Liturgia franciscana: 26 de septiembre, san Elezeario de Sabrán y beata Delfina, esposos, III Orden

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26 de septiembre
SAN ELZEARIO DE SABRÁN Y BEATA DELFINA,
ESPOSOS, III ORDEN

Memoria obligatoria para TOR y OFS

Elzeario nació en la Provenza francesa hacia 1285. Fue educado piadosamente por su madre y su tío Guillermo, abad del monasterio de san Víctor. Muy joven, contrajo matrimonio con Delfina de Signe. De común acuerdo resolvieron conservar su castidad aun después de las nupcias, y abrazaron la Tercera Orden Franciscana. A manos llenas distribuían entre los pobres sus copiosas riquezas y se dedicaban de continuo a la oración ya las buenas obras. Elzeario murió, en París, el 27 de septiembre de 1323, y Delfina en la ciudad francesa de Apt, el 26 de noviembre de 1358. Urbano V canonizó a Elzeario en 1369, e Inocencio Xll aprobó el culto a Delfina en 1694.
Del Común de santos varones.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De El matrimonio y la concupiscencia, de san Agustín, obispo
(Lib. 1, 10-11: Obras de san Agustín, XXXV, BAC, Madrid 1984, pp. 260-262)

El valor y la firmeza provienen del vínculo matrimonial

Ciertamente, a los esposos cristianos no se les recomienda sólo la fecundidad, cuyo fruto es la prole; ni sólo la pureza, cuyo vínculo es la fidelidad, sino también un cierto sacramento del matrimonio, por lo que dice el apóstol: Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia.

Sin duda, la virtud propia del sacramento consiste en que el hombre y la mujer, unidos en matrimonio, perseveren unidos mientras vivan, y que no es lícita la separación de un cónyuge del otro, excepto por causa de fornicación. De hecho, así sucede entre Cristo y la Iglesia, a saber, viviendo uno unido al otro no los separa ningún divorcio por toda la eternidad.

En tan gran estima se tiene este sacramento en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo -esto es, en la Iglesia de Cristo- por todos los esposos cristianos, miembros de Cristo, que, aunque las mujeres se unan a los hombres y los hombres a las mujeres con el fin de procrear hijos, no es lícito abandonar a la consorte estéril para unirse a otra fecunda. Si alguno hiciese esto, sería reo de adulterio; no ante la ley de este mundo, donde, mediante el repudio, está permitido realizar otro matrimonio con otro cónyuge -cosa que, según el Señor, el santo Moisés permitió a los israelitas por la dureza de su corazón-, pero no para la ley del Evangelio. Lo mismo sucede con la mujer que se casara con otro.

Hasta tal punto permanecen entre los esposos vivos los derechos del matrimonio una vez ratificados, que los cónyuges que se han separado el uno del otro siguen estando más unidos entre sí que con el que se han juntado posteriormente, pues no cometerían adulterio con otro si no permaneciesen unidos entre sí.

Los que prefieren, por mutuo consentimiento, abstenerse para siempre del uso de la concupiscencia carnal, no rompen el vínculo conyugal; más aún, será tanto más firme cuanto más hayan sido estrechados entre ellos estos pactos, que deben guardar amorosa y concordemente; no con los lazos voluptuosos de sus cuerpos, sino con los afectos voluntarios de sus almas.

RESPONSORIO                                                                                                   1Cor 6, 19–20; 3, 16
R. ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros? * Glorificad a Dios con vuestro cuerpo.
V. Sois templo de Dios y el Espíritu de Dios habita en vosotros. * Glorificad.

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Elzeario y Delfina,
esposos santos
que servisteis a Cristo
puros y castos;
un claro espejo
las bienaventuranzas
del Evangelio.

Amigos de los pobres
y los enfermos,
erais como una madre
para con ellos.
Con vuestro abrazo
unos pobres leprosos
quedaron sanos.

Queremos ser cristianos
comprometidos
en medio del ambiente
de nuestro siglo.
Como vosotros,
Elzeario y Delfina,
santos esposos.

Gloria al Padre y al Hijo,
gloria al Espíritu ,
al Señor de los cielos,
al Uno y Trino.
Gloria a su nombre
y al misterio divino
que nos lo esconde. Amén.

Benedictus, ant. Bienaventurados los que trabajan por la paz, bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Oración

Manifiesta, Dios nuestro, la grandeza de tu amor hacia nosotros, que celebramos hoy la fiesta de los bienaventurados Elzeario y Delfina, unidos en santo matrimonio; y haz que nosotros disfrutemos también de la intimidad de tu amor en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

 Vísperas

Magníficat, ant. El recuerdo de la virtud es inmortal; en la eternidad triunfa y se ciñe la corona, vencedora en la lucha por trofeos incorruptibles.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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