Fiesta de San Francisco en Avilés 2016

invitacion-san-francisco-m

Imagen | Publicado el por | Deja un comentario

Novena de San Francisco 2016 cartel

novena-2015

Imagen | Publicado el por | Deja un comentario

Novena de San Francisco 2016

francisco127

NOVENARIO SOLEMNE
que la Orden Franciscana Seglar de Avilés,

Venerable Orden Tercera de Penitencia,
dedica a su Seráfico Padre

San Francisco de Asís

del 26 de Septiembre al 4 de Octubre
en la Iglesia de Franciscanos de Avilés

HORARIO DE LOS CULTOS:

Todos los días, a las 7 de la tarde, Rosario con Novena y, a continuación, la Santa Misa. Los días 3 y 4 de Octubre, en la Misa de la tarde se venerará y besará la reliquia de San Francisco. Las personas que lo deseen pueden hacer su aportación de alimentos para familias necesitadas (Pan de los Pobres).

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Santa Clara: Llamada a lo esencial

Santa Clara «es una llamada permanente a la Iglesia para que vuelva a la esencialidad y a la radicalidad del Evangelio». Lo dijo el cardinal Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el clero, durante la misa presidida en la basílica de la santa, en Asís, el jueves 11 de agosto, por la mañana.

La solemne concelebración eucarística ha sido el momento central de la fiesta litúrgica en honor de la santa, iniciada la tarde del miércoles con la vigilia de oración en el santuario de San Damiano. Entorno al altar, además del obispo de Asís –Nocera Umbra– la concelebración eucarística ha sido el momento central de la fiesta litúrgica en honor de la santa, iniciada la tarde del miércoles con la vigilia de oración en el santuario de San Damiano. En torno al altar, además del obispo de Asís –Nocera Umbra– Gualdo Tadino, monseñor Domenico Sorrentino, había unos cuarenta sacerdotes, muchos pertenecientes a las familias franciscanas y del clero local.

Ante una gran asamblea de fieles y peregrinos, el purpurado recordó que la fuerza de Clara residía en escuchar la voz de Cristo, en su seguimiento gozoso y a través del testimonio del amor. Desarrollando este trinomio a lo largo de la entera homilía, el cardenal Stella ha subrayado que «escuchar la llamada de Cristo es el fundamento de cada vida cristiana. Dios no actúa con violencia hacia nosotros»,destacó, sino que «se hace pobre y humilde, casi mendigando un espacio de nuestro corazón, como el esposo que llama a la puerta de su amada».

Osservatore Romano:
http://www.osservatoreromano.va/es/news/llamada-lo-esencial

Publicado en Osservatore Romano, Sin categoría | Deja un comentario

Liturgia de las horas: 23 de agosto, beato Bernardo de Offida, religioso, I Orden

beato Bernardo de Offida

23 de agosto
BEATO BERNARDO DE OFFIDA,
RELIGIOSO, I ORDEN
Memoria libre para OFMCap

Bernardo nació en Offida (Ascoli Piceno), Italia, de humilde familia campesina, en 1604. A los ventidós años vistió el hábito de los Hermanos Menores Capuchinos como hermano no clérigo. Llevó una vida de oración y penitencia. Con frecuencia era consultado por maestros y personalidades importantes sobre los más difíciles problemas. Murió el 22 de agosto de 1694. Fue beatificado por Pío VI en 1795. Su cuerpo se venera en la iglesia de los Hermanos Capuchinos de Offida.
Del Común de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

 Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De las Actas de la Sagrada Congregación de Ritos
(Ausculana, Beatificationis Summ. Et Inform., Romae 1781)

Estuve enfermo y me visitasteis

Teniendo que declarar sobre la grandísima caridad que el Siervo de Dios tuvo para con los religiosos enfermos digo, que, aunque viejo y muy anciano, paralítico y necesitado de ayuda, no cesaba de trabajar por sus hermanos religiosos. Lo maravilloso era que, temblando él de la cabeza a los pies y caminando con ayuda de muletas, cuando tenía que llevar a los enfermos la comida, o a otras cosas, no tenía necesidad de ayuda ninguna, sintiéndose sostenido por la fuerza de la caridad, y los platos, tazones y tazas, que llevaba en una mesilla repleta para el servicio de los enfermos, no se derramaban nada.

