Seis años de restauración

ORDEN FRANCISCANA SEGLAR AVILES

ORDEN FRANCISCANA SEGLAR AVILÉS

Profesionales de la Escuela Superior de Arte recupera un anda procesional de la iglesia de San Antonio que data del primer tercio del siglo XX

Seis años después, el anda procesional de los Padres Franciscanos ha vuelto a casa, al menos el primer cuerpo. Alumnos y profesores de la Escuela Superior de Arte han dedicado sus esfuerzos a que la pieza vuelva a lucir como antaño, ya que hasta ahora se encontraba en un pobre estado de conservación. Alma María Barberena, profesora de la asignatura de Restauración del metal, asegura que gran mérito del trabajo es de los estudiantes: «Esta ha sido una obra muy didáctica, cinco generaciones han participado en su puesta a punto».

La pieza, de estilo neogótico, data del primer tercio del siglo XX, y está compuesta por una estructura de madera interior y unas piezas recubiertas con unas chapas de alpaca plateada. «Cuando llegó estaba verde debido a las condiciones de contaminación y de humedad que se dan en Avilés», explica Barberena. La segunda fase de los trabajos, la que corresponde al segundo cuerpo, va por buen camino y la profesora calcula que pueda estar lista en unos dos años.

El primer paso para abordar el problema fue hacer un estudio de la obra, para lo que recurrieron a los servicios científicos de análisis técnicos de la Universidad de Oviedo. «Los soportes estaban deteriorados por el ataque de los insectos, había ensambles rotos, la tela estaba destrozada y tuvimos que reproducir algunas placas que estaban desaparecidas», concreta. Tras los esfuerzos, el anda ya está lista para ensalzar de nuevo a San Antonio.

Publicado en La Voz de Avilés 24/5/2016

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Liturgia de las horas: 19 de mayo, san Teófilo de Corte, presbítero, I Orden

Teofilo de Corte

19 de mayo
SAN TEÓFILO DE CORTE,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria libre para la OFM

Teófilo nació en Corte (Córcega), en 1676, hijo de una familia acomodada. Ingresó en los Hermanos Menores en su ciudad natal, y terminó los estudios de filosofía en Roma y de teología en Nápoles. Fue ordenado sacerdote en 1 700.
Dada su sólida formación, se dedicó con verdadera entrega a la predicación y a la dirección espiritual. Pero su gran apostolado lo desarrolló a través de la creación de Casas de Retiro, a lo que dedicó gran parte de su vida y actividad. Tuvo que superar muchas dificultades por la resistencia de algunos hermanos a la vida en el retiro y el silencio, pero todas las superó con una dulzura y suavidad encomiables, y, sobre todo, con gran paciencia, a pesar de su temperamento fogoso. Lleno de santidad y de virtudes, murió a los 64 años de edad, el 19 de mayo de 1740. Pío XI lo canonizó en 1930.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Bula de canonización de san Teófilo de Corte
(AOFM, L. 1931, pp. 129.135)

Un admirable testimonio de celo apostólico

Al bienaventurado Teófilo le fue confiada la dificilísima tarea de promover una más estrecha y rígida disciplina en los conventos y casas de retiro de su Orden. Y él, inflamado de celo y sostenido por la ayuda de Dios, supo alcanzar la tarea que se le había confiado con ánimo pronto e intrépido, no sin haber tenido que superar increíbles dificultades.

Teófilo conocía bien cuanto era necesario para promover en los hermanos el deseo de la piedad y de la disciplina religiosa, yendo él por delante en las virtudes que inculcaba a los otros. Por eso intentó siempre confirmar la palabra con el ejemplo y vivió con entrega la pobreza, la castidad, la obediencia y todas las demás virtudes.

