Liturgia de las horas: 24 de julio, beato Antonio Lucci, obispo, I Orden

beato Antonio Lucci obispo

24 de julio
BEATO ANTONIO LUCCI,
OBISPO, I ORDEN
Memoria libre para OFMConv

Nació en Agnone (Isernia), Italia, el 2 de agosto de 1682. Ingresó en los Hermanos Menores Conventuales y se distinguió por el estudio y enseñanza de la teología, que inspiró siempre la búsqueda generosa de su perfección, el ejercicio diligente de su ministerio y la colaboración humilde con la Sede Apostólica.
Nombrado obispo de Bovino, en La Pulla, se mostró a lo largo de veinticuatro años un auténtico padre y pastor de los fieles de la diócesis, prodigándose solícitamente para confirmar a su pueblo en la fe y la vida cristiana y para socorrer a los numerosos pobres del mismo, a quienes amaba con evangélica opción preferencial. Murió en Bovino, el 25 de julio de 1752. Fue proclamado beato por el papa Juan Pablo II en 1989.
Del Común de pastores.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De las Cartas del beato Antonio Lucci, obispo
(G. Fratini, Nuove scintille del’astro di Agnone nel Sannio, Bovino 1895, pp. 5-7)

Fijemos siempre la mirada en Dios, poniendo en él toda nuestra confianza

Si los defectos que vemos en los demás no se encuentran en nosotros, es siempre gracias a la misericordia de Dios: es un signo evidente de que nos protege y extiende su mano poderosa sobre nosotros, y todo esto sin mérito alguno por parte nuestra, ya que, si él nos retirase su protección, podríamos llegar a ser peores que los demás, al ser también nosotros unos pobres mortales. Por eso, hemos de mantenemos siempre en el temor de Dios y rogar al Señor por quienes caminan fuera del recto sendero, para que los ilumine y se conviertan.

El camino seguro para todos nosotros consiste en cumplir siempre la voluntad de Dios, confiando en su ayuda para no caer, y mantenemos así en su gracia.

Nos quejamos a menudo, y es porque no queremos realizar fervientemente nuestra parte, mientras que Dios nuestro Señor, del cual hemos recibido todo nuestro ser, continúa haciendo su parte en nuestro favor, sin mérito nuestro alguno. ¿Qué más podría hacer Jesús por nosotros? Nos ha dado la Palabra de vida. Nos ha manifestado sus justos juicios. Nos ha mostrado sus santísimos caminos. Nos ha introducido en el misterio de su muy dolorosa pasión. Nos ha enseñado a despreciar las cosas caducas de la tierra. Nos ha revelado las maravillas de sus obras. ¿Y por qué permanecemos insensibles ante tantas muestras de amor? ¿Por qué no dedicamos todas nuestras fuerzas a servir, amar y glorificar en nosotros mismos y en los demás al Señor de infinita bondad? ¿De qué nos quejamos, entonces?

Quien ha recibido mucho, debe hacer también mucho por Jesús; en cambio, quien pretende realizar escasa labor y la hace con negligencia, merece que se le quite lo que se le ha dado. ¿Acaso no nos inquieta el severo reproche del amo al siervo holgazán?

Viviendo en la fe, busquemos siempre lo mejor, con la gracia de Dios, renunciando a nosotros mismos y pisoteando las míseras cosas de la tierra. Fijemos siempre nuestra mirada en Dios, pongamos toda nuestra felicidad en él, el Sumo Bien, y no vayamos tras los efímeros fantasmas del mundo.

Escuchemos al apóstol Pablo, que nos dice: Hermanos, ambicionad los carismas mejores. Acojamos la invitación del Espíritu Santo, que de continuo nos inculca aquel sugestivo «exactamente» cuando nos recuerda que observemos sus mandamientos fielmente: Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente. «Exactamente», por siempre, por amor del altísimo Señor; por siempre, con veneración interior y exterior; por siempre, con desapego de las vanidades terrenas; por siempre, en el temor de los santos juicios de Dios; por siempre, mortificándonos a nosotros mismos; por siempre, manteniéndonos cautos y vigilantes ante las astucias de Satanás.

Solos no podemos hacer nada, pero nos consuela la palabra del apóstol: Todo lo puedo en aquel que me conforta. Confía en el Señor y haz el bien, y él te dará lo que pide tu corazón.

