6 de noviembre, beato Félix Echevarría, presbítero, y compañeros, mártires, I Orden

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LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

6 de noviembre
MÁRTIRES FRANCISCANOS DE ESPAÑA
EN EL SIGLO XX
Memoria obligatoria para la Familia Franciscana de España

BEATOS FÉLIX ECHEVARRÍA, PRESBÍTERO,
Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES, I ORDEN
Memoria obligatoria para la Familia Franciscana (Granada)

La Familia Franciscana (Granada) celebra el martirio de los siete hermanos franciscanos de la comunidad de Fuente Obejuna (Córdoba), que entregaron libremente su vida antes que renegar de su fe. Son los siguientes: Félix Echevarría, guardián de la fraternidad, y su hermano Luis Echevarría, Francisco Jesús Carlés, José Maria Azurmendi, Miguel Zarragua, Simón Miguel Rodríguez y el profeso temporal Antonio Sáez de Ibarra.
Apresados a finales de julio de 1936, soportaron con valiente serenidad, durante casi dos meses, toda clase de incomodidades y carencias, en dos cárceles improvisadas de Fuente Obejuna, hasta el 20 de septiembre en que fueron trasladados en un camión a la prisión de Azuaga (Badajoz), donde poco después consumaron su sacrificio.
El primero en entregar su vida fue José Azurmendi, que fue martirizado el día 21 de septiembre. El resto de hermanos, a excepción del guardián, fueron sacados a empellones y fusilados en las tapias del cementerio, tras haberse negado a blasfemar, en la madrugada del día 22. De entre ellos destaca por su valentía Félix Echevarría, guardián del convento, contra el que se ensañaron de un modo especial: fueron mutilando lentamente todo su cuerpo, ante sus reiteradas negativas a renegar de su fe. Murió a la edad de 43 años, después de tres horas de insufrible dolor, como todos los grandes testigos de la fe, confesando a Jesús y perdonando a los verdugos.
Estos siete intrépidos mártires de Cristo fueron elevados a los altares por Benedicto XVI en la magna beatificación de 498 mártires de España del siglo XX, que tuvo lugar en Roma el 27 de octubre de 2007.
Del Común de varios mártires.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De un Sermón del beato Félix Echevarría Gorostiaga, presbítero y mártir
(Sermón sobre el mártir san Pantaleón, en el día 27 de julio de 1931 Escritos de Félix Echevarría, Sermones, Cuaderno I, manuscrito, pp. 2.13.17-21: Archivo de la Provincia Franciscana de Granada)

Estamos prontos a dar la vida por Cristo

Carísimos hermanos míos en el Señor Jesucristo: Es preciso que la virtud se pruebe en la adversidad, como el oro en el crisol de la tribulación; es preciso que el soldado de Cristo, puesto al frente del enemigo acometa con bravura, desafíe los peligros, desprecie el miedo. En una palabra, es preciso el valor y el arrojo. Soldados de Cristo dispuestos por lo mismo a morir y derramar su sangre en su seguimiento y milicia; es preciso pelear como buen soldado de Cristo.

Lo supremo del sacrificio, la prueba más elocuente del amor, es, en frase de Jesucristo, dar la vida por el amado. La sangre es la vida, por lo tanto es la última palabra del amor. El amor da, pero una vez que ha dado sus bienes, sus caricias, sus afanes, su reposo, quiere hacer aún más; y en el fervor de su generosidad, exclama: «daré mi sangre por vosotros».

Después de esto, nada queda. Cuando la sangre ha corrido hasta la última gota, cuando el corazón agotado suspende sus latidos, cuando las sombras de la muerte descienden sobre el que ha aceptado el martirio, entonces con verdad se puede decir de él: «Amó hasta el fin».

He aquí por qué nosotros honramos a los mártires de las nobles causas, sobre todo los que fueron mártires intrépidos por la causa de Cristo. ¡Qué multitud de trofeos ha engalanado a lo largo de la historia del cristianismo el majestuoso solio de la cruz! ¡Cuántos laureles han
orlado las sienes de esa Reina del mundo! ¡Qué de palmas arrojaron a sus pies los ilustres campeones que con la gloriosa lucha vencieron al fuerte armado, sellando con su sangre el testimonio de su fe, y sacrificando su existencia en aras de su ardiente caridad y verdadero amor hacia su Dios!

Antes de terminar, hermanos, he de confesaros mi alegría y mi pena cada vez que celebramos estas fiestas en honor de nuestros mártires.

Mi alegría porque estas fiestas nos recuerdan aquella nación cristiana de otros tiempos, cuando era, para satisfacción nuestra, una tierra en la que el cristianismo práctico, la fe ardiente y la devoción a la Virgen llenaban todos los rincones patrios.

