Liturgia de las horas: 11 de agosto, santa Clara de Asís, virgen y fundadora, II Orden

Chiara d'Assisi

11 de agosto
SANTA CLARA DE ASÍS,
VIRGEN Y FUNDADORA, II ORDEN

Fiesta para la Familia Franciscana
Solemnidad para II Orden

Clara nace en Asís, en el seno de una noble familia, en 1193. En la primavera de 1211, movida por el Espíritu e iluminada por la predica­ción de Francisco, dejó todo para seguir a Jesús. El Domingo de Ramos, al amparo de la noche, Clara se fugó de la casa paterna y fue a Santa Maria de la Porciúncula, donde Francisco la recibió y la consa­gró al Señor. Poco después se estableció en el convento de San Da­mián, restaurado por Francisco.
Clara fue una mujer de su tiempo: su talante, formación humana y espiritual, su sensibilidad, así como su biografia, lo confinnan. Repre­senta en su siglo uno de los más dignos, si no el más digno exponente de mujer valiente y coherente, creativa y no fácil de doblegar. El eje central de la espiritualidad de Clara es el seguimiento de Jesucristo pobre y humilde, tanto que obtuvo del papa Gregario IX el llamado «Privilegio de la pobreza».
Clara fue la primera mujer que vio reconocida por el papa, a las puertas mismas de su muerte, la Regla escrita por ella misma para su Orden de las Hermanas Pobres, aprobada por lnocencio IV, en 1253. Radiante de luz, Clara muere el 11 de agosto de 1253, musitando esta oración: «Gracias porque me creaste». Alejandro IV la canonizó el 15 de agosto de 1255.
Del Común de vírgenes.
Himnos latinos propios en el Apéndice II. 

I Vísperas

HIMNO

I

Te bendecimos, Padre,
Dios del cielo y la tierra,
lo escondido a los sabios,
a los pobres revelas. 

Hermana Clara, dinos la fuente
donde se abreva tu corazón.
Es la riqueza de la pobreza:
dejarlo todo y seguir a Dios.

Hermana Clara, lámpara viva,
¿cómo se enciende tu corazón?
Con la belleza de la pureza
los ojos limpios verán a Dios.

Hermana Clara, viña elegida,
¿por qué florece tu corazón?
En el presente vive el futuro,
el hoy que fluye del hoy de Dios.

Hermana Clara, flor de la Iglesia,
que tanto quiere nuestro Señor.
Te dio la palma con la azucena,
le diste todo lo que te dio.

Clara, plantita de san Francisco,
tienes raíces que no se ven,
y de ellas brotan flores y frutos
mientras, ocultas, crecen sin ver.

Hermana Clara, Cristo en tus manos,
Eucaristía te enardeció.
Que nos alcancen tus bendiciones
y bendigamos siempre al Señor. Amén.

II

Es la esposa del Rey la virgen Clara,
virgen y esposa cual la Iglesia santa,
para el divino Amor su sueño es vela,
y canto el despertar antes del alba.

Ni muro ni castillo aquel recinto
que en caridad congrega a las hermanas;
es San Damián bello jardin, clausura
para el coloquio santo de la amada.

Aquí palpita el mundo doloroso
en el cuerpo de Clara y su plegaria;
junto al altar, junto a la cruz es madre,
y en silencio engendra, gime, abraza.

Pobre de corazón, como en Belén
nuestro Señor nacido en unas pajas,
pobre como en la cruz el Dios Altísimo
que se nos da sin retenerse nada.

Hermana de los ángeles, contempla
al Vencedor con cara iluminada,
y en el desierto clama peregrina:
«¡Tráeme al olor de tu fragancia!»

Que Cristo se levante, inmenso, santo,
que derrame la luz de su mirada:
¡ la Iglesia te bendice, bienamado,
y en ti se goza con la virgen Clara! Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Venid, hijas mías, contemplad al Señor, y quedaréis radiantes.
Los salmos y el cántico, del Común de vírgenes.
Ant. 2. El Señor, por medio de la virgen Clara, envió a la tierra el mensaje de su Evangelio.
Ant. 3. Bendito sea Dios que eligió a la virgen Clara para llenar a su Iglesia con el perfume de su vida evangélica.