Amó tanto la pobreza que buscaba siempre en la alimentación y en las condiciones ordinarias de la vida, lo estrictamente necesario, usando vestidos gastados y toscos, pidiendo limosna de puerta en puerta para el sustento de su comunidad. En lo que respecta a la obediencia, siempre fue pronto para poner por obra cuanto le mandaban los superiores. En cuanto a la castidad, por medio de la mortificación del propio cuerpo, conservó siempre la simplicidad de ánimo y la inocencia de costumbres.

Pero principalmente fue en la caridad donde él se distinguió de modo especial, visitando a los enfermos, asistiendo a los moribundos, ayudando a los pobres, consolando a los afligidos, aconsejando a los dudosos, en fin, socorriendo al prójimo según su situación y necesidad.

Así Teófilo fue útil no sólo para sus hermanos, con la palabra y el ejemplo, sino que ofreció una preciosísima ayuda a las poblaciones cristianas a las que era enviado para ejercer su ministerio. Especialmente en la predicación y en el confesionario, se puede decir que no conocía tregua. Por este motivo, muchos obispos de Toscana, maravillados por tanta santidad, se lo disputaban, bien para dar misiones populares, bien para predicar ejercicios
espirituales. Además, Teófilo realizaba todo esto con tanta prontitud y constancia que ni la falta de fuerzas , ni la dureza de los viajes, ni las incomodidades de los hospedajes, ni la inclemencia de las estaciones, le echaban atrás. Recorría incansable los pueblos, las aldeas y los caseríos, y toleraba con un aguante extraordinario los calores estivales, los fríos invernales y cualquier dificultad que le sobreviniese. Por eso, no hay que maravillarse de que, a su paso, la gente se agolpara en torno a él ansiosa de verlo y escucharlo.

Con tantas fatigas es lógico que consiguiera preciosos frutos de gracia. En efecto, por su medio, se superaron muchas enemistades, se extirparon de raíz muchas costumbres pecaminosas, en ocasiones las familias recobraron la paz, se restableció la integridad de costumbres, y se acrecentó la piedad y el celo por la salvación de las almas. Con todo razón, por tanto, le llamaban apóstol los habitantes de Fucecchio y la entera diócesis de san Miniato, donde con mayor frecuencia desarrolló su ministerio. Y por la misma razón lloraron su muerte tanto sus hermanos como el pueblo, pues desaparecía un insigne modelo de santidad.

RESPONSORIO                                                                                        Cf. Lc 6, 47-48; Eclo 33, 1
R. Dichoso el que escucha mis palabras y las pone en práctica. * Es semejante a un hombre que edificó su casa sobre roca. (T.P. Aleluya.)
V. El que teme al Señor no sufrirá desgracias, e incluso en la prueba será liberado. * Es semejante. (T.P. Aleluya.)
La oración como en Laudes.

Laudes

 

Benedictus, ant. Ahí tenéis la palabra de los profetas, a la cual hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y el lucero amanezca en vuestros corazones. (T.P. Aleluya.)

Oración

Oh Dios, que has concedido a san Teófilo imitar la vida de oración de nuestro padre san Francisco, haz que, por su intercesión, podamos servirte siempre con corazón puro y estar arraigados en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Os he dado a conocer el poder y la venida del Señor nuestro Jesucristo. Esta voz la oí que descendía del cielo mientras estaba con él en el monte santo. (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas

esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Peregrinación a Covadonga OFS Asturias 2016

Orden Franciscana Seglar Asturias

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Liturgia de las horas: 13 de mayo, San Pedro Regalado, presbítero, I Orden

San Pedro Regalado

13 de mayo
SAN PEDRO REGALADO,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria libre para la Familia Franciscana
Memoria obligatoria para OFM de España

Nació en Valladolid en 1390. A los 14 años ingresó en la Orden Franciscana. Fue destinado al eremitorio de La Aguilera (Burgos) recién fundada por Pedro de Villacreces, quien había comenzado en Castilla la Reforma de la Orden con la intención de volver al estilo sencillo de vida de san Francisco y sus primeros hermanos. En 1412 es ordenado sacerdote y celebra su primera misa en la primitiva ermita de La Aguilera. Fue un entusiasta promotor del retomo a la observancia primitiva de la Regla de san Francisco. Se entregó apasionadamente a vivir el Evangelio y a compartir las necesidades y anhelos de la gente sencilla de los pueblos. Se desvivió por los enfermos, en especial por los leprosos. Murió en La Aguilera (Burgos) en 1456. Benedicto XIV lo canonizó en 1746.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I. 

