Liturgia de las horas: 26 de junio, beato Andrés Jacinto Longhin, Obispo, I Orden

beato Andres Jacinto Longhin.jpg

26 de junio
BEATO ANDRÉS JACINTO LONGHIN,
OBISPO, I ORDEN
Memoria libre para OFMCap

El beato Andrés Jacinto vino a este mundo en Fiumicello da Campodarsego (Padua), el 22 de noviembre de 1863. Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y durante cinco lustros vivió en el ocultamiento del claustro, entregado a los estudios y a los
servicios pastorales y fraternos, con gran austeridad y siempre fiel al espíritu evangélico y franciscano.

En 1904 fue nombrado obispo de Treviso, cuya diócesis rigió durante treinta y dos años. Se esforzó cuanto pudo en la enseñanza del catecismo; con infatigable entusiasmo anunció la Palabra de Dios; veló por la santificación de los clérigos, sacerdotes, religiosos y laicos. Su espíritu paternal brilló en tiempos en que la Primera Guerra Mundial se extendía por todo el mundo. Afligido por el dolor, que sobrellevó con paciencia, dejó este mundo el 26 de junio de 1936. Fue beatificado por Juan Pablo II el 20 de octubre de 2002.
Del Común de pastores.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

 Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De las Cartas del beato Andrés Jacinto Longhin, obispo
(Escritos inéditos 93/V, p. 83: Arch. Post. Gen. OFMCap)

La santidad está al alcance de todos

Todos debemos intentar alcanzar la santidad de la vida cristiana y religiosa. Engañados por la ignorancia y la pereza, creemos que la santidad no es para nosotros. Pensamos que consiste en tener éxtasis, o que para adquirir la santidad sería necesario poseer el don de arrobamientos, visiones, profecías o milagros; imaginamos que se da en la cruz y que es necesario atormentarse con grandes ayunos, llevar una vida austera, sufrir disciplinas y cilicios… Peligrosa idea. La santidad se da en la simplicidad de las cosas que están al alcance de nuestras manos. A nadie se le manda: azotaos a vosotros mismos, ayunad, arrobaos en éxtasis … ¡no! Nadie nos lo prescribe. Solamente se nos dice: Amad a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas; amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos. En esto se resume toda la perfección de la vida cristiana y la verdadera santidad.

¿Quién es capaz de afirmar que no puede amar a Dios en esta tierra? Conviene que cumplas la voluntad santa de Dios, manifestada en los mandamientos del decálogo, de la Iglesia y de nuestros legítimos superiores.

¿Quién puede decir: No me es posible evitar los pecados veniales deliberados, las transgresiones contra la caridad, la humildad y la obediencia? Santo Tomás responde a una hermana que le preguntaba cómo podría llegar a ser santa: «¡Si quieres!» ¿Has entendido, querida María? Si quieres ser santa, no te faltará ayuda, porque, sostenidos por la gracia de Dios, podemos todo.

RESPONSORIO
R. En la asamblea le da la palabra. * Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
V. Alcanzará gozo y alegría. * Lo llena de espíritu.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Me he hecho todo para todos para ganar a algunos.

Oración

Dios de piedad y misericordia, que concediste al beato Andrés Jacinto, obispo, edificar tu Iglesia por medio del anuncio de la fe cristiana y la caridad pastoral, concédenos, por su intercesión, que demos constante testimonio de tu amor sirviendo a los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Este es el administrador fiel y prudente, a quien el Señor ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración de alimento a sus horas.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre

siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina

hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.


SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas

esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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