29 de noviembre, Todos los Santos de las Tres Órdenes Franciscanas

LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

29 de noviembre
TODOS LOS SANTOS DE LA FAMILIA FRANCISCANA
Fiesta para la Familia Franciscana

La Familia Franciscana celebra la fiesta de todos los santos y santas franciscanos, en el aniversario de la aprobación de la Regla de los Hermanos Menores, por el papa Honorio III, el 29 de noviembre de 1223. A lo largo de ocho siglos, el frondoso árbol franciscano no ha dejado de dar frutos de santidad, y suman casi el medio millar los santos y beatos de las Tres Órdenes, que han sido reconocidos como tales por la Iglesia.
Santos y santas de todas las épocas, de todas las capas sociales, de todas las culturas, que han iluminado con luz propia el universo de la santidad de la Iglesia. ¿Quién puede contar, además, esa muchedumbre de hermanos, hermanas y seglares sin nombre y sin rostro que han vivido la santidad evangélica, que han hecho del proyecto de Francisco la pasión de toda su vida? Es un inmenso capital de santidad, de amor, de sacrificio, de entrega, que garantiza la lozanía perenne de Francisco de Asís, y muestra la vitalidad y autenticidad evangélica del mensaje franciscano.
Esta fiesta  es un motivo de gratitud a  Dios y una llamada de atención para nosotros,  pues nos exigen actualizar hoy el mensaje evangélico de Francisco mediante la santidad de vida de todos aquellos que lo tenemos por padre, inspirador, guía y ejemplo.
Himnos castellanos en el Apéndice I.
Himnos latinos propios en el Apéndice II. 

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos al Señor, Rey de reyes, que corona de gloria a los santos.
El salmo invitatorio como en el Ordinario.

Oficio de lectura

HIMNO

En el cortejo nupcial
de las bodas del Cordero
refulge una multitud
con la luz del Evangelio.

Señal de elegidos lucen,
Dios los marcó con su sello,
con las marcas de Jesús
y de Francisco, su siervo.

Son familia reunida
de todas razas y pueblos,
por el Señor convocados,
fieles en su seguimiento.

Árbol, como el de la cruz,
fértil con divino riego,
árbol de frutos copiosos,
de extensos brazos fraternos.

Nació en el campo de Asís
cual brote humilde y pequeño,
hoy es gloria de la Iglesia,
de paz y amor instrumento.

Gloria al Dios de los humildes,
que a Francisco, pequeñuelo,
y a sus hijos ha elevado
a los tronos de su reino. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. El Señor protege el camino de los justos.

Salmo 1

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor
y medita su ley día y noche.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
En el juicio los impíos no se levantarán,
ni los pecadores en la asamblea de los justos;
porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.

Ant. El Señor protege el camino de los justos.
Ant. 2. Tu nombre es admirable, Señor, porque coronaste de gloria y dignidad a tus santos.

Salmo 8

Señor, Dios nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

Señor, Dios nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ant. Tu nombre es admirable, Señor, porque coronaste de gloria y dignidad a tus santos.
Ant. 3. Los que practican la justicia habitarán en tu monte santo, Señor.

Salmo 14

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Ant. Los que practican la justicia habitarán en tu monte santo, Señor.

V. Alegraos, justos, y gozad con el Señor.
R. Aclamadlo, los de corazón sincero.

PRIMERA LECTURA
De la Segunda Carta del apóstol san Pablo a los Corintios            4, 5-18; 5, 14-15; 6, 1. 4-10

Nos apremia el amor de Cristo

Hermanos: Nosotros no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús. Pues el Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas» ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo.

Pues llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados; llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.

Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él. Pues todo esto para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

Por eso, no nos acobardamos, sino que, aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Pues la tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria, ya que no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno. Porque nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.

Como cooperadores suyos os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Nosotros, por nuestra parte, nos acreditamos en todo como ministros de Dios con mucha paciencia en tribulaciones, infortunios, apuros; en golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer; procedemos con limpieza, ciencia, paciencia y amabilidad; con dones del Espíritu Santo y con amor sincero; con palabras verdaderas y la fuerza de Dios; con las armas de la justicia, a derecha e izquierda; a través de honra y afrenta, de mala y buena fama; como impostores que dicen la verdad, desconocidos, siendo conocidos de sobra, moribundos que vivimos, sentenciados nunca ajusticiados; como afligidos, pero siempre alegres, como pobres, pero que enriquecen a muchos, como necesitados, pero poseyéndolo todo.

