9 de julio, santos Nicolás Pick, Willaldo y compañeros, mártires, I Orden

Martyrs de Gorkum

9 de julio
SANTOS NICOLÁS PICK, WILLALDO Y COMPAÑEROS,
MÁRTIRES, I ORDEN

Memoria obligatoria para OFM

En junio de 1572 los calvinistas se apoderaron de la ciudad de Gorcum (Holanda), y apresaron a Nicolás Pick, infatigable evangelizador en las principales ciudades de Holanda y Bélgica, a los Hermanos Menores del convento del que era guardián, y a otros sacerdotes. Los llevaron por pueblos y aldeas exponiéndolos a las burlas de la gente y, en la ciudad de Brielle, con diversas torturas, intentaron forzarles a renegar de la fe católica, particularmente de la doctrina sobre la Eucaristía y del primado del romano pontífice. Como se mantenían firmes en la fe, tras torturarlos cruelmente, los ahorcaron y los descuartizaron, el 9 de julio de 1572. Fueron canonizados por Pío IX en 1867.
Del Común de mártires.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del Relato del martirio de los santos Nicolás Pick, Willaldo y compañeros, escrita por un contemporáneo
(Acta Sanctorum Julii II / París 1867, pp. 798–801)

Permanecieron fieles hasta la muerte en una misma fe y en un mismo espíritu

Después que sacaron a los prisioneros de la ciudad, se estuvo buscando un lugar apto para el suplicio, hasta que llegaron al monasterio de Rugg, conocido con el nombre de santa Isabel. Había allí un local amplio, semejante a un granero, que servía de depósito para hierba seca, que allí se necesitaba en abundancia. Había en este lugar dos vigas, una larga y otra más corta, que parecieron a los soldados ser a propósito para colgar de ellas a sus prisioneros.

Los condujeron al granero, mientras ellos, convencidos de que morirían por defender su fe católica, mutuamente se confortaban en el espíritu y oraban al Señor con fervor para que les ayudara en aquel trance definitivo. Cada uno, según Dios le inspiraba, confortaba a los demás, animándose con la esperanza de conquistar la retribución imperecedera y con la posesión definitiva del reino de los cielos, exhortándose también a soportar con valor cuantos suplicios les esperaban, sin perder el ánimo y venciendo la muerte corporal. Después los despojaron de sus vestidos y los dejaron totalmente desnudos.

El padre Guardián fue escogido el primero para sufrir aquel horrendo suplicio. Abraza y besa a cada uno, y con palabras graves les anima a permanecer fieles en la fe católica; a morir con valentía por ella y mantener el espíritu y amor de fraternidad que durante su vida les había unido en la vida religiosa, permaneciendo fieles hasta la muerte en la misma fe y en el mismo espíritu, sin perder en aquella hora final el amor que toda su vida les había mantenido unidos; a no despreciar, por cobardía, en aquél trance —en el que tenían ya cercano el premio que Dios les había prometido y por el que venían luchando toda su vida: la corona eterna de la felicidad—, las coronas que estaban ya preparadas pendientes de posarse sobre sus cabezas; y finalmente, a que siguieran su ejemplo con valor ante el suplicio.

Diciendo estas palabras y otras parecidas, con intrepidez sube las gradas del patíbulo; con rostro cargado de paz y de cristiana alegría, avanza y no deja de pronunciar frases de aliento, hasta que su garganta queda atrapada por las cuerdas de la horca. Su cuerpo pende en el aire. Y el vicario, padre Jerónimo, Ecio Nicasio y los dos párrocos, Leonardo y Nicolás, se dedican a reafirmar a sus compañeros, cumpliendo en aquel trance supremo su labor pastoral definitiva.

A todos, excepto a cuatro, se les colgó de la viga más larga: tres de ellos pendían de la viga más corta; entre el padre Guardián y el hermano lego, fray Comelio, se hallaba Godofrido Duneo. El último en ser ahorcado fue Jaime, premonstratense, que pendía de una escalera. Por lo demás, los soldados, con gran sarcasmo, no a todos les colocaron las cuerdas en el cuello, sino que a unos se las pusieron en la boca, a modo de mordaza; a otros, en la barbilla; incluso algunos lazos estaban flojos, para prolongar más el suplicio, como el del venerable Nicasio, que, al clarear el nuevo día, aun no había expirado, por habérsele prolongado la respiración. Aquellos esbirros emplearon en tan horrendo crimen dos largas horas, a partir de la media noche.

RESPONSORIO                                                                                              Cf. Ap 12, 11; Sab 5, 16
R.
Los santos vencieron en virtud de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio que dieron. * Pues no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
V. Por eso recibirán de manos del Señor la magnífica corona real y la hermosa diadema. * Pues no amaron.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. El Señor, Dios de Israel, ha visitado y redimido a sus siervos, los ha glorificado para siempre y nos ha suscitado una fuerza de salvación.

 Oración

Oh Dios, que has premiado el martirio de tus santos Nicolás, Willaldo y compañeros con la gloria eterna; concédenos imitar su constancia en la fe y recibir el premio que ellos consiguieron. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Vísperas

Magníficat, ant. El Señor ha enaltecido a sus humildes siervos y los ha acogido en su santa morada, acordándose de su misericordia.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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