21 de julio, san Lorenzo de Brindis, presbítero y doctor de la Iglesia, I Orden

san Lorenzo de Brindisi.jpg

21 de julio
SAN LORENZO DE BRINDIS,
PRESBÍTERO Y DOCTOR DE LA IGLESIA, I ORDEN

Memoria obligatoria para la Familia Franciscana
Fiesta para OFMCap

Lorenzo nació en 1559 en la ciudad italiana de Brindisi. Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Enseñó teología a sus hermanos y desempeñó diversos cargos y oficios. Predicador infatigable y elocuente, recorrió toda Europa. Escribió numerosas obras exponiendo la fe. Se distinguió por su gran amor a la Eucaristía y por su filial devoción a la Virgen. Terminó su carrera en Lisboa, en 1619. Fue canonizado por el papa León XIII en 1881. Juan XXIII le dio el título de «Doctor Apostólico» en 1959. Sus restos reposan en el monasterio de Clarisas de Villafranca del Bierzo (León).
Del Común de pastores o de doctores de la Iglesia o de santos varones: para los religiosos.
Himnos latinos propios en el Apéndice II.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría y de la fortaleza.
El salmo invitatorio como en el Ordinario. 

Oficio de lectura

SALMODIA

Ant. 1. Acepte el Señor todo honor y reverencia; a él la gloria y la acción de gracias.

Salmo 144
I

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.

 El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.

Ant. Acepte el Señor todo honor y reverencia; a él la gloria y la acción de gracias.
Ant. 2. Dios es Altísimo, el bien sumo, todo bien.

II

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;

explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.

Ant. Dios es Altísimo, el bien sumo, todo bien.
Ant. 3. Bendigamos y ensalcemos al Señor que es bendito por los siglos.

III

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.

Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.

Ant. Bendigamos y ensalcemos al Señor que es bendito por los siglos.

V. El Señor lo colmó de espíritu de sabiduría e inteligencia.
R. Y lo enalteció en medio de su pueblo. 

PRIMERA LECTURA
Del libro de la Sabiduría                                                                                                         5, 14–21

Los justos reciben de Dios su recompensa

La esperanza del impío es brizna que arrebata el viento; espuma ligera que arrastra el vendaval, humo que el viento disipa, recuerdo fugaz del huésped de un día.

Los justos, en cambio, viven eternamente, encuentran su recompensa en el Señor, y el Altísimo cuida de ellos. Por eso recibirán de manos del Señor la magnífica corona real y la hermosa diadema, pues con su diestra los protegerá y con su brazo los escudará. Tomará la
armadura de su celo y armará a la creación para vengarse de sus enemigos. Vestirá la coraza de la justicia, se pondrá como yelmo un juicio sincero; tomará por escudo su santidad invencible, afilará como espada su ira inexorable y el universo peleará a su lado contra los necios. Certeras parten ráfagas de rayos; desde las nubes como arco bien tenso, vuelan hacia el blanco.

RESPONSORIO                                                                                                   Sab 7, 7–8; Sant 1, 5
R. Supliqué, y me fue dada la prudencia; * Invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y a tronos.
V. Si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, que da a todos generosamente y sin reproche alguno, y él se la concederá. * Invoqué.

SEGUNDA LECTURA
De los Sermones cuaresmales de san Lorenzo de Brindis, presbítero
(Sermón 2: Opera omnia V, 1, Padova 1938, núms. 48.50.52)

La predicación es una función apostólica

Para llevar una vida espiritual, que nos es común con los ángeles y los espíritus celestes y divinos, ya que ellos y nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, es necesario el pan de la gracia del Espíritu Santo y de la caridad de Dios. Pero la gracia y la caridad son imposibles sin la fe, ya que sin la fe es imposible complacer a Dios. Y esta fe se origina necesariamente de la predicación de la palabra de Dios: La fe nace del mensaje que se escucha, y el mensaje viene a través de la Palabra de Cristo. Por tanto, la predicación de la palabra de Dios es necesaria para la vida espiritual, como la siembra es necesaria para la vida del cuerpo.

Por esto, dice Cristo: Salió el sembrador a sembrar su semilla. Salió el sembrador a pregonar la justicia, y este pregonero, según leemos, fue algunas veces el mismo Dios, como cuando en el desierto dio a todo el pueblo, de viva voz bajada del cielo, la ley de justicia; fue otras veces un ángel del Señor, como cuando en el llamado «lugar de los que lloran» echó en cara al pueblo sus transgresiones de la ley divina, y todos los hijos de Israel, al oír sus palabras, se arrepintieron y lloraron todos a voces; también Moisés predicó a todo el pueblo la ley del Señor, en las campiñas de Moab, como sabemos por el Deuteronomio. Finalmente, vino Cristo, Dios y hombre, a predicar la palabra del Señor, y para ello envió también a los apóstoles, como antes había enviado a los profetas.