El buen siervo de Dios, para ayudar a los pobres enfermos a tomar algún alimento, mandado por los médicos, y quitarles todo tipo de náusea, que ordinariamente producen las enfermedades, llenaba de flores la mesita sobre la que los enfermos tenían que comer, y durante el invierno cuando faltaban las flores, ponía en su lugar espiguillas y hierbas aromáticas; mientras comían, procuraba entretenerlos con algún alegre discurso, espiritual o de cualquier otro tema, que él veía más adecuado a su propio estado. Si veía que no podían comer, estando sentados en la cama, él procuraba darles de comer y si tenían necesidad de levantarse por alguna necesidad, él los ayudaba con gran amor y caridad, dándole fuerza suficiente, aunque estuviese viejo y decrépito, la caridad divina.

Si la enfermedad del hermano era mortal y requería más asistencia de la normal, entonces rogaba al padre Guardián que mandase a otro religioso a hacer su trabajo y le diese a él permiso para no retirarse de la celda del enfermo.

Cuando había obtenido el permiso del superior, se quedaba en la celda del enfermo y de ella no se movía ni un momento. Estando, sin embargo, recluido en la celda destinada para enfermería de los religiosos, además del mérito de la caridad que adquiría ocupándose en atender a los demás, no perdía su actitud de recogimiento y de oración, ya que obtuvo de los superiores poder abrir un ventanuco en correspondencia con la iglesia, de la medida de un ladrillo; de ello obtuvo dos ventajas: una, que el enfermo desde su cama podía escuchar la santa misa, abriendo el ventanillo, y el otro, que así podía no sólo oír las misas que se celebraban en la iglesia, sino estar en oración sin perder de vista el Santísimo Sacramento durante el tiempo en el que no se ocupaba del enfermo, y no perder de vista al mismo enfermo.

RESPONSORIO                                                                                                                    1Jn 4, 16.7
R. Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene. * Quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él.
V. Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. * Quien permanece en el amor.

La oración como en Laudes.

 Laudes

Benedictus, ant. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros.

Oración

Dios misericordioso, que has compendiado tus mandamientos en el amor a ti y a los hermanos, haz que, a imitación del beato Bernardo, dediquemos nuestra vida al servicio del prójimo, para recibir tus bendiciones en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Lo que hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis. Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Liturgia de las horas: 18 de agosto, beatos Juan Luis Loir, Protasio y Sebastián, presbíteros y mártires, I Orden

Capuchinos.jpg

18 de agosto
BEATOS JUAN LUIS LOIR, PROTASIO Y SEBASTIÁN,
PRESBÍTEROS Y MÁRTIRES, I ORDEN
Memoria libre para OFMCap

Durante la revolución francesa, 829 sacerdotes y religiosos fueron desterrados a las barcas de peaje de Rochefort por haber rechazado jurar la Constitución del clero. Fueron sometidos a durísimas condiciones de vida y a las peores humillaciones y barbaridades. Entre estos héroes de la fe y de la fidelidad al papa y a la Iglesia de Roma, están los Hermanos Menores Capuchinos Juan Luis Loir, Protasio y Sebastián.
Juan Luis Loir, nacido en 1720, ingresó en los Hermanos Menores Capuchinos en Lyon y, tras ordenarse de presbítero, fue célebre en el ministerio de la confesión y en la dirección espiritual. Religioso de gran nobleza de ánimo, afable, humilde, paciente, irradiaba por doquier la alegría franciscana. Agotado por el cruel cautiverio, murió el 19 de mayo de 1794. Fue el primero de los 22 Capuchinos martirizados en Rochefort.
Protasio de Seés nació en 1747, y vistió el hábito de los Hermanos Menores Capuchinos en Bayeux, en 1767. Ordenado presbítero, desempeñó su ministerio con gran dedicación y entrega. Religioso de notable talla física, moral y espiritual, admirable por la firmeza en la fe, la prudencia y en la fidelidad a todas las exigencias de su vocación franciscana. Murió el 23 de agosto de 1794.
Sebastián de Nancy nació en 1749. Vistió el hábito de los Hermanos Menores Capuchinos en Saint-Michel en 1768. Fue confesor, predicador y coadjutor. Religioso de vida ejemplar y sobre todo de eminente piedad, murió el 10 de agosto de 1794.
A este grupo de mártires pertenecen los dos Hermanos Menores Conventuales Luis Armando Adam y Nicolás Savouret. Todos formaban parte de los 64 sacerdotes franceses, beatificados por el papa Juan Pablo II el 1 de octubre de 1995.
Del Común de varios mártires.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

 Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del Testimonio de Claudio Masson, sacerdote desterrado a las barcas de peaje de Rochefort
(Manual de educación cristiana, ID, Nancy 1815, pp. 330. 332-333.336-337)

Semejantes a Cristo en su Pasión

Nuestros carceleros nos consideraban como desechos de la naturaleza, que habíamos perdido todo derecho ante la humanidad, y que podíamos ser pisoteados como insectos despreciables, sin ir por ello contra la justicia.

