24 de abril, san Fidel de Sigmaringa, presbítero y mártir, I Orden

San Fidel de Sigmaringa
24 de abril
SAN FIDEL DE SIGMARINGA,
PRESBÍTERO y MÁRTIR, I ORDEN

Memoria obligatoria para la Familia Franciscana
Fiesta para OFMCap

Nació en Sigmaringa (Alemania) en 1577. En Friburgo de Suiza obtuvo el doctorado en Filosofía y Derecho. Ejerció de abogado con tal amor a la justicia, que le dieron el renombre de «abogado de los pobres». Después de ingresar entre los capuchinos y recibir la ordenación sacerdotal en 1612, fue un predicador incansable entre los católicos y los hermanos separados. Logró su anhelo de dar su sangre por la fe católica, recibiendo el martirio en 1622 en Seewis (Suiza). Fue canonizado por Benedicto XIV en 1746. Es el protomártir de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide.
Del Común de un mártir en tiempo pascual.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos al Señor, que corona al siervo fiel. Aleluya.
El salmo invitatorio como en el Ordinario.

Oficio de lectura

SALMODIA
Ant. 1. Este pobre clamó al Señor, y lo escuchó, y lo libró de todas sus tribulaciones. Aleluya.

 Salmo 34, 1-2.3c.9-19.22-23.27-28
I
Pelea, Señor, contra los que me atacan,
guerrea contra los que me hacen guerra;
empuña el escudo y la adarga,
levántate y ven en mi auxilio;
di a mi alma:
«Yo soy tu victoria.»

 Y yo me alegraré con el Señor,
gozando de tu victoria;
todo mi ser proclamará:
«Señor, ¿quién como tú,
que defiendes al débil del poderoso,
al pobre y humilde del explotador?»

 Se presentaban testigos violentos:
me acusaban de cosas que ni sabía,
me pagaban mal por bien,
dejándome desamparado.

Ant. Este pobre clamó al Señor, y lo escuchó, y lo libró de todas sus tribulaciones. Aleluya.
Ant. 2. Señor, hazme justicia; defiéndeme. Aleluya.

II
Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,
me vestía de saco,
me mortificaba con ayunos
y desde dentro repetía mi oración.

 Como por un amigo o por un hermano,
andaba triste;
cabizbajo y sombrío,
como quien llora a su madre.

 Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,
se juntaron contra mí
y me golpearon por sorpresa;
me laceraban sin cesar.

Cruelmente se burlaban de mí,
rechinando los dientes de odio.

Ant. Señor, hazme justicia; defiéndeme. Aleluya.
Ant. 3. Te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre la multitud del pueblo. Aleluya.

 III
Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?
Defiende mi vida de los que rugen,
mi único bien, de los leones,

 y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré entre la multitud del pueblo.

 Que no canten victoria mis enemigos traidores,
que no hagan guiños a mi costa
los que me odian sin razón.

 Señor, tú lo has visto, no te calles,
Señor, no te quedes a distancia;
despierta, levántate, Dios mío,
Señor mío, defiende mi causa.

 Que canten y se alegren
los que desean mi victoria,
que repitan siempre: «Grande es el Señor»
los que desean la paz a tu siervo.

 Mi lengua anunciará tu justicia,
todos los días te alabará.

Ant. Te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre la multitud del pueblo. Aleluya.

V. Me asaltan angustias y aprietos. Aleluya.
R. Tus mandatos son mi delicia. Aleluya.

PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses
3, 8-16

Todo lo estimo pérdida con tal de ganar a Cristo

Hermanos: Todo lo considero pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos.

No es que ya lo haya conseguido o que ya sea perfecto: yo lo persigo a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús.

Todos nosotros, los maduros, debemos sentir así. Y, si en algo sentís de otro modo, también eso os lo revelará Dios. En todo caso, desde el punto a donde hemos llegado, avancemos unidos.

RESPONSORIO
2Tim 4, 7-8
R.
He combatido el noble combate, * He acabado la carrera, he conservado la fe. Aleluya.
V. Me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día. * He acabado la carrera.