Por consiguiente, la predicación es una función apostólica, angélica, cristiana, divina. Así comprendemos la múltiple riqueza que encierra la palabra de Dios, ya que es como el tesoro en que se hallan todos los bienes. De ella proceden la fe, la esperanza, la caridad, todas las virtudes, todos los dones del Espíritu Santo, todas las bienaventuranzas evangélicas, todas las buenas obras, todos los actos meritorios, toda la gloria del paraíso:Acoged con docilidad esa palabra, que ha sido injertada en vosotros y es capaz de salvar vuestras vidas.

La palabra de Dios es luz para el entendimiento, fuego para la voluntad, para que el hombre pueda conocer y amar a Dios; y para el hombre interior, el que vive por la gracia del Espíritu Santo, es pan y agua, pero un pan más dulce que la miel y el panal, un agua mejor que el vino y la leche; es para el alma un tesoro espiritual de méritos, y por esto es comparada al oro y a la piedra preciosa; es como un martillo que doblega la dureza del corazón obstinado en el vicio, y como una espada que da muerte a todo pecado, en nuestra lucha contra la carne, el mundo y el demonio.

RESPONSORIO                                                                                                  Is 40, 9; Lc 9, 59-60
R. Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; * Di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios».
V. Sígueme, vete a anunciar el reino de Dios. * Di a las ciudades.

HIMNO Te Deum.
La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Ha pasado el Señor, en la alborada,
lo ha mirado con ojos complacidos;
de rodillas Lorenzo baña el alma
para el amor dispuesto y el servicio.

Lo ha mirado Jesús. Eucaristía,
como él se vio mirado y protegido;
en el dulce coloquio del altar
Lorenzo exulta, en Cristo trascendido.

Y el que ha comido el Pan de los vivientes
y la Escritura Santa ha comprendido,
se levanta al anuncio y la pelea,
ebrio de Dios, apóstol encendido.

Avanza a pie llevando el Evangelio,
pobre de Cristo en cortes y castillos,
y es su saber fulgor de iluminado
y su poder la paz del crucifijo.

La Madre intercesora lo acompaña,
la que en la cruz estuvo junto al Hijo,
Inmaculada, Asunta, Mediadora,
María Virgen, vida y regocijo.

Excelsa Trinidad, deleite augusto,
Poder, Sabiduría, Amor divino,
te alabamos, oh Dios santificado
en tu Iglesia viviente de testigos. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Madruga por el Señor, su Creador, y reza delante del Altísimo; abre la boca para suplicar, pidiendo perdón de sus pecados.
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Ant. 2. Con embajadas de paz recorrió distintas naciones y manifestó lo acertado de su parecer.
Ant. 3. Muchos alabarán su inteligencia, que no perecerá jamás.

LECTURA BREVE                                                                                                    2Cor 5, 14-19–21
Nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no conocía el pecado, 10 hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.

RESPONSORIO BREVE
R. Los que viven, no vivan ya para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos: * Cristo, Dios nuestro. Los que viven.
V. Él nos reconcilió consigo por medio de Cristo, y nos encargó el ministerio de la reconciliación. * Cristo. Gloria al Padre. Los que viven.

Benedictus, ant. Sirviendo al Señor en santidad y justicia, condujo al pueblo de Dios por el camino de la paz.

PRECES
Hermanos, glorifiquemos a Cristo, Señor nuestro, camino, verdad y vida, que nos impulsa a una vida Santa, siguiendo su ejemplo, y digámosle:
Condúcenos a ti, Señor.

Tú que viniste al mundo no para que te sirvieran, sino para servir,
— haz que sepamos servirte a ti y a nuestros hermanos con humildad.

Tú que viniste a evangelizar a los pobres,
— concédenos predicar el Evangelio a toda criatura.

Tú que reconciliaste al mundo contigo por tu sangre,
— haznos cooperadores de la reconciliación universal.

Tú que por la Iglesia nos anuncias el gozo de tu salvación,
 concédenos, por intercesión de san Lorenzo, extenderla a todos los hombres a través de una vida santa.

Tú que eres el Sol que nace de lo alto, enciende nuestros corazones en tu amor,
para que te deseemos ardientemente y anhelemos vivir íntimamente unidos a ti.

Padre nuestro.

Oración

Oh Dios, que por tu Espíritu llenaste a san Lorenzo de Brindis de los dones de consejo y fortaleza; concédenos, por su intercesión, que nosotros sepamos discernir la verdad, aceptarla y ponerla por obra. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Hora intermedia

Las antífonas y los salmos, de la feria correspondiente. 

Tercia

LECTURA BREVE                                                                                                                   Ez 34, 16
Buscaré la oveja perdida, recogeré a la descarriada, vendaré a las heridas, fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta, la guardaré: la apacentaré con justicia.

V. El Señor es mi pastor.
R. Nada me falta. 

Sexta

LECTURA BREVE                                                                                                                     Is 52, 7
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena  noticia, que pregona la justicia, que dice a Sión: «Tu Dios reina»!

V. Dad gracias al Señor, invocad su nombre.
R. Dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

Nona
LECTURA BREVE                                                                                                          Cf. Ef 1, 8–10

Dios ha derrochado sobre nosotros su sabiduría y prudencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad: el plan que había proyectado realizar por Cristo en la plenitud de los tiempos: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.

