27 de mayo, beato José Tous y Soler, presbítero, I Orden

27 de mayo
BEATO JOSÉ TOUS Y SOLER
PRESBÍTERO, I ORDEN

Fiesta para las HH. Capuchinas de la Madre del Divino Pastor
Memoria libre para la Familia Franciscana

Nació en Igualada (Barcelona) el 31 de marzo de 1811 y profesó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos el 19 de febrero de 1828. Fue ordenado presbítero en Barcelona el 24 de mayo de 1834. Expulsado de su convento en la revolución de 1835, sufrió cárcel y exilio. Tras una breve estancia en Italia se estableció en la ciudad de Toulouse como capellán de las Benedictinas del Santísimo Sacramento. Regresó a Barcelona, pero al no haberse restablecido la vida conventual, ejerció su ministerio sacerdotal en varias parroquias, mostrando en todos los lugares una vida ejemplar y una caridad pastoral inagotable.

Viendo la situación de desamparo de la niñez y juventud, sobre todo la femenina, en 1850 fundó en la Villa de Ripoll (Gerona) el Instituto de Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, dedicado a la educación cristiana de la niñez y juventud. También acompañó y orientó en su vocación a la beata María Ana Mogas Fontcuberta, fundadora de las Franciscana Misioneras de la Madre del Divino Pastor. La misa fue el centro de su vida interior y el Señor le llamó a sí mientras celebraba la Eucaristía el 27 de febrero de 1871. Fue beatificado el 25 de abril de 2010 en Barcelona por el delegado del papa Benedicto XVI.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De una Carta del beato José Tous, presbítero y fundador, a la Congregación de HH. Capuchinas de la Madre del Divino Pastor.
(E. Ros Leconte:«Vida y Obra del P. José Tous y Soler, Barcelona, 1985, pp. 390-394).

Reine entre vosotros la paz, la caridad, la armonía, la santa

No podemos menos de alegrarnos en el Señor por los buenos resultados que ha producido la santa visita, pues nos ha hecho ver que en nuestra Congregación está en vigor la observancia de la santa Regla y disposiciones que hemos dado otras veces y reina entre las hermanas aquella paz, tranquilidad y armonía que conviene a las verdaderas esposas de Jesucristo y que nos manda el Señor en santo Evangelio. Sí, carísimas hermanas, la caridad, la paz, la armonía y la unión santa entre unas y otras es lo que convierte el claustro en un paraíso de delicias en donde mora con gusto el celestial Esposo.

Por tanto, exhortamos a todas nuestras hermanas que procuren inflamarse en el amor de Jesús en la santa oración, a unirse por amor con el celestial Esposo de las almas puras, para que unidas con el amable Jesús, que es Rey pacífico, reine en todas vosotras la paz, la caridad y la santa unción. Cuando hay en el corazón amor de Dios hay verdadera humildad y cuando hay verdadera humildad, hay obediencia y por esto no podemos encarecerlo bastante cuánto importa a todas las Hermanas el ser obedientes.

Exhortamos a todas las hermanas que sean exactas en los ejercicios devotos y deseosas de su aprovechamiento espiritual, y por eso entre día, a lo menos al toque de las horas, después de rezada con devoción el Ave María, procuren levantar el corazón a Dios,  diciendo una ferviente jaculatoria y ofrecerle el trabajo u ocupación que tienen entre manos.

Nos dice el Señor en la santa Escritura, que nos recordemos de santificar el día de fiesta; por lo que ordenamos que, las madres y hermanas, además de oír misa con toda devoción, y comulgar con el posible fervor, empleen algunos ratos en la lectura espiritual, y las maestras aprovechen algún rato para prepararse para los estudios de la semana.

Recuerden nuestras hermanas aquel paso del santo Evangelio cando vemos que el Señor reprendió a sus discípulos porque no permitían que los niños se le acercasen, usando aquellas tan sentidas palabras: Dejad que los niños vengan a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de los cielos. Estas santísimas palabras, como salidas de la boca del amable Jesús, deben meditar de continuo nuestras hermanas encargadas de la enseñanza, considerando la hermosura y candor de almas de las tiernas niñas, y cuán apreciables son a los divinos ojos por su inocencia.

