Santa Clara: Llamada a lo esencial

Santa Clara «es una llamada permanente a la Iglesia para que vuelva a la esencialidad y a la radicalidad del Evangelio». Lo dijo el cardinal Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el clero, durante la misa presidida en la basílica de la santa, en Asís, el jueves 11 de agosto, por la mañana.

La solemne concelebración eucarística ha sido el momento central de la fiesta litúrgica en honor de la santa, iniciada la tarde del miércoles con la vigilia de oración en el santuario de San Damiano. Entorno al altar, además del obispo de Asís –Nocera Umbra– la concelebración eucarística ha sido el momento central de la fiesta litúrgica en honor de la santa, iniciada la tarde del miércoles con la vigilia de oración en el santuario de San Damiano. En torno al altar, además del obispo de Asís –Nocera Umbra– Gualdo Tadino, monseñor Domenico Sorrentino, había unos cuarenta sacerdotes, muchos pertenecientes a las familias franciscanas y del clero local.

Ante una gran asamblea de fieles y peregrinos, el purpurado recordó que la fuerza de Clara residía en escuchar la voz de Cristo, en su seguimiento gozoso y a través del testimonio del amor. Desarrollando este trinomio a lo largo de la entera homilía, el cardenal Stella ha subrayado que «escuchar la llamada de Cristo es el fundamento de cada vida cristiana. Dios no actúa con violencia hacia nosotros»,destacó, sino que «se hace pobre y humilde, casi mendigando un espacio de nuestro corazón, como el esposo que llama a la puerta de su amada».

Osservatore Romano:
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Liturgia de las horas: 23 de agosto, beato Bernardo de Offida, religioso, I Orden

beato Bernardo de Offida

23 de agosto
BEATO BERNARDO DE OFFIDA,
RELIGIOSO, I ORDEN
Memoria libre para OFMCap

Bernardo nació en Offida (Ascoli Piceno), Italia, de humilde familia campesina, en 1604. A los ventidós años vistió el hábito de los Hermanos Menores Capuchinos como hermano no clérigo. Llevó una vida de oración y penitencia. Con frecuencia era consultado por maestros y personalidades importantes sobre los más difíciles problemas. Murió el 22 de agosto de 1694. Fue beatificado por Pío VI en 1795. Su cuerpo se venera en la iglesia de los Hermanos Capuchinos de Offida.
Del Común de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

 Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De las Actas de la Sagrada Congregación de Ritos
(Ausculana, Beatificationis Summ. Et Inform., Romae 1781)

Estuve enfermo y me visitasteis

Teniendo que declarar sobre la grandísima caridad que el Siervo de Dios tuvo para con los religiosos enfermos digo, que, aunque viejo y muy anciano, paralítico y necesitado de ayuda, no cesaba de trabajar por sus hermanos religiosos. Lo maravilloso era que, temblando él de la cabeza a los pies y caminando con ayuda de muletas, cuando tenía que llevar a los enfermos la comida, o a otras cosas, no tenía necesidad de ayuda ninguna, sintiéndose sostenido por la fuerza de la caridad, y los platos, tazones y tazas, que llevaba en una mesilla repleta para el servicio de los enfermos, no se derramaban nada.

El buen siervo de Dios, para ayudar a los pobres enfermos a tomar algún alimento, mandado por los médicos, y quitarles todo tipo de náusea, que ordinariamente producen las enfermedades, llenaba de flores la mesita sobre la que los enfermos tenían que comer, y durante el invierno cuando faltaban las flores, ponía en su lugar espiguillas y hierbas aromáticas; mientras comían, procuraba entretenerlos con algún alegre discurso, espiritual o de cualquier otro tema, que él veía más adecuado a su propio estado. Si veía que no podían comer, estando sentados en la cama, él procuraba darles de comer y si tenían necesidad de levantarse por alguna necesidad, él los ayudaba con gran amor y caridad, dándole fuerza suficiente, aunque estuviese viejo y decrépito, la caridad divina.

Si la enfermedad del hermano era mortal y requería más asistencia de la normal, entonces rogaba al padre Guardián que mandase a otro religioso a hacer su trabajo y le diese a él permiso para no retirarse de la celda del enfermo.

