Liturgia de las horas: 30 de abril, beato Benito de Urbino, presbítero, I Orden

BEATO BENITO DE URBINO

30 de abril
BEATO BENITO DE URBINO,
I ORDEN

Memoria libre para OFMCap

Nació en Urbino en 1560. Licenciado en filosofía y en derecho, entró a los 23 años en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos distinguiéndose por su austeridad de vida, espíritu de oración y pobreza. Se dedicó con fervor y sencillez a la predicación. Murió en Fossombrone el 30 de abril de 1625. Fue beatificado por Pío IX en 1867. Su cuerpo se venera en la iglesia de los Hennanos Menores Capuchinos de Fossombrone.
Del Común de pastores o de santos varones: paro los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

 Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De las primeras Constituciones de los Hermanos Menores Capuchinos
(Cap. IX passim: Primigeniae legislationis textus. Roma 1912)

Predicad a Cristo crucificado

La proclamación de la Palabra de Dios, siguiendo el ejemplo de Cristo, maestro de vida, es una de las más dignas, elevadas y divinas misiones que existen en la Iglesia de Dios, de la que principalmente depende la salvación del mundo. Por eso tal misión no debe concederse a ninguno que no lleve una vida santa y ejemplar, que no sea de claro y maduro juicio, de fuerte y ardiente voluntad; pues la ciencia y la elocuencia sin caridad no edifican,
sino que, por el contrario, muchas veces destruyen.

Se impone también a los predicadores que no prediquen historietas, novelas, poesías, historias u otras cosas vanas, superfluas, curiosas, inútiles o peligrosas; sino que, siguiendo el ejemplo del apóstol Pablo, prediquen a Cristo crucificado, en el cual se encierran los tesoros de la sabiduría y de la ciencia de Dios. Y al desnudo y humilde crucificado no le van las palabras excesivamente elegantes y rebuscadas, sino limpias, puras, sencillas, humildes y populares, y, mejor aún, divinas, inflamadas y llenas de amor, siguiendo el ejemplo de Pablo, doctor de las gentes, el cual no deseaba predicar a los demás cosa alguna, si antes Cristo no la realizaba en él. Lo mismo que Cristo, maestro perfectísimo, nos enseñó, no sólo con la doctrina, sino también con las obras. Y son grandes en el reino de los cielos, [aquellos] que primero ponen por obra lo que luego enseñan y predican a los demás.

Y a fin de que, predicando a otros, no se vean ellos reprobados, dejen de vez en cuando de ir en busca de la gente, y suban con el Salvador al monte de la oración y la contemplación, para que estando bien inflamados, puedan después inflamar también a los demás. Y estén allí arriba tanto tiempo que, llenos de Dios, se vean impulsados a esparcir por el mundo las gracias divinas. Y dejen a un lado todas las cuestiones y opiniones vanas e inútiles, los lánguidos cantos, las sutilezas sólo comprensibles a algunos, y siguiendo el ejemplo del santísimo precursor Juan Bautista, de los santísimos apóstoles y de los santos predicadores, inflamados de amor divino. y siguiendo el ejemplo de nuestro dulcísimo Salvador, prediquen: Convertíos, porque está cerca el reino de Los cielos. Y según la admonición de nuestro seráfico padre en la Regla: anuncien los vicios y las virtudes, la pena y la gloria de Dios y la salvación de las almas, redimidas con la preciosa sangre del cordero inmaculado, Cristo Jesús.

RESPONSORIO                                                                                                           ICor 1,21.23.25
R. Quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para salvar a los que creen. * Nosotros predicamos a Cristo crucificado. Aleluya.
V. Lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. * Nosotros predicamos.

La oración como en Laudes.

 Laudes

Benedictus, ant. Id, evangelizad y bautizad, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Aleluya.

Oración

Padre santo, que has hecho grande al beato Benito por su encendido amor a la cruz y al misterio de la Palabra, concédenos seguir sus ejemplos, viviendo en este mundo con piedad, justicia y sobriedad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, para curar las heridas de los corazones afligidos. Aleluya.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Liturgia de las horas: 4 de abril, san Benito de Palermo, religioso, I Orden

san Benito de Palermo

4 de abril
SAN BENITO DE PALERMO,
RELIGIOSO, I ORDEN

Memoria libre para OFM
Conmemoración en Cuaresma

Nació en 1526 en la provincia de Mesina (Italia). Sus padres eran descendientes de esclavos negros, de ahí el apelativo de «Negro» o «El Moro». Fue ermitaño, primero cerca de su pueblo natal y después en Palermo. En 1562 ingresó en la Orden de los Hermanos Menores en el Convento de Santa María de Jesús de Palermo. No obstante ser un hermano laico, fue guardián y maestro de novicios, cargos que ejercitó con sabiduría, paciencia y caridad. Su fama de santidad se extendió por doquier y a él acudían gentes de todas las clases sociales para pedirle consejo y encomendarse a sus oraciones. Se distinguió por su amor a la sencillez y a la pobreza. Sus últimas palabras fueron: «En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu». Murió el 4 de abril de 1589. Fue canonizado por Pío VII en 1807. Su cuerpo se conserva en el convento de Santa María de Jesús de Palermo.
Del Común de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De La vida perfecta (para religiosas), de san Buenaventura, obispo
(Cap. III, 2-7.9-10: San Buenaventura: Experiencia y teología del misterio, BAC, Madrid 2000, pp. 239-244)

El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza

Dos son las razones que deben mover al religioso, más aún, a cualquier hombre, a amar la pobreza. La primera, el divino ejemplo, que es irreprensible; segunda, la promesa divina, que es inestimable. Lo primero, digo, que a ti, sierva de Cristo, debe llevarte a amar la pobreza, es el amor y el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo. Porque él fue pobre al nacer, pobre durante la vida y pobre muriendo.

