Liturgia franciscana: 19 de mayo, san Crispín de Viterbo, I Orden

19 de mayo
SAN CRISPÍN DE VITERBO,
RELIGIOSO, I ORDEN

Memoria obligatoria para OFMCap

Nació en Viterbo, Italia, el 13 de noviembre de 1668. El 22 de julio de 1693 vistió el hábito de los Hermanos Menores Capuchinos. Durante cuarenta años desempeñó el oficio de limosnero, en cuyo servicio ofreció admirables ejemplos de amor a Dios, devoción a la Madre de Dios y caridad hacia el prójimo. Murió en Roma el 19 de mayo de 1750. Lo canonizó Juan Pablo II el 20 de junio de 1982.
Del Común de santos varones; para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I. 

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De una carta de San Crispín de Viterbo, religioso, a don José Smaghi, curial de San Blas
(Analecta OFMCap, 27 [1911], p. 22)

Obremos gozosamente

Me he alegrado al saber por la suya amabilísima carta que Vuestra Excelencia abraza de corazón las máximas santísimas que nos ha dejado nuestro amoroso Señor en el santo Evangelio: ahí se encuentra el camino seguro y cierto para andar según su santísima voluntad y también la ayuda para meditar en la vida y pasión de Cristo, que es escuela segura para no errar y practicar las santas virtudes.

Pero es necesario que Vuestra Excelencia se anime mucho y tenga valor para desechar toda turbación y temor. Porque esas cosas unas veces nacen de una indisposición natural, otras son obra del diablo y, en alguna ocasión, vienen de causas externas. Pero de donde quiera que provengan, Vuestra Excelencia vea el modo de desecharlas, y recuerde aquello que dice el Espíritu Santo en el Eclesiástico: Aparta de ti la tristeza, pues la tristeza ha perdido a muchos y no se saca ningún provecho de ella. Si usted piensa en su propia tristeza, no disminuye el mal que le entristece, sino que aumenta la angustia. Por eso le exhorto a que se apoye en nuestro amoroso Señor que dice: Sin mí no podéis hacer nada.

Y si bien nosotros somos incapaces de hacer cosa buena, estamos, sin embargo, obligados a hacer cuanto podamos por nuestra parte. Por ello, previendo Vuestra Excelencia que le turba ir al confesonario o hacer cualquier otra cosa propia de su oficio para gloria de Dios, no por eso debe dejar de ir, sino que ha de realizarlo alegremente dejando de lado la turbación. Es más, procurando desechar todo pensamiento turbador que pudiera asaltarle, decir: «Voy a hacer la voluntad de Dios y voy por su amor»; y procure por su parte, tanto cuanto pueda, estar alegre en el Señor y distraerse en cosas buenas y santas cuando es asaltado por la melancolía. Yo no dejaré de encomendarle de todo corazón al amoroso Señor y a nuestra Santísima Madre para que le den gracia y fuerza y pueda vencer todas estas dificultades.

Pero esté seguro que su alma adelantará mucho, porque el amoroso Jesús nos manda todos estos trabajos para enriquecemos con mayor largueza con bienes celestiales. Nuestra vida, amigo mío, como dice el Apóstol, es una continua batalla, pero es signo de que estamos destinados por la misericordia de Dios a ser grandes príncipes en su reino.

Le escribiré sólo alguna vez, porque estoy más necesitado de ser instruido que de instruir. Por ello tome como maestro amoroso a Jesús y a su Madre Santísima y conocerá su voluntad. Ruegue por mí, pequeñuelo siervo, que le dejo en el corazón amoroso de Jesús y de María.

RESPONSORIO                                                                                                     1Pe 4, 13; Sal 31, 11
R.
Estad alegres en la medida en que compartís los sufrimientos de Cristo, * Para que, cuando se revele su gloria, gocéis de alegría desbordante. (T.P. Aleluya.)
V.
Alegraos, justos, y gozad con el Señor; aclamadlo, los de corazón sincero. * Para que, cuando se revele. (T.P. Aleluya.)
La Oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Es flor de Pascua preciosa
la pura y santa alegría:
san Crispín la ha recibido
como gracia de su vida.

Herencia que nos transmite,
su bello y útil carisma;
nacida en el corazón,
en los labios florecía.

En la oración silenciosa
gozaba el alma y sufría,
y regaba en penitencia
el don que nos ofrecía.

Junto al altar de la Virgen
las frescas flores latían,
que un amor nunca marchito
fray Crispín tuvo a María.

Caridad y sencillez
parecía su divisa,
y el Evangelio sembraba
con sus sentencias festivas.

¡Oh Cristo, gozo del Padre,
que alegras y que iluminas,
brille la luz de tu Pascua
en tu Iglesia Peregrina! Amén

Benedictus, ant. La alegría del corazón es la vida del hombre, y el regocijo del varón, prolongación de sus días. (T.P. Aleluya.)

Oración

Oh Dios, que, por el camino de la alegría, elevaste a la cima de la perfección evangélica a tu siervo Crispín, concédenos, te rogamos, que por su ejemplo e intercesión practiquemos continuamente la verdadera virtud a la que prometes la bienaventurada paz en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas

esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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Una respuesta a Liturgia franciscana: 19 de mayo, san Crispín de Viterbo, I Orden

  1. Angie dijo:

    SAN CRISPÍN DE VITERBO,
    En este mundo tan materialista alejado de Dios , se la luz que alumbre nuestro camino para nunca perder de vista a Jesus , guia a nuestros jovenes como tu a buscarles caminando en Santidad, Amen

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