6 de noviembre, beato Félix Echevarría, presbítero, y compañeros, mártires, I Orden

LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

6 de noviembre
MÁRTIRES FRANCISCANOS DE ESPAÑA
EN EL SIGLO XX
Memoria obligatoria para la Familia Franciscana de España

BEATAS CATALINA CALDÉS
y MIQUELA RULLÁN, VÍRGENES, MÁRTIRES,
III ORDEN
Memoria obligatoria para las Franciscanas Hijas de la Misericordia

Hacía poco más de medio siglo que la Congregación de las Franciscanas Hijas de la Misericordia había sido fundada en Pina (Mallorca), cuando cosechó sus primeros frutos de entrega generosa y santidad en el martirio de dos jóvenes religiosas, Catalina y Miquela, en la persecución religiosa en España en 1936.
Catalina del Cannen Caldés Socias nació en 1899 en un pequeño pueblo de Mallorca. Profesó en el Instituto en 1931 y enseguida se dedicó a la educación de los pequeños, a la atención de los enfermos y al cuidado de los jóvenes en el seminario.
Miquela del Sacramento Rullán Ribot, nació en Petra (Mallorca), en 1903. De niña frecuentó el parvulario de las Franciscanas Hijas de la Misericordia, e hizo su profesión en el Instituto en 1929.
Catalina y Miquela estaban consagradas de lleno a la atención de niños pobres ya los enfermos en el Barrio Coll, en Barcelona., cuando el 20 de julio de 1936 fueron arrestadas, iniciando su penoso calvario hacia el martirio, que tuvo lugar el 23 de julio. Contaban 37 y 33 años respectivamente. Fueron elevadas a los altares por Benedicto XVI en la magna beatificación de 498 mártires de España del siglo XX, que tuvo lugar en Roma el 27 de octubre de 2007.
Del Común de varios mártires o de vírgenes.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Carta encíclica Salvados en la esperanza, de Benedicto XVI, papa
(n. 37)

En medio de esta tempestad echo el ancla hasta el trono de Dios,
esperanza viva de mi corazón

Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito. En este sentido quisiera citar algunas frases de una carta del mártir vietnamita Pablo Le-Bao-Thin, de mediados del siglo XIX, en las que resalta esta transformación del sufrimiento mediante la fuerza de la esperanza que proviene de la fe.

«Yo, Pablo, encarcelado por el nombre de Cristo. Os quiero explicar las tribulaciones en que me veo sumergido cada día, para que, enfervorizados en el amor de Dios alabéis conmigo al Señor, porque es eterna su misericordia. Esta cárcel es un verdadero infierno: a los crueles suplicios de toda clase, como son los grillos, cadenas de hierro y ataduras, hay que añadir el odio, las venganzas, las calumnias, palabras indecentes, peleas, actos perversos, juramentos injustos, maldiciones y, finalmente, angustias y tristeza. Pero Dios, que en otro tiempo libró a los tres jóvenes del horno de fuego, está siempre conmigo y me libra de las tribulaciones y las convierte en dulzura, porque es eterna su misericordia.

En medio de estos tormentos que aterrorizan a cualquiera, por la gracia de Dios estoy lleno de gozo y alegría, porque no estoy solo, sino que Cristo está conmigo. ¿Cómo resistir este espectáculo, viendo cada día cómo los emperadores, los mandarines y sus cortesanos blasfeman tu santo nombre, Señor, que te sientas sobre los querubines y serafines? ¡Mira, tu cruz es pisoteada por los paganos! ¿Dónde está tu gloria? Al ver todo esto, prefiero, encendido en tu amor, morir descuartizado, en testimonio de tu amor. Muestra, Señor, tu poder, sálvame y dame tu apoyo, para que tu fuerza se manifieste en la debilidad y sea glorificada ante los gentiles. Queridos hermanos, al escuchar todo esto llenos de alegría, tenéis que dar gracias incesantes a Dios, de quien procede todo bien, bendecid conmigo al Señor, porque es eterna su misericordia. Os escribo todo esto para que se unan vuestra fe y la mía. En medio de esta tempestad, echo el ancla hasta el trono de Dios, esperanza viva de mi corazón».

Esta es una carta «desde el infierno», pero en ella se hace realidad la exclamación del salmo: Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro; si digo: que al menos la tiniebla me encubra; ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día.

Cristo ha descendido al «infierno» y así está cerca de quien ha sido arrojado allí, transformando por medio de él las tinieblas en luz. El sufrimiento y los tormentos son terribles y casi insoportables. Sin embargo, ha surgido la estrella de la esperanza, el ancla del corazón llega hasta el trono de Dios. No se desata el mal en el hombre, sino que vence la luz: el sufrimiento, sin dejar de ser sufrimiento, se convierte, a pesar de todo, en canto de alabanza.

RESPONSORIO
R. Cuantos fuimos bautizados en Cristo fuimos bautizados en su muerte. * Si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya.
V. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte. * Si hemos sido incorporados.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Dichosas vírgenes, que, negándose a sí mismas y cargando con la cruz, imitaron al Señor, esposo de las vírgenes y rey de los mártires.

Oración

Padre de la misericordia, que has concedido a las beatas Catalina y Miquela la corona de la virginidad y la gloria del martirio, concédenos por su intercesión, perseverar en la verdadera caridad y conocer el poder de la resurrección de Cristo. Él, que vive y reina contigo.

Vísperas

Magníficat, ant. En una sola víctima celebramos un doble triunfo: la gloria de la virginidad y la victoria sobre la muerte; permanecieron vírgenes y obtuvieron la palma del martirio.

La oración como en Laudes.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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