11 de mayo, san Ignacio de Láconi, religioso, I Orden

san Ignacio de Laconi

11 de mayo
SAN IGNACIO DE LACONI,
RELIGIOSO, I ORDEN

Memoria obligatoria para OFMCap

Nació en 1701 en Laconi (Oristano), Cerdena. Vistió el habito franciscano en los Hermanos Menores Capuchinos. Fue limosnero durante cuarenta años. dando ejemplo de humildad y caridad en la ciudad de Cagliari. que fue. durante cuatro décadas. el campo de su apostolado. desarrollado con amor entre los pobres y los pescadores. Dios le enriqueció con especiales dones sobrenaturales que le atrajeron el aprecio de todas las clases sociales. Murió en 1781. y fue canonizado por Pío XII en 1951.
Del Común de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De La vida perfecta (para religiosas), de san Buenaventura, obispo
(Cap. V, 1-5: San Buenaventura. Experiencia y teología del misterio, BAC. Madrid 2000, pp. 249-253)

Que el alma se ejercite en la oración constante

A quien, ávido de perfección, eligió a Cristo, le es sumamente necesario ejercitar su alma en la practica asidua de la oración y en la devoción, ya que, en verdad, un religioso poco devoto y tibio, no asiduo en frecuentar la oración, no sólo es miserable e inútil, sino que tiene ante Dios un alma muerta en un cuerpo vivo.

Pues es tanta la fuerza de la oración devota, que vale para todo y, en toda ocasión, podemos ganar con ella: en invierno y en verano, con sereno y con lluvia, de día y de noche, en días festivos y en feriales, en la enfermedad y en la salud, en la juventud y en la vejez, de pie, sentado o caminando, en el coro o fuera del coro; es más, a veces una sola hora de oración vale más que el mundo entero, porque un poco de oración con devoción nos permite ganar el reino de los cielos.

Has de saber que son necesarias tres cosas para alcanzar la oración perfecta. Lo primero, cuando te pongas a orar, levantado tu cuerpo y tu corazón, cerrados tus sentidos, debes repasar, con un corazón triste y contrito, tus miserias pasadas, presentes y futuras.

Lo segundo es la acción de gracias, es decir, agradecer con humildad a tu Creador los beneficios recibidos de él, y aun aquellos que te quedan por recibir. No hay nada que nos haga tan dignos de los favores divinos que el dar gracias a Dios continuamente, de palabra y de obra, por los beneficios recibidos.

Lo tercero que se requiere para la perfección de la oración es que, durante la misma, tu animo no piense en nada mas sino en que estás orando. Porque no es conveniente estar hablando a Dios con los labios y poner el corazón en otra cosa, como dirigiendo medio corazón hacia el ciclo y la otra mitad hacia la tierra.

No te engañes, no te defraudes, para que no quedes privado del fruto de tus oraciones, para que no pierdas la suavidad, ni se te escape la dulzura que en ella debes hallar. Pues la oración es como un vaso en que se recoge la gracia del Espíritu Santo, de la fuente de la sobreabundante dulzura que es la Santísima Trinidad. Cuando estás orando debes recogerte totalmente en ti mismo y entrar con tu Amado en el aposento de tu corazón, y allí morar sólo con él. Debes olvidar todo lo exterior y elevarte sobre ti mismo, con todo tu corazón, con toda tu alma, tu afecto, tu deseo y devoción. No relajes tu espíritu de la oración, sino ora tanto que te eleves con el ardor de la oración, para entrar en la tienda admirable, en la casa de Dios.

RESPONSORIO
Eclo 35, 9-10, 2Cor 9, 6-7

R. Da al Altísimo como él te ha dado: con generosidad, según tus posibilidades. * Porque el Señor sabe recompensar y te devolverá siete veces más. (T.P. Aleluya.)
V. El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. * Porque el Señor sabe recompensar y te devolverá siete veces más. (T.P. Aleluya.)
La oración como en Laudes.

 Laudes

HIMNO

Un campesino humilde de Cerdeña
buscó en los capuchinos ser hermano:
un campesino menos tuvo Láconi
y un santo muy querido el pueblo sardo.

Amable fray Ignacio con tu alforja
en Cagliari pidiendo cuarenta años;
a Cristo predicaban elocuentes
tu rostro, tus sandalias, tu rosario.

Hermano analfabeto que sabías
la misteriosa ciencia de los sabios,
las gentes te buscaban y tenías
el don de tus palabras y milagros.

Amigo de los niños y los pobres,
de toda pena humana suave bálsamo,
la pura caridad que derramabas
te alzó entre los sencillos afamado.

Y hoy dura tu seráfica memoria,
y es imán de oración tu santuario:
tú llevas a la Madre de piedad,
y a Cristo, pan viviente, en el sagrario.

¡Oh Cristo eterno, Cristo Eucaristía,
amor donado, el Santo entre los santos,
a ti que resplandeces entre pobres,
a ti la gloria, Hijo coronado! Amén

Benedictus, ant. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros. (T.P. Aleluya.)

Oración

Oh Dios, que has llevado a san Ignacio de Láconi a la meta de la santidad por el camino de la sencillez evangélica y el amor a los hermanos, concédenos imitar su vida y ejemplo con obras de caridad al servicio de los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

 

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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