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de la oración y meditación, de san Pedro de Alcántara, presbítero
(Tratado II, Aviso 8: Vida y escritos de san Pedro de Alcántara, BAC, Madrid 1996, pp. 334-336)

Algunos avisos para el camino de la oración

El último y principal aviso sea que procuremos en este santo ejercicio juntar en uno la meditación con la contemplación, haciendo de la una escalón para subir a la otra, porque la meditación es considerar con estudio y atención las cosas divinas, discurriendo de unas en otras, para mover nuestro corazón a algún afecto y sentimiento de ellas; más la contemplación es haber hallado ese afecto y sentimiento que se buscaba y estar en reposo y silencio gozando de él, no con muchos discursos y especulaciones del entendimiento, sino con una simple vista de la verdad. Por lo cual, dice un santo doctor que «la meditación discurre con trabajo y con fruto, y la contemplación sin trabajo y con fruto; la una busca, la otra halla; la una rumia el manjar, la otra lo gusta; la una discurre y hace consideraciones, la otra se comenta con una simple vista de las cosas, porque tiene ya el amor y el gusto de ellas; la una es como medio, la otra como fin; la una como camino y movimiento, y la otra como término de este camino y movimiento».

De aquí se infiere una cosa muy común: que así como alcanzado el fin cesan los medios, tomado el puerto cesa la navegación, así cuando el hombre, mediante el trabajo de la meditación, llegare al reposo y gusto de la contemplación, debe entonces cesar de aquella piadosa y trabajosa inquisición, y gozar de aquel afecto que se le da, ora sea de amor, ora de admiración, o de alegría o cosa semejante. Y por esto aconseja un doctor que, así como el hombre se siente inflamar de amor de Dios. debe luego dejar todos estos discursos y pensamientos, por muy altos que parezcan, y no porque sean malos, sino porque entonces son impeditivos de otro bien mayor, que no es otra cosa que dejar la meditación por amor de la contemplación.

Lo cual se puede hacer al fin de todo el ejercicio, que es después de la petición del amor de Dios, pues como dice el sabio, mas vale el fin de la oración que el principio. Pues en este tiempo aquiete la memoria y fíjela en nuestro Señor, considerando que está en su presencia, no especulando por entonces cosas particulares de Dios. Conténtese con el conocimiento que de él tiene por fe y aplique la voluntad y el amor, pues en el está el fruto de toda la meditación. Enciérrese dentro de su alma donde está la imagen de Dios, y allí esté atento a él, como quien escucha al que habla desde una torre alta o como si le tuviese dentro de su corazón, y como si en todo lo creado no hubiese otra cosa sino sola ella y sólo él. Y aun de sí misma y de lo que hace se habría de olvidar, porque como decía uno de aquellos padres, aquella es perfecta oración, donde el que está orando no se acuerda de que está orando.

Y no sólo al fin del ejercicio sino también al medio, y en cualquier otra parte que nos tomare este sueño espiritual, debemos hacer esta pausa y gozar de este beneficio, y volver a nuestro trabajo acabado de digerir y gustar aquel bocado. Mas lo que entonces el ánima siente, lo que goza, la luz, y la hartura, y la paz y la caridad que recibe no se puede explicar con palabras, pues aquí está la paz que excede todo sentido y la felicidad que en esta vida se puede alcanzar.

