20 de mayo, san Bernardino de Siena, presbítero, I Orden

san Bernardino de Siena

20 de mayo
SAN BERNARDINO DE SIENA,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria obligatoria para la Familia Franciscana
Fiesta para OFM

Nació en Massa Marittima (Grosseto), Italia, en 1380. Contaba veintidós años al ingresar en la Orden de los Hermanos Menores. Ordenado de sacerdote, promovió la reforma de la Orden creando un movimiento de retorno a la estricta observancia de la Regla primitiva de san Francisco. Fundó pequeños y pobres conventos, que dirigió con gran espíritu de abnegación. Su mayor fama le viene, sin embargo de la predicación, a cuyo ministerio dedicó toda su vida recorriendo Italia entera con gran fruto. Propagó la devoción al Santísimo Nombre de Jesús. El sol de Cristo representado en el emblema de san Bernardino enardecía los espíritus y maduraba frutos de paz, de justicia y de caridad. Sus escritos lo colocan entre los grandes maestros franciscanos. Murió en L’Aquila en 1444. Nicolás V lo canonizó en 1450.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himno latino propio en el Apéndice.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos al Señor, aclamemos al Dios admirable en sus santos. (T.P. Aleluya.)
El salmo invitatorio como en el Ordinario.

Oficio de lectura

HIMNO

Todos los aires del cielo,
frescos, de colores varios
envolvieron tu figura
para ser de Dios heraldo.

A Cristo le diste el nombre
de Sol de oro radiante
y el que es el Sol de los soles
de luz te llenó el semblante.

Fidelidad, valentía,
amor, ternura al más pobre,
justicia, paz, alegría
cantabas, sólo en su nombre.

Haz, Señor, que nuestras vidas
se nutran de tu verdad
y que el sol de tu mirada
al mundo sepamos dar.

Gloria sea dada por siempre
a la excelsa Trinidad. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. (T.P. Aleluya.)
Los salmos, del Común de pastores.
Ant. 2. Tus acciones son la alegría de mi corazón, las proclamaré con acción de gracias. (T.P. Aleluya.)
Ant. 3. Anunciaré tu nombre y tu salvación a todos los pueblos. (T.P. Aleluya.)

V. Cuando escuches una palabra de mi boca. (T.P. Aleluya.)
R. Les advertirás de mi parte. (T.P. Aleluya.)

PRIMERA LECTURA
Del libro de los Hechos de los Apóstoles                                                                                4, 1–21

No hay otro nombre que pueda salvarnos

Mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron: eran unos cinco mil hombres.

Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, junto con el sumo sacerdote Anás, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes. Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan, y se pusieron a
interrogarlos: «¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?» Entonces, Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y ancianos: porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido en Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta éste sano ante vosotros. El es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvamos».

Viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, estaban sorprendidos. Reconocían que habían sido compañeros de Jesús, pero viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido curado, no encontraban respuesta.

Les mandaron salir fuera del sanedrín, y se pusieron a deliberar entre ellos, diciendo: «¿Qué haremos con estos hombres? Es evidente que todo Jerusalén conoce el milagro realizado por ellos, no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos con amenazas que vuelvan a hablar a nadie de ese nombre».

Y habiéndolos llamado, les prohibieron severamente predicar y enseñar en el nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les replicaron: «¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído». Pero ellos, repitiendo la prohibición, los soltaron, sin encontrar la manera de castigarlos a causa del pueblo, porque todos daban gloria a Dios por lo sucedido.

RESPONSORIO                                                                                                   Hch 4, 12; Sal 21, 23
R. No hay salvación en ningún otro; Bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos. (T.P. Aleluya.)
V. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. * Bajo el cielo. (T.P. Aleluya.)

SEGUNDA LECTURA
Del Quadragesimale de evangelio aeterno, de san Bernardino de Siena, presbítero
(Sermón 49: Opera omnia IV, Quaracchi-Florentia 1956, pp. 505506)

El nombre de Jesús, luz de los predicadores

El nombre de Jesús es la luz de los predicadores, pues es su resplandor el que hace anunciar y oír su palabra. ¿Por qué crees que se extendió tan rápidamente y con tanta fuerza la fe por el mundo entero, sino por la predicación del nombre de Jesús? ¿No ha sido por esta luz y por el gusto de este nombre como nos llamó Dios a su luz maravillosa? Iluminados todos y viendo ya la luz en esta luz, puede decirnos el Apóstol: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz por el Señor; vivid como hijos de la luz.

Es preciso predicar este nombre para que resplandezca y no quede oculto. Pero no debe ser predicado con el corazón impuro o la boca manchada, sino que hay que guardarlo y exponerlo en un vaso elegido. Por eso dice el Señor, refiriéndose al Apóstol: Ese hombre es un vaso elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Un vaso elegido por mí, como aquellos vasos elegidos en que se expone a la venta una bebida de agradable sabor, para que el brillo y esplendor del recipiente invite a beber de ella; para llevar mi nombre a los pueblos.

