22 de octubre, beata Josefina Leroux, virgen y mártir, II Orden

josephine lerouxLITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

22 de octubre 
BEATA JOSEFINA LEROUX,
VIRGEN Y MÁRTIR, II ORDEN

Memoria libre para la II Orden

Nació en Cambrai, Francia, en 1747, y fue santamente educada por sus padres, buenos y religiosos. Ingresó en la Segunda Orden Franciscana, profesando en las Clarisas de Valencennes, en 1770. En la paz silenciosa del claustro, Josefina se ocupó en servir al Señor con creciente amor, fidelidad y alegría, esmerándose en servir con delicadeza y entrega a las hermanas. Debido a las leyes antirreligiosas de la Revolución francesa tuvo que huir del convento y se refugió entre las Ursulinas, donde tenía una hermana. Pero también de allí la expulsaron y fue perseguida y martirizada, el 23 de octubre de 1794, con diez hermanas Ursulinas: todas ellas subieron al patíbulo recitando el Te Deum y las letanías de la Virgen. Benedicto XV las beatificó en 1920.
Del Común de varios mártires o de vírgenes.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del tratado De virginitate, de san Ambrosio, obispo
(12, 68-70.74-76: Fuentes patrísticas, 19, Madrid 2007, pp. 91-97)

Contempla siempre a Cristo y espera su venida

Tú, una de las vírgenes, que iluminas la gracia de tu cuerpo con el esplendor de tu alma –en efecto, tú que eres la que está tan próxima [a Cristo] que puedes ser comparada con la Iglesia- tú, digo, en tu lecho y de noche medita continuamente en Cristo y en todo momento espera su venida.

Si te parece que tarda, levántate. Dedica las primicias de tus vigilias a Cristo, ofrécele las primicias de tus actos. Has oído que te ha llamado diciendo: Ven del Líbano, esposa, ven del Líbano. Has oído que te ha apartado de los leones y de los leopardos, esto es, de los saltos de las maldades espirituales. Has oído que a él le gusta la belleza de tus virtudes. Has oído que ha preferido los perfumes de tus vestidos, esto es, el buen olor de la integridad, a todos los demás perfumes. Has oído que eres un huerto cerrado, lleno de frutos suaves de los árboles frutales. Pide, pues, que el Espíritu Santo sople sobre ti, sople sobre tu lecho, y acumule el buen olor del alma piadosa y de la gracia espiritual. Te responderá: Yo duermo, pero mi corazón vigila.

Oyes la voz de quien llama a la puerta y dice: Ábreme, hermana mía; levántate, amiga mía, paloma mía, perfecta mía; amiga por el amor, paloma por la simplicidad, perfecta por la virtud. Así te deseó Cristo, así te eligió Cristo. Por eso, él entra por la puerta abierta; no puede faltar porque prometió entrar. Abraza, pues, a aquel que buscaste, acércate a él y serás iluminada. Retenlo, ruégale que no se vaya enseguida, suplícale que no se vuelva atrás. Porque el Verbo de Dios pasa a prisa, no puede ser acogido con desdén, ni retenido con negligencia. Que tu alma vaya al encuentro de su Palabra, y siga las huellas de la Palabra divina, porque pasa velozmente.

En efecto, ¿qué dice la esposa? Lo busqué y no lo encontré, lo llamé y no me respondió. Tú que lo llamaste, que lo suplicaste, que le abriste, no creas desagradarle, porque se marchó tan pronto. El permite que nosotros seamos tentados frecuentemente. Pero si te parece que no se ha marchado, sal, busca de nuevo. Tú que ya has sido consagrada a Dios no tengas miedo de aquellos temibles guardias espirituales que hacen la ronda por las plazas, no temas a aquellos que rodean la ciudad, no temas los golpes, que no pueden hacer daño a los seguidores de Cristo. Aun cuando ellos se lleven tu cuerpo, esto es, la vida de tu cuerpo, tú estás próxima a Cristo.

Cuando lo has encontrado, busca conocer dónde debes permanecer en su compañía, para que no se aleje previamente, porque él abandona enseguida a los negligentes.

RESPONSORIO                                                                      Cf. Sal 44, 11; 2Tim 4, 8; Cant 4, 1.8
R. Ven, esposa de Cristo, recibe la corona de gloria que el Señor te tiene preparada: * Por su amor derramaste tu sangre.
V. Ven, amada mía, y te sentaré en el trono, porque el rey se ha prendado de tu belleza. * Por su amor.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Dichosa la virgen que, negándose a sí misma y cargando con su cruz, trató de imitar al Señor, al esposo de las vírgenes y guía de los mártires.

Oración

Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de la beata Josefina, concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido iluminados con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. En una sola víctima celebramos un doble triunfo: la gloria de la virginidad y la victoria sobre la muerte; permaneció virgen y obtuvo la palma del martirio.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

 

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

 

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

 

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

 

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

 

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

 

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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