Cuando había obtenido el permiso del superior, se quedaba en la celda del enfermo y de ella no se movía ni un momento. Estando, sin embargo, recluido en la celda destinada para enfermería de los religiosos, además del mérito de la caridad que adquiría ocupándose en atender a los demás, no perdía su actitud de recogimiento y de oración, ya que obtuvo de los superiores poder abrir un ventanuco en correspondencia con la iglesia, de la medida de un ladrillo; de ello obtuvo dos ventajas: una, que el enfermo desde su cama podía escuchar la santa misa, abriendo el ventanillo, y el otro, que así podía no sólo oír las misas que se celebraban en la iglesia, sino estar en oración sin perder de vista el Santísimo Sacramento durante el tiempo en el que no se ocupaba del enfermo, y no perder de vista al mismo enfermo.

RESPONSORIO                                                                                                                    1Jn 4, 16.7
R. Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene. * Quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él.
V. Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. * Quien permanece en el amor.

La oración como en Laudes.

 Laudes

Benedictus, ant. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros.

Oración

Dios misericordioso, que has compendiado tus mandamientos en el amor a ti y a los hermanos, haz que, a imitación del beato Bernardo, dediquemos nuestra vida al servicio del prójimo, para recibir tus bendiciones en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Lo que hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis. Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Liturgia de las horas: 18 de agosto, beatos Juan Luis Loir, Protasio y Sebastián, presbíteros y mártires, I Orden

Capuchinos.jpg

18 de agosto
BEATOS JUAN LUIS LOIR, PROTASIO Y SEBASTIÁN,
PRESBÍTEROS Y MÁRTIRES, I ORDEN
Memoria libre para OFMCap

Durante la revolución francesa, 829 sacerdotes y religiosos fueron desterrados a las barcas de peaje de Rochefort por haber rechazado jurar la Constitución del clero. Fueron sometidos a durísimas condiciones de vida y a las peores humillaciones y barbaridades. Entre estos héroes de la fe y de la fidelidad al papa y a la Iglesia de Roma, están los Hermanos Menores Capuchinos Juan Luis Loir, Protasio y Sebastián.
Juan Luis Loir, nacido en 1720, ingresó en los Hermanos Menores Capuchinos en Lyon y, tras ordenarse de presbítero, fue célebre en el ministerio de la confesión y en la dirección espiritual. Religioso de gran nobleza de ánimo, afable, humilde, paciente, irradiaba por doquier la alegría franciscana. Agotado por el cruel cautiverio, murió el 19 de mayo de 1794. Fue el primero de los 22 Capuchinos martirizados en Rochefort.
Protasio de Seés nació en 1747, y vistió el hábito de los Hermanos Menores Capuchinos en Bayeux, en 1767. Ordenado presbítero, desempeñó su ministerio con gran dedicación y entrega. Religioso de notable talla física, moral y espiritual, admirable por la firmeza en la fe, la prudencia y en la fidelidad a todas las exigencias de su vocación franciscana. Murió el 23 de agosto de 1794.
Sebastián de Nancy nació en 1749. Vistió el hábito de los Hermanos Menores Capuchinos en Saint-Michel en 1768. Fue confesor, predicador y coadjutor. Religioso de vida ejemplar y sobre todo de eminente piedad, murió el 10 de agosto de 1794.
A este grupo de mártires pertenecen los dos Hermanos Menores Conventuales Luis Armando Adam y Nicolás Savouret. Todos formaban parte de los 64 sacerdotes franceses, beatificados por el papa Juan Pablo II el 1 de octubre de 1995.
Del Común de varios mártires.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

 Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
Del Testimonio de Claudio Masson, sacerdote desterrado a las barcas de peaje de Rochefort
(Manual de educación cristiana, ID, Nancy 1815, pp. 330. 332-333.336-337)

Semejantes a Cristo en su Pasión

Nuestros carceleros nos consideraban como desechos de la naturaleza, que habíamos perdido todo derecho ante la humanidad, y que podíamos ser pisoteados como insectos despreciables, sin ir por ello contra la justicia.