Algunos hay tan tomados del amor de Dios, que, apenas han comenzado a pensar en él, cuando luego la memoria de su dulce nombre les derrite las entrañas; y otros que no sólo en el ejercicio de la oración sino fuera de él andan tan absortos y tan empapados, que de todas las cosas y de sí mismos se olvidan por él. Pues cuando esto el ánima sintiere, o en cualquier parte de la oración que lo sienta, de ninguna manera lo debe desechar, porque así como dice san Agustín que se ha de dejar la oración vocal cuando alguna vez fuese impedimento de la devoción, así también se debe dejar la meditación cuando fuese impedimento de la contemplación.

RESPONSORIO                                                                                                     Sant 2, 5; Mt 19, 21
R. Dios eligió a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del reino. * Que prometió a los que le aman. (T.P. Aleluya.)
V. Si quieres ser perfecto, vende rus bienes, da el dinero a los pobres, que Dios será tu riqueza. * Que prometió. (T.P. Aleluya.)

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

San Pedro Regalado, don de Dios,
don a Dios entregado por entero,
no quisiste otros dueños de tu vida,
hecho oración y amor en alma y cuerpo.

Formado por aquel que revivía
de Francisco el espíritu primero,
mantuviste la llama de su antorcha,
defendiste su herencia con denuedo.

Cruzaste los caminos de Castilla
a pie o llevado de ángeles en vuelo,
enseñando, exhortando a seguir fieles
en el vivir sin glosa el Evangelio.

Penitente, abrazado a la pobreza,
predicador ardiente y limosnero,
a los pobres y enfermos repartías
la limosna del pan y del consuelo.

De tu amor, en tus manos y en tu tumba
brotaban como rosas los portentos,
proclamando tu vida plena en Dios;
dado a la tierra estabas, mas no muerto.

Oh Santa Trinidad, a quien dio gloria
Pedro, en la cruz muriendo y renaciendo,
por sus ruegos, levántanos del mal,
llévanos, tras sus pasos, a tu encuentro. Amén

Benedictus, ant. Derramó torrentes de gracia sobre el pueblo de Dios, alcanzó la meta de la perfección y el Señor lo vistió de gloria. (T.P. Aleluya.)

Oración

Dios misericordioso, que concediste a tu siervo san Pedro Regalado los dones de la penitencia y la contemplación, concédenos, por su intercesión, el gozo de servirte en los pobres y contemplarte eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

HIMNO

Pedro de La Aguilera y de El Abrojo,
alma profunda, castellano recio,
conquistado en el alba de tu vida
por Jesús y el imán del Poverello.

No mediste renuncias de la carne,
alimentaste el corazón con cielo,
todo era poco por vivir en Cristo,
todo era de tu amor signo y destello.

Enclaustrado, tuviste el corazón
a todo mal y pena siempre abierto;
todo de Dios, de los bermanos todo,
el servicio te fue peso ligero.

Pueblo, nobles y reyes requerían
de tu boca la luz, paz y consejo;
a Cristo en cruz, que pródigo llorabas,
aliviabas en pobres y en enfermos.

Sembrador de Evangelio, orante y pobre,
siervo fiel, perseguido por tu celo,
el camino y la entrega de Francisco
hasta morir seguiste con empeño.

Pedro santo, que en Dios viviste y vives,
llévanos a Dios Trino con tus ruegos,
avÍvanos la fe, mantennos finnes
en la senda de Cristo y de su reino. Amén

Magníficat, ant. Caminó guiado por el espíritu mientras vivía en la carne, y, superando los deseos terrenos, su mente y su corazón se mantuvieron siempre fijos en Dios. (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

 

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

 

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas

esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Actividades OFS AVILÉS mayo 2016

ORDEN FRANCISCANA SEGLAR AVILES

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Liturgia de las horas: 12 de mayo, san Leopoldo Mandic de Castelnovo, presbítero, I Orden

