Liturgia de las horas: 19 de septiembre, san Francisco María de Camporosso, I Orden

LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

san Francisco Maria de Camporosso

19 de septiembre
SAN FRANCISCO MARÍA DE CAMPOROSSO,
RELIGIOSO, I ORDEN

Memoria obligatoria para OFMCap

Francisco María nació en 1804 en la región de la Liguria, en el noroeste de Italia. Abandonando su oficio de pastor y agricultor, ingresó en los Hermanos Menores Capuchinos, en Génova, donde permaneció hasta su muerte. Durante cuarenta años recorrió como limosnero la ciudad de Génova, haciendo el bien a todos. Era tan exquisito en su fidelidad al Evangelio y en su entrega a los demás que el pueblo le llamaba «el padre santo». Durante una epidemia de cólera ofreció generosamente su vida por los demás, y la perdió el 17 de septiembre de 1866. Fue canonizado por Juan XXIII en 1962.
Del Común de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del opúsculo Vitis mýstica, atribuido a San Buenaventura, obispo
(Cap. 32: Opera omnia sancti Bonaventurae, VIII, Quaracchi-Florentia 1901, pp. 214-215)

Recuerda que Cristo está presente en el pobre

La caridad, que nunca puede estar ociosa, se manifiesta siempre en las obras, como afirma san Gregorio: «La prueba del amor está en sus frutos.» Y san Juan, el discípulo predilecto de Jesús, dice: Si uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.

La misma Verdad, el buen Jesús, se cuidó de decir con claridad cuáles son las obras de misericordia, que demuestran el amor al prójimo, y que servirán, al fmal de los tiempos, de salvación o de reprobación, al decir: Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero y me hospedasteis; estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. Pues cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis. Estas son las obras de misericordia, que tienen su raíz en la caridad. Es bueno, pues, pararse despacio a considerar la dignidad de estas obras de caridad, que adquieren, en el juicio final, la categoría máxima de la salvación. Incluso de nada valdrá entonces la fragancia de la flor, es decir, la integridad de la virginidad, si a ésta le falta el aroma de las obras de caridad.

Examine cada uno su conciencia y vea si tiene esta disposición de alma. Cuando te encuentras con un pobre, con un enfermo, con un forastero, y pasas delante de ellos sin que te muevas a compasión, ni ruegas por sus necesidades, ni te unes a sus lamentos, ¿crees que estás lleno de compasión? Si no eres capaz de compartir tus bienes con el necesitado, tampoco sabes lo que es padecer privaciones. Recuerda que Cristo está presente en el pobre porque es miembro suyo, y, cuando te pide socorro, ayúdale, porque es él mismo quien te lo suplica; además el pobre es tu hermano. No cierres tus entrañas a la verdadera compasión, que por grandeza de ésta conocerás cuál es la medida de tu amor a Dios.

Mayor compasión merecen los que se apartaron de la fe o del recto proceder, o los que se sumergieron voluntaria o involuntariamente en el pecado; éstos necesitan más del pan celestial de los ángeles, el dulce Jesús; dádselo con ardientes súplicas, con gemidos, con los ardores de vuestra caridad. Igualmente, quienes recibieron del Espíritu el don de la ciencia y de la sabiduría les deben dispensar el alimento de la Palabra de Dios que se contiene en los libros sagrados, y elevar al Señor su ferviente oración para que se digne abrirles los ojos del entendimiento, le conozcan y le saboreen, degustando la suavidad y dulzura del buen Dios, y se les abran de nuevo los ojos en la «fracción del pan», es decir, al proporcionarles el recto conocimiento de la Palabra divina, que se desprende de la sabia interpretación de las sagradas Escrituras.

RESPONSORIO                                                                                        Cf. Flp 1, 20–21; 1Tes 2, 8
R. Viva o muera, se manifestará en mi persona la grandeza de Cristo. * Para mí la vida es Cristo, y el morir una ganancia.
V. Os queríamos tanto que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor. * Para mí.

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

El pueblo lo llamaba «el padre santo»,
al verlo transitar de limosnero;
los nombres de Francisco y de María
en alma y vida los llevaba impresos.

Con él la caridad camina amable
por la ciudad de Génova y el puerto,
amigos suyos son los cargadores
y todo aquel que lleva penas dentro.

El diálogo es su oferta más sencilla,
se acerca a todos y habla sin recelo;
solícito, al que sufre ofrece alivio
y sus labios rebosan buen consejo.

Un día, cuando Génova gemía,
llorando por el cólera a sus muertos,
un pobre agradecido se brindaba
y el Padre Dios tomó el ofrecimiento.

¡Honor a Jesucristo, don del Padre,
que fue oblación perfecta en el madero:
la vida y el amor en Trinidad
irradie aquí en la tierra sus reflejos! Amén.

Benedictus, ant. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Oración

Dios de bondad, que en tu humilde siervo Francisco María nos has dado un ejemplo de amor a los pobres, por su intercesión y ayuda, haz que también nosotros nos dediquemos al servicio del prójimo con generosidad y humildad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, tenedlo en cuenta y ponedlo por obra.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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