después de golpear y llamar un buen rato, acude el hermano y pregunta:
-¿Quién es?
Yo respondo:
– El hermano Francisco.
Y él dice:
– Largo de aquí. No es hora decente para andar de camino; no entrarás.
Y, al insistir yo de nuevo, responde:
-Largo de aquí. Tú eres un simple y un inculto. Ya no vienes con nosotros. Nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos.
Y yo vuelvo a la puerta y digo:
-Por amor de Dios, acogedme por esta noche.
Y él responde:
-No lo haré. Vete al lugar de los crucíferos y pide allí.
Te digo que, si he tenido paciencia y no me he turbado, en esto está la verdadera alegría, y la verdadera virtud y la salvación del alma.

RESPONSORIO                                                                                           Cf. Cant 1, 15; Rom 8,35
R. ¡Qué hermosa eres, virgen de Cristo! * Has sido digna de recibir la corona del Señor, la corona de la virginidad perpetua. (T.P. Aleluya.)
V. Nadie te podrá quitar la palma de la virginidad, ni separarte del amor del Hijo de Dios. * Has sido digna.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Esta es la virgen prudente que, unida a Cristo, resplandece como el sol en el reino celestial. (T.P. Aleluya.)

Oración

Oh Dios, Padre misericordioso, que en tu virgen santa María Crescencia has ofrecido a tu pueblo un ejemplo de perfección cristiana, concédenos, te rogamos, imitar sus virtudes, para que podamos alcanzar la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Al llegar el esposo, la virgen prudente entró con la lámpara encendida al banquete de bodas de su Señor. (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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