Por tanto, rogamos, por las entrañas de Jesucristo, con la mayor efusión de nuestro corazón a todas las superioras locales que sean amantes de las niñas pobres, que admitan a las clases a todas las que se presenten, mientras el local y las clases lo permitan, y lo repetimos, sin excluir ni desechar las niñas pobres que no pueden pagar la mensualidad.

No teman, no, nuestras hermanas, que por eso les ha de faltar el necesario sustento, pues será todo lo contrario; nuestro Señor, por cuyo amor harán este obsequio, las llenará de bendiciones espirituales y temporales y, si son fieles a Dios y cumplen con lo que le han prometido, Él mismo moverá el corazón de los devotos y bienhechores para socorrerlas con limosnas.

Podrá pensar alguna que le enseñanza de las niñas es una cosa pesada y que se opone al espíritu de devoción que tanto encarga nuestro padre san Francisco; pero deben advertir, las que esto pensaren, que la enseñanza es el fin de este Instituto y que las Hermanas de esta Tercera Orden de Penitencia de nuestro padre san Francisco son llamadas por Dios para hacer entre las niñas, lo que la sagrada Religión de padres Capuchinos hacía antes y hace actualmente en diversas partes del mundo, esto es, que son llamadas a la vida mixta de contemplación y acción, de trabajar y orar, de derramar en el tierno corazón de las niñas los santos pensamientos y devotos afectos que Dios les ha comunicado en la santa oración. Este es el espíritu de la Regla que las hermanas han profesado. Además, deben pensar nuestras madres y hermanas, que aunque sean religiosas, también son hijas de Adán pecador, y que deben comer el pan con el sudor de su rostro.

RESPONSORIO                                                                                         Flp 2,2.3-4; 1Tes 5, 14-15
R. Dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes, con un mismo amor y un mismo sentir, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. * No os encerréis en vuestro interés, sino buscad todos el interés de los demás. (T.P. Aleluya.)
V. Sostened a los débiles, sed pacientes con todos, esmeraos siempre en haceros el bien unos a otros y a todos. * No os encerréis. 

Laudes

HIMNO

La gracia franciscana ha florecido
en un hermano nuestro, vivo ejemplo,
José Tous y Soler, glorioso en Cristo,
de hermanas y de hermanos luz y empeño.

La Iglesia padecía recia lucha,
pagada con la cárcel y el destierro,
y un pobre capuchino en tierra hispana
yen exilio fue ardiente misionero.

Volvió a la patria; Cristo, Buen Pastor,
lo llamaba a abnegado pastoreo,
y aliado de la Madre en el Calvario
nacía una familia y un anhelo.

Puestos los ojos en Francisco y Clara,
el fundador buscaba el Evangelio,
y en oración y paz surgía, humilde,
la Hermana Capuchina para el pueblo.

Fe y confianza en Dios era su guía,
la clave de su obra, su secreto:
¡Oh Padre bueno, Padre de Jesús,
sea tu Voluntad mi fiel sendero!

Su vida consumó en el ara santa
celebrando la Pascua del Cordero,
latió su corazón con el de Cristo,
y Dios los hizo un solo ofrecimiento.

¡Honor al Buen Pastor de su rebaño,
que por la Madre sigue bendiciendo!
¡El río de su amor inunde el mundo,
y todos lo vivamos y anunciemos! Amén.

Benedictus, ant. Jesús, viendo a la multitud, sintió compasión porque estaban cansados y fatigados como ovejas sin pastor. (T.P. Aleluya.)

Oración

Oh Dios, que al beato José Tous, presbítero, diste la gracia de seguir fielmente a tu Hijo, en la pobreza y humildad de espíritu, y suscitar en la Iglesia la educación cristiana de los niños, concédenos, por sus méritos e intercesión, que profundamente renovados, podamos saborear la dulzura de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo que amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén

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