Dios permitía esto para aumentar el premio de nuestros sufrimientos, haciéndonos el don de una más perfecta semejanza con su divino Hijo en su pasión… Nada nos consolaba en nuestros sufrimientos, nada nos daba fuerzas en nuestras pruebas como el pensamiento de Jesús que reina en el cielo y que desde su trono seguía nuestros combates; él que, antes que nosotros y por nosotros, había sido atado, flagelado, abofeteado, escupido, coronado de espinas, a quien en su sed le dieron hiel y vinagre, fue clavado en la cruz, y a cuyos pies sus enemigos lo insultaban y maldecían.

Esta visión espiritual de nuestro Redentor hacía llegar hasta nuestros corazones una dulzura inefable: entonces sólo veíamos en lo que nos sucedía motivo de una gran alegría. Nos sentíamos felices por haber sido elegidos, con preferencia a tantos otros, para poder imitar a nuestro divino Maestro. Reflexionábamos que Jesús había querido que a lo largo de los siglos cada dogma de la fe fuese de alguna manera mantenido y consolidado en la Iglesia por medio de la sangre de numerosos mártires, un número más o menos grande según la importancia de la verdad de fe que venía combatida; y pensábamos entonces que era verdaderamente honroso para nosotros ser perseguidos e inmolados para reforzar la enseñanza de la autoridad espiritual, e independiente del poder del mundo, confiada por voluntad divina a la Sede apostólica y en general a todo el episcopado. 

Hacía poco tiempo que el Señor había manifestado la santidad de uno de sus siervos: el padre Sebastián, capuchino del convento de Nancy, que había llegado para morir luego en una barca.

Se le vio una mañana arrodillado con los brazos en cruz, mirando al cielo, con la boca abierta. Al principio le prestamos poca atención porque estábamos acostumbrados a verlo orar así, incluso durante su enfermedad. Pasó una media hora y estábamos admirados de verlo tanto tiempo así en una posición tan incómoda y difícil de mantener en aquel momento, porque el mar estaba muy agitado y la barca ondeaba fuertemente. Se pensó primero que estaría en éxtasis y nos acercamos para verlo más de cerca; pero, después de haber tocado su cara con las manos, nos dimos cuenta de que había entregado su alma a Dios en aquella postura.

Llamamos entonces a los marineros de la nave que, ante aquel espectáculo, no pudieron contener los gritos de admiración y las lágrimas. La fe se despertó entonces en sus corazones; y muchos de ellos, descubriéndose los brazos, enseñaron a todos la figura de la cruz, grabada en su carne con una piedra incandescente; y tomaron la firme decisión de volver a la religión que habían abandonado.

RESPONSORIO                                                                                           Mt 5, 44-45.48; Lc 6, 27
R. Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, y rezad por los que os persiguen. * Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo.
V. Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto. * Así seréis hijos de vuestro Padre.

La oración como en Laudes.

 Laudes

Benedictus, ant. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Oración

Oh Dios, que concediste a los beatos mártires Juan Luis, Protasio, Sebastián y compañeros, la gracia de la fidelidad y del perdón en la prueba del destierro, concédenos por su intercesión, permanecer siempre fieles a la Iglesia y dispuestos a reconciliarnos con nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y, porque le amaron hasta derramar su sangre, reinan con el Señor eternamente.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Liturgia de las horas: 18 de agosto, beatos Luis Armando Adam y Nicolás Savouret, presbíteros y mártires, I Orden

Luis Armando José Adam y Nicolas Savouret.jpg

18 de agosto
BEATOS LUIS ARMANDO ADAM Y NICOLÁS SAVOURET,
PRESBÍTEROS Y MÁRTIRES, I ORDEN
Memoria libre para OFMConv

Durante la Revolución francesa, 829 sacerdotes diocesanos y religiosos que habían rehusado pronunciar el juramento de la constitución civil del clero y apartarse del papa y de la Iglesia de Roma, fueron encerrados en Rochefort en dos buques de carga, que jamás zarparían hacia destino alguno y se convirtieron en auténticas y sórdidas prisiones. Las penalidades soportadas por todos ellos fueron tantas que, después de nueve meses, los muertos sumaban 547.
Los testimonios recogidos sobre los prisioneros han llevado a la Iglesia a declarar beatos, con el título de mártires, a 64 de los sacerdotes fallecidos en Rochefort, entre los que se encuentran los dos Hermanos Menores Conventuales, Luis Armando Adam y Nicolás Savouret, muertos el 13 y el 16 de julio de 1794 respectivamente.
A este grupo de mártires pertenecen también los Hermanos Menores Capuchinos, Juan Luis Loir, Protasio y Sebastián.
Todos ellos fueron beatificados por el papa Juan Pablo II el 1 de octubre de 1995.
Del Común de varios mártires.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

 Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Homilía del beato Juan Pablo II, papa, en la beatificación de los beatos Luis Adam y Nicolás Savouret
(1 de octubre de 1995: Osservatore Romano, CXXXV, 2 ottobre 1995)

En los mártires se manifiesta
la riqueza del misterio pascual de Cristo

Alaba, alma mía, al Señor. La Iglesia hace suya la invitación del salmo en este día de la beatificación de los mártires que testimoniaron con su sangre su fidelidad a Cristo durante la Revolución francesa.

El martirio es un don especial del Espíritu Santo, un don para toda la Iglesia. Y el mismo halla su coronación en esta liturgia de beatificación, en la que glorificamos a Dios de un modo singular: «A ti te ensalza el blanco ejército de los mártires». Dios, mediante un acto solemne de la Iglesia -la beatificación- , corona sus méritos, y manifiesta al mismo tiempo el don que les ha otorgado, como proclama la liturgia: «Coronando sus méritos, coronas tu
propia obra».

Esta mañana, queridos hermanos y hermanas, nuestro recuerdo es para los sesenta y cuatro sacerdotes franceses muertos, junto con otros centenares más, en los buques prisión de Rochefort. Como exhortaba san Pablo a Timoteo, ellos combatieron el noble combate de la fe. Recorrieron un largo calvario por haber permanecido fieles a su fe y a la Iglesia. Murieron porque proclamaron hasta el final su estrecha comunión con el papa Pío VI.

En su profunda soledad moral, supieron mantener vivo el espíritu de oración. En medio de los tormentos del hambre y la sed, no profirieron una sola palabra de odio contra sus torturadores. Lentamente, se dejaron conformar al sacrificio de Cristo que celebraban en virtud de su ordenación. Y ahora se presentan ante nuestros ojos como un signo vivo del poder de Cristo, que actúa en la debilidad humana.

Con gozo, podemos aplicarles las palabras de la Escritura: La vida de los justos está en manos de Dios. Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito cómo una desgracia, pero ellos están en paz.

La profesión de fe, proclamada por los nuevos beatos con la entrega de su vida, como afirma el apóstol, crea vínculos especiales entre cada uno de los testigos y Cristo, que fue el primer testigo ante Poncio Pilato.

El mismo Cristo, el único Señor del universo, el Rey de los reyes y Señor de los señores, es la gloria de los mártires. El es, en efecto, el único que posee la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible… A él honor y poder eterno.

A él, que por vosotros se hizo pobre, para enriqueceros con su pobreza, gloria y honor en los nuevos beatos mártires, que desde hoy constituyen una nueva riqueza de gracia y santidad para toda la Iglesia.

RESPONSORIO                                                                                                      Cf. Ap 7, 14; 12, 11
R. Éstos son los que han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero. * Y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
V. Son los que vienen de la gran tribulación. * Y no amaron.

La oración como en Laudes.

 Laudes

 

Benedictus, ant. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Oración

Padre de misericordia, que has manifestado el poder de la resurrección de tu Hijo en el martirio de los beatos Luis, Nicolás y compañeros, concédenos, por su intercesión, ser fieles a la vocación cristiana y saber perdonar a nuestros enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y, porque le amaron hasta derramar su sangre, reinan con el Señor eternamente.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

 

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

 

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!»  (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Liturgia de las horas: 13 de agosto, beato Marco de Aviano, presbítero, I Orden

Marco d'Aviano

13 de agosto
BEATO MARCOS DE AVIANO,
PRESBÍTERO, I ORDEN
Memoria libre para OFMCap

