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20 de noviembre, beatos Pascual Fortuño, presbítero, y compañeros, mártires, I Orden

martires

LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

20 de noviembre
BEATOS PASCUAL FORTUÑO, PRESBÍTERO,
Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES, I ORDEN
Memoria obligatoria para OFM
Memoria libre para la Familia Franciscana

La Familia Franciscana en Valencia celebra con gozo el martirio de sus hermanos Pascual Fortuño, Plácido García, Alfredo Pellicer y Salvador Mollar, que entregaron su vida por confesar la fe en Cristo, en el año 1936, en días y lugares distintos.
Pascual Fortuño nació en Villarreal (Castellón) en 1886, de padres muy cristianos. Después de estudiar humanidades en su ciudad natal, vistió el hábito franciscano en el convento de Santo Espíritu del Monte, donde hizo la profesión en 1906. Ordenado presbítero en 1913, se consagró a la formación de los seminaristas franciscanos. Desde 1931 realizó su labor formativa en Santo Espíritu del Monte, desde donde desplegó también una gran labor pastoral como director espiritual, predicador de la Palabra, director de ejercicios espirituales y ministro del sacramento de la reconciliación. Su vida de oración la nutría en la Eucaristía y en la Palabra, y fue un gran devoto de la Virgen María. Al estallar la guerra civil española enjulio de 1936, se refugió en Villarreal. Detenido y encarcelado, fue martirizado en la madrugada del 8 de septiembre, a los 50 años de edad, afrontando la muerte con valentía cristiana y perdonando a sus propios asesinos, que, impresionados por su martirio, confesaron después: «Si es verdad que hay santos, éste es uno de ellos».
Estos cuatro testigos de la fe fueron beatificados por Juan Pablo II el 11 de marzo del año 2001 junto al grupo de mártires de la Comunidad Valenciana, 233 en total, 50 de los cuales pertenecían a la Familia Franciscana.
Del Común de mártires.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del Decreto super martyrio de los beatos Pascual Fortuño, Plácido García, Alfredo Pellicer y Salvador Mollar
(AAS, 92, 2000, pp. 554-556)

Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos

La esperanza de estar donde poder contemplar abiertamente el rostro de Cristo y sentarse a la mesa de la bienaventurada inmortalidad ilumina el camino de cuantos creen en el Evangelio y, ceñida la cintura y encendidas las lámparas, esperan a que su Señor vuelva glorioso.

La esperanza de los bienes futuros es especialmente viva y fuerte en los mártires que, confiados en la promesa de Cristo: el que persevere hasta el fin, se salvará, no se abaten por las persecuciones y los tormentos, sino que corren hacia la meta, para testimoniar la fidelidad de su amor a Dios y conseguir el premio de la vida eterna.

Así actuaron muchos cristianos durante la cruenta persecución religiosa que ensangrentó España los años 1936-1939. Entre los que inmolaron su vida al Señor deben contarse cuatro religiosos de la Orden de los Hermanos Menores que, recorriendo hasta el fin el camino de la cruz y sostenidos por el Espíritu Santo, siguieron el ejemplo de Berardo, Pedro, Adyuto, Acursio y Otón, los protomártires franciscanos asesinados en Marruecos en 1220.

Los cuatro testigos de la fe, Pascual, Plácido, Alfredo y Salvador, sufrieron el martirio el año 1936, en días y  lugares distintos. Los cuatro se distinguieron por su acendrado amor a la vocación franciscana, por su actitud valiente al afrontar el martirio y por su constancia en la fe. Todos murieron perdonando a sus verdugos.

