Liturgia de las horas: 28 de julio, santa Cunegunda, religiosa, II Orden

Santa Cunegunda

28 de julio
SANTA CUNEGUNDA,
RELIGIOSA, II ORDEN

Memoria libre para las Clarisas

Cunegunda, hija del rey Bela IV, nació en Hungría en 1224. En 1239 contrajo matrimonio con Boleslao, príncipe de Croacia. Fue hermana y educadora de las beatas Yolanda y Margarita. Después de vivir en la corte una vida santa, a la muerte de su esposo ingresó en el monasterio de Clarisas de Stary Sacz. Siendo la fundadora y abadesa de este monasterio, se hizo sierva de todas las hermanas, obedecién­dolas con profunda humildad. Murió el 25 de julio de 1292. Alejandro VIIJ aprobó su culto en 1690 y Juan Pablo II la canonizó en 1999.
Del Común de santas mujeres: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De La vida perfecta (para religiosas), de san Buena­ventura, obispo
(Cap. II, 1-2.4-5: San Buenaventura: Experiencia y teología del misterio, BAC, Madrid 2000, pp. 233-236)

El fundamento de todas las virtudes es la humildad

Ya que, para quien con el ojo del corazón contempla los propios defectos, es en verdad necesario humillarse bajo la poderosa mano de Dios, también a ti, sierva de Cristo, una vez reconocidos con certeza tus defectos, te exhorto: humíllate profundamente, y despréciate a ti misma. «La humildad es la virtud que -como afirma san Bernardo- incita al hombre a menospreciarse ante la clara luz de su propio conocimiento». Esta humildad es la que hizo a nuestro padre san Francisco menospreciarse a sí mismo: él la amó y la pretendió desde el inicio hasta el fin de su vida religiosa; por ella abandonó el mundo, fue llevado desnudo por la ciudad, sirvió a los leprosos, manifestó sus pecados en la predicación, y hasta pidió ser insultado.

Esta virtud has de implorar, más que ninguna otra, del Hijo de Dios, que dice: Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. Como la raíz de todo pecado es la soberbia, así el fundamento de todas las virtudes está en la humildad.

Aprende a ser verdaderamente humilde y no con fal­sedad, como los hipócritas, que sólo aparentemente se humillan. De ellos dice el Eclesiástico: Hay quien anda encorvado por la pena, pero su interior está lleno de engaño. «El verdadero humilde -dice san Bernardo-­ desea que se le considere despreciable y que no se elo­gie su humildad».

Si quieres llegar a la humildad perfecta, necesitas re­correr un triple sendero. El primero es la consideración de Dios. Debes verle como autor de todos los bienes y, porque de todos ellos es autor, decirle: Todas nuestras empresas nos las realizas tú. Y ya que realmente es así, has de atribuir a él y no a ti todo bien, teniendo pre­sente que no por mi fuerza y el poder de mi brazo me he creado estas riquezas que disfruto, pues, Dios nos hizo y somos suyos.

La segunda senda es el recuerdo de Cristo. Debes recordar cómo Cristo fue humillado hasta morir de una muerte tan degradante, que hasta fue tenido por leproso, como dice el profeta Isaías: Nosotros lo estimamos le­proso, herido de Dios y humillado; tan humillado que nada en aquel tiempo podía parecer más vil. Pues si nues­tro Señor y Maestro dice que el criado no es más que su amo ni un discípulo es más que su maestro, tú, sierva y discípula de Cristo, debes tenerte por vil y des­preciable y ser humilde.

La tercera senda por la que has de discurrir, si quie­res llegar a la humildad perfecta, es la consideración de ti misma: trata de ver de dónde vienes y a dónde vas. Considera de dónde vienes y considera que has sido he­cha de masa de perdición, de polvo y barro de la tierra, que has vivido en pecados y estás exiliada de las dichas del Paraíso. Considera igualmente hacia dónde vas: tien­des hacia la corrupción y a volverte ceniza, porque eres polvo y al polvo volverás. Entonces, ¿de qué se en­orgullece el que es tierra y ceniza? Aunque hoy eres, mañana no serás; si hoy estás sana, mañana podrás es­tar enferma grave; si ahora eres sabia, quizás mañana puedas ser necia; si eres rica en virtudes, tal vez maña­na puedas ser pobre y miserable. ¿ Qué cristiano puede ser tan estúpido y temerario que se vanagloríe mientras le circundan tantas miserias y calamidades?

RESPONSORIO                                                                                                           Mt 11, 28-29
R. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. * Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
V. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobia­dos. * Porque mi yugo.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Mi porción es el Señor: bueno es el Señor para el alma que lo busca.

Oración

Padre generoso, que nos has dado en la santa Cunegunda ejemplo de vida humilde y de desprendimiento en favor de los pobres, concédenos, por su intercesión y ejemplo, dedicar nuestra vida y nuestros bienes al servicio de los hombres en obras de caridad. Por nuestro Señor Jesucristo.

 Vísperas

Magníficat, ant. Vosotros, los que lo habéis dejado todo y me habéis seguido, recibiréis cien veces más y heredaréis la vida eterna.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.


Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS


Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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