30 de mayo, san Fernando, rey, III Orden

san Fernando, rey, terciario franciscano

30 de mayo
SAN FERNANDO, REY,
III ORDEN
Memoria libre para la Familia Franciscana
Memoria libre en el Calendario universal de la Iglesia

Fernando III el Santo nació el año 1198 en el reino leonés, probablemente cerca de Valparaíso (Zamora). Hijo de Alfonso IX de León y de Berenguela, reina de Castilla, unió definitivamente las coronas de ambos reinos. En él encontramos unidas las más difíciles virtudes: el valor con la piedad, la prudencia con la audacia, la misericordia con la firmeza: temía cometer la más pequeña injusticia y ofender al más insignificante de sus súbditos. La Tercera Orden de san Francisco, siempre lo ha tenido como a uno de sus mas preclaros hijos. Hizo como norma de su vida lo que él dejó como testamento a su hijo Alfonso X: «Teme a Dios y tenlo siempre testigo de todas tus acciones públicas y privadas, familiares y políticas». Trabajó en pro de la fe cristiana con sus campañas. Fue además gran promotor de las ciencias y de las artes. Aceptó la muerte como valiente soldado que va al encuentro de su señor. Murió en Sevilla, en cuya catedral reposan sus restos, el 30 de mayo de 1252. Fue elevado a la gloria de los altares en 1671 por el papa Clemente X. Es patrono de varias instituciones españolas, y los cautivos, desvalidos y gobernantes le invocan como su especial protector.
Del Común de santos varones.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Elogio de san Fernando

El poder temporal al servicio de Cristo y de la Iglesia

Fernando III, además de conquistador victorioso, fue gobernante modelo. Fomentó la restauración religiosa de España, en estrecha unión con el papa y con la jerarquía eclesiástica española. Con celo incansable promovió la organización de las sedes de Baeza-Jaén, Córdoba, Sevilla, Badajoz y Mérida. El aspecto más conocido y sobresaliente de su reinado es la Reconquista, que quedó virtualmente terminada en su tiempo. Protector de las ciencias y de las artes, la Universidad de Salamanca le debe el comienzo de su florecimiento, y las catedrales de Burgos y Toledo lo proclaman mecenas de los artistas cristianos.

En medio de las glorias del mundo, fue piadoso, generoso con los vencidos, humilde hasta penitenciarse en público, mortificado con cilicios, dado a la oración.

A la vida y a la acción de san Fernando podrían aplicarse perfectamente aquellas palabras de san Agustín en su carta a Donato, procónsul de África:

«¡Ojalá no se encontrara la iglesia agitada por tan grandes aflicciones que tenga necesidad de auxilio de poder alguno temporal! Y puesto que eres tú el que socorres a la Madre Iglesia, favoreciendo a sus sincerísimos hijos, ¿quién no verá que hemos recibido del cielo un no pequeño alivio en estas aflicciones, cuando un tal varón como tú, amantísimo del nombre de Cristo, ha ascendido a la dignidad real?»

RESPONSORIO                                                                                               Cf. Job 7, 1; 2Cor 10, 4
R. No empleamos en nuestro combate armas carnales. * En el nombre de Dios somos capaces de arrasar fortalezas. (T.P. Aleluya.)
V. Milicia es la vida del hombre sobre la tierra. * En el nombre.
La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Fernando, santo, honor del suelo hispano,
instrumento de Dios y de su reino,
caballero de Cristo te llamabas,
de María santísima fiel siervo.

Humilde, justo y misericordioso,
la lealtad tenías como cetro;
generoso con reyes y vencidos,
pacifico en tu hogar y en tu gobierno.

Cuidaste que reinase la justicia,
guiada por la ley del Evangelio,
atendías al alto y al humilde,
tu trono estaba abierto para el pueblo.

El celo por tu pueblo y por la fe
dirigió en tus batallas el acero;
armado con ayuno y oración,
luchaste por la Iglesia con denuedo.

Cuando el Señor te daba la victoria,
no te alzabas soberbio y altanero,
la imagen de Jesús y de su Madre
iban al frente del triunfal cortejo.

Te amaban tus soldados, los amabas.
te alababan los nobles y plebeyos,
te ensalzaba la Iglesia, a quien serviste,
por santo te aclamaba el pueblo entero.

Oh Cristo, Rey de reyes, que tuviste
en Fernando el vasallo más sincero
por su virtud gozosos te cantamos
y pedimos nos lleves a tu reino. Amén.

Benedictus, ant. El que obra la verdad se acerca a la luz para que se vea que sus obras están hechas según Dios. (T.P. Aleluya.)

Oración

Oh Dios, que elegiste al rey san Fernando como defensor de tu Iglesia en la tierra, escucha las súplicas de tu pueblo que te pide tenerlo como protector en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Teme a Dios y ponlo siempre como testigo de todas tus empresas. (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!» (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,

desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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