RESPONSORIO                                                                                                                Mt 25, 21.20
R. Bien, siervo bueno y fiel: como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante. * Entra en el gozo de tu Señor.
V. Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. * Entra en el gozo.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Sacerdote del Altísimo, modelo de virtudes, pastor bueno del pueblo, tú agradaste al Señor.

Oración

Oh Dios, que infundiste en el beato Antonio Lucci, obispo, el espíritu de sabiduría y de caridad para que confirmase a tu pueblo en la fe y lo socorriese con amor en las necesidades, concédenos, por su intercesión, perseverar en la fe y en la caridad, para que merezcamos así participar de la gloria del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Me he hecho todo para todos para ganar a algunos.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!» (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Liturgia de las horas: 21 de julio, san Lorenzo de Brindis, presbítero y doctor de la Iglesia, I Orden

san Lorenzo de Brindisi.jpg

21 de julio
SAN LORENZO DE BRINDIS,
PRESBÍTERO Y DOCTOR DE LA IGLESIA, I ORDEN

Memoria obligatoria para la Familia Franciscana
Fiesta para OFMCap

Lorenzo nació en 1559 en la ciudad italiana de Brindisi. Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Enseñó teología a sus hermanos y desempeñó diversos cargos y oficios. Predicador infatigable y elocuente, recorrió toda Europa. Escribió numerosas obras exponiendo la fe. Se distinguió por su gran amor a la Eucaristía y por su filial devoción a la Virgen. Terminó su carrera en Lisboa, en 1619. Fue canonizado por el papa León XIII en 1881. Juan XXIII le dio el título de «Doctor Apostólico» en 1959. Sus restos reposan en el monasterio de Clarisas de Villafranca del Bierzo (León).
Del Común de pastores o de doctores de la Iglesia o de santos varones: para los religiosos.
Himnos latinos propios en el Apéndice II.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría y de la fortaleza.
El salmo invitatorio como en el Ordinario. 

Oficio de lectura

SALMODIA

Ant. 1. Acepte el Señor todo honor y reverencia; a él la gloria y la acción de gracias.

Salmo 144
I

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.

 El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.

Ant. Acepte el Señor todo honor y reverencia; a él la gloria y la acción de gracias.
Ant. 2. Dios es Altísimo, el bien sumo, todo bien.

II

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;

explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.

Ant. Dios es Altísimo, el bien sumo, todo bien.
Ant. 3. Bendigamos y ensalcemos al Señor que es bendito por los siglos.

III

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.

Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.

Ant. Bendigamos y ensalcemos al Señor que es bendito por los siglos.

V. El Señor lo colmó de espíritu de sabiduría e inteligencia.
R. Y lo enalteció en medio de su pueblo. 

PRIMERA LECTURA
Del libro de la Sabiduría                                                                                                         5, 14–21

Los justos reciben de Dios su recompensa

La esperanza del impío es brizna que arrebata el viento; espuma ligera que arrastra el vendaval, humo que el viento disipa, recuerdo fugaz del huésped de un día.

Los justos, en cambio, viven eternamente, encuentran su recompensa en el Señor, y el Altísimo cuida de ellos. Por eso recibirán de manos del Señor la magnífica corona real y la hermosa diadema, pues con su diestra los protegerá y con su brazo los escudará. Tomará la
armadura de su celo y armará a la creación para vengarse de sus enemigos. Vestirá la coraza de la justicia, se pondrá como yelmo un juicio sincero; tomará por escudo su santidad invencible, afilará como espada su ira inexorable y el universo peleará a su lado contra los necios. Certeras parten ráfagas de rayos; desde las nubes como arco bien tenso, vuelan hacia el blanco.

RESPONSORIO                                                                                                   Sab 7, 7–8; Sant 1, 5
R. Supliqué, y me fue dada la prudencia; * Invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y a tronos.
V. Si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, que da a todos generosamente y sin reproche alguno, y él se la concederá. * Invoqué.

