19 de octubre, san Pedro de Alcántara, presbítero, I Orden

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LITURGIA DE LAS HORAS
PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

19 de octubre
SAN PEDRO DE ALCÁNTARA,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria libre para la Familia Franciscana
Memoria obligatoria para OFM

Pedro nació en Alcántara (Cáceres), en 1499. Tras de unos años de estudios en Salamanca, ingresó en la Orden de los Hermanos Menores y se ordenó de presbítero. Después de ocupar diversos cargos en su provincia franciscana, y unos años de vida eremítica, inició un movimiento de reforma de la Orden, en el retorno a la observancia primitiva de la Regla. Llevado por el celo de las almas, se dedicó a la predicación y a la guía de almas con gran fruto: con sus consejos prestó ayuda a santa Teresa de Jesús en la reforma del Carmelo, y escribió algunos tratados de vida espiritual, en los que plasmó su propia experiencia, fundada sobre todo en una intensa oración, pobreza y penitencia. Murió en Arenas de San Pedro (Ávila) en 1562. Fue canonizado por Clemente IX en 1669.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.
Himnos latinos propios en el Apéndice II. 

Oficio de lectura

HIMNO

El bendito fraile, de raíces hecho
–como le decía la Madre Teresa–.
libó santidades de las amarguras
con el temple recio de su alma extremeña.

Fue fiel al Maestro. La cruz, su camino.
El amor es fragua que su vida templa.
Evangelio vivo que arrastra y admira.
El hombre prodigio de la penitencia.

Su vida es el arco que en la tensión busca
el hito anhelado; su alma, la flecha.
En tensos afanes se hermanan y siguen
sin perder el rumbo, llegando a la meta.

Aquel cuerpo enjuto, que desfallecía,
triunfante lo ha visto la madre Teresa.
Dichoso el que entiende el misterio oculto.
Dirá con fray Pedro: «¡Feliz penitencia!»

Gloria dad al Padre y al Hijo divino
y al Santo Espíritu que en gracia se entrega.
Los coros celestes y todos los hombres
con fray Pedro canten gloria sempiterna. Amén.

SEGUNDA LECTURA
Carta de san Pedro de Alcántara, presbítero, a santa Teresa de Jesús
(Vida y escritos de san Pedro de Alcántara, BAC, Madrid 1996, pp. 379-381 )

Amable es el Señor para los que le sirven

A la muy magnífica y religiosísima doña Teresa de Ahumada, que nuestro Señor haga santa.

El Espíritu Santo hincha el alma de vuestra merced.

Una suya vi, que me enseñó el señor Gonzalo de Aranda; y cierto que me espanté que vuestra merced ponía en parecer de letrados lo que no es de su facultad; porque si fuera cosa de pleitos o caso de conciencia, bien era tomar parecer de juristas y teólogos; mas en la perfección de la vida, no se ha de tratar sino con los que la viven: porque no tiene ordinariamente uno más conciencia ni buen sentimiento de cuanto bien obra; y en los consejos evangélicos, no hay que tomar parecer, si será bien seguirlos o no, o si son observables o no, porque es ramo de infidelidad. Porque el consejo de Dios no puede dejar de ser bueno, ni es dificultoso de guardar, si no es a los incrédulos y a los que fían poco de Dios, y a los que se gobiernan por prudencia humana; porque el que dio el consejo dará el remedio, pues que lo puede dar.

No hay algún hombre bueno que dé consejo, que no quiera que salga bueno, aunque de nuestra naturaleza seamos malos; ¡cuánto más el soberanamente bueno y poderoso quiere y puede que sus consejos valgan a quien los siguiere! Si vuestra merced quisiera seguir el consejo de Jesucristo de mayor perfección en materias de pobreza, sígalo; porque no se dio más a hombres que a mujeres, y él hará que le vaya muy bien, como ha ido a todos los que le han seguido. Y si quiere tomar consejo de letrados sin espíritu, busque harta renta, a ver si le valen ellos y ella, más que el carecer de ella, por seguir el consejo de Cristo. Que si vemos falta en monasterios de mujeres pobres, es porque son pobres contra su voluntad y por no poder más, y no por seguir el consejo de Cristo; que yo no alabo simplemente la pobreza, sino la sufrida con paciencia por amor de Cristo nuestro Señor, y mucho más la deseada, procurada y abrazada por su amor; porque, si yo otra cosa sintiese o tuviese con determinación, no me tendría por seguro en la fe.

Yo creo en esto y en todo a Cristo Señor nuestro; y creo firmemente que sus consejos son buenos, como consejos de Dios. Y creo que aunque no obliguen a pecado, que obligan a un hombre a ser más perfecto siguiéndolos que no los siguiendo. Digo que le obligan, que lo hacen más perfecto a lo menos en esto, y más santo y más agradable a Dios. Tengo por bienaventurados, como Su Majestad lo dice, a los pobres de espíritu, que son los pobres de voluntad; y téngolo visto, aunque creo más a Dios que a mi experiencia; y que los que son de todo corazón pobres, con la gracia del Señor, viven vida bienaventurada, como en esta vida la viven los que aman, confían y esperan en Dios.

