26 de agosto, san Junípero Serra, presbítero, I Orden

san Junipero Serra

26 de Agosto
SAN JUNÍPERO SERRA,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria libre para OFM
Memoria libre para la Familia Franciscana

Miguel José Serra Ferrer nació en Petra, Mallorca, en 1713. Sus padres, modestos labradores, le facilitaron una buena formación humana que completó en el convento de San Francisco de Palma. Habiendo ingresado en la Orden de los Hermanos Menores y ordenado presbítero se dedicó a la predicación y a la enseñanza de la teología. En 1749 pudo cumplir su sueño misionero y partió para América. Fue primero a Méjico y más tarde a la alta California, donde fundó nueve misiones, por lo que es considerado el fundador de la iglesia de California y padre de la patria. Murió santamente en 1784. Juan Pablo II lo beatificó en 1988. Francisco lo canonizó el 23 de septiembre de 2015.
Común de pastores o de santos varones: para religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Carta de despedida de san Junípero Serra, presbítero, al P. Francisco Serra
(2 de agosto de 1749: Escritos de Fray Junípero Serra, I, Petra 1984, pp. 118-122)

Siempre adelante, y no retroceder nunca

Amigo de mi corazón, me faltan palabras en ésta, aunque me sobren afectos, para despedirme y repetirle el ruego de que consuele a mis padres, a quienes no dudo que no les faltará su aflicción. Yo quisiera poder infundir en ellos la gran alegría que tengo, y pienso que me instarían a seguir adelante y no retroceder nunca. Que tengan presente que el cargo de Predicador apostólico, además de. mi trabajo actual, es lo máximo que ellos podían desear para verme bien situado; que su vida será casi inevitablemente breve, dado que son ya tan viejos, y si la saben comparar con la eternidad verán claramente que no es más que un instante. Y siendo así, será muy del caso y muy conforme a la santísima voluntad de Dios, que no piensen en la poquísima ayuda que yo les podría prestar en las conveniencias de esta vida, para merecer de Dios nuestro Señor que, si no nos volvernos a ver en esta vida, estemos juntos para siempre en la gloria.

Dígales que no puedo dejar de sentir no estar más cerca de ellos, corno lo estaba antes, para consolarles; pero pensando también que lo primero es lo primero, y que lo primero es hacer la voluntad de Dios antes que ninguna otra cosa, yo les he dejado. Y si yo, por el amor
de Dios y con su gracia, he hecho el esfuerzo de dejarlos, será el caso de que también ellos, por amor de Dios, estén contentos cuando se ven privados de mi compañía.

Que se hagan cargo de lo que sobre esto les dirá el confesor, y verán que ahora, en verdad, ha entrado Dios en su casa. Con santa paciencia y resignación ante la divina voluntad, poseerán sus almas y alcanzarán la vida eterna. Que no atribuyan a nadie, sino sólo a Dios nuestro Señor, lo que lamentan, y verán cómo su yugo les será llevadero y se les convierte en un gran consuelo lo que ahora tal vez padecen como una aflicción.

Ya no es hora de alterarse ni afligirse por cosa alguna de esta vida, sino de conformarse en todo con la voluntad de Dios, procurando prepararse bien para morir, que es lo único que importa en esta vida, pues, alcanzando esto, poco importa que se pierda todo lo demás, y si no se alcanza, no aprovecha para nada todo lo demás.

Que se alegren de tener un sacerdote, aunque malo y pecador, que todos los días ruega por ellos con todas sus fuerzas en el sacrificio de la misa, y muchísimos días la aplica solamente por ellos, para que el Señor les asista, no les falte lo necesario para el sustento, les dé paciencia en los trabajos, resignación a su santa voluntad, paz y unión con todo el mundo, valor para resistir las tentaciones del demonio y, finalmente, cuando llegue el momento, una muerte lúcida y en su santa gracia.

Si yo, con la ayuda de la gracia de Dios, llegase a ser un buen religioso, serían más eficaces mis oraciones y no serían ellos poco interesados en esta ganancia. Recuerdo que mi padre, cuando tuvo aquella enfermedad tan grave que le dieron la extrema unción, y yo, que ya era religioso, lo asistía, estando a solas con él, pensando que ya se moría, me dijo: «Hijo mío, lo que te encargo es que seas un buen religioso del padre san Francisco».
Pues, padre mío, sabed que tengo aquellas palabras tan presentes como si en este mismo instante las oyera de vuestra boca. Y sabed también que para procurar ser un buen religioso emprendí este camino.

No estéis afligidos porque yo haga vuestra voluntad, que es también la voluntad de Dios. De mi madre sé también que nunca se ha descuidado de encomendarme a Dios, con el mismo cariño, para que yo fuese un buen religioso. Pues, madre mía, tal vez por vuestras oraciones Dios me ha puesto en este camino; así que, estad siempre contenta de lo que Dios dispone y decid siempre en todos los trabajos: «Bendito sea Dios y hágase su santa voluntad».

RESPONSORIO                                                                                  Cf. 1Cor 9, 16-17; Gal 1, 15-16
R. El hecho de predicar el evangelio no es para mí motivo de orgullo. * Para mí es un encargo que he recibido de Dios.
V. Dios me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia para que yo anunciara a su Hijo. * Para mí es un encargo.
La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. No seréis vosotros los que habléis, el espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Oración

Oh Dios, por tu inefable misericordia, has querido agregar a tu Iglesia a muchos pueblos de América por medio de san Junípero Serra; concédenos por su intercesión, que nuestros corazones estén unidos a ti en la caridad, de tal manera que podamos llevar ante los hombres, siempre y en todas partes, la imagen de tu Hijo Unigénito, nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina contigo.

Vísperas

Magníficat, ant. Me he hecho todo para todos para ganar a algunos.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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