Liturgia franciscana: 8 de mayo, beata Madre Carmen del Niño Jesús, III Orden

BEATA MADRE CARMEN DEL NIÑO JESÚS, RELIGIOSA Y FUNDADORA , III ORDEN
8 de mayo

BEATA MADRE CARMEN DEL NIÑO JESÚS,
RELIGIOSA Y FUNDADORA , III ORDEN

Fiesta para las Franciscanas de los Sagrados Corazones
Memoria libre para la Familia Franciscana

María del Carmen González Ramos nació en 1834 en Antequera (Málaga), en el seno de una familia cristiana. En sus primeros años destacó por su vida de piedad y su caridad hacia los necesitados. Contrajo matrimonio y empezó una difícil etapa de sufrimientos y dificultades que superó con fe en Dios y fortaleza de espíritu. Al enviudar, fundó el Instituto de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones, en el que profesó como religiosa y al que transmitió su entrega a Dios y su celo apostólico para atender a la educación de la niñez y juventud, y socorrer a enfermos y necesitados. Murió el 9 de noviembre de 1899. Fue beatificada en su Antequera natal por el Delegado del papa Benedicto XVI, el día 6 de mayo de 2007.
Del Común de santas mujeres.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos al Señor; aclamemos al Dios admirable en sus santos. Aleluya.

El salmo invitatorio como en el Ordinario.

 Oficio de lectura

Himno como en Laudes.

PRIMERA LECTURA
De la Primera Carta del apóstol san Juan                                                                             4, 7-21

Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amamos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu.

Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor tiene que ver con el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: Quien ama a Dios, ame también a su hermano.

RESPONSORIO                                                                                                   1 Jn 5, 3; Eclo 23,27
R. En esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. * Y sus mandamientos no son pesados. Aleluya.
V. Nada hay más dulce que guardar los mandamientos del Señor. * Y sus mandamientos.

SEGUNDA LECTURA
Del testimonio aportados en el Proceso de beatificación por D. Miguel Jiménez Pérez, capellán y confesor del Convento Nuestra Señora de La Victoria. 
(lnquisitio de documentis processui apostolico. Roma. 1974. pp. 52-56)

Hacía la virtud expansiva y amable

Primeramente he de consignar las palabras que oí al confesor de Madre Carmen:

«Es Madre Carmen, me decía, una criatura que el Señor ha escogido para la empresa de caridad tan multiplicada como la que está llevando a cabo. ¿Quién diría, si no fuese cosa de Dios, que aquella señora tan recogida y probada en el hogar doméstico, había de desplegar tan sorprendente actividad en el ocaso de su vida? No hay duda; yo veo que el cielo la ha adornado de unas dotes excepcionales de superior talento y singular discreción unido a su simpatía y don de gentes. Pero lo que más admiro es su virtud y fortaleza para superar tantas contrariedades y conjurar dificultades enormes, que la ponen en gravísimos conflictos: que si no fuese un alma del temple de ella, hubieran dado al traste con esta hermosa obra.

Para mí -continuaba-, la ha forjado el Señor en el yunque de la tribulación; pues yo, que sé su vida, me doy cuenta de los rarísimos e inexplicables sufrimientos por que ha pasado en los distintos estados de su vida, acrisolándola finalmente para ser ahora instrumento providencial en la fundación de las Terciarias.

Veo cosas en Madre Carmen que indican una protección y asistencia especial de Dios. Creo que premia largamente la ilimitada confianza que ella tiene en la divina providencia».

Hasta aquí el testimonio del venerable D. José Rodríguez. Yo he de consignar ahora mis impresiones acerca de la personalidad moral de madre Carmen.

Ante todo se traslucía su gran espíritu de humildad. Jamás quería distinciones para ella. En el fervor, espíritu de oración y presencia de Dios era ejemplarísima; hablaba de lo que encerraba su corazón: de Dios y de la virtud. Así producía en los que la tratábamos un deseo de ser mejores, que es el síntoma de las almas perfectas: llevar a Dios por sus edificantes ejemplos y fervorosas conversaciones.