LECTURA BREVE                                                                                                             2Cor 4, 6
El Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas» ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo.

RESPONSORIO BREVE
R. La virgen Clara * Ilumina con su claridad al mun­do entero.
V. Dichosa tú, que con tu vida brillaste con el fulgor del firmamento. * Ilumina. Gloria al Padre. La virgen Clara.

Magníficat, ant. Desbordo de gozo en el Señor porque me ha puesto un traje de salvación, y, como a novia, me ha adornado con la corona.

PRECES
Alabemos con gozo a Cristo y, por intercesión de santa Clara, supliquémosle diciendo:
Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.

Señor Jesucristo, que elogiaste a los que permanecen vírgenes por el reino de los cielos,
concédenos entregamos, como santa Clara, a lo único necesario.

Tú que ofreciste al Padre el sacrificio de la cruz para salvación nuestra,
haz que, crucificando nuestro cuerpo, completemos en nosotros lo que falta a tu pasión.

Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen guardó fidelidad intacta,
concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.

Tú que nos concedes hoy alegrarnos en la festividad de santa Clara,
concédenos no apagar nunca el espíritu de la santa oración y devoción.

Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas,
admite benigno a nuestros hermanos y hermanas en el convite festivo de tu reino.

Padre nuestro.

Oración

Padre de las misericordias, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo pobre, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos a Cristo, a quien Clara amó de todo corazón.
El salmo invitatorio como en el Ordinario.

Oficio de lectura

HIMNO

¡Gracias, Señor, porque me creaste!
(santa Clara)

Me pensaste desde siempre,
Señor de la eterna alba,
y me creaste en el tiempo
con amor, a tu hora exacta.
Gracias porque me pensaste;
porque me creaste, gracias.

Me cuidaste como un padre
a su hija muy amada,
y me infundiste tu Espíritu
para fuego de mi llama.
Gracias porque me pensaste;
porque me creaste, gracias.

Gracias por mi tierra umbra
y por mi nombre de Clara,
por mi Padre San Francisco
y por mis tantas hermanas.
Gracias, porque me pensaste;
porque me creaste, gracias.

Por mi vida, por mi muerte,
por mi bienaventuranza,
por ti mismo, por tu gloria
conocida y ensalzada…
¡Gracias porque me pensaste!
¡Porque me creaste, gracias!

SALMODIA
Ant. 1.
Se preocupó de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma.
Los salmos, del Comun de vírgenes.
Ant. 2. El Señor te halló digna de sí y te bendice eternamente.
Ant. 3. Entra la virgen Clara en el palacio real, adornada con todas sus joyas.

V. La virgen Clara va al encuentro de su Señor.
R. Entre alegría y júbilo.

PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses                                   3, 7–16.20–21; 4, 4–9

Todo lo considero pérdida con tal de ganar a Cristo

Hermanos: Todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del co­nocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus pa­decimientos, muriendo su misma muerte, con la espe­ranza de llegar a la resurrección de entre los muertos.

No es que ya lo haya conseguido o que ya sea per­fecto: yo lo persigo, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo. Hermanos, yo no pienso haber con­seguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús.

Todos nosotros, los maduros, debemos sentir así. Y, si en algo sentís de otro modo, también eso os lo revelará Dios. En todo caso, desde el punto a donde hemos llega­do, avancemos unidos.

Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo.

Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda oca­sión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazo­nes y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, no­ble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, reci­bisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

RESPONSORIO                                                                                                          Cf. 1Cor 1, 4.8
R.
Doy gracias a Dios continuamente por vosotros, por la gracia que se os ha dado en Cristo Jesús. * Pues en él habéis sido enriquecidos en todo.
V. Él os mantendrá firmes hasta el final, hasta el día de la venida del Señor. * Pues en él habéis sido enrique­cidos en todo.