Pascual desarrolló principalmente su ministerio franciscano en la educación de la juventud y en la dirección espiritual; enamorado de Jesús Eucaristía y de la Santísima Virgen María. Fue asesinado el 7 de septiembre, a los 50 años de edad. Plácido era Lector general de derecho y de moral; se dedicó preferentemente a la formación de los jóvenes candidatos a la Orden; se distinguió por la mesura de ánimo, su amor al estudio, el silencio y la oración. Fue asesinado el 15 de septiembre a los 41 años. Alfredo, estudiante del primer curso de teología, se mostró siempre alegre, humilde y piadoso, dando pruebas de fidelidad a su vocación; fue asesinado el 4 de octubre, cuando contaba 22 años. Salvador, dotado de buen carácter, cultivó la humildad, el espíritu de sacrificio y el servicio a los hermanos; singularmente devoto de la Virgen María; fue asesinado el 26 de octubre, cuando tenía 40 años.

RESPONSORIO                                                                         Cf. Dan 3, 95; Rom 8, 17; Ap 12, 11
R. Los bienaventurados de Dios, al morir por el nombre de Cristo, no temieron los golpes de los verdugos. * Para ser coherederos en la casa del Señor.
V. Entregaron por Dios sus cuerpos al suplicio. * Para ser coherederos.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Por su entrañable misericordia nos ha santificado el Sol que nace de lo alto, y por medio de los mártires ha iluminado a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

Oración

Señor y Padre nuestro, que enriqueciste la vida de tus siervos Pascual, Plácido, Alfredo y Salvador con la gracia del bautismo, y les concediste fidelidad y fortaleza para derramar su sangre por el Evangelio; te pedimos que su ejemplo nos estimule a mantenemos firmes en la fe y en la entrega a los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Los bienaventurados derramaron por el Señor su sangre gloriosa; en su vida amaron a Cristo, lo imitaron en su muerte y así merecieron la corona de la gloria.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Lotería de Navidad Pro Hermanas Clarisas de Villaviciosa

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Lotería de Navidad pro restauración del Monasterio
de las Hermanas Clarisas de Villaviciosa (Asturias)

Puedes adquirirla en nuestra fraternidad de la
Orden Franciscana Seglar de Avilés 
Iglesia de Franciscanos,
Pza Carlos Lobo 3, Avilés
ofsaviles@gmail.com

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Blessed Maria Assunta Pallotta

LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

7 de noviembre
BEATA MARÍA ASSUNTA PALLOTTA,
VIRGEN, III ORDEN
Memoria libre para las Franciscanas Misioneras de María

Maria Assunta nació en Force (Ascoli Piceno), Italia, en 1878, en el seno de una familia pobre. No pudo realizar estudios regulares, pues muy pronto hubo de dedicarse al trabajo, colaborando en la economía familiar. Respondiendo a la llamada de Dios ingresó a los 20 años en las Franciscanas Misioneras de María. Vivió en Roma, Grottaferrata y Florencia, distinguiéndose por la humildad, sencillez y la prontitud en realizar los servicios más modestos y los trabajos más pesados. Cabe resaltar su total entrega a Dios, su profunda vida de oración, su caridad para con todos.
El nuevo Instituto de las Franciscanas Misioneras de María, el 7 de julio de 1900 recibió el bautismo de sangre de siete hermanas en China: la hermana Herminia y compañeras, martirizadas por los boxers. Esto enfervorizó de celo misionero a muchas jóvenes, entre ellas a Maria Assunta. Destinada a China como misionera vio cumplido uno de sus sueños. Se puede decir que durante toda su vida, aunque corta, vivió una comunión ininterrumpida con Dios. «Hacedlo todo por amor de Dios, aun las acciones más ordinarias» y la búsqueda constante de la voluntad de Dios a través de la obediencia, fue el secreto de su vida sumamente sencilla y oculta. Murió en China en 1905, víctima de tifus, a los 27 años. Fue beatificada por Pío XII en 1954.
Del Común de vírgenes.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del Decreto Perfectae caritatis, del Concilio Vaticano II, sobre la adecuada renovación de la vida religiosa
(Núms. 1.5.6.12)

