17 de agosto, Santa Beatriz de Silva, virgen y fundadora, II Orden

 santa Beatriz de Silva OIC

17 de agosto
SANTA BEATRIZ DE SILVA,
VIRGEN Y FUNDADORA, II ORDEN
Solemnidad para las Concepcionistas
Fiesta para II Orden
Memoria obligatoria para OFM
Memoria libre para la Familia Franciscana

Beatriz de Silva y Meneses nació en Ceuta, según se lee en la Positio, hacia 1426, de noble familia portuguesa. Sirvió como dama de honor a Isabel de Portugal, esposa de Juan II de Castilla. Huyendo de las insidias de la corte, se refugió en Toledo, y durante unos treinta años residió en el monasterio de Santo Domingo, de monjas domini­cas, aunque fuentes posteriores la llevan al Monasterio homónimo de monjas cistercienses.
Durante este tiempo maduró su propósito de fundar una Orden en honor de la Concepción Inmaculada de María, obteniendo para ello el apoyo de la reina Isabel la Católica. Vio cumplido su anhelo cuando, en 1489, el papa Inocencio VIII, con la Bula Inter universa, aprobó la erección del primer monasterio en los palacios de Galiana, en Toledo, donados por la reina Católica.
Beatriz vivió absorta en Dios y Dios vivió en ella. Se unió a Jesús por medio de María, criatura privilegiada, bendita entre todas las mujeres, llena de gracia y limpia de pecado.
Murió en la segunda mitad de 1491 o en 1492. Pío XI confirmó su culto el 28 de julio de 1926, y Pablo VI la canonizó el 3 de octubre de 1976.
Del Común de vírgenes.

I Vísperas

Sólo para las Concepcionistas.

HIMNO

I

Beatriz, que abandonaste
tu familia, casa y tierra,
puro y libre el corazón,
para sólo Dios reservas.

Luchó y creció tu virtud
entre peligros, ilesa,
que el amor santo es victoria
y libertad la pureza.

En la cruz de tu Señor
por siempre clavada quedas,
y en su Madre Inmaculada
halla razón tu existencia.

Te hizo Dios madre fecunda
y de vírgenes maestra,
fiel y experta en los caminos
donde el Espíritu alienta.

En tu morir, como el grano,
rico fruto dio tu siembra,
que nunca defrauda Dios
a quien todo de él espera.

Al Padre, al Hijo, al Amor
sea la gloria perfecta,
que en María y en los santos
de su cielo nos dan prenda. Amén

II

Oh Madre Beatriz, que desde el cielo
invitas a tus hijas a la fiesta,
desciende entre nosotras sin recelo,
convierte en gozo la añoranza nuestra.

Oh Madre Beatriz, flor de azucena,
cuando la luz del alba es dulce y tierna,
concédenos tu amor, tu paz serena,
radiante como el sol de tu pureza.

Oh Madre Beatriz, luz y hermosura,
trigal de Dios, viviente eucaristía,
concédenos el don de la ventura
de amar el pan de Dios que es Pan de vida.

Cantemos al Señor, Padre amoroso,
y al Hijo que a su amor a todos llama;
pidamos con deseo fervoroso:
Espíritu de Dios, ven a mi alma. Amén.

SALMODIA
Ant. 1.
El Señor levanta del polvo al desvalido y le da un puesto en su casa.
Los salmos y el cántico, del Común de vírgenes.
Ant. 2. Alaba a tu Dios, virgen prudente, que te sacia con flor de harina.
Ant. 3. Dios la colmó de gracia y le dio a conocer el misterio de su voluntad.

LECTURA BREVE                                                                                                                 Ef 2, 4-6a
Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo -estáis salvados por pura gracia-; nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él.

RESPONSORIO BREVE
R. Cantaré eternamente * Las misericordias del Señor.
V. Anunciaré tu fidelidad por todas las edades. * Las misericordias del Señor. Gloria al Padre. Cantaré eternamente.

Magníficat, ant. Beatriz proclamó la grandeza del Señor, por la Concepción Inmaculada de María.

PRECES
Invoquemos al Señor, en esta hora de la ofrenda de la tarde, que nos invita a mantener siempre encendidas nuestras lámparas, y digámosle con fe:
Enciende en tu amor los corazones de tus fieles.

Señor, tú que dijiste: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida,
haz que caminemos siempre como verdaderos hijos de la luz mediante la fiel observancia de tu Evangelio.

