26 de noviembre, san Leonardo de Porto Maurizio, I Orden


san Leonardo de Porto Maurizio

LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

26 de noviembre
SAN LEONARDO DE PORTO MAURIZIO,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria obligatoria para la Familia Franciscana

Leonardo nació en Porto Maurizio, al noroeste de Italia, en 1676.  A los veinte años ingresó en la Orden de los Hermanos Menores. Después de estudiar en Roma, se propuso imitar lo más fielmente posible a san Francisco, sobre todo en la penitencia, que llegaba al heroísmo, y en la altísima contemplación y celo apostólico. Ordenado presbítero, durante más de cuarenta años, recorrió casi toda Italia predicando al pueblo con gran fruto. Grandes masas de gente acudían a escucharlo y quedaban impresionadas por su ardiente palabra que llamaba a la conversión y a la penitencia. En este marco se sitúa su gran devoción al Vía crucis, del que fue el más ferviente propagador. Escribió también muchas obras para provecho de los predicadores y edificación de los fieles. Murió en Roma en 1751, y fue canonizado por Pio IX en 1867.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.
Himnos latinos propios en el Apéndice II.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De una Exhortación sobre el Vía crucis, de san Leonardo de Porto Maurizio, presbítero
(Opere complete II, Venezia 1808, pp. 176-177)

La meditación de la pasión mueve a la compasión

¡Todo el país desolado, y nadie se detuvo a pensarlo! La causa de todos nuestros males se halla en la ausencia de meditación y de reflexión: de aquí se origina todo desorden moral. Y se desconoce lo más elemental: porque se olvidan los abundantes beneficios recibidos de Dios, y son escasos los que dedican su tiempo a la contemplación de los acerbísimos sufrimientos que Cristo padeció por nosotros. Se descuida el cumplimiento del deber y no se ponen los medios suficientes para alejar los continuos peligros que nos acechan durante nuestra existencia. El mundo está lleno de maldad y con razón se queja Jeremías: Todo el país desolado.

¿Puede existir algún remedio a tanto mal? Una medicina quisiera proponer a los prelados, párrocos, sacerdotes y restantes ministros de Dios, ante quienes me inclino con toda reverencia, y que remediaría en gran manera muchos males: me refiero al piadoso ejercicio del Vía crucis. Si se propagase esta laudable costumbre en las parroquias, en las iglesias, empleando los recursos de una sabia pastoral y el celo por las almas, los sacerdotes pronto encontrarían remedio eficaz para contrarrestar los vicios y mejorar las costumbres, puesto que muchos se verán movidos a obrar bien, al recordar los dolores y el amor de Jesucristo. ¡Cuántos frutos proporcionaría a las almas la asidua meditación de la acerbísíma pasión de Cristo! ¡Cómo excitaría a la contrición del corazón, cuánta fortaleza de espíritu les comunicaría! La experiencia en el apostolado me ha enseñado que muchas almas han progresado rápidamente por las vías intrincadas de la perfección, cuando han sido constantes en la práctica de este piadoso ejercicio.

Porque el Vía crucis es antídoto contra el vicio, aplaca la concupiscencia, empuja a la consecución de la virtud y eleva el espíritu a encumbradas metas de santificación. En verdad, representando al vivo en nuestra mente las escenas dolorosas que recorrió el Hijo de Dios en la pasión, como si se grabaran en lo hondo del alma, apenas habrá quien no aborrezca para siempre la fealdad del pecado frente a irradiación tan luminosa, y también se verá constreñido a amar tanto amor. No sería poco que, al menos, ante las adversidades de la vida, tan frecuentes, se supiera afrontarlas con generosidad de ánimo, viéndole padecer a él.

RESPONSORIO BREVE                                                                                                    1Cor 2, 2-5
R. Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. * Para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres sino en el poder Dios.
V. Mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana. * Para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres sino en el poder Dios.

La oración como en Laudes. 

Laudes

HIMNO

Leonardo, alma de apóstol,
en quien madrugara el cielo,
a la virtud ya alentabas
desde tus años primeros.