SEGUNDA LECTURA
Elogio de san Fidel, presbítero y mártir

Hombre fiel por su nombre y por su vida

El papa Benedicto XIV celebró la figura de san Fidel, defensor de la fe católica, con estas palabras:

«Desplegando la plenitud de su caridad en el socorro material de sus prójimos, acogía paternalmente a todos los pobres y los sustentaba haciendo colectas en favor suyo por todas partes.

Remediaba la indigencia de los huérfanos y las viudas con las limosnas de los ricos; socorría a los presos con toda clase de ayudas materiales y espirituales, visitaba a los enfermos y los reconciliaba con Dios, preparándoles para el último combate.

Su actividad más meritoria fue la que desplegó con ocasión de la peste que se declaró en el ejército austríaco, exponiéndose constantemente a las enfermedades y a la muerte.»

Junto con esta caridad, Fidel –hombre fiel por su nombre y por su vida– sobresalió en la defensa de la fe católica que predicó incansablemente. Pocos días antes de morir y confirmar esa fe con su propia sangre, en su último sermón dejó lo que podríamos llamar su testamento:

«¡Oh fe católica, qué estable y firme eres, qué bien arraigada, qué bien cimentada estás sobre roca inconmovible! El cielo y la tierra pasarán, pero tú nunca podrás pasar. El orbe entero te contradijo desde un principio, pero con tu poder triunfaste de todos.

Lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe, que sometió al imperio de Cristo a los reyes más poderosos y puso a las naciones a su servicio.

¿Qué otra cosa, sino la fe, y principalmente la fe en la resurrección, hizo a los apóstoles y mártires soportar sus dificultades y sufrimientos?

¿Qué fue lo que hizo a los anacoretas despreciar los placeres y los honores y vivir en el celibato y la soledad, sino la fe viva?

¿Qué es lo que hoy lleva a los verdaderos cristianos a despreciar los placeres, resistir a la seducción y soportar rudos sufrimientos?

La fe viva, activa en la práctica del amor, es la que hace dejar los bienes presentes por la esperanza de los futuros y trocar los primeros por los segundos.»

RESPONSORIO
2 Tim 4, 7-8; Flp 3, 8.10

R. He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he mantenido la fe. * Me está reservada la corona de la justicia. Aleluya.
V. Todo lo considero pérdida con tal de ganar a Cristo, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte. * Me está reservada.

HIMNO Te Deum.

La oración como en Laudes.

 Laudes

HIMNO

Fiel testigo Fidel, siervo de Cristo,
cristiano hasta la muerte por amarle,
caído cual cayeron los apóstoles,
hoy la Iglesia te rinde su homenaje.

Por Cristo lo mataron los hermanos,
aquéllos y nosotros en combate,
cuando la misma fe bruñía espadas
y la fraterna saña hacía mártires.

Fue derribado al pie del ara santa,
resonando en sus labios el mensaje;
el pan y la palabra y el martirio
fueron la prueba del amor más grande.

Gime la Madre Iglesia dolorida,
rasgada por la fe que el Cuerpo parte;
sea, pues, hoy la herida desangrada
sello divino que hace nuestras paces.

¡Victoria a Cristo, Verbo misionero,
que por el orbe la palabra esparce;
y a sus fieles, la palma de la vida,
que él entrega en manos de su Padre! Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Si uno se declara por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Aleluya.
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Ant. 2. El que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Aleluya.
Ant. 3. Padre, éste es mi deseo, que donde yo estoy, allí esté también mi servidor. Aleluya.

LECTURA BREVE
2Cor 1, 3-5

¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios. Porque lo mismo que abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, abunda también nuestro consuelo gracias a Cristo

RESPONSORIO BREVE
R. El Señor es mi fuerza y mi energía. * Aleluya, aleluya. El Señor.
V. Él es mi salvación. * Aleluya, aleluya. Gloria al Padre. El Señor.

Benedictus, ant. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de mi Dios. Aleluya.

PRECES
Celebremos a nuestro Salvador, el testigo fiel, y al recordar hoy a san Fidel de Sigmaringa, muerto a causa de la palabra de Dios, aclamémoslo, diciendo:
Nos has comprado, Señor, con tu sangre.