San Leopoldo Mandic de Castelnuovo

12 de mayo
SAN LEOPOLDO MANDIC DE CASTELNOVO,
PRESBÍTERO, I ORDEN

Memoria obligatoria para la Familia Franciscana

Nació en Castelnovo (Yugoslavia) en 1866. Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos en 1884 yen 1890 recibió la ordenación sacerdotal. Sintió ardientes ansias por la unión de los cristianos orientales separados de la Iglesia Católica. La mayor parte de su vida la pasó en Padua como fiel ministro del sacramento de la reconciliación, acogiendo y alentando a numerosísimos penitentes de toda clase. Y en Padua expiró en 1942. Pablo VI lo beatificó en 1976 y Juan Pablo II lo canonizó el 16 de octubre de 1983, durante la celebración del Sínodo de obispos sobre la reconciliación.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I. 

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Homilía pronunciada por Pablo VI, papa, en la beatificación de san Leopoldo Mandic
(AAS, 68.1976.319-322)

Siervo bueno y fiel

¿Quién es, quién es aquel que hoy nos reúne aquí para celebrar en su nombre bienaventurado una irradiación del Evangelio de Cristo, un fenómeno inexplicable, a pesar de ser claro y evidente: el fenómeno de una transparencia encantadora, que nos permita vislumbrar, en el perfil de un humilde hermano, una figura luminosa y al mismo tiempo casi desconcertante? Mira, mira, ¡es san Francisco! ¿Lo ves? ¡Mira cómo es pobre, mira cómo es simple, mira cómo es hermano! Es justamente él, san Francisco, tan humilde, tan sereno, tan absorto que aparece casi extático en su personal visión interior de la invisible presencia de Dios, y, sin embargo, para nosotros, tan presente, tan accesible, tan disponible que parece casi conocemos, esperarnos, saber nuestras cosas y leer dentro de nosotros.

Mira bien: es un pobre, pequeño capuchino; parece que sufre y vacila, pero está tan extrañamente seguro que nos sentimos atraídos y encantados por él. Mira bien con la lente franciscana. ¿Lo ves? ¿Tiemblas? ¿A quién has visto? Sí, digámoslo; es una débil, popular, pero auténtica imagen de Jesús; sí, de aquel Jesús que hablaba al mismo tiempo al Dios inefable, al Padre, Señor del cielo y de la tierra, y nos habla a nosotros, minúsculos oyentes, encerrados en las proporciones de la verdad, es decir, de nuestra pequeña y dolorida humanidad … Y, ¿qué dice Jesús en este su pobrecito oráculo? ¡Oh! Grandes misterios, los de la infinita trascendencia divina, que nos deja encantados, y que inmediatamente asume un lenguaje conmovedor y atrayente, y que evoca el Evangelio: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.

Pero entonces, ¿quién es? Es el padre Leopoldo; sí, el siervo de Dios, padre Leopoldo de Castelnovo, que, antes de hacerse fraile se llamaba Adeodato Mandic; un dálmata, como san Jerónimo, que debía tener, ciertamente, en el temperamento y en la memoria, la dulzura de la encantadora tierra adriática. y en el corazón y en la educación doméstica, la bondad, honesta y piadosa, de la valiente población véneto-balcánica.

Nació el doce de mayo de mil ochocientos sesenta y seis, y murió en Padua, donde se hizo capuchino y donde vivió la mayor parte de su vida terrena, concluida a los setenta y seis años, el treinta de julio de mil novecientos cuarenta y dos.

La nota peculiar de la heroicidad y de las virtudes carismáticas del beato Leopoldo fue otra, ¿quién no lo sabe? Fue el ministerio de escuchar las confesiones. Es éste, creemos, el título primero que ha merecido a este humilde capuchino la beatificación que en estos momentos estamos celebrando. Se santificó principalmente en el ejercicio del sacramento de la reconciliación. Por fortuna, se han escrito y divulgado copiosos y espléndidos testimonios sobre este aspecto de la santidad del nuevo beato.