Observa qué ejemplo de pobreza te ha dejado, para que con él llegues a ser amiga de la pobreza. Nuestro Señor Jesucristo fue pobre en su nacimiento, hasta no tener cobijo, ni vestido ni alimento; tuvo por casa un establo; por vestido, un mísero pañal; por alimento, la leche virginal. Así el apóstol Pablo, considerando tal pobreza, dice suspirando a los Corintios: Conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre, a fin de que os enriquezcáis con su pobreza. Y san Bernardo dice: «En el cielo había abundancia de todas las cosas, pero no pobreza. Precisamente abundaba y sobreabundaba ésta en la tierra y el hombre ignoraba su valor. El Hijo de Dios se prendó de ella, bajó para elegírsela y, con su estima, hacerla preciosa a nuestros ojos».

Nuestro Señor Jesucristo se nos ofreció igualmente como ejemplo de pobreza al habitar en el mundo. Escucha, virgen dichosa; escuchad todas vosotras que habéis profesado la pobreza, cómo fue pobre el Hijo de Dios, Rey de los ángeles, mientras vivió en este mundo. Fue tan pobre que en ocasiones no pudo tener ni refugio, debiendo dormir muchas veces con sus apóstoles fuera de las ciudades y aldeas. Como afirma el evangelista Marcos: Después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los doce para Betania. Y Mateo dice: Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.

¡Cuán pobre se ha hecho por nosotros el rico Rey de los cielos en el momento de morir! Fue despojado y privado de todo lo que tenía; pues fue despojado de sus vestidos cuando repartieron sus ropas, echándolas a suertes. Fue incluso privado del cuerpo y el alma, cuando, en el atroz sufrimiento de la muerte, su alma fue separada del cuerpo. Fue incluso privado de la gloria divina cuando no le glorificaron como a Dios, y lo trataron como un malhechor.

¿Qué cristiano habrá entonces tan miserable, qué religioso tan desdichado y obstinado, que ame las riquezas y aborrezca la pobreza, viendo y oyendo al Dios de los dioses, Señor del mundo, Rey de los cielos, Unigénito de Dios, que sufrió la privación de tanta pobreza? «Es posible imaginar una locura mayor -dice san Bernardo- que soñar con riquezas un miserable gusano, por el cual el Dios de la majestad y el poder se hizo voluntariamente pobre? Busque riquezas el incrédulo que prescinde de Dios, que las mendigue el judío, aferrado a las promesas terrenas»; pero tú, ¿por qué te afanas por conseguir la riqueza, si has profesado la pobreza y vives entre los pobres de Cristo?

Bien sé, y ojalá así sea, que cuanto más perfectas seáis en imitar la pobreza evangélica, más abundaréis en bienes tanto espirituales como materiales. La pobre Madre de Jesús pobre, María, dice: A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Lo que confirma el santo profeta, diciendo: Los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan a Dios no carecen de nada.

Acuérdate de la pobreza de nuestro Señor Jesucristo pobre, imprime en tu corazón la pobreza de nuestro pobre padre Francisco, recuerda la pobreza de tu madre Clara y, con todo tu empeño y con todo tu anhelo, únete a la pobreza y, abrazando a dama pobreza, no quieras amar bajo el cielo, en nombre del Señor, ninguna otra cosa. Porque tener riquezas y amarlas es infructuoso; amarlas y no tenerlas, peligroso; y muy difícil tenerlas y no amarlas. ¡Oh bendita pobreza, qué dignos de ser amados por Dios y qué seguros en el mundo los que te aman! Porque «quien no tiene nada que amar en el mundo -como dice san Gregorio- no tiene nada que temer».

¡Oh rico para todos, Señor Jesús bueno!, ¿cómo expresar con palabras, concebir en el corazón, escribir con la mano, aquella gloria celestial que prometiste dar a tus pobres? Ellos con su voluntaria pobreza merecen tomar asiento en la gloria del Creador, merecen las obras del poder del Señor, allá en los eternos tabernáculos, en las luminosas mansiones; merecen ser ciudadanos de aquella ciudad creada y fundada por Dios. Tú mismo lo prometiste con tu boca bendita, diciendo: Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Y no es otra cosa, Señor Jesucristo, ese reino de los cielos que tú mismo, que eres Rey de reyes y Señor de señores. Tú mismo te das a ellos en premio, como recompensa y como gozo. Ellos se gozarán, se alegrarán y se saciarán de ti. Porque los desvalidos comerán hasta saciarse; alabarán al Señor los que lo buscan. ¡Viva su corazón por siempre! Amén.

 

RESPONSORIO
R. Te has enriquecido con la gracia divina y con las obras has confirmado tu vocación. * Eres, oh Benito, agradable a Dios con las oraciones y ayunos, lleno de los dones del Espíritu. (T.P. Aleluya.)
V. Has revelado al mundo los tesoros de la pobreza y nos has mostrado la altura sublime de la humildad. * Eres, oh Benito.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Pobre por imitar a Cristo, has obtenido un tesoro incorruptible en el reino de los cielos. (T.P. Aleluya.)

Oración

Dios, amigo de los hombres, que para realizar tu designio de salvación de todos los pueblos escoges hijos en los que resplandecen los prodigios de tu amor, entre los que brilla el bienaventurado Benito, a quien has llamado para servirte con la oración y la penitencia en la santa Iglesia, concede a tu familia manifestar al mundo con las obras tu amor sin límites. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Oh bienaventurada pobreza que nos haces herederos del reino de los cielos, atráenos hacia ti con un corazón pequeño y humilde. (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!» (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Oración franciscana Domingo 14 de febrero 2016

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