15 de noviembre, beata María de la Pasión, virgen y fundadora, III Orden

beata María de la Pasión

LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

15 de noviembre
BEATA MARÍA DE LA PASIÓN,
VIRGEN Y FUNDADORA, III ORDEN
Fiesta para las Franciscanas Misioneras de María
Memoria libre para la Familia Franciscana

María de la Pasión nació en Nantes, Francia, en 1839. Ya desde niña vivió una intensa experiencia espiritual. Después de perder a su madre y hermanas, y seducida por Jesús, ingresó en las Clarisas, atraída por la espiritualidad franciscana. Por problemas de salud tuvo que volver a su familia. Más tarde se hizo religiosa en la Sociedad de María Reparadora, y siendo todavía novicia fue enviada a la India.
En 1876, se vio obligada a dejar las Reparadoras, con un grupo de 20 hermanas. En 1877 fundó la Congregación de Franciscanas Misioneras de María que se extendió con gran rapidez. En 1900 fundó Pamplona. Falleció en San Remo, Italia, en 1904. Juan Pablo II la beatificó el 20 de octubre de 2002.
Del común de vírgenes o santas.
Himnos castellanos en el Apéndice I.
Las Franciscanas Misioneras de María, que celebran el día de su fundadora con categoría litúrgica de Fiesta, toman todos los elementos propios del Oficio de lectura, Laudes, Hora intermedia y Vísperas, del Común de vírgenes; y del Ordinario.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De Escritos espirituales de la beata María de la Pasión, virgen y fundadora
(Archivo General de las Franciscanas Misioneras de María)

Amor es el Ser de Dios

Dios es mi Padre. Él está siempre conmigo y todo lo que él posee es mío. Si quiero, estaré siempre con él y todo lo que poseo será suyo.

Veo en mí, de un modo que me resulta imposible explicar, la libertad del amor: es Dios mismo. Veo la perfección, 10 bello, el amor que me hace partícipe de Dios en la medida en que soy amor. ¡En la tierra y en el cielo! Veo muy bien cómo estoy en el Padre por su conocimiento, que es el Verbo, y por el Espíritu Santo, que es su manifestación. Veo en mí la Trinidad viviente que me ha dado la existencia y me la conserva. Y de una manera más sensible aún, la veo en mí por la Eucaristía. El Verbo encamado, el conocimiento del Ser del amor, manifestado al mundo y encarnado por él. Todo esto tiene el esplendor de una sencillez y de una belleza que seduce y fascina mi alma, pero me resulta imposible explicar
esta paternidad de Dios engendrando en mí el amor, que deseo siempre creciente.

La verdad es que estamos llamados al amor, que él está siempre con nosotros y que todo lo que él posee nos pertenece. Esta es la gran verdad.

Veo a Dios en mi de una forma irresistible. ¡Cuánto desearía que esta presencia creciera siempre más! Esto depende de mi.

Procuraré que también mis hijas participen copiosamente en esta herencia paterna y, para ello, yo seré madre de las que mi Padre es el Padre celestial. Haré todo lo posible para que, incluso las más miserables, lleguen a comprenderlo y correspondan al amor de su Padre, tendré presente que el amor únicamente se hace comprensible por el amor.

Alma mía, si tú comprendieras, ¡cuál no sería tu abandono! Entonces podrías repetir como Francisco: mi Padre y mi todo. El alma en pecado: ¡qué desgracia!, en el infierno y sin Dios. En cambio, un grado más de gracia, ¡qué esplendor!

RESPONSORIO
Ef. 4, 15; Jn 8, 32

R. Realizando la verdad en el amor * Hagamos crecer todas las cosas en Cristo.
V. Conoceremos la verdad y la verdad nos hará libres * Hagamos crecer.

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

María de la Pasión,
una pasión fue tu vida,
pasión de amor y de cruz
de quien ama sin medida.

Con tu entrega respondiste
a estas palabras divinas:
Por mí serás siempre amada
más de lo que tú podrías.

Tu celo apagar quisieron
la ruindad y la mentira.
Dejaste obrar al Señor,
que trocó en bien la injusticia.

Escuchó el papa tu voz
y bendijo tu carisma,
te dio la misión y el nombre:
Misionera de María.

Por todo el mundo encendiste
el fuego que en tu alma ardía,
llevaste al humilde y pobre
alivio y de Dios noticia.

Toda la fuerza encontrabas
en Jesús Eucaristía;
Él era el gran misionero
de la obra por ti emprendida.

Al martirio, generosa,
ofreciste siete hijas.
Fueron tus siete dolores,
fueron tus siete alegrías.

Por tu amor y tus calvarios
la Trinidad sea bendita,
cuyo amor gozar por siempre
tu intercesión nos consiga. Amén.

Benedictus, ant. Esta es la virgen prudente que, unida a Cristo, resplandece como el sol en el reino celestial.

Oración

Señor, Dios nuestro, que de manera admirable, has conducido a la beata María de la Pasión, virgen, a contemplar el misterio de tu Hijo. Concédenos, por su intercesión que siguiendo el camino de tu Evangelio cooperemos en tu designio salvador. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Ven, esposa de Cristo, recibe la corona eterna que el Señor te tiene preparada.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

 

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

 

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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