El efecto de esas virtudes íntimas y sólidas de Madre Carmen sentíase vigoroso en las obras múltiples de celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas, ejerciendo la caridad de muchos modos en bien de los cuerpos y de las almas de los pequeñuelos, como en la asistencia a los enfermos. Mostraba un grandísimo empeño para que sus Terciarias fuesen de una austeridad y pobreza verdaderamente franciscanas.

Yo no puedo hablar de las penitencias de Madre Carmen, pero fui testigo de algunos de sus sufrimientos interiores y puedo afirmar que el Señor la sometió a pruebas dolorosísimas; algunas indefinibles; en que sufrió de un modo acerbísimo. Y lo mismo, así en sus enfermedades corporales se la veía apacible, serena, sin quejarse, su magnánimo corazón triunfaba de todo, su espíritu de sacrificio; era una víctima que sabía sufrir en silencio, con gran abnegación y puesta su confianza sólo en Dios Nuestro Señor.

Destacábase en Madre Carmen una virtud, que es como causa y efecto de otras muchas, y aroma de perfección: me refiero a la rectitud y pureza de intención, que animaba todo lo que hacía y trabajaba. Su unión con Dios y recogimiento, sugeríanlo hasta sus palabras, con un gracejo digno y cierta grave alegría espiritual, que hacía la virtud expansiva y amable; saliendo encantados de verla y oírla, bendiciendo al Señor en las cualidades de su hermosa alma.

RESPONSORIO                                                                                             2 Co 4, 8–10; Rm 8, 37
R. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. * Y encontraréis descanso para vuestras almas. Aleluya.
V. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. * Y encontraréis.

HIMNO Te Deum

La oración como en Laudes.

Laudes

A ti, Señor, la gloria y la alabanza,
que en el humilde muestras tu poder.
¡Te bendecimos por tus obras santas!

Carmen, mujer con la fe de Abrahán,
en el amor de Jesús se encendió,
fuerte, paciente, amable. tenaz,
al resplandor de la cruz caminó.

Ante el dolor, ante la adversidad
crece en audacia, prodiga el perdón;
sufre en silencio, espera con paz.
su vida ofrenda a gloria de Dios.

Centra su amor en Jesús, Hombre y Dios:
Eucaristía, Calvario, Belén;
del corazón de María aprendió
la entrega fiel, la humildad y la fe.

Con sencillez franciscana vivió,
00 se cansó de ofrecer caridad:
niños, enfermos, sedientos de Dios,
la sienten madre que a todos se da.

Gloria a Dios Padre por la eternidad.
Gloria a su Hijo Jesús, Salvador.
Gloria al Espíritu, a la Trinidad.
¡Bendito seas por siempre, Señor! Amén.

SALMODIA
Las antífonas, del Común de santas mujeres; los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.

LECTURA BREVE                                                                                                                Ef 1, 16-20
No ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo.

RESPONSORIO BREVE
R. Trabajemos por amor de Dios. *Aleluya, aleluya. Trabajemos.
V. Y roguemos por los que no tienen la dicha de conocerlo y amarlo. * Aleluya, aleluya. Gloria al Padre. Trabajemos.

Benedictus, ant. Cuando miro al cielo, se acrecientan mis deseos de ir por esos mundos a enseñar a las almas a Conocer y amar a Dios. Aleluya.

PRECES
Alabemos al buen Jesús, que derrama su amor misericordioso en nuestra vida, y digámosle:
Bendito seas, Señor.

Tú que nos muestras la bondad del Padre, presente en la belleza de la creación y atento al bien de todos sus hijos,
haz que confiemos siempre en la divina providencia.

Tú que eres camino, verdad y vida,
llénanos de tu Espíritu, para que andemos con rectitud por la senda de las bienaventuranzas.

Tú que eres el Buen Pastor, compasivo, manso y humilde de corazón,
alivia el dolor de los enfermos y la pobreza de los necesitados, consuela a los afligidos, atrae a los alejados y dales tu paz y tu perdón.

Tú que nos envías al mundo como luz y como sal,
guía nuestros pensamientos, palabras y acciones de este día, para que seamos reflejo de tu amor y tu misericordia.

Tú que eres nuestro Salvador,
acompaña y conforta a los sacerdotes para que sean fieles ministros de tu Palabra y de la Eucaristía.

