OFS Avilés: programación actividades febrero 2016

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SILENCIO POR LA PAZ

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Todos los creyentes de las distintas confesiones somos conscientes de que la Paz es un Don de Dios, pero es obra del ser humano.
Acabamos de iniciar el 2.016, es el mejor momento para orar por el Don y ponernos manos a la obra.
Os hago llegar una iniciativa que pretende ser constructora de Paz por si en algún momento te parece interesante participar y difundirla (sólo con ello ya estarías trabajando por la Paz).
A partir del miércoles 27 de enero, todos los últimos miércoles de mes se realizará un SILENCIO POR LA PAZ de 15 minutos en la Plaza de la Escandalera de Oviedo a las 20:00. Es un acto ínterreligioso y abierto a los que no creen. Comienza el 27 de enero a las 20:00 y se repetirá sistemáticamente todos los últimos miércoles de mes.
Silencio Orante en busca del Don.
Silencio que interpela a la sociedad como obra.
¡Vence la Indiferencia y conquista la Paz!
Javier Valbuena, OFS
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El deterioro de la fachada de San Antonio de Padua se debe a la humedad y la contaminación diaria

LA VOZ DE AVILES 26/01/2016
RUTH ARIAS

Alumnos de la Escuela de Arte examinan el estado de la piedra de la iglesia más antigua de Avilés siguiendo un estudio de la Universidad de Oviedo

Hace algo más de ocho siglos que se mantiene en pie la iglesia de San Antonio de Padua, hasta hace muy poco de los Padres Franciscanos, el edificio románico más antiguo de Avilés y una de las joyas del casco histórico de la villa. Sin embargo, su aspecto es muy diferente al que tenía cuando fue construida. No sólo por el hecho de que con el paso de las centurias se fueran anexando las capillas, sino que el color y los relieves de su fachada también han cambiado. La humedad y la contaminación tienen la culpa.

Un equipo del departamento de Geología de la Universidad de Oviedo ha realizado un estudio sobre las piedras de edificación del templo, identificando su procedencia y también el deterioro que han ido sufriendo con el paso de los años. En algunos puntos se ha perdido material y en otros se han ido acumulando suciedad, vegetación e incluso excrementos de animales.

Clavos, grietas y carcoma descubiertos por radiografía

«La fachada se encuentra en muy mal estado, e incluso se ha perdido parte de la ornamentación», señala Alma María Barberena, profesora de Restauración de escultura en materiales pétreos de la Escuela de Arte. Su alumnos se han basado recientemente en ese estudio universitario para efectuar un nuevo análisis de la piedra de la iglesia de La Ferrería para comprobar cómo el clima y la polución dejan sus inexorables huellas en estos materiales.

«El daño más notable a lo largo de toda la fachada es el ennegrecimiento de extensas áreas debido a la existencia de una pátina de suciedad», reza el texto. Esta pátina procede de las décadas de contaminación, sobre todo de las partículas en suspensión. A esto hay que sumar la «colonización biológica», es decir, la presencia de algas en la superficie de la base de la fachada, y de plantas en la parte superior, algo que se debe a «las frecuentes precipitaciones que sufre Asturias, junto a la elevada humedad en el entorno del edificio». Hoy la iglesia de San Antonio de Padua está muy cerca de la ría, pero cuando se levantó estaba a pie de puerto, y nada de esto ha ayudado a su conservación.

Alumnos de la Escuela de Arte analizan el estado de la piedra de la fachada principal de la iglesia de San Antonio de Padua

Alumnos de la Escuela de Arte analizan el estado de la piedra de la fachada principal de la iglesia de San Antonio de Padua

Aunque hay otros dos factores importantes para que su estado actual sea el de un edificio muy deteriorado, según señala el texto. Por una parte está la «falta de mantenimiento», y por otra la propia piedra utilizada para su construcción, fundamentalmente arenisca procedente de La Grandiella, una antigua cantera situada en el entorno del barrio de La Magdalena y que también fue empleada en otros monumentos avilesinos como la iglesia vieja de Sabugo, la de San Nicolás o el palacio de los marqueses de Ferrera. Todos estos edificios presentan en mismo aspecto moteado debido a esta piedra porosa que sufre más que otras la acción del agua y el polvo.