Dios permitía esto para aumentar el premio de nuestros sufrimientos, haciéndonos el don de una más perfecta semejanza con su divino Hijo en su pasión… Nada nos consolaba en nuestros sufrimientos, nada nos daba fuerzas en nuestras pruebas como el pensamiento de Jesús que reina en el cielo y que desde su trono seguía nuestros combates; él que, antes que nosotros y por nosotros, había sido atado, flagelado, abofeteado, escupido, coronado de espinas, a quien en su sed le dieron hiel y vinagre, fue clavado en la cruz, y a cuyos pies sus enemigos lo insultaban y maldecían.

Esta visión espiritual de nuestro Redentor hacía llegar hasta nuestros corazones una dulzura inefable: entonces sólo veíamos en lo que nos sucedía motivo de una gran alegría. Nos sentíamos felices por haber sido elegidos, con preferencia a tantos otros, para poder imitar a nuestro divino Maestro. Reflexionábamos que Jesús había querido que a lo largo de los siglos cada dogma de la fe fuese de alguna manera mantenido y consolidado en la Iglesia por medio de la sangre de numerosos mártires, un número más o menos grande según la importancia de la verdad de fe que venía combatida; y pensábamos entonces que era verdaderamente honroso para nosotros ser perseguidos e inmolados para reforzar la enseñanza de la autoridad espiritual, e independiente del poder del mundo, confiada por voluntad divina a la Sede apostólica y en general a todo el episcopado. 

Hacía poco tiempo que el Señor había manifestado la santidad de uno de sus siervos: el padre Sebastián, capuchino del convento de Nancy, que había llegado para morir luego en una barca.

Se le vio una mañana arrodillado con los brazos en cruz, mirando al cielo, con la boca abierta. Al principio le prestamos poca atención porque estábamos acostumbrados a verlo orar así, incluso durante su enfermedad. Pasó una media hora y estábamos admirados de verlo tanto tiempo así en una posición tan incómoda y difícil de mantener en aquel momento, porque el mar estaba muy agitado y la barca ondeaba fuertemente. Se pensó primero que estaría en éxtasis y nos acercamos para verlo más de cerca; pero, después de haber tocado su cara con las manos, nos dimos cuenta de que había entregado su alma a Dios en aquella postura.

Llamamos entonces a los marineros de la nave que, ante aquel espectáculo, no pudieron contener los gritos de admiración y las lágrimas. La fe se despertó entonces en sus corazones; y muchos de ellos, descubriéndose los brazos, enseñaron a todos la figura de la cruz, grabada en su carne con una piedra incandescente; y tomaron la firme decisión de volver a la religión que habían abandonado.

RESPONSORIO                                                                                           Mt 5, 44-45.48; Lc 6, 27
R. Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, y rezad por los que os persiguen. * Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo.
V. Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto. * Así seréis hijos de vuestro Padre.

La oración como en Laudes.

 Laudes

Benedictus, ant. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Oración

Oh Dios, que concediste a los beatos mártires Juan Luis, Protasio, Sebastián y compañeros, la gracia de la fidelidad y del perdón en la prueba del destierro, concédenos por su intercesión, permanecer siempre fieles a la Iglesia y dispuestos a reconciliarnos con nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y, porque le amaron hasta derramar su sangre, reinan con el Señor eternamente.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Liturgia de las horas: 18 de agosto, beatos Luis Armando Adam y Nicolás Savouret, presbíteros y mártires, I Orden

Luis Armando José Adam y Nicolas Savouret.jpg

18 de agosto
BEATOS LUIS ARMANDO ADAM Y NICOLÁS SAVOURET,
PRESBÍTEROS Y MÁRTIRES, I ORDEN
Memoria libre para OFMConv