Tú que dijiste: Mientras es de día tengo que hacer las obras del Padre que me ha enviado
danos aprovechar el tiempo de nuestra vida, realizando fiel y devotamente todas nuestras tareas.

Tú que dijiste: Velad y orad, porque no sabéis el día ni la hora
consérvanos atentos a las inspiraciones de tu gracia, anhelando el cielo nuevo y la tierra nueva.

Tú que dijiste: Brille vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos
ayúdanos, por intercesión de santa Beatriz, a ser testigos de tu Palabra en medio del mundo.

Tú que, en el ocaso de su vida, marcaste con una estrella la frente de santa Beatriz, 
concédenos que la luz perpetua de la visión beatífica alumbre en el cielo a nuestros hermanos difuntos.

Padre nuestro.

Oración

Oh Dios de bondad, que has distinguido a santa Bea­triz por su altísima contemplación y su amor a la Concepción Inmaculada de María, concédenos, por su intercesión, vivir en inocencia, buscar las cosas de arriba y gozar de la dicha del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos a Cristo Redentor, en esta celebración de santa Beatriz.
El salmo invitatorio como en el Ordinario.

Oficio de lectura

HIMNO

I

Dichosa, Beatriz, predestinada
para esposa del Rey de tierra y cielo.
No pudo el mundo vano retenerte,
ya eras de Dios desde tu nacimiento.

Clara su voz en tu alma resonaba
librándote de envidias y señuelos.
Sabia renuncia y elección la tuya,
que te ganaba un Reino y bien sin precio.

Para sellar contigo su alianza,
Dios, con presteza, te llevó al desierto;
para tu alta misión te preparaba
con años de sufrir y de silencio.

Largo esperar debiste aquel destino
que mostrado te fue en tu cautiverio.
Cuando tu vida consumó su entrega,
alcanzó su logrado cumplimiento.

De ti formó el Señor una familia
de vírgenes que ardiesen en tu fuego,
para honrar a su Madre pregonando
su pura Concepción con santo celo.

Cristo, que de tu amor y tu pureza
a Beatriz hiciste fiel espejo,
por ella y por tu Madre Inmaculada,
haz que con puro corazón te amemos. Amén.

II

Palabra del Señor, manantial vivo
de luz, de ser, de amor, de vida eterna,
palabra que al hablar nos estremece
de tanto que nos dice que nos quiere.

Palabra creadora de grandezas,
fecunda y poderosa en los humildes,
palabra que Beatriz guardó en su alma,
de Cristo y de su cruz enamorada.

Cantemos al Señor, pues dice y hace
proezas de su amor en quien le ama:
pidamos al Señor que el nuevo día
nos abra el corazón a nueva vida.

Oh Padre bondadoso y bien amado,
de nuestra Santa Madre y de sus hijas,
por Cristo, Hijo tuyo y tu Amor santo
recibe el aleluya de este canto. Amén.

SALMODIA
Ant. l. El sol divino brilló en su vida y se hizo luz en su rostro.
Los salmos, del Común de vírgenes.
Ant. 2. Me brota del corazón un poema bello, para mi rey y Señor.
Ant. 3. Prendado está el rey de tu belleza, él es tu Dios y Señor.

V. Me enseñarás el sendero de la vida.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia.

PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos                                                              8, 15-30

Hijos de Dios gracias al Espíritu

Hermanos: No habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abbá, Padre!». Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo; de modo que, si sufrimos con él, seremos también glorificados con él.

Pues considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto. Y no sólo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo. Pues hemos sido salvados en esperanza. Y una esperanza que se ve, no es esperanza; efectivamente, ¿cómo va a esperar uno algo que ve? Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia.

Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Por otra parte, sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio. Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. Ya los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

RESPONSORIO                                                                                Cf. Ez 36, 26a-27b; Sal 118, 18
R. Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo. * Haré que caminéis según mis preceptos.
V. Ábreme los ojos, y contemplaré las maravillas de tu ley. * Haré que caminéis.

SEGUNDA LECTURA
De la Homilía de Pablo VI, papa, en la canonización de santa Beatriz de Silva
(3 de octubre de 1976: AAS 68, 1976, pp. 607-613)

El radicalismo del testimonio de los santos
pretende ser una sacudida a nuestra pereza

En el ánimo de quien dirige la atención y devoción hacia esta ciudadana del cielo surge una pregunta. ¿Es su vida una leyenda? ¿Es su obra un mito? No, no; Beatriz de Silva, antes de entrar en el reino eterno del cielo, ha sido ciudadana de la tierra: su padrón y sobre todo su
obra de fundadora de una nueva y siempre floreciente familia religiosa, como es la de las Monjas Franciscanas de la Orden de la Inmaculada Concepción de María, no dejan lugar a duda, sino que confieren una certeza del todo particular y una ejemplaridad edificante a la historia hagiográfica de esta espléndida figura.