Su Majestad dé a vuestra merced luz para que entienda estas verdades y las obre. No crea a los que la dijeren lo contrario por falta de luz, o por incredulidad, o por no haber gustado cuán suave es el Señor a los que le temen y aman, y renuncian por su amor todas las cosas del mundo no necesarias, para su mayor gloria; porque son enemigos de llevar la cruz de Cristo y no creen la gloria que después de ella se sigue.

Y asimismo dé la luz a vuestra merced para que en verdades tan manifiestas no vacile ni tome pareceres, sino de seguidores de los consejos de Cristo, que, aunque los demás se salven si guardan lo que son obligados, comúnmente no tienen luz para más de lo que obran; y aunque su consejo sea bueno, mejor es el de Cristo Señor nuestro, que sabe lo que aconseja y da favor para cumplirlo, y da al fin, el pago a los que confían en él y no en las cosas de la tierra.

RESPONSORIO                                                                                              Cf. Sant 2, 5; Mt 19, 21
R. Dios eligió a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del reino. * Que prometió a los que le aman.
V. Si quieres ser perfecto, vende tus bienes, da el dinero a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. * Que prometió.

HIMNO Te Deum.
La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

I
Entre la tierra y el cielo,
bendito santo, en Arenas,
Dios tendió sus manos, llenas
de bendición y consuelo.

Descalzo vas por aquella
vereda dura, de frío,
y tú, al pasar, como el río,
dejabas amor en ella.

Un leño por cabezal
tenías para tu leve
dormida, y era más leve
que un suspiro celestial.

Déjanos, en esta hora
de rezo y de confianza,
pedirte con esperanza
tu intercesión protectora;

y, limpios de todo mal,
ir por la tierra llevando
la cruz que a ti, caminando,
te dio la gloria inmortal.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

II
Pedro, sol que en España alzas tu aurora
y extiendes tu luz santa por el orbe,
por ti vuelve a su espíritu primero
y refulge la grey de los Menores.

La pobreza y la cruz de tu Señor
por única riqueza y gloria escoges.
Con tu oración penetras ya los cielos,
te alza la cruz, te envuelve en sus fulgores.

Penitente y humano, austero y dulce,
a los perdidos tu virtud socorre.
Lo que se ha de expiar por el pecado,
lo pagan en ti mismo tus rigores.

Te acredita el Señor con sus señales,
Dios en tus manos su poder te pone.
Tu voluntad, que a Dios está rendida,
vuelve a las criaturas mansas, dóciles.

Te obedecen los ríos y las nubes,
someten viento y fuego sus furores.
Tu palabra de hermano y de profeta
sana cuerpos y guía corazones.

El Padre, el Hijo Amado y el Espíritu
su favor nos concedan por tu nombre.
Honor perenne al Dios que nos conduce,
tras tus huellas certeras, a sus goces. Amén.

LECTURA BREVE                                                                                                            Rom 12, 1-2
Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; éste es vuestro culto espiritual. Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

RESPONSORIO BREVE
R. Lleva en el corazón * La ley de su Dios. Lleva.
V. Y sus pasos no vacilan. * La ley de su Dios. Gloria al Padre. Lleva.

Benedictus, ant. Dio a beber al pueblo en las corrientes de la gracia, y recibió el manto de gloria como coronación de su virtud.

PRECES
Adoremos, hermanos a Cristo, el Dios santo, y, pidiéndole que nos enseñe a servirle, como san Pedro de Alcántara, en la penitencia y la contemplación, aclamémoslo, diciendo:
Tú solo eres santo, Señor.

Renueva y purifica, Señor, en este día a tu Iglesia,
 para que se manifieste con más claridad como signo de salvación.

Daños escuchar con más frecuencia tu Palabra y dedicarnos con más asiduidad a la oración,
para que podamos dar testimonio de Cristo y alimentarnos de toda palabra que sale de tu boca.

Concédenos dar los frutos que pide la penitencia,
para que, a ejemplo de san Pedro de Alcántara, vivamos en espíritu de constante conversión a ti y a los hermanos.

Haz que tengamos hambre y sed de justicia,
y acudamos a nuestra fuente, que es Cristo, el cual dio su vida para que fuéramos saciados.

Tú que te entregaste en el desierto a la oración y al silencio,
haz que, por intercesión de san Pedro de Alcántara, no apaguemos nunca el espíritu de oración y devoción.

Padre nuestro.

Oración

Señor y Dios nuestro, que hiciste resplandecer a tu siervo san Pedro de Alcántara por su admirable penitencia y su altísima contemplación, concédenos, por sus méritos, que, caminando en austeridad de vida, alcancemos más fácilmente los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

HIMNO

I
En la encina bruna de tu cuerpo enjuto,
con la flor amarga de la penitencia,
labraste las mieles de santidad dulce
que en todo libaba tu alma de asceta.

