8 de julio, santas María Herminia, virgen, y compañeras mártires, III Orden

santas Herminia y compañeras martires de China

8 de julio
SANTAS MARÍA HERMINIA, VIRGEN,
Y COMPAÑERAS, MÁRTIRES, III ORDEN
Memoria obligatoria para la FMM

En la violenta persecución desencadenada por los fanáticos “boxers” en China, en 1900, fueron también martirizadas siete jóvenes religiosas de las Franciscanas Misioneras de María: María Herminia, María Amandina, María Clara, María de santa Natalia, María Adolfina, María de san Justo, María de la Paz, de distintas nacionalidades. Todas ellas estaban destinadas en la misión de Tiyuan-fu (China), donde realizaban una gran labor misionera.
Fueron martirizadas, junto con el obispo franciscano Gregorio Grassi y otros miembros de la Familia Franciscana el 9 de julio de 1900. Ofreciendo su vida por la Iglesia y por la salvación de los hombres, realizaron su holocausto hasta el fin. Fueron beatificadas por Pío XII en 1946 y canonizadas por Juan Pablo II el 1 de octubre del año jubilar 2000.
Del Común de varios mártires o de vírgenes.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Puede tomarse la lectura de las Actas del martirio de Gregorio Grassi y compañeros, en este mismo día, o bien, la siguiente:
De los Sermones de san Agustín, obispo

(Sermón 329,1-2: Obras completas de san Agustín, XXV, BAC, Madrid 1984, pp. 660-663)

Preciosa es la muerte de los mártires

Los hechos tan gloriosos de los santos mártires, flores que la Iglesia esparce por doquier, prueban a nuestros ojos cuán verdadero es lo que hemos cantado: la muerte de sus santos es preciosa a los ojos del Señor; si es preciosa a nuestros ojos, lo es también a los ojos de aquel por cuyo nombre la sufrieron.

Pero el precio de estas muertes es la muerte de uno solo. ¡Cuántas muertes compró muriendo, quien, si no hubiese muerto, no se hubiese multiplicado el grano de trigo! Oísteis las palabras que dijo al acercarse su pasión, es decir, al acercarse nuestra redención: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto.

En la cruz realizó un gran negocio; allí fue desatado el saco que contenía nuestro precio: cuando la lanza de quien lo hirió abrió su costado y brotó de él el precio de todo el orbe.

Fueron comprados los fieles y los mártires; pero la fe de los mártires fue sometida a prueba; su sangre lo atestigua. Devolvieron lo que se había pagado por ellos, y cumplieron lo que dice san Juan: Cristo dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Y también en otro lugar se dice: Te has sentado a una gran mesa; considera atentamente lo que te ponen, porque conviene que tú prepares otra igual. Grandiosa es la mesa en la que los manjares son el mismo Señor de la mesa. Nadie se da a sí mismo como manjar a los invitados, que es lo que hace Cristo el Señor: él es quien invita, él la comida y la bebida. Los mártires reconocieron, pues, qué comían y qué bebían, para devolverle lo mismo.

Mas, ¿cómo iban a devolver si él no les hubiese dado primero con qué pagar? En consecuencia, ¿qué nos recomienda el salmo en el que está escrito lo que hemos cantado: La muerte de sus santos es preciosa a los ojos del Señor? Consideró el hombre cuánto recibió de Dios; examinó detenidamente todos los dones de la gracia del todopoderoso que lo creó; que, perdido, lo buscó; hallado, le otorgó el perdón; luchando con sus solas fuerzas, lo ayudó; hallándolo en peligro, no se retiró; en cuanto vencedor, lo coronó y se dio a sí mismo como premio. Consideró todo esto, exclamó y dijo: ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré el cáliz de la salvación, invocando el nombre del Señor. ¿Qué cáliz es éste? El cáliz de la pasión, amargo y saludable; cáliz que si no lo hubiera bebido primero el médico, el enfermo hubiera temido hasta tocarlo. Ese es el cáliz de que habla. Reconocemos este cáliz en la boca de Cristo al decir: Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz.

Refiriéndose a este cáliz dijeron los mártires: Alzaré el cáliz de la salvación, invocando el nombre del Señor. «¿No temes desfallecer en el camino?» «No», dijo. «¿Por qué?» «Porque invoco el nombre del Señor». ¿Cómo hubieran podido vencer los mártires, de no haber vencido en ellos quien dijo: Tened valor, yo he vencido al mundo. El emperador de los cielos regía su mente y su lengua, y por medio de ellos vencía en la tierra al diablo, a la vez que coronaba en el cielo a los mártires. ¡Oh bienaventurados, que así bebisteis este cáliz! Para ellos se acabaron los dolores y recibieron los honores.

Poned atención, pues, amadísimos; con los ojos no es posible, pero con la mente y el alma pensad y ved que la muerte de sus santos es preciosa a los ojos del Señor.

RESPONSORIO                                                                                                              Cf. Ef 4, 4.5
R. Muchos santos derramaron por el Señor su sangre gloriosa, amaron a Cristo durante su vida, lo imitaron en su muerte. * Por eso merecieron la corona del triunfo.
V. Tenían un solo espíritu y una sola fe. * Por eso.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Oración

Oh Dios, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, concédenos, por intercesión de las santas Herminia y compañeras mártires, que todos los pueblos te reconozcan como Dios verdadero y a Jesucristo como tu enviado para la salvación del mundo. Él, que vive y reina contigo.

Vísperas

Magníficat, ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y, porque le amaron hasta derramar su sangre, reinan con el Señor eternamente..

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.


Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS


Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.


SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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