23 de octubre, san Juan de Capistrano, presbítero, I Orden

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LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

23 de octubre
SAN JUAN DE CAPISTRANO,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria obligatoria para la Familia Franciscana

Juan nació en Capestrano (L’Aquila), Italia, en 1386. Estudió derecho en Perusa y durante algún tiempo ejerció de juez, hasta que en una revuelta popular lo encarcelaron. Al verse libre como por milagro, experimentó una profunda crisis religiosa, que le llevó a entrar en la Orden de los Hermanos Menores. Fue amigo íntimo de san Bernardino de Siena y colaboró con él en la reforma de la Orden. Viajó por Europa, alentando a los cristianos con su palabra, señalando el peligro de la herejía. Escribió obras ascéticas y jurídicas. Acabó sus días en Croacia, en 1456. Fue canonizado por Alejandro VIII en 1690.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos latinos propios en el Apéndice II.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del tratado Espejo de los clérigos, de san Juan de Capistrano, presbítero
(Parte 1, Venecia 1580; p. 2)

La vida de los clérigos virtuosos ilumina y serena

Los que han sido llamados a ministrar en la mesa del Señor deben brillar por el ejemplo de una vida loable y recta, en la que no se halle mancha ni suciedad alguna de pecado. Viviendo honorablemente como sal de la tierra, para sí mismos y para los demás; e iluminando a todos con el resplandor de su conducta, como luz que son del mundo, deben tener presente la solemne advertencia del sublime maestro Cristo Jesús, dirigida no sólo a los apóstoles y discípulos, sino también a todos sus sucesores presbíteros y clérigos: Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

En verdad la gente pisa, como barro despreciable, al clero inmundo y sucio, impregnado de la sordidez de sus vicios y envuelto en las cadenas de sus pecados, considerado inútil para sí y para los demás; porque, como dice san Gregorio: «De aquel cuya vida está desprestigiada queda también desprestigiada la predicación.»

Los presbíteros que dirigen bien merecen doble honorario, sobre todo los que se atarean predicando y enseñando. En efecto, los presbíteros que se comportan dignamente son acreedores a un doble honorario, material y personal, o sea, temporal y a la vez espiritual, que es lo mismo que decir transitorio y eterno al mismo tiempo; pues, aunque viven en la tierra sujetos a las limitaciones naturales como los demás mortales, su anhelo tiende a la convivencia con los ángeles en el cielo, para ser agradables al Rey, como prudentes ministros suyos. Por lo cual, como un sol que nace para el mundo desde las alturas donde habita Dios, brille la luz del clero ante los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria al Padre que está en los cielos.

Vosotros sois la luz del mundo. Pues, así como la luz no se ilumina a sí misma, sino que con sus rayos llena de resplandor todo lo que está a su alrededor, así también la vida luminosa de los clérigos virtuosos y justos ilumina y serena, con el fulgor de su santidad, a todos los que la observan. Por consiguiente, el que está puesto al cuidado de los demás debe mostrar en sí mismo cómo deben conducirse los otros en la casa de Dios.

RESPONSORIO                                                                                           Eclo 4, 23-24; 2Tim 4, 2
R. No dejes de hablar cuando sea necesario ni escondas tu sabiduría; * Pues la sabiduría se revela en la palabra, y la educación en el hablar.
V. Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina. * Pues la sabiduría.

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Recio espíritu, Juan de Capistrano,
labrado por la vida y por la gracia,
no doblegó la adversidad tu fe,
no apagó el corazón, lo volvió llama.

La cárcel superaste, y recibiste
en ella de Francisco la llamada.
Toga y foro cambiaste con presteza
por la humilde observancia franciscana.

Fue tu ardiente pasión la Madre Iglesia,
tan fielmente por ti servida, amada;
la pureza en su fe, su unidad plena
era la meta de tu lucha santa.

Defendiste la vida de los pobres,
víctimas de la usura no amparadas.
Embajador de papas y de reyes,
frutos de paz doquier multiplicabas.

Ciudades y naciones recorriste
sembrando la verdad con tu palabra;
enarbolando el nombre de Jesús,
vencías males, cercos y batallas.

Santo hermano, benigno y compasivo,
obtennos tu firmeza y tu constancia
en la fe, en la esperanza, en el amor,
del Dios Trino reflejo y alabanza. Amén.

Benedictus, ant. El que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Oración

Oh Dios, que suscitaste a san Juan de Capistrano para confortar a tu pueblo en las adversidades, te rogamos humildemente que reafirmes nuestra confianza en tu protección y conserves en paz a tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Contaré tu fama a mis hermanos en medio de la asamblea te alabaré.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

APÉNDICE II
Himnos en latín
OFICIO ORDINARIO
23 de octubre
San Juan de Capistrano

Laudes

O Christi miles ínclite,
Ioánnes, voce et ópere
diébus his novíssimis
clarus apparuísti.

Tu cruce Turcas fugas,
tu cruce morbos sanas,
tu cruce cundos iuvas,
dux quibus tu fuísti.

Implóra nobis véniam
ac fidei constántiam,
Christi legis custódiam
quem vere dilexísti.

Christum rogámus et Patrem
Christi Patrísque Spíritum,
unum potens per ómnia,
fove precántes, Trínitas. Amen.

Vísperas

Gaude, mater Ecclésia,
Christi suffúlta grátia,
ob huius Sancti mérita
nova deprómens cántica.

Athléta Christi válidus,
pauper, castus, oboediens,
mundum calcans sub pédibus
manum misit ad fórtia.

Pius, pudícus, húmilis,
vivéndi normam práebuit,
in lege Christi dócilis,
verbis, exémplis mícuit.

Iesu, dulce refúgium,
spes nostra, te laudántium
ob tanti viri méritum,
peccáti solve débitum.

Sit, Christe, tibiglória
pro multifórmi grátia,
qui mundi post haec stádia
das iustis vitae práemia. Amen.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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3 respuestas a 23 de octubre, san Juan de Capistrano, presbítero, I Orden

  1. Angie dijo:

    San Juan de Capistrano que tus palabras revivan en nuestros corazones y se hagan obras que reflejen nuestra fe.

    • Manuel Inocncio Bustillo González OFS dijo:

      San Bernaedino de Siena, Juan Capistrano y Jaime de la Marca son de los verdaderos varones penitentes como les llamaban a los primeros compañeros de San Francisco, para ellos convrtirse y hacer penitencia no significaba mortificación corporal sino que implicaba un cambio total tan intimo que era capaz de transformar también su exterior o sea tomaban una actitud de abandono en Dios.

  2. Pepi Morales dijo:

    Os felicito por la página. Es de gran utilidad para todas las personas que nos sentimos franciscanas.Gracias.Paz y Bien

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