Marcos nació en Aviano (Pordenone) Italia, en 1631. A los 16 años entró en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y a los 24 años fue ordenado sacerdote. Se dedicó durante 17 años a la oración y a una vida escondida en la práctica de la humildad, fue llamado por la obediencia al ministerio de la predicación.
Recorrió los caminos de Europa predicando y siendo admirado por grandes multitudes de fieles en las iglesias y en las plazas, por donde pasó acrecentando la fe y la práctica de la vida cristiana, y llamando al arrepentimiento de los pecados y la conversión. Por su santidad de vida y su autoridad fue nombrado por el papa Inocencio XI misionero apostólico y legado pontificio. Tuvo acceso a las Cor­tes reinantes de su tiempo, favoreciendo siempre la unión y la concor­dia en aquel atormentado periodo. Tuvo amistad especial con el em­perador Leopoldo I y la familia imperial en Viena.
Agotado por sus numerosos viajes y por el cansancio del aposto­lado, murió en Viena el 13 de agosto del 1699, estrechando el crucifijo entre sus manos y fortalecido con la bendición apostólica. Juan Pablo II lo proclamó beato el 27 de abril del 2003.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De las Llamas del amor divino: Undécimo coloquio del corazón, del beato Marcos de Aviano, presbítero
(Kempten 1682, pp. 132-134)

Gracias, Señor, porque tu misericordia llega a todos

¡Oh Dios, maravilla de tus devotos, no niego absolu­tamente que si tú hubieras de pesar mis muchas malas obras en la balanza de la justicia, en el otro plato de la balanza sólo aparecería, inaplazable para mí, la eterna oscuridad y el abismo profundo; pero tú, Señor, tienes otras intenciones y tu misericordia prevalece hasta tal punto, sobre todo, que pones en el último lugar tu justa cólera!

Me gloriaba de ser tu enemigo, y tú, por el contrario, no sólo has perdonado toda mi culpa, sino que me has contado entre tus hijos y me has prometido como here­dad, y has preparado para mí, el reino de los cielos. Es un exceso de tu liberalidad divina, que inunda de tal ma­nera mi alma por un torrente de gozo que no puedo sino expresar gratitud y reconocimiento hacia ti, mi Dios.

Estos sentimientos quisiera expresarlos mi alma y mostrarlos, de todas las maneras posibles, a todos los seres creados a imagen de Dios, para que cada uno pue­da gritar con voz potente: ¡Oh Dios, sé alabado, recono­cido, amado y engrandecido! Pero ¡qué puede ser todo esto comparado con tu magnanimidad y tu misericordia!

Aunque la eternidad no se pueda circunscribir dentro de ningún límite, mi obediencia hará que todos los mo­mentos de mi vida sean expresiones de alabanza y de agradecimiento y que éstas se multipliquen mil y mil ve­ces, y que todos los que esperan, como yo, la celeste eternidad, se sientan llamados a la permanente obedien­cia filial, de manera que lo imposible se vuelva posible y de la debilidad se saque fuerza, para que todos puedan encontrar su recompensa en amarte y en darte gracias.

RESPONSORIO
R. Sed misericordiosos como vuestro Padre es mise­ricordioso: * Perdonad y seréis perdonados, dad y se os dará.
V. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. * Perdonad.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Mi porción es el Señor; bueno es el Señor para los que lo aman.

Oración

Oh Dios, Padre de misericordia, que has hecho del beato Marcos de Aviano, presbítero, un celoso apóstol de la conversión y de la comunión, concédenos, por su inter­cesión y su ejemplo, ser eficaces constructores de la paz que Cristo nos ha dejado como don. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Vosotros, los que lo habéis dejado todo y me habéis seguido, recibiréis cien veces más y heredaréis la vida eterna.

