2 de diciembre, beato Rafael Chylinski, presbítero, I Orden

beato Rafael Chylinski

LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

2 de diciembre
BEATO RAFAEL CHYLINSKI,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria libre para OFMConv

Rafael nació en Wysoczka, Polonia, en 1694. Fue militar durante algunos años, y luego entró en los Hermanos Menores Conventuales y recibió la ordenación sacerdotal. En la vida religiosa supo conciliar muy bien el heroico ejercicio del amor a Dios y de las demás virtudes, especialmente la pobreza y la humildad, con el ministerio sacerdotal. Se entregó de lleno a la predicación de la Palabra de Dios y vivió con gozo las celebraciones sagradas. Igualmente se entregó con verdadera pasión a las obras de caridad para con el prójimo, sobre todo para con los pobres y los enfermos, a quienes socorría asiduamente según el espíritu de la misericordia evangélica. Murió en Lagiewniki en 1741. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1991.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Antonio de Padua, presbítero
(Sermones dominicales y festivos, I, Murcia 1995, pp. 707.709 .711)

De la triple misericordia de Dios y el hombre

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará.

En estas palabras del santo Evangelio se observan cinco circunstancias dignas de nuestra atención: compadecerse, no juzgar, no condenar, perdonar y dar.

La palabra misericordioso quiere decir el que se compadece de la miseria ajena. De ahí que se llame misericordia, porque hace desdichado el corazón, que se duele de la miseria ajena. Advierte que, como es triple la misericordia del Padre celestial para contigo, así debe ser triple la tuya para con el prójimo.

La misericordia del Padre es llena de gracia, espaciosa y preciosa.

Llena de gracia, porque limpia de los vicios. De ahí la afirmación del Eclesiástico: Llena de gracia es la misericordia de Dios en tiempo de tribulación, como nubes de lluvia en tiempos de sequía. En la tribulación, o sea, cuando el alma está atribulada por los pecados, se le infunde la lluvia de la gracia, que refrigera el alma y perdona los pecados.

Espaciosa, porque, a medida que pasa el tiempo, crece el número de obras buenas. Leemos en el Salmo: Tengo ante los ojos tu bondad, y camino en tu verdad, porque me desagradó mi iniquidad.

Preciosa, en las delicias de la vida eterna. De ella dice Ana en el libro de Tobías: Todo el que sirve a Dios, ten por cierto que su vida, después de la prueba, será coronada. Si está en tribulación, será librado; y si en corrección, podrá alcanzar misericordia. Sobre estas tres cosas escribe Isaías: Quiero recordar la misericordia del Señor, las alabanzas del Señor: todo lo que hizo por nosotros el Señor, sus muchos beneficios a la casa de Israel, lo que llevó a cabo con compasión y con su gran misericordia.

También la misericordia para con el prójimo debe ser triple: si pecó contra ti, perdónale; si erró el camino de la verdad, instrúyelo; si tiene hambre, dale de comer. Seamos misericordiosos imitando a las grullas. De ellas se dice que, cuando quieren ir a alguna parte, vuelan muy alto y desde allí exploran la región a la que se dirigen. La que conoce el camino va al frente, reprendiendo la lentitud en el vuelo o animando con su voz al grupo. Y si se queda afónica, ocupa su puesto otra. Concorde es la solicitud de todas para con las fatigadas, de modo que si algunas no pueden más, acuden todas en su ayuda y llevan en peso a las extenuadas hasta que con el descanso recobren las fuerzas. Y al tomar tierra no disminuyen los cuidados. Se reparten el oficio de centinelas por la noche, de manera que de cada diez haya una vigilando. Las que están de guardia se ponen algunos pesos entre las patas para despertarse, si llegaran a dormirse. Un grito indica que hay peligro.

Seamos, pues, misericordiosos como las grullas, de manera que colocados en el excelso observatorio de la vida, proveamos para nosotros y para los demás; ofrezcamos dirección a los que desconocen el camino. Reprendamos con la predicación a los perezosos y a los tibios; turnémonos en el trabajo, porque sin relevos no se aguanta hasta el final; llevemos a hombros a los enfermos y a los débiles para que no desfallezcan en el camino; hagamos las guardias del Señor vigilando con la oración y la contemplación; estrechemos entre los dedos la pobreza del Señor, la humildad y la amargura de su pasión. Y si se presentase alguna cosa inmunda, inmediatamente demos el grito de alarma. Huyamos, sobre todo, de la ciega vanidad del mundo.

RESPONSORIO BREVE
1Cor 4, 1-2; Prov 20, 6

R. Que la gente sólo vea en vosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. * Lo que se busca en los administradores es que sean fieles.
V. Muchos se las dan de sinceros, pero ¿quién hallará un hombre fiel? * Lo que se busca.

La oración como en Laudes. 

Laudes

Benedictus, ant. Me he hecho todo para todos para ganar a algunos.

Oración

Oh Dios y Padre nuestro, que concediste al beato Rafael Chylinski, presbítero, la gracia de seguir a Cristo pobre y humilde y socorrer a los pobres y enfermos, haz que, por su intercesión, sirvamos con generosidad a los hermanos, para obtener así tu bendición en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Sed pastores del rebaño gobernándolo de buena gana y con entrega generosa y recibiréis la corona de la gloria.

 

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

 

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

 

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

 

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

 

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

 

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

 

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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