Liturgia de las horas: 12 de mayo, san Leopoldo Mandic de Castelnovo, presbítero, I Orden

San Leopoldo Mandic de Castelnuovo

12 de mayo
SAN LEOPOLDO MANDIC DE CASTELNOVO,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria obligatoria para la Familia Franciscana

Nació en Castelnovo (Yugoslavia) en 1866. Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos en 1884 yen 1890 recibió la ordenación sacerdotal. Sintió ardientes ansias por la unión de los cristianos orientales separados de la Iglesia Católica. La mayor parte de su vida la pasó en Padua como fiel ministro del sacramento de la reconciliación, acogiendo y alentando a numerosísimos penitentes de toda clase. Y en Padua expiró en 1942. Pablo VI lo beatificó en 1976 y Juan Pablo II lo canonizó el 16 de octubre de 1983, durante la celebración del Sínodo de obispos sobre la reconciliación.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I. 

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Homilía pronunciada por Pablo VI, papa, en la beatificación de san Leopoldo Mandic
(AAS, 68.1976.319-322)

Siervo bueno y fiel

¿Quién es, quién es aquel que hoy nos reúne aquí para celebrar en su nombre bienaventurado una irradiación del Evangelio de Cristo, un fenómeno inexplicable, a pesar de ser claro y evidente: el fenómeno de una transparencia encantadora, que nos permita vislumbrar, en el perfil de un humilde hermano, una figura luminosa y al mismo tiempo casi desconcertante? Mira, mira, ¡es san Francisco! ¿Lo ves? ¡Mira cómo es pobre, mira cómo es simple, mira cómo es hermano! Es justamente él, san Francisco, tan humilde, tan sereno, tan absorto que aparece casi extático en su personal visión interior de la invisible presencia de Dios, y, sin embargo, para nosotros, tan presente, tan accesible, tan disponible que parece casi conocemos, esperarnos, saber nuestras cosas y leer dentro de nosotros.

Mira bien: es un pobre, pequeño capuchino; parece que sufre y vacila, pero está tan extrañamente seguro que nos sentimos atraídos y encantados por él. Mira bien con la lente franciscana. ¿Lo ves? ¿Tiemblas? ¿A quién has visto? Sí, digámoslo; es una débil, popular, pero auténtica imagen de Jesús; sí, de aquel Jesús que hablaba al mismo tiempo al Dios inefable, al Padre, Señor del cielo y de la tierra, y nos habla a nosotros, minúsculos oyentes, encerrados en las proporciones de la verdad, es decir, de nuestra pequeña y dolorida humanidad … Y, ¿qué dice Jesús en este su pobrecito oráculo? ¡Oh! Grandes misterios, los de la infinita trascendencia divina, que nos deja encantados, y que inmediatamente asume un lenguaje conmovedor y atrayente, y que evoca el Evangelio: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.

Pero entonces, ¿quién es? Es el padre Leopoldo; sí, el siervo de Dios, padre Leopoldo de Castelnovo, que, antes de hacerse fraile se llamaba Adeodato Mandic; un dálmata, como san Jerónimo, que debía tener, ciertamente, en el temperamento y en la memoria, la dulzura de la encantadora tierra adriática. y en el corazón y en la educación doméstica, la bondad, honesta y piadosa, de la valiente población véneto-balcánica.

Nació el doce de mayo de mil ochocientos sesenta y seis, y murió en Padua, donde se hizo capuchino y donde vivió la mayor parte de su vida terrena, concluida a los setenta y seis años, el treinta de julio de mil novecientos cuarenta y dos.

La nota peculiar de la heroicidad y de las virtudes carismáticas del beato Leopoldo fue otra, ¿quién no lo sabe? Fue el ministerio de escuchar las confesiones. Es éste, creemos, el título primero que ha merecido a este humilde capuchino la beatificación que en estos momentos estamos celebrando. Se santificó principalmente en el ejercicio del sacramento de la reconciliación. Por fortuna, se han escrito y divulgado copiosos y espléndidos testimonios sobre este aspecto de la santidad del nuevo beato.

A nosotros no nos corresponde sino admirar y dar las gracias al Señor que ofrece hoy a la Iglesia una figura tan singular de ministro de la gracia sacramental de la penitencia; que, por una parte, invita de nuevo a los sacerdotes a un ministerio de tan capital importancia, de pedagogía tan actual, de tan incomparable espiritualidad; y que recuerda a los fieles, ya sean fervorosos, o tibios, o indiferentes, qué providencial e inefable servicio para ellos es todavía hoy, o mejor dicho, hoy más que nunca, la confesión individual y auricular, fuente de gracia y de paz, escuela de vida cristiana, consuelo incomparable en la peregrinación terrena hacia la eterna felicidad.

RESPONSORIO                                                                                                                      Ef 2,5.4.7
R. Estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo, * Por el gran amor con que nos amó. (T.P. Aleluya.)
V. Para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia * Por el gran amor. (T.P. Aleluya.)
La oración como en Laudes.

 Laudes

HIMNO

Ese que infunde perdón
con el mirar de sus ojos
es un hermano querido,
y se llama Leopoldo.

Es sacerdote de Cristo;
lleva una estola en los hombros,
alza la mano derecha
y dice con manso rostro:

En nombre del Redentor,
hermano, yo le perdono;
ensancha tu corazón,
confia y vete dichoso.

Ver la Iglesia dividida
fue martirio doloroso;
por la unidad del Oriente
hizo la ofrenda de todo.

Si por nosotros pidieras
al que es misericordioso
entrañas de compasión,
compasivo Leopoldo…

Si tú, victima callada,
suplicaras por nosotros
dar en silencio la vida,
vivir alegres los votos…

¡Gracias, oh Padre del cielo,
porque levantas del polvo
al pequeño de este mundo,
y lo invitas a tu gozo! Amén.

Benedictus, ant. Dichoso quien confía en el Señor: su corazón está seguro, sin temor. (T.P. Aleluya.)

Oración

Oh Dios, caridad verdadera y suma unidad, que has adornado al presbítero san Leopoldo con la virtud de una insigne misericordia para con los pecadores y lo has colmado de celo por la unidad de los cristianos, concédenos por su intercesión que también nosotros, con el corazón y el espíritu renovados, extendamos a todos tu caridad y busquemos llenos de confianza la unidad de los creyentes. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

 

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;

y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza

al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,

con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

 

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,

desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,

pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,

pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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