El de Asís un día te escogió por hijo;
y pronto encontraste su misma colmena.
De tu vida hiciste donación y olvido,
en ti mismo estaba tu bendita celda.

Rebosa en ti gracia. Te das a los hombres
en palabra ardiente que al corazón llega,
y en ejemplo claro de tu vida pobre.
Eres el Maestro de oración excelsa.

Gloria dad al Padre y al Hijo divino,
y gloria al Espíritu que en gracia se entrega.
Los coros celestes y todos los hombres
con Fray Pedro canten gloria sempiterna. Amén.

II
Pedro, alma pura y robusta,
prodigio de penitencia,
ayúdanos a alcanzar
del corazón la pureza.

Pedro, imagen de Francisco
en la humildad y pobreza,
enséñanos a buscar
la grandeza verdadera.

Pedro, corazón ardiente,
de oración profunda y plena,
obtennos de Dios vivir
atentos a su presencia.

Pedro, abrazado a la cruz,
generoso ante las penas,
otórganos día a día,
la abnegación y la entrega.

Pedro, maestro de vida,
hombre nuevo ya en la tierra,
infúndenos en el alma
la savia que nos renueva.

Pedro, que en vida y en muerte
diste a Dios gloria perfecta,
haz que a Dios glorifiquemos
con amor y fe sin mengua. Amén.

LECTURA BREVE                                                                                                         Rom 8, 28-30
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio. Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

RESPONSORIO BREVE
R. El Señor es justo * Y ama la justicia. El Señor.
V. Los buenos verán su rostro. * Y ama la justicia. Gloria al Padre. El Señor.

Magníficat, ant. Mientras vivió en la carne; anduvo según el espíritu, y, domeñando los deseos terrenos, tenía trato continuo con el cielo.

PRECES
Pidamos a Dios Padre, fuente de toda santidad, que, con la intercesión y el ejemplo de san Pedro de Alcántara, nos impulse a una vida santa, y digamos:
Seamos santos, porque tú, Señor, eres santo.

Padre santo, que deseas que vivamos de una manera digna, buscando tu reino y su justicia,
— ayúdanos a anunciarlo con nuestras palabras y obras.

Concédenos tu perdón, Señor, a nosotros, pecadores,
— y que con nuestra penitencia obtengamos tu reconciliación.

Haz, Señor, que sepamos abstenemos hoy, a ejemplo de san Pedro de Alcántara, de los manjares del cuerpo,
 y ayudar a los hambrientos y necesitados.

Llama, Señor, a tu seguimiento en la vida franciscana a muchos hermanos y hermanas,
— y haz que descubran tu presencia en sus vidas y den una respuesta generosa a tu llamada.

Haz, Señor, que nuestros hermanos difuntos puedan alabarte eternamente en el cielo,
 y que nosotros nos reunamos con ellos en tu reino.

Padre nuestro.

Oración

Señor y Dios nuestro, que hiciste resplandecer a tu siervo san Pedro de Alcántara por su admirable penitencia y su altísima contemplación, concédenos, por sus méritos, que, caminando en austeridad de vida, alcancemos más fácilmente los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

APÉNDICE II

Himnos en latín
OFICIO ORDINARIO
19 de octubre
San Pedro de Alcántara

Laudes

Petre, sol tenis óriens Ibéris,
lucis ut spargas rádios per orbem,
quas tuo laeti cánimus triúmpho,
súscipe laudes.

Per te in antíquos renováta mores,
clara Francísci sóboles nitéscit,
crescit et virtus, redivíva largo
múnere caeli.

Omne quod vitam máculat perósus
mente constánti pereúntis aevi
déspicis pompam, precibúsque placas
Núminis iram.

Ártubus castis nímium sevérus,
e fame et diris crúcias flagéllis,
sternis et noctu laceráta duro
stípite membra.

Nunc preces audi gemitúsque nostros,
íntegros nobis sine labe mores
et tuos nostris ánimis salúbres
íngere sensus.

Ánnuat rerum Sator, et perénne
sit decus Patri Genitaeque Proli
et tibi,Flamen, Deus unus, omni
témpore saecli. Amen.

Vísperas

Petrum Paréntis óptimi
germen canámus ínclitum,
qui páuperum paupérrimus
extréma quaeque pértulit.

Hic Christi amóre sáucius,
ut pérditis succúrreret,
stupénda paeniténtiae
exémpla mundo práebuit.

Sitim famémque súfferens
et veste tectus híspida,
quid quid luéndum est,
nóxiis a se flagéllis éxigit.

Nodis revínctus férreis,
exsánguecorpus cónficit,
et síngulis ex ártubus
emánat unda sánguinis.

Dum flexo adórat póplite
crucis sacrátum stípitem,
crux émicat divínitus
ipsúmque splendor ímbuit.

Decus Minórum, súscipe
laudes precésque súpplicum,
tuos ab alto mítius
pater beáte, réspice.

Sit laus Patri et Fílio,
tibíque, Sancte Spíritus,
duc per Petri vestígia
nos ad supérna gáudia. Amen.

 

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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