 

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!» (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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Liturgia de las horas: 8 de agosto, santo Domingo de Guzmán, presbítero, fundador de la Orden de Predicadores

francisco_y_domingo

8 de agosto
SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, PRESBÍTERO,
FUNDADOR DE LA ORDEN DE PREDICADORES
Fiesta para la Familia Franciscana

Domingo nació en Caleruega (Burgos), probablemente a finales de 1172. Sus padres, Félix, de la familia de los Guzmán, y Juana, de la familia Aza, le aseguraron una educación esmerada. Fue canónigo re­gular de Osma, donde se ejercitó en la predicación. Su encuentro con los cistercienses, encargados de luchar contra la herejía, cambió el rumbo de su vida, al intuir que la pobreza había de ser la señal legitimadora de la evangelización y que no había otro camino de reno­vación en la Iglesia que la vuelta a la pureza genuina del Evangelio.
En este contexto surgió la vocación de dos hombres providencia­les: Domingo de Guzmán y Francisco de Asís. Las crónicas antiguas, tanto dominicas como franciscanas, hablan del encuentro de ambos santos: «Santo Domingo encontrándose con san Francisco exclama: Tú eres mi compañero, tú caminarás conmigo, estemos juntos y todas nuestras empresas se realizarán por la fuerza del todopoderoso».
Domingo fue fundador de la Orden de Predicadores en Tolosa, Francia, en el año 1215, y su primer Maestro General.
Hombre contemplativo y gran predicador, mandó a sus frailes dedicarse intensamente a la oración y el estudio para poder ser útiles a los demás mediante el ministerio de la Palabra. Murió en Bolonia, el 6 de agosto de 1221, y su cuerpo fue enterrado en la Iglesia de san Nicolás de las Viñas, hoy llamada de Santo Domingo. Fue canonizado el día 3 de julio de 1234 por el papa Gregario IX.
Del Común de pastores o de santos varones: para los religiosos.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos al Señor de los apóstoles, que constituyó a Domingo heraldo del Evangelio.

Oficio de lectura

HIMNO

Un hombre del Evangelio
camina con Jesucristo;
largo silencio en la frente
y fe de contemplativo.

Sin tacha por el mensaje,
sin plata para el camino;
nacido de la Palabra,
siervo y apóstol Domingo.

La brasa de la verdad
tocó sus labios contritos;
y el Verbo que lleva al hombre
junto al Padre lo ha aprendido.

Que brille la ciencia santa
con fuego de amor divino;
sea la contemplación
lluvia que se vuelve río.

Sea la alegre pobreza
mesa de hermanos unidos;
sea la fraternidad
posada de peregrinos.

¡A ti, Cristo, nos llegamos,
oh Cristo, te bendecimos!:
mientras tú seas el Fiel,
tu Iglesia tendrá testigos. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos.

Salmo 41

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan noche y día
mientras todo el día me repiten:
«¿Dónde está tu Dios?»

Recuerdo otros tiempos
y desahogo mi alma conmigo:
cómo entraba en el recinto santo,
cómo avanzaba hacia la casa de Dios
entre cantos de júbilo y alabanza
en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué gimes dentro de mí?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío».

Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo desde el Jordán y el Hermón
y el monte Misar.

Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.

De día el Señor me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza,
la oración al Dios de mi vida.

Diré a Dios: «Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?»

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué gimes dentro de mí?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío».

Ant. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera primogénito de muchos hermanos.
Ant. 2. Dios ha brillado en nuestros corazones, para que nosotros iluminemos dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo Jesús.

Salmo 76

Alzo mi voz a Dios gritando;
alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia busco a Dios;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehusa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

«¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecemos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?»

Y me digo: «¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!»
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras,
y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos;
¿qué Dios es tan grande como nuestro Dios?
Tú, oh Dios, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, oh Dios
te vio el mar y tembló,
los abismos se estremecieron.
Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el estruendo de tu trueno;
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida.
Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas,
mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.

Ant. Dios ha brillado en nuestros corazones, para que nosotros iluminemos dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo Jesús.
Ant. 3. El Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe, para que desbordéis de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.

Salmo 144, 1-9

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey,
bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tu justicia.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.

Ant. El Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe, para que desbordéis de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.

R. Todas las palabras que yo te diga.
V. Escúchalas atentamente y apréndelas de memoria.

PRIMERA LECTURA
De la Primera Carta del apóstol san Pablo a los Corintios                                               2, 1-16

Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado

Hermanos: Cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Tam­bién yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasi­va sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Sabiduría, sí, hablamos entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.

Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conoci­do, pues si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucifi­cado al Señor de la gloria.

Sino que, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman». Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo pro­fundo de Dios. Pues, ¿quién conoce lo íntimo del hom­bre sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Del mismo modo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios.

