Liturgia de las horas: 13 de mayo, San Pedro Regalado, presbítero, I Orden

San Pedro Regalado

13 de mayo
SAN PEDRO REGALADO,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria libre para la Familia Franciscana
Memoria obligatoria para OFM de España

Nació en Valladolid en 1390. A los 14 años ingresó en la Orden Franciscana. Fue destinado al eremitorio de La Aguilera (Burgos) recién fundada por Pedro de Villacreces, quien había comenzado en Castilla la Reforma de la Orden con la intención de volver al estilo sencillo de vida de san Francisco y sus primeros hermanos. En 1412 es ordenado sacerdote y celebra su primera misa en la primitiva ermita de La Aguilera. Fue un entusiasta promotor del retomo a la observancia primitiva de la Regla de san Francisco. Se entregó apasionadamente a vivir el Evangelio y a compartir las necesidades y anhelos de la gente sencilla de los pueblos. Se desvivió por los enfermos, en especial por los leprosos. Murió en La Aguilera (Burgos) en 1456. Benedicto XIV lo canonizó en 1746.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I. 

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de la oración y meditación, de san Pedro de Alcántara, presbítero
(Tratado II, Aviso 8: Vida y escritos de san Pedro de Alcántara, BAC, Madrid 1996, pp. 334-336)

Algunos avisos para el camino de la oración

El último y principal aviso sea que procuremos en este santo ejercicio juntar en uno la meditación con la contemplación, haciendo de la una escalón para subir a la otra, porque la meditación es considerar con estudio y atención las cosas divinas, discurriendo de unas en otras, para mover nuestro corazón a algún afecto y sentimiento de ellas; más la contemplación es haber hallado ese afecto y sentimiento que se buscaba y estar en reposo y silencio gozando de él, no con muchos discursos y especulaciones del entendimiento, sino con una simple vista de la verdad. Por lo cual, dice un santo doctor que «la meditación discurre con trabajo y con fruto, y la contemplación sin trabajo y con fruto; la una busca, la otra halla; la una rumia el manjar, la otra lo gusta; la una discurre y hace consideraciones, la otra se comenta con una simple vista de las cosas, porque tiene ya el amor y el gusto de ellas; la una es como medio, la otra como fin; la una como camino y movimiento, y la otra como término de este camino y movimiento».

De aquí se infiere una cosa muy común: que así como alcanzado el fin cesan los medios, tomado el puerto cesa la navegación, así cuando el hombre, mediante el trabajo de la meditación, llegare al reposo y gusto de la contemplación, debe entonces cesar de aquella piadosa y trabajosa inquisición, y gozar de aquel afecto que se le da, ora sea de amor, ora de admiración, o de alegría o cosa semejante. Y por esto aconseja un doctor que, así como el hombre se siente inflamar de amor de Dios. debe luego dejar todos estos discursos y pensamientos, por muy altos que parezcan, y no porque sean malos, sino porque entonces son impeditivos de otro bien mayor, que no es otra cosa que dejar la meditación por amor de la contemplación.

Lo cual se puede hacer al fin de todo el ejercicio, que es después de la petición del amor de Dios, pues como dice el sabio, mas vale el fin de la oración que el principio. Pues en este tiempo aquiete la memoria y fíjela en nuestro Señor, considerando que está en su presencia, no especulando por entonces cosas particulares de Dios. Conténtese con el conocimiento que de él tiene por fe y aplique la voluntad y el amor, pues en el está el fruto de toda la meditación. Enciérrese dentro de su alma donde está la imagen de Dios, y allí esté atento a él, como quien escucha al que habla desde una torre alta o como si le tuviese dentro de su corazón, y como si en todo lo creado no hubiese otra cosa sino sola ella y sólo él. Y aun de sí misma y de lo que hace se habría de olvidar, porque como decía uno de aquellos padres, aquella es perfecta oración, donde el que está orando no se acuerda de que está orando.