Santa Beatriz de Silva, portuguesa de origen, pasó la mayor parte de su existencia terrena en tierras de España, donde dio origen a la Orden de la Inmaculada Concepción de María. Pero nuestro ánimo queda absorto ante esta frágil figura de mujer velada, a la que hace aún más sugestiva esa especie de penumbra misteriosa en que está envuelta, y se pregunta si ella tiene algún mensaje para el hombre de hoy, tan lejano psicológicamente de aquel mundo poblado de caballeros, príncipes y damas, en cuyo seno vino ella al mundo. Sí, sin duda, tenemos que contestar.

Tenemos por de pronto el mensaje que representa la obra misma de santa Beatriz: la Orden de las Concepcionistas, nacida de su corazón enamorado de Dios. La nueva familia religiosa, que tan rápidamente se difundió por las diversas naciones de Europa y luego del
Nuevo Mundo, hacía poco descubierto (pues la primera fundación Concepcionista en Méjico se remonta al 1540), sigue todavía hoy muy valiosamente representada en la Iglesia, y con sus cerca de tres mil monjas que pueblan actualmente unos ciento cincuenta monasterios esparcidos por el mundo, da testimonio de su presencia viva en la Iglesia, una presencia caracterizada por su compromiso de penitencia y contemplación. Su clausura rigurosa, fijada detalladamente en la Regla, con varios años de antelación a la reforma Tridentina, y observada también en la actualidad por las Concepcionistas, que han preferido estar ausentes físicamente de esta celebración para estar en Dios espiritualmente más cerca de su santa Madre, es claro que favorece el recogimiento interior, tan necesario para un coloquio con Dios más intenso y continuado.

¿Cómo no recordar a este respecto las palabras de sabor netamente franciscano con las cuales el capítulo décimo de la Regla insiste en la dimensión orante y contemplativa de la Orden?: «Consideren atentamente las hermanas que ante todo deben desear tener el Espíritu del Señor y su santa operación, con pureza de corazón y oración devota, y purificar la conciencia de los deseos de la tierra y de las vanidades del siglo, y llegar a hacerse un mismo espíritu con Cristo, su esposo». Para el hombre moderno, inmerso en el remolino de las impresiones sensibles que el medio ambiente multiplica hasta los límites de la obsesión, la presencia de estas almas silenciosas y vigilantes, ¿no representa, acaso, una llamada providencial a no perder de vista una dimensión esencial de su naturaleza, que es su vocación a otear los horizontes sin fin de lo divino?

Hay todavía un segundo mensaje que acerca santa Beatriz a nuestra experiencia, haciéndonos apreciar toda la actualidad del testimonio que ella nos propone. De hecho, tan pronto como se dio cuenta de las pasiones que su excepcional hermosura suscitaba en su derredor, así como una flor nacida en terreno pantanoso se eleva a lo alto para recibir con su corola intacta el primer rayo del sol, así la noble joven, «sin más dilación en determinarse – como asegura su primer biógrafo- tomó su camino y dejó la inquietud de la corte, huyendo de ella, como de otro Egipto, para ir a recibir en la soledad la ley de la conversación saludable, después de cuyo cumplimiento entrase en la tierra prometida a los santos». Pero el ímpetu de su determinación virginal no se limitó sólo a esto. «Acordándose -y habla también aquí su antiguo biógrafo- de la hermosura que de Dios había recibido, determinó que ningún hombre ni mujer le viera el rostro mientras viviese». Este radicalismo del testimonio de los santos pretende ser una sacudida a nuestra pereza y una invitación para que volvamos a descubrir tantos valores olvidados.

Pero santa Beatriz de Silva quiere decirnos todavía una última palabra. Y es quizás la más importante, ya que en ella está encerrado el secreto de su experiencia espiritual y de su santidad: esta palabra es el nombre de María y precisamente de María Inmaculada. La cándida nitidez de la Virgen fue el ideal de su vida, y esa devoción se la dejó, como herencia significativa, a sus hijas espirituales.

RESPONSORIO                                                                                                  Flp 3, 8; Prov 31, 30
R. Todo lo considero pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. * Por él lo perdí todo con tal de ganar a Cristo. 
V. Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura. * Por él lo perdí todo.