SEGUNDA LECTURA
De los Sermones cuaresmales de san Lorenzo de Brindis, presbítero
(Sermón 2: Opera omnia V, 1, Padova 1938, núms. 48.50.52)

La predicación es una función apostólica

Para llevar una vida espiritual, que nos es común con los ángeles y los espíritus celestes y divinos, ya que ellos y nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, es necesario el pan de la gracia del Espíritu Santo y de la caridad de Dios. Pero la gracia y la caridad son imposibles sin la fe, ya que sin la fe es imposible complacer a Dios. Y esta fe se origina necesariamente de la predicación de la palabra de Dios: La fe nace del mensaje que se escucha, y el mensaje viene a través de la Palabra de Cristo. Por tanto, la predicación de la palabra de Dios es necesaria para la vida espiritual, como la siembra es necesaria para la vida del cuerpo.

Por esto, dice Cristo: Salió el sembrador a sembrar su semilla. Salió el sembrador a pregonar la justicia, y este pregonero, según leemos, fue algunas veces el mismo Dios, como cuando en el desierto dio a todo el pueblo, de viva voz bajada del cielo, la ley de justicia; fue otras veces un ángel del Señor, como cuando en el llamado «lugar de los que lloran» echó en cara al pueblo sus transgresiones de la ley divina, y todos los hijos de Israel, al oír sus palabras, se arrepintieron y lloraron todos a voces; también Moisés predicó a todo el pueblo la ley del Señor, en las campiñas de Moab, como sabemos por el Deuteronomio. Finalmente, vino Cristo, Dios y hombre, a predicar la palabra del Señor, y para ello envió también a los apóstoles, como antes había enviado a los profetas.

Por consiguiente, la predicación es una función apostólica, angélica, cristiana, divina. Así comprendemos la múltiple riqueza que encierra la palabra de Dios, ya que es como el tesoro en que se hallan todos los bienes. De ella proceden la fe, la esperanza, la caridad, todas las virtudes, todos los dones del Espíritu Santo, todas las bienaventuranzas evangélicas, todas las buenas obras, todos los actos meritorios, toda la gloria del paraíso:Acoged con docilidad esa palabra, que ha sido injertada en vosotros y es capaz de salvar vuestras vidas.

La palabra de Dios es luz para el entendimiento, fuego para la voluntad, para que el hombre pueda conocer y amar a Dios; y para el hombre interior, el que vive por la gracia del Espíritu Santo, es pan y agua, pero un pan más dulce que la miel y el panal, un agua mejor que el vino y la leche; es para el alma un tesoro espiritual de méritos, y por esto es comparada al oro y a la piedra preciosa; es como un martillo que doblega la dureza del corazón obstinado en el vicio, y como una espada que da muerte a todo pecado, en nuestra lucha contra la carne, el mundo y el demonio.

RESPONSORIO                                                                                                  Is 40, 9; Lc 9, 59-60
R. Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; * Di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios».
V. Sígueme, vete a anunciar el reino de Dios. * Di a las ciudades.

HIMNO Te Deum.
La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Ha pasado el Señor, en la alborada,
lo ha mirado con ojos complacidos;
de rodillas Lorenzo baña el alma
para el amor dispuesto y el servicio.

Lo ha mirado Jesús. Eucaristía,
como él se vio mirado y protegido;
en el dulce coloquio del altar
Lorenzo exulta, en Cristo trascendido.

Y el que ha comido el Pan de los vivientes
y la Escritura Santa ha comprendido,
se levanta al anuncio y la pelea,
ebrio de Dios, apóstol encendido.

Avanza a pie llevando el Evangelio,
pobre de Cristo en cortes y castillos,
y es su saber fulgor de iluminado
y su poder la paz del crucifijo.

La Madre intercesora lo acompaña,
la que en la cruz estuvo junto al Hijo,
Inmaculada, Asunta, Mediadora,
María Virgen, vida y regocijo.

Excelsa Trinidad, deleite augusto,
Poder, Sabiduría, Amor divino,
te alabamos, oh Dios santificado
en tu Iglesia viviente de testigos. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Madruga por el Señor, su Creador, y reza delante del Altísimo; abre la boca para suplicar, pidiendo perdón de sus pecados.
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Ant. 2. Con embajadas de paz recorrió distintas naciones y manifestó lo acertado de su parecer.
Ant. 3. Muchos alabarán su inteligencia, que no perecerá jamás.

LECTURA BREVE                                                                                                    2Cor 5, 14-19–21
Nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no conocía el pecado, 10 hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.