V. Pronuncie mi boca la alabanza del Señor.
R. Todo viviente bendiga su santo nombre.

La oración como en Laudes. 

Vísperas

El Himno como en Laudes

SALMODIA
Ant. 1. Soy servidor del evangelio, por la gracia que Dios me dio con su fuerza y su poder.

Salmo 14

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.
El que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Ant. Soy servidor del evangelio, por la gracia que Dios me dio con su fuerza y su poder.
Ant. 2. Con sus obras alegró a la Iglesia de Dios y en sus manos llegó a buen término la salud.

Salmo 121

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
y a están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios».

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Ant. Con sus obras alegró a la  Iglesia de Dios y en sus manos llegó a buen término la salud.
Ant. 3. Dad gracias al Señor, invocad su nombre; dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

                                                                             Cántico                                                    Ap 15, 3b–4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Ant. Dad gracias al Señor, invocad su nombre; dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

LECTURA BREVE                                                                                                          Sant 3, 17–18
La sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera. El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.

RESPONSORIO BREVE
R. En la asamblea * Le da la palabra. En la asamblea.
V. Lo llena de espíritu de sabiduría e inteligencia. * Le da. Gloria al Padre. En la asamblea.

Magníficat, ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, bienaventurado Lorenzo, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

PRECES
Roguemos humildemente a Cristo, Señor nuestro; fuente de vida y de santidad, y digámosle:
Venga a nosotros tu reino, Señor. 

Tú que enviaste a tus discípulos por el mundo a predicar el Evangelio a toda criatura,
 haz que, iluminados por el mismo Evangelio, podamos anunciarlo a todo el mundo.

Tú que con tu venida has traído la salvación al mundo,
— concédenos ser operarios fieles en tu viña.

Tú que has exaltado a san Lorenzo y lo has colmado de tus dones,
— concédenos fortaleza y sabiduría.

Tú que nos quieres colaboradores tuyos en la construcción de un mundo mejor,
— concede a todos los miembros de la Familia Franciscana ser instrumentos de reconciliación y perdón.

Tú que has de venir a juzgar a los vivos y a los muertos,
— recibe a nuestros difuntos entre tus elegidos.

Padre nuestro.

 Oración

Oh Dios, que por tu Espíritu llenaste a san Lorenzo de Brindis de los dones de consejo y fortaleza; concédenos, por su intercesión, que nosotros sepamos discernir la verdad, aceptarla y ponerla por obra. Por nuestro Señor Jesucristo.

APÉNDICE II
Himnos en latín
21 de julio
San Lorenzo de Brindis 

Oficio de lectura

 Legem Dei Lauréntius
cum nuntiáre míttitur
Apostolórum spíritu
terras per omnes dúcitur.

Reges, tyránnos, príncipes,
plebem simúlque nóbiles,
et dívites et páuperes
viam salútis édocet.

Quas prava secta spárserat,
erróris umbras díscutit:
confútat hebráeos, fidem
Christi tuétur ímpiger.

Igníta tamquam spícula,
ex ore yerba prófIuunt:
quae dura quamvis péctora
ad paeniténdum cómmovent.

Ab hoste victor éripit,
quos ille captos détinet:
ruptísque culpae vínculis,
caeli capáces éfficit.

Semper tibi sit gloria,
o ter beáta Trínitas,
nos per preces Lauténtii
adiúnge caeli cívibus. Amen.

Laudes

 Dux et magíster óptime,
nostrúmque, Laurénti, decus,
quem sanctitáte fúlgidum
Doctóris ornat láurea.

Laudes tu as canéntium
inténde laetis vócibus:
tuis adésto frátribus,
qui te patróno géstiunt.

Gentem Minótum Páuperum,
cui praefuísti próvidus,
caeli triúmphans sédibus
nunc adiuvándo próspera.

Fecúnda crescat fíliis
et sanctitátis fructibus:
orans, labórans, praédicans,
Christo fidélis sérviat.

Quae tu dedísti spléndida
exémpla, fac nos súbsequi:
ut post eódem pérpeti
tecum fruámur praémio.

Semper tibi sit glória,
ter beáta Trínitas,
nos per preces Lauréntii
adiúnge caeli cívibus. Amen.

Vísperas

 
Piis canámus méntibus
et vócibus Lauréntium:
in lege Christi strénuum
annuntiánda apóstolum.

Puer, cadúca réspuens,
sacras in aedes ádvolat:
vestémque Francísci índuens,
totum Deo se cónsecrat.

Hinc, Patris haerens gréssibus
virtútis arctam sémitam
percúrrit, atque strénue
in summa scandit cúlmina.

O quot redúndans lácrimis
Christi dolóres cógitat:
abstráctus aut a sénsibus,
offert salútis hóstiam.

Dei paréntem Vírginem
amat, celébrat, praédicat:
per quam supérnis ínvicem
augétur ipse dótibus.

Semper tibi sit glória,
o ter beáta Trínitas,
nos per preces Lauréntii
adiúnge caeli cívibus. Amen.

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