27 de noviembre, san Francisco Antonio Fasani, presbítero, I Orden

San Francisco Antonio Fasani

LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

27 de noviembre
SAN FRANCISCO ANTONIO FASANI,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria obligatoria para la Familia Franciscana

Francisco Antonio nació en 1681 en Lucera (Foggia), en el sur de Italia. Siendo muy joven, fue recibido en los Hermanos Menores Conventuales. Se distinguió por su vida íntegra; fue ejemplo de austeridad y celo sacerdotal. Elegido ministro provincial, promovió la vida franciscana en toda su provincia. Difundió la devoción a la Inmaculada, y fue célebre en La Pulla por su palabra apasionada y su gran caridad para con los pobres, huérfanos y encarcelados. Rico en dones espirituales y carismas, murió en Lucera en 1742. Fue canonizado por Juan Pablo II en 1986.
Del Común de pastores o santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos propios en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De los Escritos de san Francisco Antonio Fasani, presbítero
(Novena dell ‘Immacolata, Lucera 1973, passim)

En María, naturaleza y gracia se armonizaron

Un modelo sublime de santidad se nos ofrece en la  Virgen lnmaculada, quien desde el primer instante de su concepción fue para el mundo como un océano ilimitado de perfección y de virtud. Primogénita entre todas las criaturas, fue siempre purísima y perfectísima; sus pensamientos, afectos y deseos, y sus obras estuvieron adornadas siempre de admirables virtudes, de las cuales emanaba un perfume suave, como de flores muy fragantes, sin que hálito profano alguno empañase dicha belleza. Durante toda su vida fue una criatura muy diligente, en la cual la naturaleza y la gracia alcanzaron siempre un admirable acuerdo, y el espíritu y la carne, los poderes superiores e inferiores se armonizaron perfectamente con la justicia original.

Tú, en cambio, en tu vida, te has manchado de muchas culpas. ¡Cuánta negligencia en el cumplimiento de la ley divina, cuántos preceptos infringidos, cuántos deberes descuidados! Mira qué furiosa batalla se libra en ti, cómo los sentidos se rebelan contra la razón, y la carne contra el espíritu. Cuántas veces has hecho vano el maravilloso don de la gracia. Desde hace mucho tiempo el Señor te muestra insistentemente sus deseos ardientes de salvarte, y tú contrarías su voluntad, rechazas sus inspiraciones, te resistes a su gracia. Y si a veces aceptas su invitación, no sabes corresponder a los fines altísimos de su providencia.

La causa de todo ello es la falta de espíritu de oración. Por parte de los eclesiásticos, se estudia a Dios, se predica a Dios, se explica a Dios, se discute de Dios; en los Evangelios, en la Escritura, se lee acerca de Dios; y, sin embargo, el espíritu sigue siendo árido, sin devoción. Mucha ciencia y ninguna oración; todo el alimento es para la inteligencia, nada para la voluntad.

Piensa que tu dependencia del Señor es esencial, absoluta, continua. ¿Por qué, pues, no levantas tu mirada al cielo para alabar, bendecir y glorificar a la divina Bondad? Si orientases todo hacia Dios y a Dios, llegarías a ser santo.Rectifica, pues, tus intenciones, haz el bien, ama el bien, pero únicamente por Dios, sólo por Él. Intenta imitar a la perfectísima e Inmaculada Virgen María, aspirando siempre a los carismas mejores.

Aunque hablases las lenguas de los ángeles, aunque conocieses los secretos de la mente de Dios, aunque los muertos resucitasen tras una señal tuya, todo esto no te resultaría más provechoso que un solo grado de gracia santificante. Son útiles las virtudes cardinales, pero más aún lo son las virtudes teologales. Es valiosa la fe, valiosa la esperanza, pero aún mayor que ellas es la caridad, que conlleva los dones del Espíritu Santo.

RESPONSORIO                                                                                                    Miq 6, 8; Sant 1, 27
R. Se te ha hecho saber lo que es bueno, lo que el Señor quiere de ti: Practicar el derecho, amar la bondad y caminar humildemente con tu Dios.
V. Atender a huérfanos y viudas en su aflicción y mantenerse incontaminado del mundo. * Practicar el derecho.

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

En la aurora de tus años,
con tu inocencia inmarchita,
como rosa y lirio virgen
entregaste a Dios tu vida.

Modelo de fidelidad
a la Regla franciscana,
fuiste apóstol y maestro
de palabra limpia y cálida.

Tu voz ensalza a María
y al Dios de amor encarnado,
invita a la penitencia
al pecador extraviado.

A los que sufren consuelas
y acompañas en la muerte,
a los pobres les asistes
con amor siempre creciente.

La gloria de Dios proclama
tu sublime santidad,
y, al celebrarla, alabamos
a la Santa Trinidad. Amén.

Benedictus, ant. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros.

Oración

Oh Dios de bondad, que en san Francisco Antonio Fasani nos has dado un modelo de perfección evangélica y un ferviente apóstol de tu palabra, concédenos, por sus méritos y su intercesión, permanecer siempre firmes en la fe y solícitos en la caridad, para obtener así la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

HIMNO

El pueblo sencillo
oyó tus relatos,

que el alma encendían
en deseos santos.

Incansable apóstol,
hermano andariego,
sembrabas amores
y gozos de cielo.

Para el prisionero
fuiste voz amiga,
y a los condenados
paz les infundías.

A la Virgen Santa
en su Concepción
tu fe la exaltaba
con gozo y ardor.

Alabanza al Padre
y a Cristo, el Señor,
y al divino Espíritu
gloria y bendición. Amén.

Magníficat, ant. Lo que hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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