RESPONSORIO BREVE
R. Los que viven, no vivan ya para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos: * Cristo, Dios nuestro. Los que viven.
V. Él nos reconcilió consigo por medio de Cristo, y nos encargó el ministerio de la reconciliación. * Cristo. Gloria al Padre. Los que viven.

Benedictus, ant. Sirviendo al Señor en santidad y justicia, condujo al pueblo de Dios por el camino de la paz.

PRECES
Hermanos, glorifiquemos a Cristo, Señor nuestro, camino, verdad y vida, que nos impulsa a una vida Santa, siguiendo su ejemplo, y digámosle:
Condúcenos a ti, Señor.

Tú que viniste al mundo no para que te sirvieran, sino para servir,
— haz que sepamos servirte a ti y a nuestros hermanos con humildad.

Tú que viniste a evangelizar a los pobres,
— concédenos predicar el Evangelio a toda criatura.

Tú que reconciliaste al mundo contigo por tu sangre,
— haznos cooperadores de la reconciliación universal.

Tú que por la Iglesia nos anuncias el gozo de tu salvación,
 concédenos, por intercesión de san Lorenzo, extenderla a todos los hombres a través de una vida santa.

Tú que eres el Sol que nace de lo alto, enciende nuestros corazones en tu amor,
para que te deseemos ardientemente y anhelemos vivir íntimamente unidos a ti.

Padre nuestro.

Oración

Oh Dios, que por tu Espíritu llenaste a san Lorenzo de Brindis de los dones de consejo y fortaleza; concédenos, por su intercesión, que nosotros sepamos discernir la verdad, aceptarla y ponerla por obra. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Hora intermedia

Las antífonas y los salmos, de la feria correspondiente. 

Tercia

LECTURA BREVE                                                                                                                   Ez 34, 16
Buscaré la oveja perdida, recogeré a la descarriada, vendaré a las heridas, fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta, la guardaré: la apacentaré con justicia.

V. El Señor es mi pastor.
R. Nada me falta. 

Sexta

LECTURA BREVE                                                                                                                     Is 52, 7
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena  noticia, que pregona la justicia, que dice a Sión: «Tu Dios reina»!

V. Dad gracias al Señor, invocad su nombre.
R. Dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

Nona
LECTURA BREVE                                                                                                          Cf. Ef 1, 8–10

Dios ha derrochado sobre nosotros su sabiduría y prudencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad: el plan que había proyectado realizar por Cristo en la plenitud de los tiempos: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.

V. Pronuncie mi boca la alabanza del Señor.
R. Todo viviente bendiga su santo nombre.

La oración como en Laudes. 

Vísperas

El Himno como en Laudes

SALMODIA
Ant. 1. Soy servidor del evangelio, por la gracia que Dios me dio con su fuerza y su poder.

Salmo 14

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.
El que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Ant. Soy servidor del evangelio, por la gracia que Dios me dio con su fuerza y su poder.
Ant. 2. Con sus obras alegró a la Iglesia de Dios y en sus manos llegó a buen término la salud.

Salmo 121

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
y a están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios».

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Ant. Con sus obras alegró a la  Iglesia de Dios y en sus manos llegó a buen término la salud.
Ant. 3. Dad gracias al Señor, invocad su nombre; dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

                                                                             Cántico                                                    Ap 15, 3b–4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Ant. Dad gracias al Señor, invocad su nombre; dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

LECTURA BREVE                                                                                                          Sant 3, 17–18
La sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera. El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.

RESPONSORIO BREVE
R. En la asamblea * Le da la palabra. En la asamblea.
V. Lo llena de espíritu de sabiduría e inteligencia. * Le da. Gloria al Padre. En la asamblea.

Magníficat, ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, bienaventurado Lorenzo, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

PRECES
Roguemos humildemente a Cristo, Señor nuestro; fuente de vida y de santidad, y digámosle:
Venga a nosotros tu reino, Señor. 

Tú que enviaste a tus discípulos por el mundo a predicar el Evangelio a toda criatura,
 haz que, iluminados por el mismo Evangelio, podamos anunciarlo a todo el mundo.

Tú que con tu venida has traído la salvación al mundo,
— concédenos ser operarios fieles en tu viña.

Tú que has exaltado a san Lorenzo y lo has colmado de tus dones,
— concédenos fortaleza y sabiduría.