RESPONSORIO                                                                                               Cf. Ef 4, 4-5; Sal 132, 1
R. Fieles a la alianza del Señor y a las tradiciones, los santos de Dios se mantuvieron en el amor fraterno. * Porque entre ellos hubo siempre un solo espíritu y una sola fe.
V. Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos. * Porque entre ellos.

SEGUNDA LECTURA
De la obra Apología páuperum, de san Buenaventura, obispo
(Cap. III, 8-10: Obras de san Buenaventura, VI. BAC, Madrid 1949, pp. 387.389.391)

La humildad es el camino de la exaltación

Nuestro Salvador, diciendo en primer lugar: Bienaventurados los pobres en el espíritu, invita a la perfecta abdicación de los bienes temporales. Añadiendo en segundo lugar: Bienaventurados los mansos, induce a la renuncia a la propia voluntad y parecer, que son las que nos hacen iracundos y obstinados en la maldad. Diciendo en tercer lugar: Bienaventurados los que lloran, nos estimula a la huida de los placeres ilícitos de la carne. Añadiendo después: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, y Bienaventurados los misericordiosos, mueve a soportar justa, piadosa y condescendientemente al prójimo. Añadiendo después de esto: Bienaventurados los limpios de corazón, y Bienaventurados los que trabajan por la paz, nos empuja a la sobreelevación límpida del entendimiento, tranquila y límpida del afecto, con las cuales el alma de todo varón perfecto se convierte en ciudadano de Jerusalén, que significa visión de paz. Y concluyendo finalmente: Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos, vuelve, como cerrando el círculo, al principio, porque en esto se completa la suma de todas las bienaventuranzas.

Como testimonio de esto, el bienaventurado patriarca de los pobres, Francisco, en el principio de su Regla propone las tres primeras bienaventuranzas como fundamento y objeto de voto, diciendo: «La Regla y vida de los Hermanos Menores es ésta: observar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad.» Y después recomienda las otras tres, cual complemento y objeto de deseo, diciendo: «Aplíquense en aquello que por encima de todo deben anhelar: tener el Espíritu del Señor y su santa operación, orar siempre al Señor con un corazón puro, y tener humildad y paciencia en la persecución y en la enfermedad, y amar a los que nos persiguen, reprenden y acusan.» Pone en primer lugar la sobreelevación a Dios; en el último lugar la condescendencia con el prójimo, y en medio el soportar las adversidades.

El varón perfecto queda, pues, por las tres primeras crucificado para el mundo; por las tres siguientes se configura con Dios, para que como con las seis alas del serafín, se eleve de las cosas mundanas y sea llevado a las divinas. Con razón, pues, con la aparición del serafín y como sello de aprobación, imprimió Cristo sus estigmas en este Pobrecillo —que enseñó y observó la perfección del Evangelio—, para que, en las peligrosas tinieblas de los últimos tiempos, nos ofreciera en el camino de la perfección una señal manifiesta que nos conduzca a Cristo, ejemplar y fin de toda vida perfecta, y para enseñarnos a alcanzar la perfección, con tal de que aprendamos a no tenernos por sabios y a contentarnos con lo humilde.

RESPONSORIO                                                                                       Cf. Mt 19, 27-29; Lc 6, 20
R. Vosotros, los que lo habéis dejado todo y me habéis seguido, * Recibiréis cien veces más y heredaréis la vida eterna.
V. Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. * Recibiréis.

HIMNO Te Deum.

Oración

Dios, rico en misericordia, que has enriquecido a tu Iglesia con la santidad de innumerables hijos e hijas de la Familia Franciscana, concédenos a los que celebramos en una misma fiesta los méritos de todos ellos, seguir sus huellas en la tierra y obtener la salvación en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Laudes

HIMNO

Florecillas franciscanas
del jardín del paraíso,
abiertas al día eterno
en alabanza de Cristo.

Flores múltiples, sembradas
por la mano de Francisco
junto a la Virgen María
en alabanza de Cristo.