La Iglesia sigue a su único esposo, Cristo

Ya desde el comienzo de la Iglesia, hubo hombres y mujeres que, por la práctica de los consejos evangélicos, se propusieron seguir a Cristo con más libertad e imitarle más de cerca, y, cada uno a su manera, llevaron una vida consagrada a Dios. Muchos de ellos, por inspiración del Espíritu Santo, o vivieron en la soledad o fundaron familias religiosas, que fueron admitidas y aprobadas de buen grado por la autoridad de la Iglesia. Como consecuencia, por disposición divina, surgió un gran número de familias religiosas, que han contribuido mucho a que la Iglesia no sólo esté equipada para toda obra buena, y dispuesta para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio y para la edificación del cuerpo de Cristo, sino para que también, adornada con los diversos dones de sus hijos, aparezca como una novia que se adorna para su esposo y por ella se manifieste la multiforme sabiduría de Dios.

Todos aquellos que, en medio de tanta diversidad de dones, son llamados por Dios a la práctica de los consejos evangélicos, y la profesan fielmente, se consagran de una forma especial a Dios, siguiendo a Cristo, quien, virgen y pobre, por medio de su obediencia hasta la muerte de cruz, redimió y santificó a los hombres. De esta forma, movidos por la caridad que el Espíritu Santo difunde en sus corazones, viven más y más para Cristo y para su cuerpo que es la Iglesia. Por lo tanto, cuanto más íntimamente se unen a Cristo por su entrega total, que abarca toda la vida, más fecunda se hace la vida de la Iglesia y más vivificante su apostolado.

Recuerden ante todo los miembros de cualquier instituto que, por la profesión de los consejos evangélicos, respondieron a un llamamiento divino, de forma que, no sólo muertos al pecado, sino renunciando también al mundo, vivan únicamente para Dios. Pues han entregado toda su vida a su servicio, lo que constituye una cierta consagración peculiar, que se funda íntimamente en la consagración bautismal y la expresa en toda su plenitud.

Los que profesan los consejos evangélicos, ante todo busquen y amen a Dios, que nos amó primero, y en todas las circunstancias intenten fomentar la vida escondida con Cristo en Dios, de donde mana y crece el amor al prójimo para la salvación del mundo y edificación de la Iglesia. Esta caridad vivifica y guía también la misma práctica de los consejos evangélicos.

La castidad que los religiosos profesan por el reino de los cielos debe ser estimada como un don eximio de la gracia, pues libera el corazón del hombre de un modo peculiar para que se encienda más en el amor a Dios y a todos los hombres, y, por ello, es signo especial de los bienes celestes y medio aptísimo para que los religiosos se dediquen con fervor al servicio de Dios y a las obras de apostolado. De esta forma evocan ante todos los fieles cristianos el admirable desposorio establecido por Dios, que se manifestará plenamente en el siglo futuro, por el que la Iglesia tiene como único esposo a Cristo.

RESPONSORIO                                                                                           Cf. Cant 1, 15; Rom 8, 35
R. ¡Qué hermosa eres, virgen de Cristo! * Tú que has merecido recibir la corona del Señor, la corona de la virginidad perpetua.
V. Nadie podrá quitarte la palma de la virginidad, ni separarte del amor de Cristo. * Tú que has merecido.
La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Esta es la virgen prudente que, unida a Cristo, resplandece como el sol en el reino celestial.

Oración

Dios, Padre nuestro, que abres las puertas de tu reino a los humildes y pequeños, concédenos seguir confiadamente el camino trazado por la beata María Assunta Pallotta, para que dando frutos de buenas obras según el espíritu del evangelio, caminemos en tu presencia. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Ven, esposa de Cristo, recibe la corona eterna que el Señor te tiene preparada.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Triduo Santa Isabel de Hungría

Santa Isabel recorte H

Triduo Santa Isabel de Hungría,
patrona de Caritas, de los pobres y
de la Orden Franciscana Seglar,
Avilés 2016

 

HIMNO A SANTA ISABEL DE HUNGRÍA

Noble princesa, gloria de Hungría
madre y patrona santa Isabel
guarda a tu Orden que en ti confía
y oye los ruegos del pueblo fiel
madre y patrona santa Isabel.

