8 de agosto, santo Domingo de Guzmán, presbítero, fundador de la Orden de Predicadores

francisco_y_domingo

8 de agosto
SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, PRESBÍTERO,
FUNDADOR DE LA ORDEN DE PREDICADORES
Fiesta para la Familia Franciscana

Domingo nació en Caleruega (Burgos), probablemente a finales de 1172. Sus padres, Félix, de la familia de los Guzmán, y Juana, de la familia Aza, le aseguraron una educación esmerada. Fue canónigo re­gular de Osma, donde se ejercitó en la predicación. Su encuentro con los cistercienses, encargados de luchar contra la herejía, cambió el rumbo de su vida, al intuir que la pobreza había de ser la señal legitimadora de la evangelización y que no había otro camino de reno­vación en la Iglesia que la vuelta a la pureza genuina del Evangelio.
En este contexto surgió la vocación de dos hombres providencia­les: Domingo de Guzmán y Francisco de Asís. Las crónicas antiguas, tanto dominicas como franciscanas, hablan del encuentro de ambos santos: «Santo Domingo encontrándose con san Francisco exclama: Tú eres mi compañero, tú caminarás conmigo, estemos juntos y todas nuestras empresas se realizarán por la fuerza del todopoderoso».
Domingo fue fundador de la Orden de Predicadores en Tolosa, Francia, en el año 1215, y su primer Maestro General.
Hombre contemplativo y gran predicador, mandó a sus frailes dedicarse intensamente a la oración y el estudio para poder ser útiles a los demás mediante el ministerio de la Palabra. Murió en Bolonia, el 6 de agosto de 1221, y su cuerpo fue enterrado en la Iglesia de san Nicolás de las Viñas, hoy llamada de Santo Domingo. Fue canonizado el día 3 de julio de 1234 por el papa Gregario IX.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos al Señor de los apóstoles, que constituyó a Domingo heraldo del Evangelio.

Oficio de lectura

HIMNO

Un hombre del Evangelio
camina con Jesucristo;
largo silencio en la frente
y fe de contemplativo.

Sin tacha por el mensaje,
sin plata para el camino;
nacido de la Palabra,
siervo y apóstol Domingo.

La brasa de la verdad
tocó sus labios contritos;
y el Verbo que lleva al hombre
junto al Padre lo ha aprendido.

Que brille la ciencia santa
con fuego de amor divino;
sea la contemplación
lluvia que se vuelve río.

Sea la alegre pobreza
mesa de hermanos unidos;
sea la fraternidad
posada de peregrinos.

¡A ti, Cristo, nos llegamos,
oh Cristo, te bendecimos!:
mientras tú seas el Fiel,
tu Iglesia tendrá testigos. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos.

Salmo 41

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan noche y día
mientras todo el día me repiten:
«¿Dónde está tu Dios?»

Recuerdo otros tiempos
y desahogo mi alma conmigo:
cómo entraba en el recinto santo,
cómo avanzaba hacia la casa de Dios
entre cantos de júbilo y alabanza
en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué gimes dentro de mí?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío».

Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo desde el Jordán y el Hermón
y el monte Misar.

Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.

De día el Señor me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza,
la oración al Dios de mi vida.

Diré a Dios: «Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?»

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué gimes dentro de mí?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío».

Ant. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera primogénito de muchos hermanos.
Ant. 2. Dios ha brillado en nuestros corazones, para que nosotros iluminemos dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo Jesús.

Salmo 76

Alzo mi voz a Dios gritando;
alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia busco a Dios;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehusa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

«¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecemos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?»

Y me digo: «¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!»
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras,
y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos;
¿qué Dios es tan grande como nuestro Dios?
Tú, oh Dios, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, oh Dios
te vio el mar y tembló,
los abismos se estremecieron.
Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el estruendo de tu trueno;
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida.
Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas,
mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.

Ant. Dios ha brillado en nuestros corazones, para que nosotros iluminemos dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo Jesús.
Ant. 3. El Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe, para que desbordéis de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.