SEGUNDA LECTURA
Del Testamento de santa Clara, virgen y fundadora
(TestCI 1-23: Los escritos de Francisco y Clara de Asís, EPA 2001, pp. 421-423)

El Señor nos ha puesto para modelo y espejo

En el nombre del Señor. Amén.

Entre los múltiples dones que hemos recibido y dia­riamente recibimos del que nos da con esplendidez, el Padre de las misericordias, y por los que mayormente debemos dar gracias al mismo Padre glorioso, está el de nuestra vocación, pues cuanto más perfecta y mayor es, tanto más es lo que le debemos a él; por eso dice el apóstol: Conoce tu vocación. El Hijo de Dios se ha he­cho para nosotras camino, que nos mostró, de palabra y con el ejemplo, nuestro bienaventurado padre Francisco, verdadero amante e imitador suyo.

Debemos, pues, considerar, amadas hermanas, los in­mensos dones que Dios ha derramado sobre nosotras; y, entre ellos, los que se ha dignado concedemos por medio de su siervo amado, nuestro bienaventurado pa­dre Francisco, no sólo después de nuestra conversión, sino incluso cuando nos encontrábamos en medio de las miserables vanidades del mundo. Pues el mismo santo, cuando aun no tenía hermanos ni compañeros, casi inmediatamente después de su conversión, mientras edi­ficaba la iglesia de San Damián y, alcanzado de lleno por el consuelo divino, se sintió impulsado a abandonar total­mente el mundo, movido por una gran alegría e ilumina­ción del Espíritu Santo profetizó acerca de nosotras lo que más tarde cumplió el Señor. En efecto, encaramán­dose entonces sobre el muro de dicha iglesia, decía a vo-ces, en lengua francesa, a unos pobres que vivían cerca de allí: «Venid y ayudadme en la obra del monasterio de San Damián, porque vivirán en él unas señoras, con cuya famosa y santa vida religiosa será glorificado nuestro Padre celestial en toda su santa Iglesia».

En esto, pues, podemos considerar la copiosa benig­nidad de Dios para con nosotras, pues él, por su abun­dante misericordia y caridad, se dignó decir, por medio de su santo, estas cosas acerca de nuestra vocación y elección. Y nuestro beatísimo padre Francisco profetizó esto no sólo de nosotras, sino también de todas aquellas que habían de venir para seguir la santa vocación a la que nos llamó el Señor.

¡Con cuánta solicitud y con cuánto empeño del alma y del cuerpo debemos guardar, pues, los mandatos de Dios y de nuestro padre, para que, con la ayuda del Se­ñor, restituyamos multiplicado el talento recibido! Por­que el mismo Señor nos puso a nosotras y nuestra forma de vida como ejemplo y espejo no sólo para los demás, sino también para nuestras mismas hermanas, a las que llamó el Señor a nuestra vocación, con el fin de que tam­bién ellas sean espejo y ejemplo para los que viven en el mundo. Habiéndonos, pues, llamado el Señor a cosas tan grandes, de modo que en nosotras puedan mirarse como en un espejo aquellas que son ejemplo y espejo para los demás, estamos muy obligadas a bendecir y alabar a Dios, y a afianzamos más y más en el Señor para hacer el bien. Por ello, si vivimos según dicha forma, dejare­mos a los demás un noble ejemplo, y con poquísimo traba­jo conseguiremos el premio de la eterna bienaventuranza.

RESPONSORIO
R. Clara, hija esclarecida de Francisco, menospreció todas las pompas y vanidades del mundo. * Y mientras vivió en este mundo, nunca se separó de la pobreza de Cristo.
V. Desposada con Cristo, siguió sus huellas en la hu­mildad y la pobreza. * Y mientras vivió.

HIMNO Te Deum.

Oración

Padre de las misericordias, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concé­denos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo pobre, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nues­tro Señor Jesucristo.

 Laudes

HIMNO

Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana Clara
que, joven, rica y noble,
se abrazó por tu amor a la pobreza Santa.