HIMNO Te Deum.

Oración

Oh Dios de bondad que has distinguido a santa Beatriz de Silva por su altísima contemplación y su amor a la Concepción Inmaculada de María, concédenos, por su intercesión, vivir en inocencia, buscar las cosas de arriba y gozar de la dicha del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Laudes

HIMNO

I

Rómpete, aurora, y florezca
la dicha que llevas dentro,
deja que inunde tu centro,
deja que el gozo amanezca.

Hoy es el día feliz
que vio encenderse una rosa
de luz en la frente hermosa
de la virgen Beatriz.

Día de gracia cumplida
y camino terminado,
pues el encuentro ha llegado
con la Verdad y la Vida.

El invierno ya ha pasado,
ya da sus brotes la higuera,
y hay gloria de primavera
entre la amada y su Amado.

Grite el silencio, alertando
en la noche de la espera,
como si el cielo estuviera
aquí con la luz llegando.

Que la enramada sonora,
y el aire de leves alas,
y las flores con sus galas
llenen de gozo esta hora.

Resuenen en este día,
de santa Beatriz memoria,
en el cielo himnos de gloria,
y en la tierra de alegría. Amén.

II

Sin tilde en fe y en amor:
así nos quiere el Señor.

Amor y fe de Abrahán,
fe y amor de Beatriz:
los hijos de tal raíz
amados de Dios serán.

Abrahán dejó su casa,
y Beatriz su palacio:
con Dios no andemos despacio,
entreguémonos sin tasa.

Abrahán y Beatriz
vivieron del sacrificio:
en ofrendarse está el quicio
de abrirse libre y feliz.

Hijos en la noche bella
a Abrahán promete Dios:
un cielo blanco va en pos
de Beatriz y su estrella.

A Dios, Padre creador,
Palabra santificante,
Espíritu iluminante,
siempre gloria, honra, amor. Amén.

SALMODIA
Ant. 1.
Mi alma está sedienta de ti; tu gracia vale más que la vida.
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Ant. 2. Contemplando la bondad de Dios en sus criaturas, alababa sin cesar al Creador.
Ant. 3. Alabó con su vida el nombre del Señor y cantó un cántico nuevo.

LECTURA BREVE                                                                                                              Cant 8, 6-7
Grábame como sello en tu corazón, grábame como sello en tu brazo, porque es fuerte el amor como la muerte, es cruel la pasión como el abismo; sus dardos son dardos de fuego, llamaradas divinas. Las aguas caudalosas no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos. Quien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa sería sumamente despreciable.

RESPONSORIO BREVE
R. Dios es amor. * Quien permanece en el amor, permanece en Dios.
V. Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. * Quien permanece en el amor permanece en Dios. Gloria al Padre. Dios es amor.

Benedictus, ant. La iluminó el Sol que nace de lo alto, para guiar sus pasos por el camino de la paz.

PRECES
Unidos en común oración, en esta liturgia matutina, invocamos a Cristo, para que nos ayude a servirle en santidad y justicia durante todos nuestros días, diciendo:
Santifica, Señor, a tu pueblo. 

Te bendecimos, Señor, por las maravillas de la redención, 
 que en este día todos los creyentes proclamemos de palabra y con la vida el poder de tu gracia.

Te alabamos y damos gracias, Señor, por la Iglesia,
que haga siempre suyos los gozos y las esperanzas, las alegrías y tristezas de los hombres.

Te glorificamos, Señor, por la humanidad,
que todos seamos testigos de tu paz, tu amor y tu alegría.

Te bendecimos, Señor, por todos tus santos,
que, como ellos, llevemos a plenitud nuestra consagración bautismal.

Te damos gracias, Señor, por las obras de santa Beatriz,
que, como ella, progresemos en santidad, siendo dóciles al Espíritu del Señor y su santa operación.

Padre nuestro.

Oración

Oh Dios de bondad que has distinguido a santa Beatriz de Silva por su altísima contemplación y su amor a la Concepción Inmaculada de María, concédenos, por su intercesión, vivir en inocencia, buscar las cosas de arriba y gozar de la dicha del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Hora intermedia

Si se celebra como fiesta, las antífonas y los salmos son de la feria de la semana. Si se celebra como solemnidad, las antífonas son propias y los salmos de la salmodia complementaria, o, si fuera domingo, del domingo de la semana I. 