Tú que nos quieres colaboradores tuyos en la construcción de un mundo mejor,
— concede a todos los miembros de la Familia Franciscana ser instrumentos de reconciliación y perdón.

Tú que has de venir a juzgar a los vivos y a los muertos,
— recibe a nuestros difuntos entre tus elegidos.

Padre nuestro.

 Oración

Oh Dios, que por tu Espíritu llenaste a san Lorenzo de Brindis de los dones de consejo y fortaleza; concédenos, por su intercesión, que nosotros sepamos discernir la verdad, aceptarla y ponerla por obra. Por nuestro Señor Jesucristo.

APÉNDICE II
Himnos en latín
21 de julio
San Lorenzo de Brindis 

Oficio de lectura

 Legem Dei Lauréntius
cum nuntiáre míttitur
Apostolórum spíritu
terras per omnes dúcitur.

Reges, tyránnos, príncipes,
plebem simúlque nóbiles,
et dívites et páuperes
viam salútis édocet.

Quas prava secta spárserat,
erróris umbras díscutit:
confútat hebráeos, fidem
Christi tuétur ímpiger.

Igníta tamquam spícula,
ex ore yerba prófIuunt:
quae dura quamvis péctora
ad paeniténdum cómmovent.

Ab hoste victor éripit,
quos ille captos détinet:
ruptísque culpae vínculis,
caeli capáces éfficit.

Semper tibi sit gloria,
o ter beáta Trínitas,
nos per preces Lauténtii
adiúnge caeli cívibus. Amen.

Laudes

 Dux et magíster óptime,
nostrúmque, Laurénti, decus,
quem sanctitáte fúlgidum
Doctóris ornat láurea.

Laudes tu as canéntium
inténde laetis vócibus:
tuis adésto frátribus,
qui te patróno géstiunt.

Gentem Minótum Páuperum,
cui praefuísti próvidus,
caeli triúmphans sédibus
nunc adiuvándo próspera.

Fecúnda crescat fíliis
et sanctitátis fructibus:
orans, labórans, praédicans,
Christo fidélis sérviat.

Quae tu dedísti spléndida
exémpla, fac nos súbsequi:
ut post eódem pérpeti
tecum fruámur praémio.

Semper tibi sit glória,
ter beáta Trínitas,
nos per preces Lauréntii
adiúnge caeli cívibus. Amen.

Vísperas

 
Piis canámus méntibus
et vócibus Lauréntium:
in lege Christi strénuum
annuntiánda apóstolum.

Puer, cadúca réspuens,
sacras in aedes ádvolat:
vestémque Francísci índuens,
totum Deo se cónsecrat.

Hinc, Patris haerens gréssibus
virtútis arctam sémitam
percúrrit, atque strénue
in summa scandit cúlmina.

O quot redúndans lácrimis
Christi dolóres cógitat:
abstráctus aut a sénsibus,
offert salútis hóstiam.

Dei paréntem Vírginem
amat, celébrat, praédicat:
per quam supérnis ínvicem
augétur ipse dótibus.

Semper tibi sit glória,
o ter beáta Trínitas,
nos per preces Lauréntii
adiúnge caeli cívibus. Amen.

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Liturgia de las horas: 13 de julio, beatos Manuel Ruiz, presbítero, y compañeros, mártires, I Orden

Martires de Damasco.jpg

13 de julio
BEATOS MANUEL RUIZ, PRESBÍTERO,
Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES, I ORDEN
Memoria libre para la OFM

En la segunda mitad del siglo XIX, un grupo de valerosos Hermanos Menores de la comunidad de Damasco, dieron su vida por Cristo en manos de los musulmanes drusos. Manuel Ruiz era el guardián. Nació en San Martín de las Ollas (Burgos), en 1804. Pronto abrazó la vida franciscana, ordenándose después presbítero. Demostró gran amor a los pobres y una especial predisposición para la oración y el recogimiento. A los 27 años marchó a Tierra Santa, donde, tras el aprendizaje de la lengua árabe, enseguida empezó su apostolado en Jaifa, y principalmente en Damasco, dedicándose con preferencia a la instrucción de los niños, a quienes amaba con predilección. De carácter humilde y jovial, destacó sobre todo por la paciencia, hasta el punto de ser apodado «el padre paciencia». Después de 29 años de misionero, asaltado por los drusos, consumó el sacrificio de su vida
sobre el altar de la iglesia, bajo repetidos golpes de cimitarra, el 10 de julio de 1860.
Con él fueron también martirizados, por confesar la fe en Jesucristo, los Hermanos Menores: Carmelo Bolta, Francisco Pinazo, Engelberto Kolland, Nicanor Ascanio, Nicolás M. Alberca, Pedro Nolasco Soler y Juan Santiago Fernández. Pío XI beatificó a este grupo de «Mártires de Damasco» el 29 de junio de 1926.
Del Común de varios mártires.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, de Benedicto XVI, papa
(Núm.85)