Muchas figuras y relieves se han ido desdibujando por la acción de todos estos elementos, e incluso algunos de los sillares se han desplazado desde su ubicación original, aparecen costras negras en algunas zonas, mientras que otras han sido pulverizadas…

El estado de conservación sobre todo de la fachada principal de la iglesia más antigua de Avilés es muy deficiente pero, sin embargo, esto resulta «de gran utilidad didáctica» para los alumnos, como sostiene Barberena. Aprovechan para aprender sobre los procesos de alteración de la piedra y realizan algunos estudios como los de sales o cartografías alterológicas.

Pero no es el templo de la plaza de Carlos Lobo el único objetivo en estas prácticas de los estudiantes de la especialidad de Restauración de la Escuela Superior de Arte. Los panteones del cementerio de La Carriona también han sido objeto de examen, y allí los alumnos también han podido comprobar como la humedad y la contaminación han provocado importantes daños. En el camposanto avilesino no hay areniscas, sino mármoles, pero ellos tampoco han sido capaces de resistir. Por la acción del agua y de la polución, «en vez de pulidos han ido quedando como granitos».

La suciedad se cristaliza, y la acción de la lluvia consigue que se formen canales, que se pierdan las formas y se suavicen los contornos, «más en unas zonas que en otras». Los daños son especialmente evidentes en las caras que dan al norte y en otras zonas de sombra. A los muertos también les afecta la contaminación y el clima humedo que tiene Avilés.

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Liturgia de las horas: 27 de enero, santa Ángela de Mérici, virgen, III Orden


santa Angela de Merici
27 de enero

SANTA ÁNGELA DE MÉRICI,
VIRGEN, III ORDEN
Memoria libre para TOR
Memoria libre en el calendario universal de la Iglesia

Nació alrededor del año 1470 en Desenzano (Brescia), Italia. Recibió una profunda formación religiosa y dedicó su vida a la piedad, a las santas lecturas y a las obras de misericordia. Sensible a las carencias de la sociedad de su tiempo, su labor se centró en la actuación sobre la familia por medio de la tarea más importante y delicada: la formación cristiana de las mujeres. Mujer inquieta, Ángela peregrinó por toda Italia y llegó también a Tierra Santa.

Fue admitida a la Tercera Orden Franciscana. Émula de Francisco de Asís, también a ella se le unieron pronto algunas mujeres con las cuales fundó en Brescia, en 1535, una sociedad bajo la advocación de santa Úrsula; de ahí, que pasaran a llamarse Ursulinas. Se dedicaron a la formación cristiana de las niñas pobres, y tu vieron muchísimo influjo en la sociedad de su tiempo. Murió el 27 de enero de 1540 y fue canonizada por Pío VII en 1807.
Del Común de vírgenes o de santas mujeres.
Himnos castellanos en el apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del Testamento espiritual de santa Ángela de Mérici, virgen
(Archivos Generales, T.E., 1-5)

Lo dispuso todo con suavidad

Queridísimas madres y hermanas en Cristo Jesús: en primer lugar, poned todo vuestro empeño, con la ayuda de Dios, en concebir el propósito de no aceptar el cuidado y la dirección de los demás, si no es movidas únicamente por el amor de Dios y el celo de las almas.

Sólo si se apoya en esta doble caridad, podrá producir buenos y saludables frutos vuestro cuidado y dirección, ya que, como afirma nuestro Salvador: Un árbol sano no puede dar frutos malos.

El árbol sano, dice, esto es, el corazón bueno y el ánimo encendido en caridad, no puede sino producir obras buenas y santas; por esto decía san Agustín: «Ama y haz lo que quieras»; es decir, con tal de que tengas amor y caridad, haz lo que quieras, que es como si dijera: «La caridad no puede pecar».

Os ruego también que tengáis un conocimiento personal de cada una de vuestras hijas, y que llevéis grabado en vuestros corazones no sólo el nombre de cada una, sino también su peculiar estado y condición. Ello no os será difícil si las amáis de verdad.

