13 de julio, beatos Manuel Ruiz, presbítero, y compañeros, mártires, I Orden

Martires de Damasco.jpg

13 de julio
BEATOS MANUEL RUIZ, PRESBÍTERO,
Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES, I ORDEN
Memoria libre para la OFM

En la segunda mitad del siglo XIX, un grupo de valerosos Hermanos Menores de la comunidad de Damasco, dieron su vida por Cristo en manos de los musulmanes drusos. Manuel Ruiz era el guardián. Nació en San Martín de las Ollas (Burgos), en 1804. Pronto abrazó la vida franciscana, ordenándose después presbítero. Demostró gran amor a los pobres y una especial predisposición para la oración y el recogimiento. A los 27 años marchó a Tierra Santa, donde, tras el aprendizaje de la lengua árabe, enseguida empezó su apostolado en Jaifa, y principalmente en Damasco, dedicándose con preferencia a la instrucción de los niños, a quienes amaba con predilección. De carácter humilde y jovial, destacó sobre todo por la paciencia, hasta el punto de ser apodado «el padre paciencia». Después de 29 años de misionero, asaltado por los drusos, consumó el sacrificio de su vida
sobre el altar de la iglesia, bajo repetidos golpes de cimitarra, el 10 de julio de 1860.
Con él fueron también martirizados, por confesar la fe en Jesucristo, los Hermanos Menores: Carmelo Bolta, Francisco Pinazo, Engelberto Kolland, Nicanor Ascanio, Nicolás M. Alberca, Pedro Nolasco Soler y Juan Santiago Fernández. Pío XI beatificó a este grupo de «Mártires de Damasco» el 29 de junio de 1926.
Del Común de varios mártires.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, de Benedicto XVI, papa
(Núm.85)

El martirio, testimonio de la victoria contra el mal

La misión primera y fundamental que recibimos de los santos misterios que celebramos es la de dar testimonio con nuestra vida. El asombro por el don que Dios nos ha hecho en Cristo imprime en nuestra vida un dinamismo nuevo, comprometiéndonos a ser testigos de su amor.

Nos convertimos en testigos cuando, por nuestras acciones, palabras y modo de ser, aparece el Otro y se comunica. Se puede decir que el testimonio es el medio con el que la verdad del amor de Dios llega al hombre en la historia, invitándolo a acoger libremente esta novedad radical. En el testimonio Dios, por así decir, se expone al riesgo de la libertad del hombre. Jesús mismo es el testigo fiel y veraz; ha venido para dar testimonio de la verdad.

Con estas reflexiones deseo recordar un concepto muy querido por los primeros cristianos, pero que también nos afecta a nosotros, cristianos de hoy: el testimonio hasta el don de sí mismos, hasta el martirio, ha sido considerado siempre en la historia de la Iglesia como la
cumbre del nuevo culto espiritual: presentad vuestros cuerpos.

Se puede recordar, por ejemplo, el relato del martirio de san Policarpo de Esmirna, discípulo de san Juan: todo el acontecimiento dramático es descrito como una liturgia, más aún, como si el mártir mismo se convirtiera en Eucaristía. Pensemos también en la conciencia eucarística que Ignacio de Antioquía expresa ante su martirio: él se considera «trigo de Dios» y desea llegar a ser en el martirio «pan puro de Cristo».

El cristiano que ofrece su vida en el martirio entra en plena comunión con la Pascua de Jesucristo y así se convierte con él en Eucaristía. Tampoco faltan hoy en la Iglesia mártires en los que se manifiesta de modo supremo el amor de Dios.

Sin embargo, aun cuando no se requiera la prueba del martirio, sabemos que el culto agradable a Dios implica también interiormente esta disponibilidad, y se manifiesta en el testimonio alegre y convencido ante el mundo de una vida cristiana coherente allí donde el Señor nos llama a anunciarlo.

RESPONSORIO                                                                                        Heb 11, 33.34.39; Sab 3, 5
R. Los santos, por medio de la fe, conquistaron reinos, practicaron la justicia, vieron cumplidas promesas, fueron valientes en la guerra. * Todos estos fueron acreditados por su fe.
V. Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí. * Todos estos.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. A vosotros os digo, amigos míos: «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más».

Oración

Atiende, Señor, nuestras súplicas en la fiesta de los santos mártires Manuel y compañeros, para que, del mismo modo que los has vestido de fortaleza en la confesión de tu nombre, nos concedas a nosotros experimentar su poderosa intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. No les tengáis miedo, porque se os ha concedido la gracia no sólo de creer en Cristo sino de padecer por él.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.


Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS


Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.


SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s