Tú no te quejas con desconsuelo
al ser echada de tu mansión
con un Te Deum dices al cielo
gracias por tanta tribulación.

Tú fomentabas todo lo santo,
fue tan virtuosa tu juventud
que san Francisco te dio su manto
por dar más alas a tu virtud.

¡Cuántas miserias tú socorriste!
alma inflamada de caridad
también ahora da al mundo triste
su franciscana felicidad.

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6 de noviembre, beato Félix Echevarría, presbítero, y compañeros, mártires, I Orden

LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

6 de noviembre
MÁRTIRES FRANCISCANOS DE ESPAÑA
EN EL SIGLO XX
Memoria obligatoria para la Familia Franciscana de España

BEATAS CATALINA CALDÉS
y MIQUELA RULLÁN, VÍRGENES, MÁRTIRES,
III ORDEN
Memoria obligatoria para las Franciscanas Hijas de la Misericordia

Hacía poco más de medio siglo que la Congregación de las Franciscanas Hijas de la Misericordia había sido fundada en Pina (Mallorca), cuando cosechó sus primeros frutos de entrega generosa y santidad en el martirio de dos jóvenes religiosas, Catalina y Miquela, en la persecución religiosa en España en 1936.
Catalina del Cannen Caldés Socias nació en 1899 en un pequeño pueblo de Mallorca. Profesó en el Instituto en 1931 y enseguida se dedicó a la educación de los pequeños, a la atención de los enfermos y al cuidado de los jóvenes en el seminario.
Miquela del Sacramento Rullán Ribot, nació en Petra (Mallorca), en 1903. De niña frecuentó el parvulario de las Franciscanas Hijas de la Misericordia, e hizo su profesión en el Instituto en 1929.
Catalina y Miquela estaban consagradas de lleno a la atención de niños pobres ya los enfermos en el Barrio Coll, en Barcelona., cuando el 20 de julio de 1936 fueron arrestadas, iniciando su penoso calvario hacia el martirio, que tuvo lugar el 23 de julio. Contaban 37 y 33 años respectivamente. Fueron elevadas a los altares por Benedicto XVI en la magna beatificación de 498 mártires de España del siglo XX, que tuvo lugar en Roma el 27 de octubre de 2007.
Del Común de varios mártires o de vírgenes.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Carta encíclica Salvados en la esperanza, de Benedicto XVI, papa
(n. 37)

En medio de esta tempestad echo el ancla hasta el trono de Dios,
esperanza viva de mi corazón

Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito. En este sentido quisiera citar algunas frases de una carta del mártir vietnamita Pablo Le-Bao-Thin, de mediados del siglo XIX, en las que resalta esta transformación del sufrimiento mediante la fuerza de la esperanza que proviene de la fe.

«Yo, Pablo, encarcelado por el nombre de Cristo. Os quiero explicar las tribulaciones en que me veo sumergido cada día, para que, enfervorizados en el amor de Dios alabéis conmigo al Señor, porque es eterna su misericordia. Esta cárcel es un verdadero infierno: a los crueles suplicios de toda clase, como son los grillos, cadenas de hierro y ataduras, hay que añadir el odio, las venganzas, las calumnias, palabras indecentes, peleas, actos perversos, juramentos injustos, maldiciones y, finalmente, angustias y tristeza. Pero Dios, que en otro tiempo libró a los tres jóvenes del horno de fuego, está siempre conmigo y me libra de las tribulaciones y las convierte en dulzura, porque es eterna su misericordia.

En medio de estos tormentos que aterrorizan a cualquiera, por la gracia de Dios estoy lleno de gozo y alegría, porque no estoy solo, sino que Cristo está conmigo. ¿Cómo resistir este espectáculo, viendo cada día cómo los emperadores, los mandarines y sus cortesanos blasfeman tu santo nombre, Señor, que te sientas sobre los querubines y serafines? ¡Mira, tu cruz es pisoteada por los paganos! ¿Dónde está tu gloria? Al ver todo esto, prefiero, encendido en tu amor, morir descuartizado, en testimonio de tu amor. Muestra, Señor, tu poder, sálvame y dame tu apoyo, para que tu fuerza se manifieste en la debilidad y sea glorificada ante los gentiles. Queridos hermanos, al escuchar todo esto llenos de alegría, tenéis que dar gracias incesantes a Dios, de quien procede todo bien, bendecid conmigo al Señor, porque es eterna su misericordia. Os escribo todo esto para que se unan vuestra fe y la mía. En medio de esta tempestad, echo el ancla hasta el trono de Dios, esperanza viva de mi corazón».

Esta es una carta «desde el infierno», pero en ella se hace realidad la exclamación del salmo: Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro; si digo: que al menos la tiniebla me encubra; ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día.

Cristo ha descendido al «infierno» y así está cerca de quien ha sido arrojado allí, transformando por medio de él las tinieblas en luz. El sufrimiento y los tormentos son terribles y casi insoportables. Sin embargo, ha surgido la estrella de la esperanza, el ancla del corazón llega hasta el trono de Dios. No se desata el mal en el hombre, sino que vence la luz: el sufrimiento, sin dejar de ser sufrimiento, se convierte, a pesar de todo, en canto de alabanza.

RESPONSORIO
R. Cuantos fuimos bautizados en Cristo fuimos bautizados en su muerte. * Si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya.
V. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte. * Si hemos sido incorporados.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Dichosas vírgenes, que, negándose a sí mismas y cargando con la cruz, imitaron al Señor, esposo de las vírgenes y rey de los mártires.

Oración

Padre de la misericordia, que has concedido a las beatas Catalina y Miquela la corona de la virginidad y la gloria del martirio, concédenos por su intercesión, perseverar en la verdadera caridad y conocer el poder de la resurrección de Cristo. Él, que vive y reina contigo.

Vísperas

Magníficat, ant. En una sola víctima celebramos un doble triunfo: la gloria de la virginidad y la victoria sobre la muerte; permanecieron vírgenes y obtuvieron la palma del martirio.

La oración como en Laudes.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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6 de noviembre, beato Félix Echevarría, presbítero, y compañeros, mártires, I Orden

beatos-felix-echevarria-y-companeros

LITURGIA DE LAS HORAS PROPIO DE LA FAMILIA FRANCISCANA

6 de noviembre
MÁRTIRES FRANCISCANOS DE ESPAÑA
EN EL SIGLO XX
Memoria obligatoria para la Familia Franciscana de España

BEATOS FÉLIX ECHEVARRÍA, PRESBÍTERO,
Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES, I ORDEN
Memoria obligatoria para la Familia Franciscana (Granada)

La Familia Franciscana (Granada) celebra el martirio de los siete hermanos franciscanos de la comunidad de Fuente Obejuna (Córdoba), que entregaron libremente su vida antes que renegar de su fe. Son los siguientes: Félix Echevarría, guardián de la fraternidad, y su hermano Luis Echevarría, Francisco Jesús Carlés, José Maria Azurmendi, Miguel Zarragua, Simón Miguel Rodríguez y el profeso temporal Antonio Sáez de Ibarra.
Apresados a finales de julio de 1936, soportaron con valiente serenidad, durante casi dos meses, toda clase de incomodidades y carencias, en dos cárceles improvisadas de Fuente Obejuna, hasta el 20 de septiembre en que fueron trasladados en un camión a la prisión de Azuaga (Badajoz), donde poco después consumaron su sacrificio.
El primero en entregar su vida fue José Azurmendi, que fue martirizado el día 21 de septiembre. El resto de hermanos, a excepción del guardián, fueron sacados a empellones y fusilados en las tapias del cementerio, tras haberse negado a blasfemar, en la madrugada del día 22. De entre ellos destaca por su valentía Félix Echevarría, guardián del convento, contra el que se ensañaron de un modo especial: fueron mutilando lentamente todo su cuerpo, ante sus reiteradas negativas a renegar de su fe. Murió a la edad de 43 años, después de tres horas de insufrible dolor, como todos los grandes testigos de la fe, confesando a Jesús y perdonando a los verdugos.
Estos siete intrépidos mártires de Cristo fueron elevados a los altares por Benedicto XVI en la magna beatificación de 498 mártires de España del siglo XX, que tuvo lugar en Roma el 27 de octubre de 2007.
Del Común de varios mártires.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De un Sermón del beato Félix Echevarría Gorostiaga, presbítero y mártir
(Sermón sobre el mártir san Pantaleón, en el día 27 de julio de 1931 Escritos de Félix Echevarría, Sermones, Cuaderno I, manuscrito, pp. 2.13.17-21: Archivo de la Provincia Franciscana de Granada)

