13 de octubre, san Serafin de Montegranario, I Orden

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LITURGIA DE LAS HORAS
PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

13 de octubre
SAN SERAFÍN DE MONTEGRANARIO,
RELIGIOSO, I ORDEN

Memoria obligatoria OFMCap

Serafín nació en 1540 en Montegranario (Fermo), Italia, de padres de humilde condición y muy fervorosos cristianos, que lo educaron en la fe con esmero. De joven entró como hermano no clérigo en los Hermanos Menores Capuchinos. Descolló por su simplicidad y por la estrecha unión con Cristo, así como por su humilde servicio a los pobres y su caridad para con los pecadores. A pesar de su buena voluntad y máxima diligencia en todos sus quehaceres, no recibía más que incomprensiones, pero todo lo aceptaba con humildad y paciencia. Lleno de méritos y con fama de santidad, le sobrevino la muerte a la edad de 64 años en Ascoli Piceno, en 1604. Fue canonizado por Clemente XIII en 1767.
Del Común de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de san Basilio Magno, obispo
(PG 31, pp. 643–647)

La humildad es el fundamento de todas las virtudes

El alma es imagen del cielo, en donde habita Dios; el cuerpo está formado de la tierra, en la que moran los hombres y los animales. Las apetencias de nuestro cuerpo deben someterse a las exigencias del espíritu de oración, que han de prevalecer sobre las primeras, para hallarse liberados y entregarse con mayor facilidad al ejercicio de las buenas obras.

Entra a orar en el secreto de tu alma, que en la soledad habla Dios, el cual se encarga después de premiar con largueza estos silencios. Utilísima sabiduría es hacer acopio para los tiempos de escasez. Las ardientes exhortaciones que hagas mientras te dedicas a las obras de apostolado, han de complementarse con el trabajo manual y corporal; con ello, la sal de tus sudores confirmará el amor que demuestras en tu servicio a los demás y les convencerás más fácilmente.

No permitas que hagan los demás lo que cumple que hagas tú; de otro modo, ellos se llevarán el honor y la recompensa que estaban destinados para ti.

Tiene suma importancia servir a los demás: así se conquista el reino de los cielos. El servicio desinteresado sirve de alimento de las restantes virtudes, y Cristo lo recomendó encarecidamente a sus discípulos. La primera virtud que se sigue del servicio a los demás es la humildad, fundamento y fuente abundante donde beben las demás virtudes, como de las palabras de Jesús, que vienen espontáneas a la mente: Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, estuve enfermo y en la cárcel y vinisteis a verme.

Debe destacar la humildad principalmente cuando prestas tus servicios en cargos públicos, en donde toda apariencia de altanería, desenfado o autosuficiencia causan graves molestias. Busca la compañía de los mejores e imítalos, conservando en tu corazón sus palabras y buenos ejemplos; incorpórate al grupo de las minorías, porque el bien abunda poco y porque son pocos los que arrebatan el reino. Muchos empiezan el camino de la santidad; pocos, sin embargo, perseveran en él. Los que se hacen violencia por el reino, lo arrebatan, y son palabras del Evangelio. Al decir hacer violencia, me refiero a los que hacen penitencia, buscan seguir las huellas de Cristo, se olvidan de sus gustos y del descanso para cumplir los mandatos de Jesús.

Si quieres alcanzar el reino de Dios, hazte violencia y somete tu voluntad al suave yugo de Cristo.

RESPONSORIO                                                                                     Cf. Ef 3, 16.19; 1Cor 13, 4.7
R. Dios os conceda conocer el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. * Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.
V. El amor es paciente, es benigno; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. * Así llegaréis.

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Vocación de serafín,
que es el amor abrasado,
fue gracia tuya en la tierra
y es la huella que has dejado.

«No tengo, hermano guardián,
tierras o casa o ganado;
los bienes que traigo son:
un crucifijo, un rosario».

Va tan hondo de humildad,
tan puro de todo halago,
que Cristo amoroso lo hace
Serafín de los milagros.

y basta un beso en el manto,
una caricia en la mano,
para que Cristo se rinda,
a Serafín confiado.

¡Amor, hermosura toda,
amor que a Dios ha abajado,
amor, la ruta más bella,
amor, Jesús anhelado!

¡Oh Dios, amor infinito,
en la cruz amor donado,
que reine el amor glorioso
y muramos en su abrazo! Amén.

Benedictus, ant. En esto conocerán todos que sois discípulos míos, si os amáis unos a otros.

Oración

Padre de bondad, que en el bienaventurado Serafín, lleno de los dones del Espíritu, nos dejaste un testimonio admirable de las riquezas del corazón de Cristo, concédenos la gracia de tu sabiduría y vivir en plenitud el Evangelio que nos anunció tu Hijo. Que vive y reina contigo.

Vísperas

Magníficat, ant. «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber. Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis», dice el Señor.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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