Espinas de penitencia,
rosas rojas de martirio
segadas a fiero golpe,
en alabanza de Cristo.

Azucenas virginales,
inmenso vergel de lirios
con su belleza impoluta
en alabanza de Cristo.

Y profetas de su reino,
eficaces y sencillos,
dando la voz y la vida
en alabanza de Cristo.

Florecillas en que esplende
el Espíritu divino
para el agrado del Padre
y en alabanza de Cristo. Amén.

Ant. 1. Éstos son los santos que el Señor eligió para otorgarles la gloria eterna.
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Ant. 2. Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor; almas y espíritus justos, cantad un himno a Dios.
Ant. 3. Esta gloria poseen todos los santos que siguieron las huellas de Cristo.

LECTURA BREVE                                                                                                           Rm 8, 28-30
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio. Porque a los que había conocido de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. Y, a los que predestinó, los llamó; a los que  llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

RESPONSORIO BREVE
R. Los justos se alegran en la presencia de Dios, * Rebosando de alegría. Los justos.
V. Reciben de Dios su recompensa. * Rebosando. Gloria. Los justos.

Benedictus, ant. ¡Qué glorioso es el reino donde todos los santos gozan con Cristo! Vestidos con vestiduras blancas, siguen al Cordero adondequiera que vaya.

PRECES
Invoquemos con alegría a Dios, corona de todos los santos y digámosle:
Sálvanos, Señor, por la intercesión de todos los santos

Dios, fuente de santidad, que has hecho brillar en tus manos las maravillas de tu gracia multiforme,
— concédenos celebrar tu grandeza en ellos.

Dios providentísimo y eterno, que nos has hecho ver en tus santos la imagen más acabada de tu Hijo,
— haz que por ellos nos sintamos más eficazmente movidos a la unión con Cristo.

Rey de los cielos, tú, que, por medio de los fieles seguidores de Cristo, nos estimulas a desear la ciudad futura,
— haz que aprendamos de ellos el mejor camino para llegar a ella.

Oh Dios, tú, que en el sacrificio de tu Hijo nos unes más íntimamente a los moradores del cielo,
— aumenta nuestra devoción.

Dios altísimo y bondadoso, que elegiste a Francisco para ser heraldo de tu Evangelio,
— haz que, cuantos seguimos sus huellas, seamos testigos de tu reino en el mundo.

Padre nuestro.

Oración

Dios, rico en misericordia, que has enriquecido a tu Iglesia con la santidad de innumerables hijos e hijas de la Familia Franciscana, concédenos a los que celebramos en una misma fiesta los méritos de todos ellos, seguir sus huellas en la tierra y obtener la salvación en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Hora intermedia

Las antífonas y los salmos, de la feria correspondiente.

Tercia
LECTURA BREVE                                                                                                         Sb 5, 16.18-19
Recibirán de manos del Señor la magnífica corona real y la hermosa diadema, pues, con su diestra los protegerá y con brazo los escudará. Vestirá la coraza de la justicia, se pondrá como yelmo un juicio sincero; y tomará por escudo su santidad invencible.

V. Éste es el grupo que busca al Señor.
R. Que busca tu rostro, Dios de Jacob. 

Sexta
LECTURA BREVE                                                                                                         Eclo 44, 10-14
Hubo también hombres de bien cuyos méritos no han quedado en el olvido. En sus descendientes se conserva una rica herencia, su posteridad. Sus descendientes han sido fieles a la alianza, y, gracias a ellos, también sus hijos. Su descendencia permanece por siempre, y su gloria no se borrará. Sus cuerpos fueron sepultados en paz y su nombre vive por generaciones.

V. Que todos los pueblos proclamen la sabiduría de los santos.
R. Y que la asamblea pregone su alabanza.

Nona
LECTURA BREVE                                                                                                                Tob 3, 11b
Bendito seas, Dios misericordioso, y bendito sea tu nombre por siempre, que tus obras ten bendigan por los siglos.

V. Nuestros hermanos han recibido la corona de la vida.
R. Que Dios ha prometido a los que le aman.

La oración como en Laudes.

Vísperas

HIMNO

Vosotros, hermanos nuestros,
vivos en la vida eterna,
decidnos cómo se ganan
riquezas con la pobreza.