Estamos prontos a dar la vida por Cristo

Carísimos hermanos míos en el Señor Jesucristo: Es preciso que la virtud se pruebe en la adversidad, como el oro en el crisol de la tribulación; es preciso que el soldado de Cristo, puesto al frente del enemigo acometa con bravura, desafíe los peligros, desprecie el miedo. En una palabra, es preciso el valor y el arrojo. Soldados de Cristo dispuestos por lo mismo a morir y derramar su sangre en su seguimiento y milicia; es preciso pelear como buen soldado de Cristo.

Lo supremo del sacrificio, la prueba más elocuente del amor, es, en frase de Jesucristo, dar la vida por el amado. La sangre es la vida, por lo tanto es la última palabra del amor. El amor da, pero una vez que ha dado sus bienes, sus caricias, sus afanes, su reposo, quiere hacer aún más; y en el fervor de su generosidad, exclama: «daré mi sangre por vosotros».

Después de esto, nada queda. Cuando la sangre ha corrido hasta la última gota, cuando el corazón agotado suspende sus latidos, cuando las sombras de la muerte descienden sobre el que ha aceptado el martirio, entonces con verdad se puede decir de él: «Amó hasta el fin».

He aquí por qué nosotros honramos a los mártires de las nobles causas, sobre todo los que fueron mártires intrépidos por la causa de Cristo. ¡Qué multitud de trofeos ha engalanado a lo largo de la historia del cristianismo el majestuoso solio de la cruz! ¡Cuántos laureles han
orlado las sienes de esa Reina del mundo! ¡Qué de palmas arrojaron a sus pies los ilustres campeones que con la gloriosa lucha vencieron al fuerte armado, sellando con su sangre el testimonio de su fe, y sacrificando su existencia en aras de su ardiente caridad y verdadero amor hacia su Dios!

Antes de terminar, hermanos, he de confesaros mi alegría y mi pena cada vez que celebramos estas fiestas en honor de nuestros mártires.

Mi alegría porque estas fiestas nos recuerdan aquella nación cristiana de otros tiempos, cuando era, para satisfacción nuestra, una tierra en la que el cristianismo práctico, la fe ardiente y la devoción a la Virgen llenaban todos los rincones patrios.

Mi tristeza en estas fiestas, ya que para desgracia nuestra, nuestra patria ha dejado de ser creyente. El viento huracanado de la irreligión, del escepticismo, ha paralizado los bríos y los entusiasmos de nuestra antigua creencia. En cambio, el número de los delitos y crímenes públicos se ha aumentado de modo y forma alarmante. Tended una mirada a nuestra pobre patria en estos mismos días. ¡Qué pena y qué desaliento al pecho y al corazón cristiano! ¡Qué días tan tristes son los nuestros! ¡Qué incertidumbre acerca del porvenir! ¡Nos quieren arrancar la fe, y hasta la vida! ¿Quién, quizá, de nosotros estaría pronto a dar su vida, su sangre por Cristo, si preciso fuera? Pues bien, todos nosotros lo estamos. Aunque ahora Cristo sólo nos pide el sacrificio de nuestra voluntad y corazón.