Loado seas, mi Señor,
por su fuga amorosa en la noche estrellada,
por el despojo alegre de su cabellera
y por su virginal ofrenda enamorada.

Loado seas, mi Señor,
porque enseñó de vida y de palabra
a ser lo que quería:
tu hija, tu madre, tu esposa y tu hermana.

Loado seas, mi Señor,
porque te amó en tu cruz hasta las lágrimas,
y, orándote, hasta el éxtasis,
y hasta el temblor, de asombro, si te comulgaba.

Loado seas, mi Señor,
porque te complaciste tanto en su mirada,
que suscitaste por doquier
miles y miles a su semejanza.

Loado seas, mi Señor,
por su vida penitencial y liberada,
y por su muerte alegre
de verte, Rey glorioso, cara a cara.

¡Loado seas, mi Señor,
Padre celeste, y Filial Palabra,
y Espíritu de Amor!
¡A ti el honor, la gloria, la alabanza! Amén.

SALMODIA
Ant. 1.
El poder de Dios la sostuvo; por eso será bendita por siempre.
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Ant. 2. La bendijo el Señor y por medio de ella aniquiló a los enemigos.
Ant. 3. Encomendó a Dios todos sus afanes; esperó en él y se vio socorrida.

LECTURA BREVE                                                                                                       ls 58, 10b–11
Brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía. El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos. Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan.

RESPONSORIO BREVE
R. Tu sol ya no se podrá. * Ni menguará tu luna.
V. El Señor será tu luz perpetua. * Ni menguará tu luna. Gloria al Padre. Tu sol. 

Benedictus, ant. Dichosa la virgen Clara: negándose a sí misma y cargando con su cruz, siguió al Señor, esposo de las vírgenes. 

PRECES
Imploremos, hermanos, al Padre de las misericordias, de quien procede todo don perfecto y, por intercesión de santa Clara, supliquémosle humildemente diciendo:
Señor, escucha nuestra oración.

Tú que eres el solo santo y el bien sumo,
haz que aumente la santidad en tu Iglesia, para que te amemos y conduzcamos a los demás a tu amor.

Tú que nos dejaste un dechado de perfección en santa Clara,
concédenos seguir su ejemplo, viviendo en pobreza y humildad.

Tú que enviaste a tu Hijo como camino, verdad y vida,
da a la Familia Franciscana la misma fidelidad al Evangelio que suscitaste en santa Clara.

Tú que eres fuente de la verdadera sabiduría, inflama nuestros corazones en tu amor,
para que, cumpliendo tu Palabra, sepamos elegir siempre la mejor parte.

Tú que quieres de tus elegidos la abundancia de los frutos de tu Espíritu,
concédenos anhelar sobre todo tener el Espíritu del Señor y ser fieles a sus inspiraciones.

Padre nuestro.

Oración

Padre de las misericordias, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concé­denos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo pobre, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nues­tro Señor Jesucristo.

Hora intermedia

Si se celebra como fiesta, las antífonas y los salmos son del día correspondiente de la semana. Si se celebra como solemnidad, las antífonas son propias y los salmos de la salmodia complementaria, o, si fuera domingo, del domingo de la semana I.

HIMNO

Clara, pequeña planta:
en el huerto de Cristo
eres tallo fragante
de amor incorruptible.
¡Salve, virgen cristiana!
¡Salve, Rey de las vírgenes!

Clara, pobre en la tierra:
tu cuerpo es holocausto,
cual pan de Eucaristía
por la vida del hombre.
¡Salve, madre fecunda!
¡Salve, Cruz creadora!

Clara, hoy invocada:
tu amor sigue exhalando
como precioso nardo
para el feliz Esposo.
¡Salve, vive con Cristo!
¡Salve, Rey por los siglos! Amén.

Tercia
Ant. Habla mi amado y me dice: «¡Levántate amada mía, hermosa mía, ven a mí!»

LECTURA BREVE                                                                                                      Sab 7, 7–8.10
Supliqué y me fue dada la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y a su lado en nada tuve la riqueza. La quise más que a la salud y la belleza, y la preferí a la misma luz porque su resplandor no tiene ocaso.