Por intercesión de san Fidel, que entregó libremente su vida como testimonio del Evangelio:
concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.

Por la fidelidad de tu siervo san Fidel, que proclamó la fe hasta derramar su sangre;
concédenos, Señor, la integridad y constancia de la fe.

Por amor a la unidad en el pueblo de Dios, por la que san Fidel entregó su vida;
concédenos un verdadero espíritu ecuménico.

Por la fortaleza de tu siervo, que soportó la cruz siguiendo tus pasos;
concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.

Padre nuestro.

Oración

Señor Dios de misericordia, que te has dignado conceder la palma del martirio a san Fidel de Sigmaringa cuando, abrasado en tu amor, se entregaba a la propagación de la fe, concédenos, te rogamos, que arraigados, como él, en el amor, lleguemos a conocer el poder de la resurrección de Jesucristo. Él, que vive y reina contigo.

Hora intermedia

Las antífonas y los salmos, de la feria correspondiente.

Tercia

LECTURA BREVE
2Cor 6, 4-7

Continuamente nos acreditamos en todo como ministros de Dios con mucha paciencia en tribulaciones, infortunios, apuros; en golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer; procedemos con limpieza, ciencia, paciencia y amabilidad; con el Espíritu Santo y con amor sincero; con palabras verdaderas y la fuerza de Dios.

V. Éste es de verdad el mártir que derramó su sangre por el nombre de Cristo. Aleluya.
R. Alcanzó el reino de los cielos. Aleluya.

 Sexta

LECTURA BREVE
2Tes 1, 3-4

Debemos dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es justo, pues vuestra fe crece vigorosamente y sigue aumentando el amor mutuo de todos y cada uno de vosotros. Esto hace que nos mostremos orgullosos de vosotros ante las Iglesias de Dios por vuestra paciencia y vuestra fe en medio de todas las persecuciones y tribulaciones que estáis soportando.

V. En Dios he puesto mi esperanza. Aleluya.
R. No temo: ¿qué podrá hacerme un mortal? Aleluya.

Nona

LECTURA BREVE
Col 1, 24-25

Me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado servidor, conforme al encargo que me ha sido encomendado en orden a vosotros: llevar a plenitud la Palabra de Dios.

V. Al volver, vuelve cantando. Aleluya.
R. Trayendo sus gavillas. Aleluya.
La oración como en Laudes.

Vísperas

Himno como en Laudes.

Ant. 1. Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida. Aleluya.
Los salmos y el cántico, del Común de un mártir.
Ant. 2.
Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe. Aleluya.
Ant. 3. Éste es el santo que, por la alianza de Dios, entregó su cuerpo, y ha lavado su manto en la sangre del Cordero. Aleluya.

LECTURA BREVE
Rom 8, 18-21

Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de esta esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

RESPONSORIO BREVE
R.
Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí. * Aleluya, aleluya. Dios los puso.
V. Ellos esperaban seguros la inmortalidad. * Aleluya, aleluya. Gloria al Padre. Dios los puso.

Magníficat, ant. Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto. Aleluya.

PRECES
A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida en la última cena y la entregó en la cruz, démosle gracias, diciendo:
Te glorificamos, Señor.

Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:
Te glorificamos, Señor.

Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos a los premios de tu reino:
Te glorificamos, Señor.

Porque en tu siervo Fidel nos dejaste un ejemplo eximio de fidelidad y fortaleza:
Te glorificamos, Señor.

Porque has dado a la Iglesia, como sacrificio, la sangre de tu Hijo, y por medio del martirio de tu siervo Fidel esta misma Iglesia ha obtenido frutos abundantes:
Te glorificamos, Señor.

Porque por tu gracia nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina:
Te glorificamos, Señor.

Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor.

Padre nuestro.

Oración

Señor Dios de misericordia, que te has dignado conceder la palma del martirio a san Fidel de Sigmaringa cuando, abrasado en tu amor, se entregaba a la propagación de la fe, concédenos, te rogamos, que arraigados, como él, en el amor, lleguemos a conocer el poder de la resurrección de Jesucristo. Él, que vive y reina contigo.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

 

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

 

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

 

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

 

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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