Liturgia de las horas: 12 de junio, beata Florida Cevoli, virgen, II Orden

beata Florida Cevoli de Pisa12 de junio
BEATA FLORIDA CEVOLI,
VIRGEN, II ORDEN

Memoria libre para OFMCap y Clarisas Capuchinas

Florida, en el bautismo Lucrecia Elena, nació en Pisa en 1685. En su familia recibió una cuidadosa educación religiosa y cultural. En 1703 ingresó en el monasterio de las Clarisas capuchinas de Città di Castello, donde tuvo como maestra a santa Verónica Giuliani.
En 1727 sucedió a la santa como abadesa, cargo que desempeñó durante 25 años. Murió el 12 de junio de 1767, y fue beatificada por Juan Pablo II el 16 de mayo de 1993.
Del Común de vírgenes.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

 Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del Diario de santa Verónica Giuliani, virgen
(Un tesoro nascosto, ossia Diario di santa Veronica Giuliani, V, Città di Castello, 1987, pp. 84-86)

El tesoro del puro padecer

Quiero expresar un poco, casi nada, la pena que siente el alma cuando le parece haber perdido ese tesoro incomparable que es Dios. Ella, toda ansiosa, querría volver a encontrarlo; está inquieta, no descansa, no halla sosiego; parece que enloquece, y a la verdad enloquece de amor, de un amor no conocido. Y, sin embargo, este amor hace que el alma, en esa coyuntura, saque gran provecho.

Parece que Dios la pone en el crisol y la arroja en el horno, como hace con el oro quien lo quiere purificar. Así, el alma ve cómo poco a poco se van desprendiendo de ella esas tinieblas, ese humo que la tenía como ofuscada y le impedía obrar; ve que tampoco ahora puede obrar, pero, puesta como está en manos del artífice, éste la quiere trabajar y purificar para poder sacar de este oro joyas y gemas como a él le agrada. Ella no ha de hacer otra cosa sino lo que hace el oro en las manos del artífice, esto es, dejarse purificar bien en el horno del amor divino. Pero este horno del cual hablo no es el amor conocido, sino el amor escondido.

Aquí se purifica bien; aquí todo es ganancia y provecho para el alma; aquí me parece que el alma avanza en toda clase de virtudes; aquí va aprendiendo, pero sin palabras. El único modelo de su obrar es el puro padecer. Pero este puro padecer no se puede explicar con palabras; es de tanto valor y es tal su poder, que basta un granito del mismo, porque en un instante hace conocer al alma lo que es Dios y 10 que es ella misma. Parece que este hablar del puro padecer es cosa fácil con sólo oír esa palabra; pero, en realidad, se me hace muy difícil; nadie puede penetrar en ella ni entender el tesoro encerrado en ella.

Y, sin embargo, una brizna de puro padecer comunica, en un instante, tal fuerza, que casi se harían locuras. No sé si digo la verdad; en mí ha obrado así; y estoy por decir que me parece que es de mayor provecho que cualquier visión o rapto. No sé cómo es esto: si uno está enfermo, cura al instante, si está débil, cobra fuerzas; si está frío, se siente calentar.

Así es: este puro padecer lleva en sí todos los remedios: robustece el alma, alegra el corazón, hace regocijarse al espíritu, tiene a raya la humanidad, ahuyenta los sentidos, hace morir el amor propio, aleja las cosas terrenas, se deja sentir capitán, da clarinadas con su callar, grita con su obrar, pone paz con su silencio, predica con su padecer; pasa desconocido a los hombres, sólo es conocido de Dios. Así me parece a mí; si he dicho algún
despropósito, perdóneme.

Creo haber hablado del puro padecer, y le he dicho también los efectos que ha producido en mí. Ahora le explicaré en qué forma he experimentado ese padecer. No sé si lograré hacerme entender. Me parece que es de esta manera.

De pronto se siente el alma totalmente despojada de todo, sea en el orden espiritual como en el temporal. Dios le hace comprender su anonadamiento y su impotencia; y al mismo tiempo le da luz sobre su valor y sobre el modo de enriquecerse para unirse a su único y sumo Bien. Entre tanto ve cómo se une a Dios, y luego, de pronto, queda sin ningún conocimiento. Ella no se da cuenta si está en el cielo o en la tierra. Se ve desprovista de todo, sin un apoyo para poder levantarse. Es de tal naturaleza esta pena que experimenta, que no me siento con ánimo para describirla. Yo llamo a esto puro padecer, porque aquí no tienen nada que hacer las potencias, las cuales no hay posibilidad de usarlas lo más mínimo; aquí no hay sentimientos, porque parece que todo sucede fuera de nosotros; aquí están de más los sentidos, porque ellos mismos se ven como muertos; no es obra de ellos ni tampoco de ninguna otra criatura. Sólo una simple lucecita alumbra el alma, sola, sola. Por eso se puede llamar puro padecer.

RESPONSORIO                                                                                                                      Sal 22, 4
R. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, * Porque tú, Señor, vas conmigo.
V. Tu vara y tu cayado me sosiegan. * Porque tú, Señor, vas conmigo.
La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Esta es la virgen prudente que, unida a Cristo, resplandece como el sol en el reino celestial.

Oración

Oh Dios, fuente de salvación, que has inflamado con tu amor a la beata Florida, llevándola hasta las cimas de la perfección evangélica por el camino de la renuncia y de la cruz, concédenos experimentar su mismo amor, para progresar en el conocimiento y en la sabiduría del misterio de la cruz. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Ven, esposa de Cristo, recibe la corona eterna que el Señor te tiene preparada.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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