V. El resplandor de la sabiduría no tiene ocaso.
R. Con ella me vinieron todos los bienes juntos.

Sexta
Ant. Encontré al amor de mi alma: lo abracé y ya no lo soltaré.

LECTURA BREVE                                                                                                        Sab 4, 1b–2a
El recuerdo de la virtud es inmortal: la reconocen Dios y los hombres. Cuando está presente la imitan, cuando está ausente la añoran; y en la eternidad triunfa y se ciñe la corona.

V. Clara, esposa de Cristo, recibe la corona.
R. La corona que el Señor te ha preparado para siempre.

Nona
Ant. Oigo la voz de mi amado que llama a la puerta: «Ábreme, amada mía; me casaré, contigo en matrimonio perpetuo».

LECTURA BREVE                                                                                                         Sof 3, 16–17
Aquel día se dirá a Jerusalén: «¡No temas! ¡Sión, no desfallezcas!». El Señor, tu Dios, está en medio de ti, valiente y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo como en día de fiesta.

V. La virgen Clara desdeñó los goces del mundo.
R. Por amor de Jesucristo.

La oración como en Laudes.

 

II Vísperas

HIMNO

Al caer de la tarde silenciosa,
cuando todo era calma en el ambiente,
una luz se encendía diligente
en oración humilde y amorosa.

Eras tú, Clara, corazón amante,
que velabas al Dios sacramentado,
pidiendo por el mundo atormentado,
de tanto desamor desconcertante.

Plegaria y sacrificio así juntabas
con alegre talante contagioso,
que arrastraba tras sí, por amoroso,
a las flores vivientes que cuidabas.

Y así, cuando por fin llamó el Esposo
a tu puerta, radiante de alegría
a su encuentro saliste en este día
con aceite abundante y luminoso.

En el coro de vírgenes prudentes,
alabas al Señor tres veces santo;
nosotros nos unimos a tu canto
y a tu gozo seráfico y ferviente. Amén.

SALMODIA
Ant. 1.
El mundo se llenó del resplandor de Clara: de su santidad brotaron vigorosos retoños

Salmo 112

¡Aleluya!

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro.
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

¡Aleluya!

Ant. El mundo se llenó del resplandor de Clara: de su santidad brotaron vigorosos retoños.
Ant. 2. Para ganar a Cristo, desdeñó la efímera gloria mundana, poniendo su confianza en el Señor, su Dios.

Salmo 145

¡Aleluya!

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;

que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.

El Señor guarda a los peregrinos,
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

¡Aleluya!

Ant. Para ganar a Cristo, desdeñó la efímera gloria mundana, poniendo su confianza en el Señor, su Dios.
Ant. 3. Cristo, antes de la fundación del mundo, destinó a la virgen Clara a la santidad.

Cántico                                                                      Ef 1, 3–10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituáles y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo;
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Ant. Cristo, antes de la fundación del mundo, destinó a la virgen Clara a la santidad.

LECTURA BREVE                                                                                                          Col 1, 12-14
Damos gracias a Dios Padre, que os ha hecho capa­ces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha tras­ladado al reino del Hijo del Amor, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

RESPONSORIO BREVE
R. Gracias, Señor, porque me pensaste, * Porque me creaste, gracias.
V. Fija tu mente en el espejo de la eternidad y tu cora­zón en el esplendor de la gloria de Cristo. * Porque me creaste, gracias. Gloria al Padre. Gracias, Señor.

Magníficat, ant. Dios te salve, esposa de Cristo, virgen consagrada: Clara, guíanos al reino de los cielos.

PRECES
Alabemos con gozo a Cristo, esposo inmaculado, al que siguen las vírgenes dondequiera que va y, por intercesión de santa Clara, supliquémosle diciendo:
Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos. 

Oh Cristo, que elogiaste a los que permanecen vírgenes por el reino de los cielos,
concédenos, por intercesión de santa Clara, amarte totalmente a ti, que te entregaste por nuestro amor.