El martirio, testimonio de la victoria contra el mal

La misión primera y fundamental que recibimos de los santos misterios que celebramos es la de dar testimonio con nuestra vida. El asombro por el don que Dios nos ha hecho en Cristo imprime en nuestra vida un dinamismo nuevo, comprometiéndonos a ser testigos de su amor.

Nos convertimos en testigos cuando, por nuestras acciones, palabras y modo de ser, aparece el Otro y se comunica. Se puede decir que el testimonio es el medio con el que la verdad del amor de Dios llega al hombre en la historia, invitándolo a acoger libremente esta novedad radical. En el testimonio Dios, por así decir, se expone al riesgo de la libertad del hombre. Jesús mismo es el testigo fiel y veraz; ha venido para dar testimonio de la verdad.

Con estas reflexiones deseo recordar un concepto muy querido por los primeros cristianos, pero que también nos afecta a nosotros, cristianos de hoy: el testimonio hasta el don de sí mismos, hasta el martirio, ha sido considerado siempre en la historia de la Iglesia como la
cumbre del nuevo culto espiritual: presentad vuestros cuerpos.

Se puede recordar, por ejemplo, el relato del martirio de san Policarpo de Esmirna, discípulo de san Juan: todo el acontecimiento dramático es descrito como una liturgia, más aún, como si el mártir mismo se convirtiera en Eucaristía. Pensemos también en la conciencia eucarística que Ignacio de Antioquía expresa ante su martirio: él se considera «trigo de Dios» y desea llegar a ser en el martirio «pan puro de Cristo».

El cristiano que ofrece su vida en el martirio entra en plena comunión con la Pascua de Jesucristo y así se convierte con él en Eucaristía. Tampoco faltan hoy en la Iglesia mártires en los que se manifiesta de modo supremo el amor de Dios.

Sin embargo, aun cuando no se requiera la prueba del martirio, sabemos que el culto agradable a Dios implica también interiormente esta disponibilidad, y se manifiesta en el testimonio alegre y convencido ante el mundo de una vida cristiana coherente allí donde el Señor nos llama a anunciarlo.

RESPONSORIO                                                                                        Heb 11, 33.34.39; Sab 3, 5
R. Los santos, por medio de la fe, conquistaron reinos, practicaron la justicia, vieron cumplidas promesas, fueron valientes en la guerra. * Todos estos fueron acreditados por su fe.
V. Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí. * Todos estos.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. A vosotros os digo, amigos míos: «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más».

Oración

Atiende, Señor, nuestras súplicas en la fiesta de los santos mártires Manuel y compañeros, para que, del mismo modo que los has vestido de fortaleza en la confesión de tu nombre, nos concedas a nosotros experimentar su poderosa intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. No les tengáis miedo, porque se os ha concedido la gracia no sólo de creer en Cristo sino de padecer por él.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.


Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS


Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.


SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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800 aniversario del Perdón de Asís (Indulgencia de La Porciúncula) 1216-2016

CARTEL perdon de asis_2016.jpg

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OFS y Clarisas Belalcazar: DERRIBANDO LOS MUROS DE LA INDIFERENCIA

cartel belalcazar 2016 (3)

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Liturgia de las horas: 8 de julio, santas María Herminia, virgen, y compañeras mártires, III Orden

santas Herminia y compañeras martires de China

8 de julio
SANTAS MARÍA HERMINIA, VIRGEN,
Y COMPAÑERAS, MÁRTIRES, III ORDEN
Memoria obligatoria para la FMM

En la violenta persecución desencadenada por los fanáticos “boxers” en China, en 1900, fueron también martirizadas siete jóvenes religiosas de las Franciscanas Misioneras de María: María Herminia, María Amandina, María Clara, María de santa Natalia, María Adolfina, María de san Justo, María de la Paz, de distintas nacionalidades. Todas ellas estaban destinadas en la misión de Tiyuan-fu (China), donde realizaban una gran labor misionera.