Salmo 144, 1-9

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey,
bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tu justicia.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.

Ant. El Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe, para que desbordéis de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.

R. Todas las palabras que yo te diga.
V. Escúchalas atentamente y apréndelas de memoria.

PRIMERA LECTURA
De la Primera Carta del apóstol san Pablo a los Corintios                                               2, 1-16

Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado

Hermanos: Cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Tam­bién yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasi­va sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Sabiduría, sí, hablamos entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.

Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conoci­do, pues si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucifi­cado al Señor de la gloria.

Sino que, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman». Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo pro­fundo de Dios. Pues, ¿quién conoce lo íntimo del hom­bre sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Del mismo modo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios.

Pero nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo; es el Espíritu que viene de Dios para que conozcamos los dones que de Dios recibimos.

Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu. Pues el hombre natural no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibir­lo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíri­tu. En cambio, el hombre espiritual lo juzga todo, mien­tras que él no está sujeto al juicio de nadie. «¿Quién ha conocido la mente del Señor para poder instruirlo?». Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo. 

RESPONSORIO                                                                                        2Tim4, 2-5; Rom 10, 15 
R. Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiem­po, argulle, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina. * Tú sé sobrio en todo: soporta los padecimien­tos, cumple tu tarea de evangelizador.
V. Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evan­gelio. * Tú sé sobrio en todo.

SEGUNDA LECTURA
De varios Escritos de la historia de la Orden de Predicadores
(Libellus de principiis OP; Acta canonizationis sancti Dominici: Monumenta OP, Mist. 16, Romae 1935, pp. 30ss., 146-147)

Hablaba con Dios o de Dios

Domingo se distinguía por la pureza de sus costum­bres. El divino fervor que le impulsaba era extraordina­rio. Por eso es evidente que era un vaso de honor y de gracia. Brillaba en él una constante estabilidad de áni­mo, a no ser que se dejara llevar de la misericordia y de la compasión. Y, como la alegría del corazón trasciende al exterior, la bondad y la alegría que reflejaba su rostro manifestaban claramente el sereno equilibrio de que go­zaba en su interior.

En todas partes con sus palabras y sus obras daba claro testimonio de que era un hombre evangélico. De día, nadie era más sencillo y alegre que él en el trato con sus hermanos y compañeros. De noche, nadie más asi­duo en velar y orar. Hablaba poco, a no ser con Dios en la oración, o de Dios, y de esto hablaba a sus hermanos.

Su súplica constante y particular a Dios fue que se dignara darle el verdadero amor, que le impulsara a cui­dar y procurar siempre la salvación de los hombres. Creía que empezaba a ser verdadero miembro de Cristo, si se entregaba totalmente, con todas su fuerzas, a salvar al­mas, como nuestro Señor Jesús, Salvador de todos, que se entregó totalmente por nuestra salvación. Y con este fin fundó la Orden de Predicadores, madurando durante mucho tiempo esta profunda y provechosa resolución.

Con frecuencia exhortaba a los religiosos de dicha Orden a estudiar siempre el Nuevo y el Antiguo Testa­mento. Siempre llevaba consigo el evangelio de Mateo y las epístolas de Pablo, y las estudiaba mucho, de modo que podría decirse que casi se las sabía hasta con el corazón.

Dos o tres veces se le propuso ser obispo y siempre rehusó, pues prefería vivir con sus frailes en pobreza a ocupar un episcopado. Conservó intacta hasta el fin la flor de su virginidad. Deseaba ser azotado y que lo hi­cieran pedazos y morir por la fe de Cristo.

De él afirmó Gregorio IX: «He conocido a un hombre fiel en todo a la vida de un verdadero apóstol. Es induda­ble que también en el cielo estará gozando de la misma gloria que los apóstoles».

RESPONSORIO                                                                                       Eclo 4, 28-29; 2Tim 4, 2 
R. No dejes de hablar cuando sea necesario ni escon­das tu sabiduría. * Pues la sabiduría se revela en la pala­bra, y la educación en el hablar.
V. Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiem­po; argulle, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina. * Pues la sabiduría se revela en la palabra.