Y no sólo al fin del ejercicio sino también al medio, y en cualquier otra parte que nos tomare este sueño espiritual, debemos hacer esta pausa y gozar de este beneficio, y volver a nuestro trabajo acabado de digerir y gustar aquel bocado. Mas lo que entonces el ánima siente, lo que goza, la luz, y la hartura, y la paz y la caridad que recibe no se puede explicar con palabras, pues aquí está la paz que excede todo sentido y la felicidad que en esta vida se puede alcanzar.

Algunos hay tan tomados del amor de Dios, que, apenas han comenzado a pensar en él, cuando luego la memoria de su dulce nombre les derrite las entrañas; y otros que no sólo en el ejercicio de la oración sino fuera de él andan tan absortos y tan empapados, que de todas las cosas y de sí mismos se olvidan por él. Pues cuando esto el ánima sintiere, o en cualquier parte de la oración que lo sienta, de ninguna manera lo debe desechar, porque así como dice san Agustín que se ha de dejar la oración vocal cuando alguna vez fuese impedimento de la devoción, así también se debe dejar la meditación cuando fuese impedimento de la contemplación.

RESPONSORIO                                                                                                     Sant 2, 5; Mt 19, 21
R. Dios eligió a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del reino. * Que prometió a los que le aman. (T.P. Aleluya.)
V. Si quieres ser perfecto, vende rus bienes, da el dinero a los pobres, que Dios será tu riqueza. * Que prometió. (T.P. Aleluya.)

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

San Pedro Regalado, don de Dios,
don a Dios entregado por entero,
no quisiste otros dueños de tu vida,
hecho oración y amor en alma y cuerpo.

Formado por aquel que revivía
de Francisco el espíritu primero,
mantuviste la llama de su antorcha,
defendiste su herencia con denuedo.

Cruzaste los caminos de Castilla
a pie o llevado de ángeles en vuelo,
enseñando, exhortando a seguir fieles
en el vivir sin glosa el Evangelio.

Penitente, abrazado a la pobreza,
predicador ardiente y limosnero,
a los pobres y enfermos repartías
la limosna del pan y del consuelo.

De tu amor, en tus manos y en tu tumba
brotaban como rosas los portentos,
proclamando tu vida plena en Dios;
dado a la tierra estabas, mas no muerto.

Oh Santa Trinidad, a quien dio gloria
Pedro, en la cruz muriendo y renaciendo,
por sus ruegos, levántanos del mal,
llévanos, tras sus pasos, a tu encuentro. Amén

Benedictus, ant. Derramó torrentes de gracia sobre el pueblo de Dios, alcanzó la meta de la perfección y el Señor lo vistió de gloria. (T.P. Aleluya.)

Oración

Dios misericordioso, que concediste a tu siervo san Pedro Regalado los dones de la penitencia y la contemplación, concédenos, por su intercesión, el gozo de servirte en los pobres y contemplarte eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

HIMNO

Pedro de La Aguilera y de El Abrojo,
alma profunda, castellano recio,
conquistado en el alba de tu vida
por Jesús y el imán del Poverello.

No mediste renuncias de la carne,
alimentaste el corazón con cielo,
todo era poco por vivir en Cristo,
todo era de tu amor signo y destello.

Enclaustrado, tuviste el corazón
a todo mal y pena siempre abierto;
todo de Dios, de los bermanos todo,
el servicio te fue peso ligero.

Pueblo, nobles y reyes requerían
de tu boca la luz, paz y consejo;
a Cristo en cruz, que pródigo llorabas,
aliviabas en pobres y en enfermos.

Sembrador de Evangelio, orante y pobre,
siervo fiel, perseguido por tu celo,
el camino y la entrega de Francisco
hasta morir seguiste con empeño.

Pedro santo, que en Dios viviste y vives,
llévanos a Dios Trino con tus ruegos,
avÍvanos la fe, mantennos finnes
en la senda de Cristo y de su reino. Amén

Magníficat, ant. Caminó guiado por el espíritu mientras vivía en la carne, y, superando los deseos terrenos, su mente y su corazón se mantuvieron siempre fijos en Dios. (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

 

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

 

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas

esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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