Tú que llamaste hermano, hermana y madre a los que cumplen tu voluntad,
haz que todos nosotros la cumplamos siempre, de palabra y de obra.

Padre nuestro.

Oración

Dios, Padre bueno, que has dado a tu sierva, la beata Madre Carmen del Niño Jesús, grandeza de alma para contemplar e imitar a tu Hijo en los misterios de Belén, el Calvario y la Eucaristía, concédenos, por sus ruegos, espíritu de oración y caridad para que, fieles a tu voluntad, seamos en el mundo signos de la Vida nueva. Por nuestro Señor nuestro Señor Jesucristo.

Hora intermedia

Las antífonas y los salmos, de la feria correspondiente.

Vísperas

HIMNO

Madre Carmen. mujer labrada a fuego,
por la gracia de Dios fortalecida,
grande en el sufrimiento y el amor,
de Jesús y su Madre imagen viva.

Ante el misterio que en el alma vive,
fuiste siempre una lámpara encendida,
corazón siempre en vela, siempre atento
a escuchar y seguir la voz divina.

Tu confianza en Dios fue roca firme,
que triunfó de tormentas y de envidias,
por ti multiplicó el Señor su obra:
enseñar, alentar, curar heridas.

Servir a Dios, servir a los hermanos,
transmitir paz, consuelo y alegría,
vivir vida sencilla y abnegada:
tu ejemplo fue la Regla de tus hijas.

A Dios Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por ti, gozosa, nuestra voz bendiga;
por tu oración a todos nos concedan
la gloria y dicha eterna que nos brindan. Amén.

Las antífonas y los salmos, del Común de santas mujeres.

LECTURA BREVE                                                                                                         Rom 12, 10-15
Amaos cordialmente unos a otros; que cada cual estime a los otros más que a sí mismo; en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración; compartid las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis. Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran.

RESPONSORIO BREVE
R. Bendito sea el Señor . * Aleluya, aleluya. Bendito.
V. Que nos ama en Cristo. * Aleluya, aleluya. Gloria al Padre. Bendito.

Magníficat, ant. Con caridad y dulzura hacia los enfermos y necesitados, los ganaremos para Dios. Aleluya.

PRECES
Aclamemos al Señor, que vela con amor por su pueblo y, en unión con nuestra santa Madre Iglesia, digamos:
Renueva el mundo con tu gracia, Señor.

Señor Jesús, haz que el ejemplo de tus santos ayude a los que vacilan en su fe o se resisten a creer,
y les haga sentir tu presencia y reconocerte en los hermanos y en los acontecimientos de la vida.

Médico solícito, siempre atento al dolor de los hombres,
cuida a los enfermos y débiles, libera a los oprimidos, a los pobres y abandonados, y muéstranos siempre tu poder y tu bondad.

Tú que llamaste a muchos hombres y mujeres a tu seguimiento,
por intercesión de la beata Carmen del Niño Jesús, aumenta en las almas consagradas el anhelo de santidad, y concede a cuantos se forman en los seminarios y noviciados responder con generosidad creciente a tus dones.

Tú que viviste en el seno de una familia con María y José,
ayuda a las familias y dales tu fuerza para que vivan en fidelidad, reine en ellas el amor y eduquen a los hijos en el camino del bien.

Maestro bueno, mira el corazón de los jóvenes,
y haz que la belleza del Evangelio los impulse a seguirte y a ser en el mundo mensajeros de la paz y el bien.

Tú que, resucitado de entre los muertos, has abierto el camino que conduce al Padre,
ilumina a nuestros hermanos difuntos con la luz de tu resurrección.

Padre nuestro.

Oración

Dios, Padre bueno, que has dado a tu sierva, la beata Carmen del Niño Jesús, grandeza de alma para contemplar e imitar a tu Hijo en los misterios de Belén, el Calvario y la Eucaristía. concédenos, por sus ruegos, espíritu de oración y caridad para que. fieles a tu voluntad, seamos en el mundo signos de la vida nueva. Por nuestro Señor Jesucristo.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.


Y del Seráfico Padre

siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.


SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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