HIMNO Te Deum.
La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Era brasa en Domingo la Palabra,
el celo por la gloria del Dios vivo,
con el amor de Cristo, que le apremia,
se ofrece por salvar a los perdidos.

En Domingo renace el Evangelio,
y la vida apostólica en sus hijos,
lleva su voz la fuerza del Espíritu,
que puso en pie a la Iglesia en el principio.

Caminaban por los pueblos y naciones
enseñando la fe, la ley de Cristo,
mostrando la verdad que nos libera,
el amor que nos tiene redimidos.

La Iglesia resplandece como aurora,
luz sobre el monte, huerto florecido,
exulta con los hijos recobrados,
da a la vida la sal del regocijo.

Oh Santa Trinidad, verdad sin sombra,
faro y puerto del hombre peregrino,
danos un corazón que te conozca
y adore la bondad de tus designios. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Mi alma está sedienta de ti, porque tu gracia vale más que la vida.
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Ant. 2. Alababa Domingo a Dios con su palabra, cantando: «Bendito sea el Señor».
Ant. 3. Que los fieles festejen la gloria del Señor con vítores.

LECTURA BREVE                                                                                                               Ef 3, 8-9 
A mí, el más insignificante de los santos, se me ha dado la gracia de anunciar a los gentiles la riqueza insondable de Cristo; e iluminar la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo.

RESPONSORIO BREVE
R. Contad a los pueblos * La gloria del Señor. Contad.
V. Sus maravillas a todas las naciones. * La gloria del Señor. Gloria al Padre. Contad.

Benedictus, ant. ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona justicia, que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!»

PRECES
Alabemos al Señor, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, y digámosle:
Alabado seas, Señor, que nos das la salvación. 

Bendito seas Señor, que diste a la Iglesia tu siervo Domingo como ministro y guía para muchos hermanos,
concédenos que, bajo su dirección, caminemos siempre alegres y confiados en tu misericordia.

Tú que hiciste brillar a santo Domingo por el esplendor de las virtudes, el fervor de la caridad y el celo de la predicación evangélica, 
concédenos caminar tras él en el seguimiento de tu Hijo.

Tú que has hecho a Domingo de Guzmán heraldo del Evangelio, 
haz que, con nuestra palabra y con nuestra vida, te hagamos presente en medio del mundo.

Tú que nos llamas a la perfección por la oración y contemplación, 
haz que, a ejemplo de santo Domingo, hablemo siempre de Dios y con Dios.

Padre nuestro.

Oración

Te pedirnos, Señor y Dios nuestro, que santo Domin­go de Guzmán, insigne predicador de tu Palabra, ayude a tu Iglesia con sus enseñanzas y sus méritos, e interceda con bondad por nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.

Hora intermedia 

Las antífonas y salmos, de la feria correspondiente.

Tercia
LECTURA BREVE                                                                                                          1Cor 2, 4-5 
También yo me presenté a vosotros débil y temblan­do de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
V. Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor.
R. Al que enseñas tu ley.

Sexta
LECTURA BREVE                                                                                                               Is 59, 21
Mi espíritu, que está sobre ti, mis palabras que puse en tu boca, no se apartarán de tu boca, de la boca de tu descendencia, ni de la boca de la progenie de tu descendencia, desde ahora y para siempre.
V. Mira, yo pongo mis palabras en tu boca.
R. Hoy te establezco sobre pueblos y reyes.

Nona
LECTURA BREVE                                                                                                                Mal 2, 6
Transmitía la ley con fidelidad y no se encontraba fallo alguno en sus labios; caminaba conmigo en paz y rectitud, y apartaba del pecado a mucha gente.
V. Haz que camine con lealtad.

R. Enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.

La oración como en Laudes

Vísperas

HIMNO

Domingo de Guzmán, noble de origen,
preferiste otros timbres de nobleza,
ser todo del Señor era tu gloria,
ser para el mundo lámpara evangélica.