Jesús quiere discípulos, soldados que no se avergüencen de pertenecer a sus milicias, que no sean esclavos del qué dirán, que tengan el valor y la fortaleza y la disciplina propios de los que militan bajo la enseña de su cruz.

Glorioso mártir san Pantaleón, míranos hoy desde tu refulgente trono, bendícenos, intercede por todos nosotros, favorécenos con tu poderosa intercesión. Ruega por todas las familias cristianas aquí congregadas. Bendice a esta juventud y líbrala de cuantos peligros puedan amenazar su candor, pureza e inocencia. Bendice, sobre todo, a los padres de familia, para que eduquen santamente a sus hijos. Bendice también a los venerables sacerdotes y a los que hoy celebramos tus solemnes cultos. En fin, bendícenos a todos para que todos caminemos por el sendero que nos marcara nuestro celestial maestro, Jesús, hasta que algún día nos veamos juntos con él en compañía de todos los bienaventurados moradores de la gloria eterna. Amén.

RESPONSORIO                                                                                               Cf. Gál 6, 14; Flp 1, 29
R. Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en quien está nuestra salvación, vida y resurrección. * Por él hemos sido salvados y liberados.
V. Dios os ha dado no sólo la gracia de creer en Jesucristo, sino también el de sufrir por él. * Por él hemos.

La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Siete antorchas lucientes,
siete rosas cortadas,
siete cantos de gloria,
siete espigas granadas.

Siete cantos de gozo,
siete rayos de sol,
siete fueron llevados
al martirio de amor.

Siete dieron su vida
con la fe y valentía
del que supo donarse
con frescor de agua viva.

Siete todo lo dieron
por seguir al Maestro,
no dudaron en darse,
fue su dicha el encuentro.

Al Dios que es Uno y Trino,
tributen tierra y cielo
la gloria y la alabanza
por los siglos sin término. Amén.

LECTURA BREVE                                                                                                               2Cor 1,3-4
¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios!

RESPONSORIO BREVE
R. Los justos * Viven eternamente. Los justos.
V. Reciben de Dios su recompensa. * Viven eternamente. Gloria al Padre. Los justos.

Benedictus, ant. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Oración

Señor y Padre nuestro, que concediste a los mártires Félix Echevarría y compañeros, la gracia de morir por Cristo, ayúdanos en nuestra debilidad para que, así como ellos no dudaron en entregar su vida por ti, así también nosotros nos mantengamos fuertes en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

HIMNO

Por haberte cantado
sólo cantos de amor,
por haber engendrado
la semilla mejor,
por haber encendido

siete estrellas de luz,
déjame, Jesús mío,
que me abrace a tu cruz.

Porque aún sigue vivo
el martirio consciente,
porque fueron testigos
de la fe más ferviente,
porque nada se opuso
a morir con valor,
déjame que, a su lado,
yo me instruya, Señor.

Porque son siete rosas
que destellan cual sol,
porque rojo bordaron
su vestido mejor,
porque fueron marcados
como siervos de Dios,
déjame que yo viva
siempre en resurrección.

Sea al Padre la gloria,
y a su Hijo, el Señor,
y al Espíritu Santo
la alabanza y honor. Amén.

LECTURA BREVE                                                                                                            1Pe 4, 13-14
Queridos hermanos, estad alegres en la medida que compartís los sufrimientos de Cristo, de modo que, cuando se revele su gloria, gocéis de alegría desbordante. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, bienaventurados vosotros, porque el Espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE
R. Alegraos, justos, * y gozad con el Señor.
V. Aclamadlo los de corazón sincero. * Y gozad con el Señor. Gloria al Padre. Alegraos justos y gozad con el Señor.

Magníficat, ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y, porque le amaron hasta derramar su sangre, reinan con el Señor eternamente.

La oración como en Laudes.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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