Fueron martirizadas, junto con el obispo franciscano Gregorio Grassi y otros miembros de la Familia Franciscana el 9 de julio de 1900. Ofreciendo su vida por la Iglesia y por la salvación de los hombres, realizaron su holocausto hasta el fin. Fueron beatificadas por Pío XII en 1946 y canonizadas por Juan Pablo II el 1 de octubre del año jubilar 2000.

Del Común de varios mártires o de vírgenes.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Puede tomarse la lectura de las Actas del martirio de Gregorio Grassi y compañeros, en este mismo día, o bien, la siguiente:
De los Sermones de san Agustín, obispo

(Sermón 329,1-2: Obras completas de san Agustín, XXV, BAC, Madrid 1984, pp. 660-663)

Preciosa es la muerte de los mártires

Los hechos tan gloriosos de los santos mártires, flores que la Iglesia esparce por doquier, prueban a nuestros ojos cuán verdadero es lo que hemos cantado: la muerte de sus santos es preciosa a los ojos del Señor; si es preciosa a nuestros ojos, lo es también a los ojos de aquel por cuyo nombre la sufrieron.

Pero el precio de estas muertes es la muerte de uno solo. ¡Cuántas muertes compró muriendo, quien, si no hubiese muerto, no se hubiese multiplicado el grano de trigo! Oísteis las palabras que dijo al acercarse su pasión, es decir, al acercarse nuestra redención: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto.

En la cruz realizó un gran negocio; allí fue desatado el saco que contenía nuestro precio: cuando la lanza de quien lo hirió abrió su costado y brotó de él el precio de todo el orbe.

Fueron comprados los fieles y los mártires; pero la fe de los mártires fue sometida a prueba; su sangre lo atestigua. Devolvieron lo que se había pagado por ellos, y cumplieron lo que dice san Juan: Cristo dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Y también en otro lugar se dice: Te has sentado a una gran mesa; considera atentamente lo que te ponen, porque conviene que tú prepares otra igual. Grandiosa es la mesa en la que los manjares son el mismo Señor de la mesa. Nadie se da a sí mismo como manjar a los invitados, que es lo que hace Cristo el Señor: él es quien invita, él la comida y la bebida. Los mártires reconocieron, pues, qué comían y qué bebían, para devolverle lo mismo.

Mas, ¿cómo iban a devolver si él no les hubiese dado primero con qué pagar? En consecuencia, ¿qué nos recomienda el salmo en el que está escrito lo que hemos cantado: La muerte de sus santos es preciosa a los ojos del Señor? Consideró el hombre cuánto recibió de Dios; examinó detenidamente todos los dones de la gracia del todopoderoso que lo creó; que, perdido, lo buscó; hallado, le otorgó el perdón; luchando con sus solas fuerzas, lo ayudó; hallándolo en peligro, no se retiró; en cuanto vencedor, lo coronó y se dio a sí mismo como premio. Consideró todo esto, exclamó y dijo: ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré el cáliz de la salvación, invocando el nombre del Señor. ¿Qué cáliz es éste? El cáliz de la pasión, amargo y saludable; cáliz que si no lo hubiera bebido primero el médico, el enfermo hubiera temido hasta tocarlo. Ese es el cáliz de que habla. Reconocemos este cáliz en la boca de Cristo al decir: Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz.

Refiriéndose a este cáliz dijeron los mártires: Alzaré el cáliz de la salvación, invocando el nombre del Señor. «¿No temes desfallecer en el camino?» «No», dijo. «¿Por qué?» «Porque invoco el nombre del Señor». ¿Cómo hubieran podido vencer los mártires, de no haber vencido en ellos quien dijo: Tened valor, yo he vencido al mundo. El emperador de los cielos regía su mente y su lengua, y por medio de ellos vencía en la tierra al diablo, a la vez que coronaba en el cielo a los mártires. ¡Oh bienaventurados, que así bebisteis este cáliz! Para ellos se acabaron los dolores y recibieron los honores.

Poned atención, pues, amadísimos; con los ojos no es posible, pero con la mente y el alma pensad y ved que la muerte de sus santos es preciosa a los ojos del Señor.