Su Palabra sembraste por doquier
para ofrecer a Dios cosecha plena.
Vivir en la verdad, llevarla a todos
dejaste a tu familia como lema.

Luchaste con denuedo, sólo armado
con la fe, la palabra y la pobreza,
para arrancar las almas del error,
volverlas a la gracia de la Iglesia.

Tu oración eran lágrimas pidiendo
para todo el perdido la clemencia.
Tu compasión, la luz de tu semblante
el bálsamo ofrecía a toda pena.

Oh Santa Trinidad, que con tu fuego
el alma de Domingo hiciste hoguera,
danos ir por su luz hasta tu luz
y tu amor encender en nuestra tierra. Amén.

SALMODIA
Ant. l. Te ofreceré un sacrificio de alabanza invocando tu nombre, Señor, Dios mío.

Salmo 115

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos».

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho el cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Ant. Te ofreceré un sacrificio de alabanza invocando tu nombre, Señor, Dios mío.
Ant. 2. El Señor ha estado grande con nosotros porque cambió nuestra suerte.

Salmo 125

Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Recoge, Señor, a nuestros cautivos
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir iba llorando,
llevando la semilla;
al volver vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Ant. El Señor ha estado grande con nosotros porque cambió nuestra suerte.
Ant. 3. Por la sangre de Cristo hemos recibido el perdón de los pecados.

Cántico                                                        Ef 1, 3-10 

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.

Él nos eligió en Cristo,
antes de la fundación del mundo,
para que fuésemos santos
e intachables ante él por el amor.

Él nos ha destinado por medio de Jesucristo,
según el beneplácito de su voluntad,
a ser sus hijos,
para alabanza de la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en el Amado.

En él, por su sangre, tenemos la redención,
el perdón de los pecados,
conforme a la riqueza de la gracia
que, en su sabiduría y prudencia,
ha derrochado sobre nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad:

el plan que había proyectado
realizar por Cristo, en la plenitud de los tiempos:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Ant. Por la sangre de Cristo hemos recibido el perdón de los pecados.

LECTURA BREVE                                                                                                      Flp 1, 3-4.7-8 
Doy gracias a mi Dios cada vez que os recuerdo; siempre que rezo por vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer dia hasta hoy. Esto que siento por vosotros está plenamente justificado: os llevo en el corazón, porque tanto en la prisión como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís mi gracia. Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero en Cristo Jesús.

RESPONSORIO BREVE
R. Bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios, * Y la cumplen. Bienaventurados.
V. Y dan fruto con perseverancia. * Y la cumplen. Gloria al Padre. Bienaventurados.

Magníficat, ant. Oh padre excelso, santo Domingo, míranos siempre con bondad mientras vivamos, y a la hora de la muerte acógenos a tu lado.

PRECES
Celebrando con júbilo la protección de santo Domingo, encomendemos a la bondad de Dios nuestras necesidades y las de todo el mundo, diciendo:
Salva a tu pueblo, Señor. 

Padre bueno, que nos has llamado a servirte siguiendo las huellas de Cristo,
otórganos el mismo amor a la verdad que inflamó a santo Domingo.

Tú que confiaste a santo Domingo y a sus seguidores la misión de enriquecer el mundo con los frutos de la contemplación en la oración y el estudio, 
danos ser perseverantes en la oración, asiduos en el estudio y fervientes en la predicación.

Señor, que ofreces a tus ovejas los pastos de la vida y las fuentes de la verdad, 
multiplica en la Iglesia hombres y mujeres que proclamen con eficacia al mundo de hoy tu amor a los hombres.

Tú que has resucitado en gloria a tu Hijo Unigénito, hecho obediente hasta la muerte de cruz, 
haz que nuestros hermanos y hermanas difuntos contemplen sin fin tu rostro.

Padre nuestro.

Oración

Te pedimos, Señor y Dios nuestro, que santo Domin­go de Guzmán, insigne predicador de tu Palabra, ayude a tu Iglesia con sus enseñanzas y sus méritos, e interceda con bondad por nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!» (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén

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