Decidnos cómo ser libres
en la renuncia y la entrega,
y cómo cambiar en gozo
las lágrimas de la pena.

Decidnos cómo ser puros
para lograr la belleza,
y cómo sembrar en muerte
para que luego florezca.

Y cómo llevar la paz
sin colores ni fronteras,
sembradores de alegría
y de amor, a manos llenas.

Y cómo tener el alma
con Cristo en Dios toda entera,
y el corazón regalado
a los hombres sin reserva.

Decidle, hermanos, al Padre
que nos convoque a su diestra
con el Hijo y el Espíritu,
filial familia fraterna. Amén.

Ant. 1. Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todos los pueblos, de pie delante del trono.
Los salmos y el cántico, del Común de santas mujeres.
Ant. 2. Llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre.
Ant. 3. Todos los santos gozan con Cristo y, vestidos con vestiduras blancas, siguen al Cordero adondequiera que vaya.

LECTURA BREVE                                                                                                     2Cor 6, 16b; 7, 1
Nosotros somos templos del Dios vivo; así lo dijo Él: «Habitaré entre ellos y caminaré con ellos; seré su Dios y ellos serán mi pueblo». Teniendo, pues, estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de toda impureza de la carne o del espíritu, para ir complementando nuestra santificación en el temor de Dios.

RESPONSORIO BREVE
R.
Ésta es fraternidad de buena ley; * Por amor de Cristo vencieron las tinieblas del mundo. Ésta es.
V. Poseen el reino glorioso del cielo. * Por amor. Gloria al Padre. Ésta es.

Magníficat, ant. Jamás se escuchó, ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por quien espera en él.

PRECES
Unidos, hermanos, a todos los santos que a lo largo de los siglos han seguido la senda de Francisco de Asís, aclamemos a nuestro salvador y supliquémosle diciendo:
¡Sálvanos, Señor, por la intercesión de los santos!

Tú, que has dado a los mártires la fortaleza del testimonio hasta derramar su sangre,
— haz de los cristianos testigos fieles de tu Hijo.

Tú, que has dado a las santas vírgenes el don insigne de imitar a Cristo virgen,
— haz que todos reconozcan la virginidad a ti consagrada como una señal particular de los bienes celestiales.

Tú, que manifiestas en todos tus santos tu presencia, tu rostro y tu palabra,
— otorga a tus fieles sentirse más cerca de ti por tu imitación.

Tú que otorgaste a san Francisco la gracia de asemejarse a ti por la humildad y la pobreza,
— concédenos imitarle en la tierra para que, juntamente con todos los santos, gocemos con él en el cielo.

Tú que has coronado a nuestros santos en tu gloria,
— concede a nuestros hermanos difuntos tenernos por intercesores y participar del gozo de tu reino.

Padre nuestro.

Oración

Dios, rico en misericordia, que has enriquecido a tu Iglesia con la santidad de innumerables hijos e hijas de la Familia Franciscana, concédenos a los que celebramos en una misma fiesta los méritos de todos ellos, seguir sus huellas en la tierra y obtener la salvación en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo. 

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

APÉNDICE II
Himnos en latín
OFICIO ORDINARIO
29 de noviembre
Todos los santos de las Tres Órdenes Franciscanas

 Laudes

 Christe, redémptor ómnium,
consérva tuos fámulos,
beátae semper Vírginis
placátus sanctis précibus.

Beáta quoque ágmina
caeléstium spirítuum,
praetérita, praeséntia,
futúra mala péllite.

Mártyres Dei íncliti
confessorésque lúcidi,
vestris oratiónibus
nos ferte in caeléstibus.

Francísci et Clarae sóboles,
secútae quae vestígia,
simul cum sanctis ómnibus
consórtes Christi fácite.

Litis auférte fómites
credéntium de fínibus,
ut Christi pace cándida
fruámur omnes pérpetim.

Sit Trinitáti glória,
vestrásque voces iúngite,
ut illi láudes débitas
persolvámus alácriter. Amen.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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Una respuesta a 29 de noviembre, Todos los Santos de las Tres Órdenes Franciscanas

  1. FR. CESAR dijo:

    MUCHAS GRACIAS POR SUBIR EL PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA ES DE MUCHA AYUDA GRACIAS

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