Las madres en el orden natural, aunque tuvieran mil hijos, llevarían siempre grabados en el corazón a cada uno de ellos, y jamás se olvidarían de ninguno, porque su amor es sobremanera auténtico. Incluso parece que, cuantos más hijos tienen, más aumenta su amor y el cuidado de cada uno de ellos. Con más motivo, las madres espirituales pueden y deben comportarse de este modo, ya que el amor espiritual es más poderoso que el amor
que procede del parentesco de sangre.

Por lo cual, queridísimas madres, si amáis a estas vuestras hijas con una caridad viva y sincera, por fuerza las llevaréis a todas y a cada una de ellas grabadas en vuestra memoria y en vuestro corazón.

También os ruego que procuréis atraerlas con amor, mesura y caridad, no con soberbia ni aspereza, teniendo con ellas la amabilidad conveniente, según aquellas palabras de nuestro Señor: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, imitando a Dios, del cual leemos: Lo dispuso todo con suavidad. Y también dice Jesús: Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Del mismo modo, vosotras tratadlas siempre a todas con suavidad, evitando principalmente el imponer con violencia vuestra autoridad: Dios, en efecto, nos ha dado a todos la libertad y, por esto, no obliga a nadie, sino que se limita a señalar, llamar, persuadir. Algunas veces, no obstante, será necesario actuar con autoridad y severidad, cuando razonablemente lo exijan las circunstancias y necesidades personales; pero, aun en este caso, lo único que debe movemos es la caridad y el celo de las almas.

RESPONSORIO                                                                                                  Ef 5, 8-9; Mt 5, 14.16
R. Sois luz por el Señor. Vivid como hijos de la luz. * Toda bondad, justicia y verdad son frutos de la luz.
V. Vosotros sois la luz del mundo. Brille vuestra luz ante los hombres. * Toda bondad.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros.

Oración

Oh Dios y Padre nuestro, que no deje de encomendamos a tu misericordia la santa virgen Ángela de Mérici, para que, siguiendo sus ejemplos de caridad y prudencia, sepamos guardar tu doctrina y llevarla a la práctica en la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis. Venid, benditos de mi Padre, heredad
el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría

sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos

a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina

hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!» (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Liturgia de las horas: 20 de enero, beato Juan Bautista Triquerie, presbítero y mártir, I Orden

20 de enero
BEATO JUAN BAUTISTA TRIQUERIE,
PRESBÍTERO Y MÁRTIR, I ORDEN
Memoria libre para la OFMConv

Juan Bautista Triquerie nació en 1737. Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Conventuales ordenándose de presbítero. Se distinguió por su profunda vida de fe y por su servicio y asistencia a las Clarisas y otras religiosas. Forma parte del glorioso y heroico grupo de los diecinueve mártires de Laval durante la Revolución Francesa. Al declararse ésta, Juan Bautista rehusó con firmeza pronunciar el juramento que imponía la ley civil, un juramento contrario a la Iglesia, a la que él quiso permanecer fiel aun a costa de su propia vida. Por ello, fue primero encarcelado y luego condenado a muerte. Fue asesinado el 21 de enero de 1794, junto con otros sacerdotes y algunas religiosas martirizados en las mismas circunstancias. Fueron beatificados por Pío XII el 19 de junio de 1955.
Del Común de uno o varios mártires.
Himnos castellanos en el apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Exhortación apostólica Ecclesia in Europa, de san Juan Pablo II, papa
(Núms.6.13)

El martirio es la encarnación del Evangelio de la esperanza

En la época del autor del Apocalipsis, tiempo de persecución, tribulación y desconcierto para la Iglesia, en la visión se proclama una palabra de esperanza: No temas, soy yo, el Primero y el Último, el que vive: estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Abismo. Estamos ante el Evangelio, la Buena nueva, que es Jesucristo mismo.

Él es el Primero y el Último: en él comienza, tiene sentido, orientación y cumplimiento toda la historia; en él y con él, en su muerte y resurrección, ya se ha dicho todo. Es el que vive: murió, pero ahora vive para siempre. Él es el Cordero que está de pie en medio del trono de Dios: es inmolado, porque ha derramado su sangre por nosotros en el madero de la cruz; está en pie, porque ha vuelto para siempre a la vida y nos ha mostrado la omnipotencia infinita del amor del Padre.