A nosotros no nos corresponde sino admirar y dar las gracias al Señor que ofrece hoy a la Iglesia una figura tan singular de ministro de la gracia sacramental de la penitencia; que, por una parte, invita de nuevo a los sacerdotes a un ministerio de tan capital importancia, de pedagogía tan actual, de tan incomparable espiritualidad; y que recuerda a los fieles, ya sean fervorosos, o tibios, o indiferentes, qué providencial e inefable servicio para ellos es todavía hoy, o mejor dicho, hoy más que nunca, la confesión individual y auricular, fuente de gracia y de paz, escuela de vida cristiana, consuelo incomparable en la peregrinación terrena hacia la eterna felicidad.

RESPONSORIO                                                                                                                      Ef 2,5.4.7
R. Estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo, * Por el gran amor con que nos amó. (T.P. Aleluya.)
V. Para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia * Por el gran amor. (T.P. Aleluya.)
La oración como en Laudes.

 Laudes

HIMNO

Ese que infunde perdón
con el mirar de sus ojos
es un hermano querido,
y se llama Leopoldo.

Es sacerdote de Cristo;
lleva una estola en los hombros,
alza la mano derecha
y dice con manso rostro:

En nombre del Redentor,
hermano, yo le perdono;
ensancha tu corazón,
confia y vete dichoso.

Ver la Iglesia dividida
fue martirio doloroso;
por la unidad del Oriente
hizo la ofrenda de todo.

Si por nosotros pidieras
al que es misericordioso
entrañas de compasión,
compasivo Leopoldo…

Si tú, victima callada,
suplicaras por nosotros
dar en silencio la vida,
vivir alegres los votos…

¡Gracias, oh Padre del cielo,
porque levantas del polvo
al pequeño de este mundo,
y lo invitas a tu gozo! Amén.

Benedictus, ant. Dichoso quien confía en el Señor: su corazón está seguro, sin temor. (T.P. Aleluya.)

Oración

Oh Dios, caridad verdadera y suma unidad, que has adornado al presbítero san Leopoldo con la virtud de una insigne misericordia para con los pecadores y lo has colmado de celo por la unidad de los cristianos, concédenos por su intercesión que también nosotros, con el corazón y el espíritu renovados, extendamos a todos tu caridad y busquemos llenos de confianza la unidad de los creyentes. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

 

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;

y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza

al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,

con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

 

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,

desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,

pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,

pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Liturgia de las horas: 11 de mayo, san Ignacio de Láconi, religioso, I Orden

san Ignacio de Laconi

11 de mayo
SAN IGNACIO DE LACONI,
RELIGIOSO, I ORDEN

Memoria obligatoria para OFMCap

Nació en 1701 en Laconi (Oristano), Cerdena. Vistió el habito franciscano en los Hermanos Menores Capuchinos. Fue limosnero durante cuarenta años. dando ejemplo de humildad y caridad en la ciudad de Cagliari. que fue. durante cuatro décadas. el campo de su apostolado. desarrollado con amor entre los pobres y los pescadores. Dios le enriqueció con especiales dones sobrenaturales que le atrajeron el aprecio de todas las clases sociales. Murió en 1781. y fue canonizado por Pío XII en 1951.
Del Común de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De La vida perfecta (para religiosas), de san Buenaventura, obispo
(Cap. V, 1-5: San Buenaventura. Experiencia y teología del misterio, BAC. Madrid 2000, pp. 249-253)

Que el alma se ejercite en la oración constante

A quien, ávido de perfección, eligió a Cristo, le es sumamente necesario ejercitar su alma en la practica asidua de la oración y en la devoción, ya que, en verdad, un religioso poco devoto y tibio, no asiduo en frecuentar la oración, no sólo es miserable e inútil, sino que tiene ante Dios un alma muerta en un cuerpo vivo.