RESPONSORIO                                                                                                                   Cf. Ef 4,4.5
R. Muchos santos derramaron por el Señor su sangre gloriosa, amaron a Cristo durante su vida, lo imitaron en su muerte. * Por eso merecieron la corona del triunfo.
V. Tenían un solo espíritu y una sola fe. * Por eso.

La Oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Oración

Oh Dios, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, concédenos, por intercesión de las santas Herminia y compañeras mártires, que todos los pueblos te reconozcan como Dios verdadero y a Jesucristo como tu enviado para la salvación del mundo. Él, que vive y reina contigo.

Vísperas

Magníficat, ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y, porque le amaron hasta derramar su sangre, reinan con el Señor eternamente..

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.


Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS


Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.


SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Liturgia de las horas: 26 de junio, beato Andrés Jacinto Longhin, Obispo, I Orden

beato Andres Jacinto Longhin.jpg

26 de junio
BEATO ANDRÉS JACINTO LONGHIN,
OBISPO, I ORDEN
Memoria libre para OFMCap

El beato Andrés Jacinto vino a este mundo en Fiumicello da Campodarsego (Padua), el 22 de noviembre de 1863. Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y durante cinco lustros vivió en el ocultamiento del claustro, entregado a los estudios y a los
servicios pastorales y fraternos, con gran austeridad y siempre fiel al espíritu evangélico y franciscano.

En 1904 fue nombrado obispo de Treviso, cuya diócesis rigió durante treinta y dos años. Se esforzó cuanto pudo en la enseñanza del catecismo; con infatigable entusiasmo anunció la Palabra de Dios; veló por la santificación de los clérigos, sacerdotes, religiosos y laicos. Su espíritu paternal brilló en tiempos en que la Primera Guerra Mundial se extendía por todo el mundo. Afligido por el dolor, que sobrellevó con paciencia, dejó este mundo el 26 de junio de 1936. Fue beatificado por Juan Pablo II el 20 de octubre de 2002.
Del Común de pastores.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

 Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De las Cartas del beato Andrés Jacinto Longhin, obispo
(Escritos inéditos 93/V, p. 83: Arch. Post. Gen. OFMCap)

La santidad está al alcance de todos

Todos debemos intentar alcanzar la santidad de la vida cristiana y religiosa. Engañados por la ignorancia y la pereza, creemos que la santidad no es para nosotros. Pensamos que consiste en tener éxtasis, o que para adquirir la santidad sería necesario poseer el don de arrobamientos, visiones, profecías o milagros; imaginamos que se da en la cruz y que es necesario atormentarse con grandes ayunos, llevar una vida austera, sufrir disciplinas y cilicios… Peligrosa idea. La santidad se da en la simplicidad de las cosas que están al alcance de nuestras manos. A nadie se le manda: azotaos a vosotros mismos, ayunad, arrobaos en éxtasis … ¡no! Nadie nos lo prescribe. Solamente se nos dice: Amad a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas; amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos. En esto se resume toda la perfección de la vida cristiana y la verdadera santidad.

¿Quién es capaz de afirmar que no puede amar a Dios en esta tierra? Conviene que cumplas la voluntad santa de Dios, manifestada en los mandamientos del decálogo, de la Iglesia y de nuestros legítimos superiores.

¿Quién puede decir: No me es posible evitar los pecados veniales deliberados, las transgresiones contra la caridad, la humildad y la obediencia? Santo Tomás responde a una hermana que le preguntaba cómo podría llegar a ser santa: «¡Si quieres!» ¿Has entendido, querida María? Si quieres ser santa, no te faltará ayuda, porque, sostenidos por la gracia de Dios, podemos todo.

RESPONSORIO
R. En la asamblea le da la palabra. * Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
V. Alcanzará gozo y alegría. * Lo llena de espíritu.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Me he hecho todo para todos para ganar a algunos.

Oración

Dios de piedad y misericordia, que concediste al beato Andrés Jacinto, obispo, edificar tu Iglesia por medio del anuncio de la fe cristiana y la caridad pastoral, concédenos, por su intercesión, que demos constante testimonio de tu amor sirviendo a los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Este es el administrador fiel y prudente, a quien el Señor ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración de alimento a sus horas.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre

siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina

hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.


SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas

esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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