Tiene firme en sus manos las siete estrellas, es decir, la Iglesia de Dios perseguida, en lucha contra el mal y contra el pecado, pero que tiene igualmente derecho a sentirse alegre y victoriosa, porque está en manos de
quien ya ha vencido el mal.

Quiero proponer a todos para que nunca se olvide, el gran signo de esperanza constituido por los numerosos testigos de la fe cristiana que ha habido en el último siglo, tanto en el Este como en el Oeste. Ellos han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución, frecuentemente hasta el testimonio supremo de la sangre.

Estos testigos, especialmente los que han afrontado el martirio, son un signo elocuente y grandioso que se nos pide contemplar e imitar. Ellos muestran la vitalidad de la Iglesia; son para ella y para la humanidad como una luz, porque han hecho resplandecer en las tinieblas la luz de Cristo.

Más radicalmente, demuestran que el martirio es la encarnación suprema del Evangelio de la esperanza. En efecto, los mártires anuncian este Evangelio y lo testimonian con su vida hasta la efusión de su sangre, porque están seguros de no poder vivir sin Cristo y están dispuestos a morir por él, convencidos de que Jesús es el Dios y el Salvador del hombre y que, por tanto, sólo en él encuentra el hombre la plenitud verdadera de la vida. De este modo, según la exhortación del apóstol Pedro, se muestran preparados para dar razón de su esperanza.

Los mártires, además, celebran el «Evangelio de la esperanza», porque el ofrecimiento de su vida es la manifestación más radical y más grande del sacrificio vivo, santo y agradable a Dios que constituye el verdadero culto espiritual, origen, alma y cumbre de toda celebración cristiana.

Ellos, finalmente, sirven al «Evangelio de la esperanza», porque con su martirio expresan en sumo grado el amor y el servicio al hombre, en cuanto demuestran que la obediencia a la ley evangélica genera una vida moral y una convivencia social que honra y promueve la dignidad y la libertad de cada persona.

RESPONSORIO                                                                                            2Tim 4, 7-8; Flp 3, 8.10
R. He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. * Me está reservada la corona de la justicia.
V. Todo lo considero pérdida con tal de ganar a Cristo, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte. * Me está reservada.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. El que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna.

Oración

Señor y Dios Padre, que concediste al beato Juan Bautista, presbítero, la caridad en la vida, la constancia en la fidelidad a tu Iglesia y la gloria del martirio, haz que también nosotros, animados por esta misma caridad, te sigamos con generosidad y perseverancia. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y, porque le amaron hasta derramar su sangre, reinan con el Señor eternamente.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría

sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos

a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina

hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Oración ante el Santísimo, 10 enero 2016

oracion 10 enero 2016

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Liturgia de las horas: 19 de enero, santa Eustoquia Calafato, Virgen, II Orden

santa eustoquia

19 de enero
SANTA EUSTOQUIA CALAFATO,
VIRGEN, II ORDEN
Memoria libre para la II Orden

Nació en Mesina, Italia, el 25 de marzo de 1434. La impronta de su madre, fervorosa cristiana y entusiasta del carisma franciscano, le marcó de por vida para el bien y la entrenó en la oración, las buenas obras y el amor al crucificado. También bebió en las fuentes renovadoras de los grandes reformadores san Bernardino de Siena, san Juan de Capistrano y san Jaime de Las Marcas. Ingresó en las Clarisas de Mesina, recorriendo con gran fidelidad el arduo itinerario del seguimiento de Cristo. Para guiar la comunidad a la genuina observancia de la Regla de santa Clara fundó el nuevo monasterio de Montevergine desde donde guió a las hermanas hacia la perfección de la caridad con prudencia, solicitud y bondad. Murió el 20 de enero de 1485. Fue canonizada por Juan Pablo II el 11 de junio del año 1988.
Himnos castellanos en el apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Tercera Carta de santa Clara, virgen y fundadora, a santa Inés de Praga
(3CtaCl 5-26: Los escritos de Francisco y Clara de Asís: Textos y apuntes de lectura, EFA, Oñati 2001, pp. 346-348)

