Liturgia de las horas propio de la Familia Franciscana

franciscano capuchino

5 de enero
BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria libre para la Familia Franciscana

Nació en Cádiz en 1743. Muy joven entró en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Fue un predicador asombroso, así en Andalucía como en buena parte de la Península Ibérica. Los mayores templos eran incapaces de contener a sus oyentes. Sus dotes oratorias iban acompañadas de singulares gracias del cielo. Se le consideraba apóstol de la misericordia. Escribió numerosas obras. Murió en Ronda en 1801. Lo beatificó León XIII en 1894.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De las Cartas del beato Diego José de Cádiz, presbítero, a su director espiritual Francisco Javier González
(El director perfecto y el dirigido santo, Sevilla 1901, pp. 126.210.280.287)

Deseo un altísimo trato con Dios

¿Es verdad, Padre mío, que ha de verlo cumplido este su ruin, vilísimo y miserabilísimo hijo de usted? ¡Sería tan dichoso, que así lo vea cumplido, y después dé mi vida y derrame mi sangre por mi Dios y por mis prójimos!

Los pecados del pueblo no dejan de abrumarme bastante; sin duda porque no reconozco los gravísimos míos. Con este pensamiento estaba un día en el coro con la comunidad como queriendo disuadirme de su peso, y se me ocurrió, con viveza y eficacia, cuánta era mi deuda a satisfacerlos, en vista de lo que mi Señor Jesucristo hizo y padeció, aun siendo justo, con los ajenos que tomó a su cargo. Con este mismo peso suelo sobresaltarme, cuando hay alguna ocurrencia de males temporales en el pueblo.

Qué saeta no es para mi corazón aquella repetida expresión que usa usted en sus cartas: que soy llamado para «capuchino, misionero y santo». No puedo leerla sin que todo el interior y aun las entrañas se me conmuevan con dulce, pero extraña fuerza. Ella es un clavo que a todas horas punza sin lastimar, y en toda ocasión y circunstancia la veo inseparable de mí. Usted me lo dice inspirado de Dios, sin haberle yo manifestado los prodigios que motivaron y acompañaron mi vocación.

Revienta mi corazón por ser todo de Dios, por lograr su intento, que es no faltar un ápice a lo que el Señor quiere de mí. De aquí es que, cuando oigo o pienso que en mis tareas censuran algo, se quejan, me delatan, etc., toda mi angustia es: «Yo he faltado a lo que mi Dios quiere de mí; éstos lo conocen y yo no.» Si temo como miserable la desgracia de los poderosos, me parece que sin mucho trabajo se desvanecen; mas en llegando a esto de haber faltado en un átomo a la voluntad de Dios y a lo que quiere de mí, no cabe consuelo en mi corazón. No me turbo ni me inquieto, pero si me es una congoja tan interior y profunda que, sino me engaño, es ella la que debilita mis fuerzas más que las tareas corporales. Toda mi ansia es llenar lo que Dios ha dispuesto de mí, y, en una palabra, Padre de mi corazón y de mi alma, ser en esto una perfecta semejanza de mi Señor Jesucristo, porque así lo sería en todo.

Deseo un interior, familiar y altísimo trato con Dios, seco, amargo y lejos de toda sensibilidad; quisiera hacer asombrosos prodigios en el mundo, quisiera pasar las noches en oración, sin necesitar dormir, quisiera que a cuantos hablase y mirase, se convirtiesen, y quisiera qué sé yo qué; pues nada, nada, nada llena mi corazón, y creo que uno de los mayores quebrantos que padecieron los santos fue esta insaciabilidad de sus corazones en lo que deseaban obrar con Dios.

RESPONSORIO                                                                                                        2Cor 5, 14.20–21
R. Nosotros actuamos como enviados de Cristo: en nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. * Nos apremia el amor de Cristo.
V. Al que no conocía el pecado, Dios lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él. * Nos apremia.
La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Hosanna a ti, Señor, porque a los hombres
de toda condición en nuestra tierra
enviaste a fray Diego, como apóstol,
con el fuego y la fe de tus profetas.

Honor a ti, Señor, porque al llamarle
al retiro, a la paz, a la pobreza,
su firme vocación franciscana
dio sentido total a su existencia.

Bendito seas tú, porque en el cruce
de sus largas campañas evangélicas,
para su afán tenaz de misionero
tu palabra fue siempre luz y fuerza.

Loado seas tú, porque en su vida,
testigo de tu amor sobre la tierra,
para su empeño libre de ser santo
hermanaste tu gracia con su entrega.

Gloria a ti, Dios eterno, trino y uno:
Padre, Hijo y Espíritu, en tu Iglesia,
porque por ti fray Diego, ya sin término,
es signo de tu amor y tu presencia. Amén.

Benedictus, ant. Os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia.

Oración

Señor Dios, que has concedido al beato Diego José la sabiduría de los santos, y le has encomendado la salvación de su pueblo, concédenos, por su intercesión, discernir lo que es bueno y justo, y anunciar a todos los hombres la riqueza insondable que es Cristo. Que vive y reina contigo.

Vísperas

HIMNO

Pasión de ardiente amor, Diego José,
que aprietas a Jesús entre tus manos,
¿adónde el Crucifijo te arrebata,
adónde va empujando esos tus pasos?

«A ser volcán, y apóstol derretido,
y santo capuchino misionando,
y a estarme, si pudiera, ante el infierno,
y hacer misión allí, a Cristo alzando».

La clara teología se hizo luz
y fue la Trinidad fulgor y rayo,
y viste que el amor es la respuesta,
tu vida entera amor, ternura y llanto.

La Madre de piedad es tu Pastora,
misericordia y paz para el rebaño,
¡oh Madre de dulzura, Madre buena,
que a pecadores abres tu regazo!

¡La gloria a Ti, viviente Trinidad,
amor, perdón, y cielo regalado,
por siempre adoración y gratitud,
oh Dios festín que sacias a los santos! Amén.

Magníficat, ant. Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría

sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

 Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina

hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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