Pues igual que con el fuego se limpian los campos, se consumen los hierbajos, las zarzas y las espinas inútiles, e igual también que, cuando sale el sol se disipan las tinieblas, huyen los ladrones, los atracadores y los que andan errantes por la noche, así también, cuando hablaba Pablo a la gente, era como el fragor de un trueno, o como un incendio crepitante, o como el sol que de pronto brilla con más claridad; y, terminada la incredulidad, lucía la verdad y desaparecía el error, como la cera que se derrite en el fuego.

Pablo hablaba del nombre de Jesús en sus cartas, en sus milagros y ejemplos: alababa y bendecía el nombre de Jesús. El Apóstol llevaba este nombre, como una luz, a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel, y con él iluminaba las naciones, proclamando por doquier aquellas palabras: La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz. Andemos como en pleno día, con dignidad. Mostraba a todos la lámpara que arde y que ilumina sobre el candelero, anunciando en todo lugar a Jesús y éste crucificado.

Por eso la Iglesia, esposa de Cristo, basándose en el testimonio de Pablo, salta de júbilo con el Profeta, diciendo: Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, es decir, siempre. El Profeta exhorta igualmente en este sentido: Cantad al Señor, bendecid su nombre proclamad día tras día su salvación, es decir, Jesús, el Salvador que él ha enviado.

RESPONSORIO                                                                                                     Eclo 51, 15; Sal 9, 3
R. Te daré gracias y te alabaré, * Bendeciré tu nombre, Señor. (T.P. Aleluya.)
V. Me alegro y exulto contigo y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo. * Bendeciré tu nombre, Señor. (T.P. Aleluya.)

HIMNO Te Deum.
La Oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Tu alabanza, tu gloria, tu encanto,
Bernardino, en un nombre se cifra:
es el nombre total de tu amor,
nombre humano y Persona divina.

Lo paseas por calles y plazas,
y doquiera que vas lo predicas,
y lo grabas en los corazones,
y en radiantes banderas lo pintas.

Invocarlo es asirse a la Fuerza,
pronunciarlo es suprema delicia,
y rumiarlo, saciar nuestras almas
de alimento, salud, medicina.

Santo hermano, que ahora en el cielo
contemplando a Jesús te extasías,
pídele que nosotros le amemos
como tú, con ardor y alegría.

¡Gloria al Padre en unión del Espíritu,
gloria a Dios que en Jesús se humaniza,
y nos ama ,y nos salva y nos llama
a cantarle su gloria infinita! Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Mis labios te alabarán jubilosos, recordando tu nombre por siempre. (T.P. Aleluya.)
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Ant. 2. Bendiga la creación entera al Señor, cantando sus maravillas. (T.P. Aleluya.)
Ant. 3. Todos los hombres festejen la gloria del Señor, invocando su nombre. (T.P. Aleluya.)

LECTURA BREVE                                                                                                                   Hch 4, 12
No hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvamos.

RESPONSORIO BREVE
Tiempo pascual:
R. Alabaré tu nombre por siempre jamás y lo ensalzaré dándote gracias . Aleluya, aleluya. Alabaré tu nombre.
V. Me alegro y exulto contigo y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo. * Aleluya, aleluya. Gloria al Padre. Alabaré tu nombre por siempre jamás y lo ensalzaré dándote gracias. * Aleluya. aleluya.

Fuera del tiempo pascual:
R. Alabaré tu nombre por siempre jamás, Y lo ensalzaré dándote gracias. Alabaré tu nombre.
V. Me alegro y exulto contigo y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo. * Y lo ensalzaré. Gloria al Padre. Alabaré tu nombre.

Benedictus, ant. Caminó en la presencia del Señor en santidad y justicia, para procurar la salvación a su pueblo. (T.P. Aleluya.)

PRECES
Oremos, hermanos, a Cristo, el Señor, cuyo nombre es bendito por los siglos, y digámosle con gozo:
Por el honor de tu nombre, sálvanos, Señor.

Enciende nuestros corazones en tu amor,
para que deseemos ardientemente tu Palabra y anhelemos vivir íntimamente unidos a ti.

Tú que quisiste experimentar nuestras dolencias,
socorre a los enfermos y a los que morirán en el día de hoy.

Tú que llamaste a san Bernardino a extender tu salvación por medio de la predicación y la invocación de tu nombre,
haz que cuantos nos gloriamos de pronunciar el nombre de Jesús, contemplemos la belleza y la dulzura de su rostro.

Tú que has querido que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra,
concédenos, por intercesión de san Bernardino, ser salvos por la invocación del nombre de Jesús.

Tú que, cuando vengas al final de los tiempos, aparecerás glorioso ante tus elegidos,
muéstrate ahora clemente y compasivo con los pecadores.

Padre nuestro.

Oración

Señor Dios, que infundiste en el corazón de san Bernardino de Siena un amor admirable al nombre de Jesús, concédenos, por su intercesión y sus méritos, vivir siempre impulsados por el espíritu de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

Hora intermedia

Las antífonas y los salmos, de la feria correspondiente. La lectura breve, del Común de pastores; la oración como en Laudes.

Vísperas

HIMNO

Bernardino de Siena y Jesús,
entero en cuerpo y alma a él te entregas,
renuncias a los bienes pasajeros,
que te ofrece el Señor mejores prendas.

El celo por su casa te devora,
por renovar tu Orden y su Iglesia,
Con tu palabra al claustro y a los pueblos
vuelve la paz, la caridad primera.

El fraude, la injusticia, la discordia
hieres con la verdad limpia y certera,
no amordazan tu boca los soberbios,
peligros y amenazas no te arredran.

¡Cuán hermosos tus pies de mensajero
que la Buena Noticia a todos lleva:
Que estamos ya salvados en Jesús,
que reina Dios por él en nuestra tierra!

Sin tregua por el mundo vas, llevando
el nombre de Jesús como bandera,
como sol que conjura error y muerte,
borra pecados. lágrimas consuela.

¡Nombre de luz, de amor y de perdón,
Jesús en quien el Padre se deleita!
¡Nombre de gracia, el único que salva,
por los siglos sin fin bendito seas! Amén

SALMODIA
Ant. 1. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios. (T.P. Aleluya.)
Los salmos y el cántico, del Común de pastores.
Ant. 2. El justo ama de corazón los mandatos del Señor y pregona sus obras. (T.P. Aleluya.)
Ant. 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. (T.P. Aleluya.)

LECTURA BREVE                                                                                                                  Flp 3, 7-8
Todo eso que para mí era ganancia lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo.

RESPONSORIO BREVE
Tiempo pascual:
R. El Señor lo amó y lo enalteció . Aleluya, aleluya. El Señor.
V. Lo revistió con vestidura de gloria . Aleluya, aleluya. Gloria al Padre. El Señor.

Fuera del tiempo pascual:
R. El Señor lo amó, * Y lo enalteció. El Señor.
V. Lo revistió con vestidura de gloria . Y lo enalteció. Gloria al Padre. El Señor lo amó y lo enalteció.

Magníficat, ant. En su predicación anunciaba al Señor Jesús, y el poder de Dios lo acompañaba. (T.P. Aleluya.)

PRECES
Pidamos a Dios Padre, fuente de toda santidad, que, por la intercesión de san Bernardino de Siena, nos impulse a una vida santa, y digamos:
Glorifica tu nombre hasta los confines de la tierra.

Ven, Señor Jesús, y con la luz de tu Palabra
ilumina a los que viven sumergidos en las tinieblas de la ignorancia.

Danos la gracia de alegramos contigo en la gloria,
pues ya en este mundo nuestra fe sincera te confiesa.

Tú que viniste para quitar el pecado del mundo,
purifícanos de nuestras faltas y pecados.

Tú que elegiste a san Bernardino de Siena para propagar la fuerza salvadora de tu nombre,
haz que cuantos pronunciamos el dulce nombre de Jesús seamos colmados de fortaleza y de gracia.

Te encomendamos, Señor Jesús, a nuestros hermanos que han sido separados temporalmente de su cuerpo,
haz que vivan eternamente para ti.

Padre nuestro.

Oración

Señor Dios, que infundiste en el corazón de san Bernardino de Siena un amor admirable al nombre de Jesús, concédenos, por su intercesión y sus méritos, vivir siempre impulsados por el espíritu de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

APÉNDICE
Himnos en latín
OFICIO ORDINARIO
20 de mayo
San Bernardino de Siena

Laudes

Se Deo totum cúpiens dicári,
saeculi pompis, ópibus relíctis,
cáelitus motus vóluit Minórum
dúcere vitam.

Órdini adscríptus, Dei amóre fervens,
sémitas Patris premit hinc fidélis,
et sacrum pandit resonátque lesu
nomen ubíque.

Ínvocans nomen geminánsque lesu,
sanat aegrótos, mala cuncta pellit,
luce collústrat mísere sedéntes
mortis in umbra.

Semper in vita fac ut ore, corde,
nomen hoc sanctum venerémur omnes,
atque cum fructu repetámus inde
última in hora.

Sint tibipláusus, tibi sint honóres,
Trine, qui regnas, Deus, et corónas
áureas servo tríbuis fidéli,
omne per aevum. Amen.

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