21 de abril, san Conrado de Parzham, religioso, I Orden

21 de abril
SAN CONRADO DE PARZHAM,
RELIGIOSO, I ORDEN

Memoria obligatoria para OFM Cap
Memoria libre para la Familia Franciscana

Nació en Parzham, Alemania, de padres labradores, en 1818. Después de una juventud ejemplar, ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, en la que profesó en 1842. Durante cuarenta y tres años ejerció el oficio de portero en el convento de Altötting (Baviera), célebre santuario mariano, dando a todos ejemplo de oración, caridad activa y paciencia. Murió en 1894 y lo canonizó Pío XI en 1934.
Del Común de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De una carta de san Conrado de Parzham, religioso
(Carta autobiográfica: Archivo General OFMCap)

Estoy unido siempre con Dios, mi sumo bien

Fue voluntad de Dios que abandonara todo lo más querido y grato; y le doy gracias constantemente por haberme traído a la vida religiosa, en la que he encontrado tanta paz y felicidad, como jamás la había disfrutado en el mundo.

Mi forma de vida consiste principalmente en esto: amar y padecer, contemplando, adorando, admirando constantemente el inefable amor que Dios manifiesta hacia las criaturas más humildes. Y nunca se logra llegar al fondo de este amor de Dios.

Estoy unido siempre con Dios, mi sumo bien, y no hay cosa alguna que me pueda separar de él; digo más: cuanto mayores son las ocupaciones que tengo, tanto más se aumenta y siento en mí esta unión con Dios. Trato y hablo familiarmente con Dios como un hijo con su padre, redoblo mis súplicas y mis gemidos, y le manifiesto con filial confianza cuanto aflige y preocupa a mi espíritu. Y si alguna vez caigo en pecado, le pido perdón con gran humildad, diciéndole que quiero ser con él un hijo bueno y dócil, y que sólo deseo crecer en caridad, amándole más.

Cuando necesito ejercitarme en las virtudes de la mansedumbre y de la humildad, me basta fijar la vista y contemplar el crucifijo, que es mi libro. Y, así, una mirada a Jesús crucificado me es suficiente para saber afrontar todas las situaciones. De esta forma, me ejercito en la humildad, en la mansedumbre, en la paciencia, en una palabra, aprendo a llevar mi cruz: más aún, esa cruz se me vuelve dulce y su yugo suave.

Acepto con agradecimiento las alegrías y las penas como venidas de las manos del Padre celestial: porque él conoce mejor que nadie lo que más nos conviene. Por eso mismo, me alegro en el Señor, y sólo me duele no amarle como se merece. ¡Oh, si llegara a ser un serafín de amor! Ardientemente deseo que las criaturas me ayuden a amar a Dios sobre todas las cosas. Porque la caridad no acaba nunca.

RESPONSORIO                                                                                                         Ap 3, 7. 8. 10. 20
R.
Esto dice el Santo y el Verdadero, el que tiene la llave de David: si él abre, nadie cierra; si él cierra, nadie abre. * Conozco tus obras, porque has guardado mi consigna de perseverancia. (T.P. Aleluya.)
V. Mira, estoy a la puerta y llamo: si alguien oye y abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. * Conozco tu obras.

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Conrado, humilde hijo de Francisco,
te bendijo el Señor desde la cuna,
te dio un alma sedienta de su amor
y un hogar donde el bien fue la fortuna.

Crecía con los años tu oración,
tu búsqueda de Dios, tu atenta escucha;
cuando el Señor te señaló su hora,
seguiste tras sus huellas con presura.

Llenaba la oración tu vida entera,
nada tu unión con Dios impide o turba,
tu trabajo incesante y silencioso
hasta la cima del amor te encumbra.

Tu humildad, caridad y mansedumbre
desconocían iras y amarguras,
era tu lema amar y padecer,
recibías con gozo las injurias.

Era tu amor Jesús crucificado,
era la cruz tu ciencia más profunda.
Apasionado apóstol de María,
pregonabas su amor y sus ternuras.

Oh Santa Trinidad, que fuiste honrada
por vida tan humilde y tan fecunda,
por tu siervo gozosos te alabamos,
nuestro canto la gloria te tributa. Amén.

Benedictus, ant. Eligió vivir en el umbral de la casa de Dios: el Señor lo colmó de gracia y de gloria. (T.P. Aleluya.)

Oración

Oh Dios, que abriste las puertas de tu misericordia a los necesitados por medio de san Conrado, te rogamos nos concedas imitarle en el servicio a todos y en su sencillez evangélica. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Vísperas

Magníficat, ant. Pasó su vida humildemente, atento no a sí mismo, sino al bien de los demás. (T.P. Aleluya.) 

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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