Durante la Revolución francesa, 829 sacerdotes diocesanos y religiosos que habían rehusado pronunciar el juramento de la constitución civil del clero y apartarse del papa y de la Iglesia de Roma, fueron encerrados en Rochefort en dos buques de carga, que jamás zarparían hacia destino alguno y se convirtieron en auténticas y sórdidas prisiones. Las penalidades soportadas por todos ellos fueron tantas que, después de nueve meses, los muertos sumaban 547.
Los testimonios recogidos sobre los prisioneros han llevado a la Iglesia a declarar beatos, con el título de mártires, a 64 de los sacerdotes fallecidos en Rochefort, entre los que se encuentran los dos Hermanos Menores Conventuales, Luis Armando Adam y Nicolás Savouret, muertos el 13 y el 16 de julio de 1794 respectivamente.
A este grupo de mártires pertenecen también los Hermanos Menores Capuchinos, Juan Luis Loir, Protasio y Sebastián.
Todos ellos fueron beatificados por el papa Juan Pablo II el 1 de octubre de 1995.
Del Común de varios mártires.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

 Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Homilía del beato Juan Pablo II, papa, en la beatificación de los beatos Luis Adam y Nicolás Savouret
(1 de octubre de 1995: Osservatore Romano, CXXXV, 2 ottobre 1995)

En los mártires se manifiesta
la riqueza del misterio pascual de Cristo

Alaba, alma mía, al Señor. La Iglesia hace suya la invitación del salmo en este día de la beatificación de los mártires que testimoniaron con su sangre su fidelidad a Cristo durante la Revolución francesa.

El martirio es un don especial del Espíritu Santo, un don para toda la Iglesia. Y el mismo halla su coronación en esta liturgia de beatificación, en la que glorificamos a Dios de un modo singular: «A ti te ensalza el blanco ejército de los mártires». Dios, mediante un acto solemne de la Iglesia -la beatificación- , corona sus méritos, y manifiesta al mismo tiempo el don que les ha otorgado, como proclama la liturgia: «Coronando sus méritos, coronas tu
propia obra».

Esta mañana, queridos hermanos y hermanas, nuestro recuerdo es para los sesenta y cuatro sacerdotes franceses muertos, junto con otros centenares más, en los buques prisión de Rochefort. Como exhortaba san Pablo a Timoteo, ellos combatieron el noble combate de la fe. Recorrieron un largo calvario por haber permanecido fieles a su fe y a la Iglesia. Murieron porque proclamaron hasta el final su estrecha comunión con el papa Pío VI.

En su profunda soledad moral, supieron mantener vivo el espíritu de oración. En medio de los tormentos del hambre y la sed, no profirieron una sola palabra de odio contra sus torturadores. Lentamente, se dejaron conformar al sacrificio de Cristo que celebraban en virtud de su ordenación. Y ahora se presentan ante nuestros ojos como un signo vivo del poder de Cristo, que actúa en la debilidad humana.

Con gozo, podemos aplicarles las palabras de la Escritura: La vida de los justos está en manos de Dios. Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito cómo una desgracia, pero ellos están en paz.

La profesión de fe, proclamada por los nuevos beatos con la entrega de su vida, como afirma el apóstol, crea vínculos especiales entre cada uno de los testigos y Cristo, que fue el primer testigo ante Poncio Pilato.

El mismo Cristo, el único Señor del universo, el Rey de los reyes y Señor de los señores, es la gloria de los mártires. El es, en efecto, el único que posee la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible… A él honor y poder eterno.

A él, que por vosotros se hizo pobre, para enriqueceros con su pobreza, gloria y honor en los nuevos beatos mártires, que desde hoy constituyen una nueva riqueza de gracia y santidad para toda la Iglesia.

RESPONSORIO                                                                                                      Cf. Ap 7, 14; 12, 11
R. Éstos son los que han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero. * Y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
V. Son los que vienen de la gran tribulación. * Y no amaron.

La oración como en Laudes.

 Laudes

 

Benedictus, ant. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Oración

Padre de misericordia, que has manifestado el poder de la resurrección de tu Hijo en el martirio de los beatos Luis, Nicolás y compañeros, concédenos, por su intercesión, ser fieles a la vocación cristiana y saber perdonar a nuestros enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y, porque le amaron hasta derramar su sangre, reinan con el Señor eternamente.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

 

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

 

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario