8 de junio, beato Nicolás de Gésturi, religioso, I Orden

Beato Nicolas Gesturi (2)

8 de junio
BEATO NICOLÁS DE GÉSTURI,
RELIGIOSO, I ORDEN
Memoria libre para OFMCap

Nicolás, en el siglo Juan Medda, nació en Gésturi (Cágliari), Italia, en 1882, en el seno de una numerosa familia de honestos trabajadores y excelentes cristianos. Ocupado en los trabajos más humildes del campo, se distinguió por su piedad, buenas costumbres y austeridad de vida. A los 29 años, fue acogido en los Hermanos Menores Capuchinos de Cágliari, recibiendo el nombre de fray Nicolás. Después del noviciado y la profesión le confiaron el servicio de limosnero. Durante 34 años cumplió este oficio con gran incidencia entre la gente, que corría tras él como tras un verdadero hombre de Dios. Murió en Cágliari el 8 de junio de 1958. Fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de octubre de 1999.
Del Común de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Regla no bulada, de san Francisco de Asís
(IR 9,1-16: San Francisco de Asís: Escritos, biografías, documentos de la época. Nueva edición corregida y actualizada, BAC, Madrid 2011, pp. 116-117)

De la mendicación

Empéñense todos los hermanos en seguir la humildad y pobreza de nuestro Señor Jesucristo, y recuerden que ninguna otra cosa hemos de tener en el mundo entero, y, como dice el apóstol, teniendo qué comer y con qué vestirnos, con esto estemos contentos.

Y deben gozarse cuando conviven con gente baja y despreciada, con los pobres y débiles, con los enfermos y leprosos, y con los mendigos que están a la vera del camino.

Y, cuando sea necesario, vayan por limosna. Y no se avergüencen, y recuerden que nuestro Señor Jesucristo, el Hijo del Dios vivo omnipotente, endureció el rostro como pedernal y no se avergonzó; y fue pobre y huésped y vivió de limosna, como también la bienaventurada Virgen y sus discípulos. Y cuando los hombres los avergüencen y no quieran darles limosna, den gracias a Dios por ello, pues por la vergüenza que pasan recibirán un gran honor ante el tribunal de nuestro Señor Jesucristo. Y sepan que la vergüenza no se imputa a los que la sufren, sino a los que la causan. Y la limosna es la herencia y justicia que se debe a los pobres, adquirida para nosotros por nuestro Señor Jesucristo. Y los hermanos que trabajan para conseguir la limosna tendrán una gran recompensa, y se la hacen ganar y conseguir a los que se la dan; porque todo lo que dejen los hombres en el mundo se perderá, pero, por la caridad y las limosnas que hayan hecho, recibirán el premio del Señor.

Y manifieste confiadamente el uno al otro su necesidad, para que éste le encuentre lo necesario y se lo proporcione. Y cada uno ame y nutra a su hermano, como la madre ama y nutre a su hijo, en aquello para lo que Dios le dé la gracia. Y el que no come, no juzgue al que come. Y, en caso de necesidad, les está permitido a todos los hermanos, dondequiera que estén, servirse de todos los alimentos que pueden comer los hombres, como dice el Señor de David, el cual comió los panes de la ofrenda, que no estaba permitido comer sino a los sacerdotes. Y recuerden lo que dice el Señor: Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras, y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes del orbe de la tierra.

También en tiempo de manifiesta necesidad, todos los hermanos hagan lo mismo con las cosas que les son necesarias, según la gracia que el Señor les dé, porque «en la necesidad no hay ley».

 

 

RESPONSORIO                                                                                            Mt 25, 35-40; Jn 13, 35
R. Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis. * En verdad os digo, que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis. (T.P. Aleluya.)
V. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros. * En verdad os digo.
La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Mi porción es el Señor; bueno es el Señor para quien lo busca con pureza de corazón. (T.P. Aleluya.)

Oración

Dios Padre misericordioso, que en el beato Nicolás nos has dado un ejemplo de oración y humildad callada, concédenos, por su intercesión, que podamos llevar a Cristo a los hermanos con la santidad de nuestra vida. Por Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Vosotros, los que habéis dejado todo y me habéis seguido, recibiréis cien veces más y heredaréis la vida eterna. (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!» (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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