En tu juventud prendió
de Dios y Francisco el fuego,
ya tu pecho se quemaba
en afanes misioneros.

Hecho ministro de Cristo,
de lleno te diste al pueblo;
no fue obstáculo el peligro
ni lo frágil de tu cuerpo.

En tu voz y vida ardía
la verdad del Evangelio
y de extravío y pecado
liberaba prisioneros.

Hijos a Dios devolvías,
a la fe y amor volviéndolos;
a su prole recobraba
la Madre Iglesia y el cielo.

Cristo en cruz fue tu oración,
tu enseñanza y tu sendero,
brindabas el agua viva
de su corazón abierto.

Tú que, por Dios coronados
ves tu fe viva y tus méritos,
danos que, con vida santa,
a la Trinidad honremos. Amén.

Benedictus, ant. Cual sol esplendente atendió a todo, y todas sus obras aparecen llenas de la gloria del Señor.

Oración

Dios rico en misericordia, te rogamos que, así como hiciste a san Leonardo un predicador insigne de la pasión de tu Hijo, propagando la devoción del Vía crucis, nos concedas, por su intercesión, meditar esos mismos misterios de Cristo y merecer los frutos de su redención. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Vísperas

HIMNO

Al mundo de hoy y siempre
recuérdale, san Leonardo,
que, entre brisas, nos espera
el Amor que no es amado.

Si quieres vivir a Cristo
y albergarte en su costado,
aléjate de ti mismo,
da al frente catorce Pasos.

Que bien merece la pena
fatigar catorce Pasos
para salvar a los hombres
que da nada en nada vamos.

Cumplido camino es éste
para el hombre extraviado,
pues desemboca en la Gloria
de Jesús resucitado. Amén.

Magníficat, ant. El Señor le infundió fortaleza y tuvo valor para elevarse a la altura, y consiguió su herencia.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!» (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

APÉNDICE II
Himnos en latín
OFICIO ORDINARIO
26 de noviembre
San Leonardo de Porto Mauricio

Laudes

Dum tuas, resto redeúnte, laudes
pérsonat pláudens, Leonárde, templum,
tu, beatórum méritus corónam,
mitis adésto.

Quippe te primo píetas ab aevo
fovit adspírans, animúmque rexit,
ardor ingéssit súperam tenéllo
péctore flammam.

Nil nisi purum tibi ridet ultra,
nil nisi sanctum cupis aemulári,
cuncta viléscunt, vólitas erémi
laetus ad umbram.

Hic Deo vivens, macie flagéllis
corpus infórmas crucis ad palaestram,
ac preces veri stúdio remáscens
tendis in astra.

Saepe tu nostrum fácinus piánti
cóndoles Christo, lácrimas et inter
grátiae vivam látere ex apérto
élicis undam.

Quam pio supplex colis usque ritu,
alma se monstrat tibi Virgo matrem,
membra si languent procul arcet acres
próvida morbos.

Voce concórdi polus atque terra
cánticum solvant Tríadi perénne,
mente quae totum sapiénter aequa
témperat orbem. Amen.

Vísperas

Igne fratérnae pietátis ardens,
currit hac illac generósus heros,
cogit errántes, docet imperítos,
firmat inérmes.

Fantis ad vocem gemit omne pectus,
et dolor trísti rigat ora fletu,
rura mutántur, scélerum frequéntes
poenitet urbes.

Ulla nec tardat fácies perícli
quidquid obsístit, ruit, ille victor,
pábulum vitae míseris in omnem
pórrigit horam.

Qua sacrum diva iacit arte semen
magna virtútis monuménta surgunt,
cáritas ardet, níveo fidésque
splendet amíctu.

Nunc et excélsa résidens in arce,
lúmine adspéctat pátriam benígno,
dira nec fructum sinit ut labóris
monstra profánent.

Voce concórdi polus atque terra
cánticum solvant Tríadi perénne,
mente quae totum sapiénter aequa
témperat orbem. Amen.

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