Nadie podrá privarme de tanto gozo

Realmente puedo alegrarme, y nadie podrá privarme de tanto gozo, porque, teniendo ya lo que anhelé tener bajo el cielo, veo que tú, sostenida por una admirable prerrogativa de la sabiduría que proviene de la boca misma de Dios, triunfas, de modo asombroso e impensable, sobre las astucias del sagaz enemigo, sobre la soberbia que arruina la naturaleza humana y la vanidad que vuelve fatuos los corazones de los hombres; y porque veo también que con la humildad, el vigor de la fe y los brazos de la pobreza abrazas el tesoro incomparable, escondido en el campo del mundo y de los corazones de los hombres, con el que se compra a aquel que hizo todas las cosas de la nada; y, porque, por decirlo con las mismas palabras del apóstol, te considero cooperadora del mismo Dios y sostenedora de los miembros de su Cuerpo inefable que caen.

¿Quién podrá, por consiguiente, decirme que no goce de tantas y tan admirables alegrías? Alégrate, pues, siempre en el Señor también tú, queridísima, y no dejes que te envuelva tiniebla alguna ni amargura, oh señora amadísima en Cristo, alegría de los ángeles y corona de las hermanas; pon tu mente en el espejo de la eternidad, pon tu alma en el esplendor de la gloria, pon tu corazón en la figura de la divina sustancia, y transfórmate toda entera, por la contemplación, en imagen de su divinidad, para que así sientas también tú lo que sienten los amigos al saborear la dulzura escondida que el mismo Dios ha reservado desde el principio para los que le aman. Y dejando a un lado absolutamente todo lo que en este mundo falaz e inestable tiene atrapados a los que ciegamente lo aman, ama con todo tu ser a aquel que totalmente se entregó por tu amor, cuya belleza admiran el sol y la luna, y cuyos premios y su preciado valor y grandeza no tienen fin; ama a aquel -te digo- que es el Hijo del Altísimo, a quien dio a luz la Virgen, que después del parto siguió siendo virgen. Apégate a su dulcísima Madre, que engendró un tal Hijo, al que no podían contener los cielos, y ella, sin embargo, lo acogió en el pequeño claustro de su vientre sagrado, y lo llevó en su seno de doncella.

¿Quién no detestará las asechanzas del enemigo de los hombres, que, por el fasto de unas glorias pasajeras y engañosas, trama reducir a la nada aquello que es mayor que el cielo? Pues está claro que, por la gracia de Dios, la más noble de sus criaturas, el alma del hombre fiel, es mayor que el cielo, porque los cielos, con las demás criaturas, no pueden contener a su Creador, y, sin embargo, el alma fiel sola es su morada y su sed; y esto sólo por la caridad, de la que carecen los impíos, porque, como dice la Verdad: Al que me ama, lo amará mi Padre y lo amaré yo, y vendremos a él y haremos morada en él.

Como la gloriosa Virgen de las vírgenes lo llevó materialmente en su seno, así también tú, siguiendo sus huellas, principalmente las de la humildad y la pobreza, puedes, sin lugar a dudas, llevarlo siempre espiritualmente en tu cuerpo casto y virginal, conteniendo en ti a aquel que te contiene a ti y a todos las cosas, y poseyendo aquello que poseerás más firmemente que todas las posesiones pasajeras de este mundo.

RESPONSORIO                                                                                           Cf. Cant 1, 15; Rom 8,35
R. ¡Qué hermosa eres, virgen de Cristo! * Tú que has merecido recibir la corona del Señor, la corona de la virginidad perpetua. 
V. Nadie podrá quitarte la palma de la virginidad, ni separarte del amor de Cristo. * Tú que has merecido.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Ven, esposa de Cristo, recibe la corona de gloria, preparada para ti, desde la eternidad.

Oración

Padre de bondad, que te complaces en los limpios y sencillos de corazón, te pedimos por intercesión de santa Eustoquia, que siguió a Jesús pobre y crucificado, la gracia de abrazar con amor la cruz de cada día. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría

sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos

a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina

hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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