20 de noviembre, beatos Pascual Fortuño, presbítero, y compañeros, mártires, I Orden

martires

LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

20 de noviembre
BEATOS PASCUAL FORTUÑO, PRESBÍTERO,
Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES, I ORDEN
Memoria obligatoria para OFM
Memoria libre para la Familia Franciscana

La Familia Franciscana en Valencia celebra con gozo el martirio de sus hermanos Pascual Fortuño, Plácido García, Alfredo Pellicer y Salvador Mollar, que entregaron su vida por confesar la fe en Cristo, en el año 1936, en días y lugares distintos.
Pascual Fortuño nació en Villarreal (Castellón) en 1886, de padres muy cristianos. Después de estudiar humanidades en su ciudad natal, vistió el hábito franciscano en el convento de Santo Espíritu del Monte, donde hizo la profesión en 1906. Ordenado presbítero en 1913, se consagró a la formación de los seminaristas franciscanos. Desde 1931 realizó su labor formativa en Santo Espíritu del Monte, desde donde desplegó también una gran labor pastoral como director espiritual, predicador de la Palabra, director de ejercicios espirituales y ministro del sacramento de la reconciliación. Su vida de oración la nutría en la Eucaristía y en la Palabra, y fue un gran devoto de la Virgen María. Al estallar la guerra civil española enjulio de 1936, se refugió en Villarreal. Detenido y encarcelado, fue martirizado en la madrugada del 8 de septiembre, a los 50 años de edad, afrontando la muerte con valentía cristiana y perdonando a sus propios asesinos, que, impresionados por su martirio, confesaron después: «Si es verdad que hay santos, éste es uno de ellos».
Estos cuatro testigos de la fe fueron beatificados por Juan Pablo II el 11 de marzo del año 2001 junto al grupo de mártires de la Comunidad Valenciana, 233 en total, 50 de los cuales pertenecían a la Familia Franciscana.
Del Común de mártires.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del Decreto super martyrio de los beatos Pascual Fortuño, Plácido García, Alfredo Pellicer y Salvador Mollar
(AAS, 92, 2000, pp. 554-556)

Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos

La esperanza de estar donde poder contemplar abiertamente el rostro de Cristo y sentarse a la mesa de la bienaventurada inmortalidad ilumina el camino de cuantos creen en el Evangelio y, ceñida la cintura y encendidas las lámparas, esperan a que su Señor vuelva glorioso.

La esperanza de los bienes futuros es especialmente viva y fuerte en los mártires que, confiados en la promesa de Cristo: el que persevere hasta el fin, se salvará, no se abaten por las persecuciones y los tormentos, sino que corren hacia la meta, para testimoniar la fidelidad de su amor a Dios y conseguir el premio de la vida eterna.

Así actuaron muchos cristianos durante la cruenta persecución religiosa que ensangrentó España los años 1936-1939. Entre los que inmolaron su vida al Señor deben contarse cuatro religiosos de la Orden de los Hermanos Menores que, recorriendo hasta el fin el camino de la cruz y sostenidos por el Espíritu Santo, siguieron el ejemplo de Berardo, Pedro, Adyuto, Acursio y Otón, los protomártires franciscanos asesinados en Marruecos en 1220.

Los cuatro testigos de la fe, Pascual, Plácido, Alfredo y Salvador, sufrieron el martirio el año 1936, en días y  lugares distintos. Los cuatro se distinguieron por su acendrado amor a la vocación franciscana, por su actitud valiente al afrontar el martirio y por su constancia en la fe. Todos murieron perdonando a sus verdugos.

Pascual desarrolló principalmente su ministerio franciscano en la educación de la juventud y en la dirección espiritual; enamorado de Jesús Eucaristía y de la Santísima Virgen María. Fue asesinado el 7 de septiembre, a los 50 años de edad. Plácido era Lector general de derecho y de moral; se dedicó preferentemente a la formación de los jóvenes candidatos a la Orden; se distinguió por la mesura de ánimo, su amor al estudio, el silencio y la oración. Fue asesinado el 15 de septiembre a los 41 años. Alfredo, estudiante del primer curso de teología, se mostró siempre alegre, humilde y piadoso, dando pruebas de fidelidad a su vocación; fue asesinado el 4 de octubre, cuando contaba 22 años. Salvador, dotado de buen carácter, cultivó la humildad, el espíritu de sacrificio y el servicio a los hermanos; singularmente devoto de la Virgen María; fue asesinado el 26 de octubre, cuando tenía 40 años.

RESPONSORIO                                                                         Cf. Dan 3, 95; Rom 8, 17; Ap 12, 11
R. Los bienaventurados de Dios, al morir por el nombre de Cristo, no temieron los golpes de los verdugos. * Para ser coherederos en la casa del Señor.
V. Entregaron por Dios sus cuerpos al suplicio. * Para ser coherederos.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Por su entrañable misericordia nos ha santificado el Sol que nace de lo alto, y por medio de los mártires ha iluminado a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

Oración

Señor y Padre nuestro, que enriqueciste la vida de tus siervos Pascual, Plácido, Alfredo y Salvador con la gracia del bautismo, y les concediste fidelidad y fortaleza para derramar su sangre por el Evangelio; te pedimos que su ejemplo nos estimule a mantenemos firmes en la fe y en la entrega a los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Los bienaventurados derramaron por el Señor su sangre gloriosa; en su vida amaron a Cristo, lo imitaron en su muerte y así merecieron la corona de la gloria.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Acerca de OFS Avilés

Fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de San Antonio de Avilés (Spain)
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