Mi tristeza en estas fiestas, ya que para desgracia nuestra, nuestra patria ha dejado de ser creyente. El viento huracanado de la irreligión, del escepticismo, ha paralizado los bríos y los entusiasmos de nuestra antigua creencia. En cambio, el número de los delitos y crímenes públicos se ha aumentado de modo y forma alarmante. Tended una mirada a nuestra pobre patria en estos mismos días. ¡Qué pena y qué desaliento al pecho y al corazón cristiano! ¡Qué días tan tristes son los nuestros! ¡Qué incertidumbre acerca del porvenir! ¡Nos quieren arrancar la fe, y hasta la vida! ¿Quién, quizá, de nosotros estaría pronto a dar su vida, su sangre por Cristo, si preciso fuera? Pues bien, todos nosotros lo estamos. Aunque ahora Cristo sólo nos pide el sacrificio de nuestra voluntad y corazón.

Jesús quiere discípulos, soldados que no se avergüencen de pertenecer a sus milicias, que no sean esclavos del qué dirán, que tengan el valor y la fortaleza y la disciplina propios de los que militan bajo la enseña de su cruz.

Glorioso mártir san Pantaleón, míranos hoy desde tu refulgente trono, bendícenos, intercede por todos nosotros, favorécenos con tu poderosa intercesión. Ruega por todas las familias cristianas aquí congregadas. Bendice a esta juventud y líbrala de cuantos peligros puedan amenazar su candor, pureza e inocencia. Bendice, sobre todo, a los padres de familia, para que eduquen santamente a sus hijos. Bendice también a los venerables sacerdotes y a los que hoy celebramos tus solemnes cultos. En fin, bendícenos a todos para que todos caminemos por el sendero que nos marcara nuestro celestial maestro, Jesús, hasta que algún día nos veamos juntos con él en compañía de todos los bienaventurados moradores de la gloria eterna. Amén.

RESPONSORIO                                                                                               Cf. Gál 6, 14; Flp 1, 29
R. Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en quien está nuestra salvación, vida y resurrección. * Por él hemos sido salvados y liberados.
V. Dios os ha dado no sólo la gracia de creer en Jesucristo, sino también el de sufrir por él. * Por él hemos.

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Siete antorchas lucientes,
siete rosas cortadas,
siete cantos de gloria,
siete espigas granadas.

Siete cantos de gozo,
siete rayos de sol,
siete fueron llevados
al martirio de amor.

Siete dieron su vida
con la fe y valentía
del que supo donarse
con frescor de agua viva.

Siete todo lo dieron
por seguir al Maestro,
no dudaron en darse,
fue su dicha el encuentro.

Al Dios que es Uno y Trino,
tributen tierra y cielo
la gloria y la alabanza
por los siglos sin término. Amén.

LECTURA BREVE                                                                                                               2Cor 1,3-4
¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios!

RESPONSORIO BREVE
R. Los justos * Viven eternamente. Los justos.
V. Reciben de Dios su recompensa. * Viven eternamente. Gloria al Padre. Los justos.

Benedictus, ant. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Oración

Señor y Padre nuestro, que concediste a los mártires Félix Echevarría y compañeros, la gracia de morir por Cristo, ayúdanos en nuestra debilidad para que, así como ellos no dudaron en entregar su vida por ti, así también nosotros nos mantengamos fuertes en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

HIMNO

Por haberte cantado
sólo cantos de amor,
por haber engendrado
la semilla mejor,
por haber encendido

siete estrellas de luz,
déjame, Jesús mío,
que me abrace a tu cruz.

Porque aún sigue vivo
el martirio consciente,
porque fueron testigos
de la fe más ferviente,
porque nada se opuso
a morir con valor,
déjame que, a su lado,
yo me instruya, Señor.

Porque son siete rosas
que destellan cual sol,
porque rojo bordaron
su vestido mejor,
porque fueron marcados
como siervos de Dios,
déjame que yo viva
siempre en resurrección.

Sea al Padre la gloria,
y a su Hijo, el Señor,
y al Espíritu Santo
la alabanza y honor. Amén.

LECTURA BREVE                                                                                                            1Pe 4, 13-14
Queridos hermanos, estad alegres en la medida que compartís los sufrimientos de Cristo, de modo que, cuando se revele su gloria, gocéis de alegría desbordante. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, bienaventurados vosotros, porque el Espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE
R. Alegraos, justos, * y gozad con el Señor.
V. Aclamadlo los de corazón sincero. * Y gozad con el Señor. Gloria al Padre. Alegraos justos y gozad con el Señor.

Magníficat, ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y, porque le amaron hasta derramar su sangre, reinan con el Señor eternamente.

La oración como en Laudes.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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