Pues es tanta la fuerza de la oración devota, que vale para todo y, en toda ocasión, podemos ganar con ella: en invierno y en verano, con sereno y con lluvia, de día y de noche, en días festivos y en feriales, en la enfermedad y en la salud, en la juventud y en la vejez, de pie, sentado o caminando, en el coro o fuera del coro; es más, a veces una sola hora de oración vale más que el mundo entero, porque un poco de oración con devoción nos permite ganar el reino de los cielos.

Has de saber que son necesarias tres cosas para alcanzar la oración perfecta. Lo primero, cuando te pongas a orar, levantado tu cuerpo y tu corazón, cerrados tus sentidos, debes repasar, con un corazón triste y contrito, tus miserias pasadas, presentes y futuras.

Lo segundo es la acción de gracias, es decir, agradecer con humildad a tu Creador los beneficios recibidos de él, y aun aquellos que te quedan por recibir. No hay nada que nos haga tan dignos de los favores divinos que el dar gracias a Dios continuamente, de palabra y de obra, por los beneficios recibidos.

Lo tercero que se requiere para la perfección de la oración es que, durante la misma, tu animo no piense en nada mas sino en que estás orando. Porque no es conveniente estar hablando a Dios con los labios y poner el corazón en otra cosa, como dirigiendo medio corazón hacia el ciclo y la otra mitad hacia la tierra.

No te engañes, no te defraudes, para que no quedes privado del fruto de tus oraciones, para que no pierdas la suavidad, ni se te escape la dulzura que en ella debes hallar. Pues la oración es como un vaso en que se recoge la gracia del Espíritu Santo, de la fuente de la sobreabundante dulzura que es la Santísima Trinidad. Cuando estás orando debes recogerte totalmente en ti mismo y entrar con tu Amado en el aposento de tu corazón, y allí morar sólo con él. Debes olvidar todo lo exterior y elevarte sobre ti mismo, con todo tu corazón, con toda tu alma, tu afecto, tu deseo y devoción. No relajes tu espíritu de la oración, sino ora tanto que te eleves con el ardor de la oración, para entrar en la tienda admirable, en la casa de Dios.

RESPONSORIO                                                                                         Eclo 35, 9-10, 2Cor 9, 6-7
R. Da al Altísimo como él te ha dado: con generosidad, según tus posibilidades. * Porque el Señor sabe recompensar y te devolverá siete veces más. (T.P. Aleluya.)
V. El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. * Porque el Señor sabe recompensar y te devolverá siete veces más. (T.P. Aleluya.)
La oración como en Laudes.

 Laudes

HIMNO

Un campesino humilde de Cerdeña
buscó en los capuchinos ser hermano:
un campesino menos tuvo Láconi
y un santo muy querido el pueblo sardo.

Amable fray Ignacio con tu alforja
en Cagliari pidiendo cuarenta años;
a Cristo predicaban elocuentes
tu rostro, tus sandalias, tu rosario.

Hermano analfabeto que sabías
la misteriosa ciencia de los sabios,
las gentes te buscaban y tenías
el don de tus palabras y milagros.

Amigo de los niños y los pobres,
de toda pena humana suave bálsamo,
la pura caridad que derramabas
te alzó entre los sencillos afamado.

Y hoy dura tu seráfica memoria,
y es imán de oración tu santuario:
tú llevas a la Madre de piedad,
y a Cristo, pan viviente, en el sagrario.

¡Oh Cristo eterno, Cristo Eucaristía,
amor donado, el Santo entre los santos,
a ti que resplandeces entre pobres,
a ti la gloria, Hijo coronado! Amén

Benedictus, ant. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros. (T.P. Aleluya.)

Oración

Oh Dios, que has llevado a san Ignacio de Láconi a la meta de la santidad por el camino de la sencillez evangélica y el amor a los hermanos, concédenos imitar su vida y ejemplo con obras de caridad al servicio de los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. (T.P. Aleluya.)

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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