Tú que diariamente nos das con esplendidez,
haz que, como la virgen Clara, te demos gracias por todos los beneficios que de ti hemos recibido, especialmente por el don de la vida y de la vocación.

Tú que llamaste a Clara de Asís a tu seguimiento,
envía a la Familia Franciscana nuevos hermanos y hermanas, que sean espejo y ejemplo de la vida nueva de tu reino.

Tú que nos concedes hoy alegrarnos en la festividad de santa Clara virgen,
danos la gracia de alegramos contigo en la gloria, pues ya en este mundo nuestra fe sincera te confiesa.

Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas,
admite benigno a nuestros hermanos y hermanas difuntos en el convite festivo de tu reino.

Padre nuestro.

Oración

Padre de las misericordias, que infundiste a santa Cla­ra un profundo amor a la pobreza evangélica, concéde­nos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo pobre, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nues­tro Señor Jesucristo.

Completas

HIMNO

En el alma saciada de gracia,
de luz y de amor,
al entrar en la noche florece
el silencio de Dios.

Bendecid nuestra paz, madre Clara,
proteged con amor a tus hijos,
que siguen andando
caminos de Dios.

Con el alma henchida de gozo,
con fe y con fervor,
alabemos al Padre y al Hijo
y al don de su amor. Amén. 

APÉNDICE II
Himnos en latín
11 de agosto
Santa Clara de Asís

Oficio de lectura

Cóncinat plebs fidélium
virginále praecónium,
Matris Christi vestígium,
et novitátis gáudium.

Páuperum primogénita,
dono caelésti práedita,
óbtinet supra mérita
praemia vitae réddita.

Novum sidus emícuit,
candor lucis appáruit,
nam lux quae lucem ínfluit
Claram clarére vóluit.

Sub paupertátis régula,
patris Francísci férula,
Clara Christi discípula
luce respérsit sáecula.

Mundus et caro víncitur,
Matri Christi connéctitur,
Christo prorsus innítitur
páuperem pauper séquitur.

Vírginis huiu,s mérito,
laus Patri sit ingénito,
glória Unigénito
virtus summa Paráclito. Amen.

Laudes

Salve, Minórum glória,
Clara nómine et vita,
tuis sacram solémniis
diem repórtat lúcifer.

Vitae labéntis gáudia
spernéndo, Christum séqueris
pascéntem inter lília,
tuque cum Christo pásceris.

Custos sacrárum vírginum,
omni virtúte práevia,
ducis ad sponsum Dóminum
puellárum collégia.

Francisco duce, fórtiter
evíncis trina práelia,
dum carnem vincis iúgiter,
mundum atque daemónia.

Iam nunc in regno lúminum
Patri conrégnas fília,
da te sequéntium ágminum
recta fore vestígia.

Sit Patri, Nato, Flámini,
decus, honor et glória,
nosque comméndent Númini
sanctae Clarae suffrágia. Amen.

I y II Vísperas

Magni paréntis fíliae
redit triumphus vírginis,
laeti Minóres gáudium
hymnis canant et láudibus.

 Tu, virgo, laudes áccipe,
et corda nostra illúmina,
quae clara mundo násceris
ut luce mundum répleas.

Ipso patérno in límine,
primis ab annis áureo,
virtútis almae lúmine
fulges opáco sáeculo.

Manus egénis próvida
exténdis, ac per núntios
ipsis, frequens, cibária,
tibi negáta, pórrigis.

Fame et flagéllis ásperis
tenélla, membra cónteris,
devóta noctis íntegras
insómnis horas pértrahis.

Aetérna Patri lúminum
sit luminíque Fílio
laus, ac poténti Flámini,
nunc et per omne sáeculum. Amen

Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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Una respuesta a Liturgia de las horas: 11 de agosto, santa Clara de Asís, virgen y fundadora, II Orden

  1. Liza dijo:

    Gracias por esta publicación, gracias a Santa Clara porque me hace ver la vida de otra manera y Dios les conceda a todas la Clarisas la perseverancia final.

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