Tercia
Ant. La bienaventurada Beatriz, obediente y dócil al Espíritu, siguió a Cristo según la forma del santo Evangelio.

LECTURA BREVE                                                                                                              Rom 8, 2-3
La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. Lo que era imposible a la ley, por cuanto que estaba debilitada a causa de la carne, lo ha hecho Dios: enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y en orden al pecado, condenó al pecado en la carne.

V. Dichoso el que con vida intachable.
R. Camina en la voluntad del Señor.

Sexta
Ant. La bienaventurada Beatriz, desposada con Jesucristo Redentor, experimentó la comunión con sus padecimientos y el poder de su resurrección.

LECTURA BREVE                                                                                                             Flp 3, 8-10a
Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos.

V. Tengo siempre presente al Señor.
R. Con él a mi derecha no vacilaré.

Nona
Ant. La bienaventurada Beatriz, con su lámpara encendida, salió al encuentro de Cristo, el Señor.

LECTURA BREVE                                                                                                           Gál 2, 19b-21
Estoy crucificado con Cristo, vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mi. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. No anulo la gracia de Dios; pero si la justificación es por medio de la ley, Cristo habría muerto en vano.

V. Firme es su misericordia con nosotros.
R. Su fidelidad dura por siempre.

La oración como en Laudes. 

II Vísperas

HIMNO

De muchos corazones codiciada,
en la corte real era una perla:
mas ella, iluminada,
se fue tras otra Perla
y todo lo dejó por poseerla.

Dejó tras sí el fasto y la fatiga,
el falso gozo, el corazón turbado:
buscaba ser amiga
y esposa del Amado
que sacia el corazón enamorado.

Huyó por calles, pueblos y caminos,
buscándole a su amor lugar seguro:
que los goces divinos
de amor virginal puro
se dan mejor tras el bendito muro.

Amó, gozó, sufrió; y de esta suerte
fundó una nueva religión pujante;
cuando juntó la muerte
amada con Amante,
el amor se hizo luz en su semblante.

Al Padre, que nos colma de alegría,
al Hijo, que nos prenda con su encanto
hecho hombre en María,
y al Espíritu Santo,
honor y gloria y sempiterno canto. Amén.

SALMODIA
Ant. 1.
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo.
Los salmos y el cántico, del Común de vírgenes.
Ant. 2. La ilumina la gloria de Dios y su lámpara es el Cordero.
Ant. 3. Bendecida en Cristo, manifestó la gloria de su gracia.

LECTURA BREVE                                                                                                             Rom 12, 1-2
Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; éste es vuestro culto espiritual. Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cual es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

RESPONSORIO BREVE
R. Ofrece a Dios * Un sacrificio de alabanza. Ofrece a Dios.
V. Cumple tus votos al Altísimo * Un sacrificio de alabanza. Gloria al Padre. Ofrece a Dios.

Magníficat, ant. El que me ama guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él.

PRECES
Alabemos con gozo a Cristo, que elogió a los que permanecen vírgenes por el reino de los cielos, y, por intercesión de santa Beatriz, supliquémosle diciendo:
Jesús, Rey de las vírgenes, escúchanos.

Oh Cristo, que, como esposo amante, colocaste junto a ti a la Iglesia, sin mancha ni arruga,
— haz que esta Iglesia sea siempre santa e inmaculada.

Tú que no estás lejos de ninguno de nosotros sino que sales al encuentro de todo hombre,
—  muestra tu rostro a todos los que te buscan.

Tú que has llamado a muchos hombres y mujeres a tu seguimiento en la vida consagrada,
—  concédenos hoy la audacia de seguirte con una vida entregada a ti y a los hermanos en obediencia, pobreza y castidad.

Tú que quisiste a tu Madre inmaculada limpia de todo pecado,
—  consérvanos santos y sin tacha hasta el día de la venida de tu Hijo Jesucristo.

Tú que nos concedes a todos nosotros alegramos por la fiesta de tu virgen santa Beatriz,
—  danos también el gozar siempre de su piadosa intercesión.

Tú que, en el ocaso de su vida, marcaste con una estrella la frente de tu sierva santa Beatriz,
—  concédenos que la luz de tu reino glorioso, resplandezca en nuestras vidas y en el rostro de nuestros hermanos difuntos.

Padre nuestro.

Oración

Oh Dios de bondad, que has distinguido a santa Beatriz por su altísima contemplación y su amor a la Concepción Inmaculada de María, concédenos, por su intercesión, vivir en inocencia, buscar las cosas de arriba y gozar de la dicha del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

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