Pero nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo; es el Espíritu que viene de Dios para que conozcamos los dones que de Dios recibimos.

Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu. Pues el hombre natural no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibir­lo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíri­tu. En cambio, el hombre espiritual lo juzga todo, mien­tras que él no está sujeto al juicio de nadie. «¿Quién ha conocido la mente del Señor para poder instruirlo?». Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo. 

RESPONSORIO                                                                                        2Tim4, 2-5; Rom 10, 15 
R. Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiem­po, argulle, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina. * Tú sé sobrio en todo: soporta los padecimien­tos, cumple tu tarea de evangelizador.
V. Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evan­gelio. * Tú sé sobrio en todo.

SEGUNDA LECTURA
De varios Escritos de la historia de la Orden de Predicadores
(Libellus de principiis OP; Acta canonizationis sancti Dominici: Monumenta OP, Mist. 16, Romae 1935, pp. 30ss., 146-147)

Hablaba con Dios o de Dios

Domingo se distinguía por la pureza de sus costum­bres. El divino fervor que le impulsaba era extraordina­rio. Por eso es evidente que era un vaso de honor y de gracia. Brillaba en él una constante estabilidad de áni­mo, a no ser que se dejara llevar de la misericordia y de la compasión. Y, como la alegría del corazón trasciende al exterior, la bondad y la alegría que reflejaba su rostro manifestaban claramente el sereno equilibrio de que go­zaba en su interior.

En todas partes con sus palabras y sus obras daba claro testimonio de que era un hombre evangélico. De día, nadie era más sencillo y alegre que él en el trato con sus hermanos y compañeros. De noche, nadie más asi­duo en velar y orar. Hablaba poco, a no ser con Dios en la oración, o de Dios, y de esto hablaba a sus hermanos.

Su súplica constante y particular a Dios fue que se dignara darle el verdadero amor, que le impulsara a cui­dar y procurar siempre la salvación de los hombres. Creía que empezaba a ser verdadero miembro de Cristo, si se entregaba totalmente, con todas su fuerzas, a salvar al­mas, como nuestro Señor Jesús, Salvador de todos, que se entregó totalmente por nuestra salvación. Y con este fin fundó la Orden de Predicadores, madurando durante mucho tiempo esta profunda y provechosa resolución.

Con frecuencia exhortaba a los religiosos de dicha Orden a estudiar siempre el Nuevo y el Antiguo Testa­mento. Siempre llevaba consigo el evangelio de Mateo y las epístolas de Pablo, y las estudiaba mucho, de modo que podría decirse que casi se las sabía hasta con el corazón.

Dos o tres veces se le propuso ser obispo y siempre rehusó, pues prefería vivir con sus frailes en pobreza a ocupar un episcopado. Conservó intacta hasta el fin la flor de su virginidad. Deseaba ser azotado y que lo hi­cieran pedazos y morir por la fe de Cristo.

De él afirmó Gregorio IX: «He conocido a un hombre fiel en todo a la vida de un verdadero apóstol. Es induda­ble que también en el cielo estará gozando de la misma gloria que los apóstoles».

RESPONSORIO                                                                                       Eclo 4, 28-29; 2Tim 4, 2 
R. No dejes de hablar cuando sea necesario ni escon­das tu sabiduría. * Pues la sabiduría se revela en la pala­bra, y la educación en el hablar.
V. Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiem­po; argulle, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina. * Pues la sabiduría se revela en la palabra.

HIMNO Te Deum.
La oración como en Laudes.

Laudes

HIMNO

Era brasa en Domingo la Palabra,
el celo por la gloria del Dios vivo,
con el amor de Cristo, que le apremia,
se ofrece por salvar a los perdidos.

En Domingo renace el Evangelio,
y la vida apostólica en sus hijos,
lleva su voz la fuerza del Espíritu,
que puso en pie a la Iglesia en el principio.

Caminaban por los pueblos y naciones
enseñando la fe, la ley de Cristo,
mostrando la verdad que nos libera,
el amor que nos tiene redimidos.

La Iglesia resplandece como aurora,
luz sobre el monte, huerto florecido,
exulta con los hijos recobrados,
da a la vida la sal del regocijo.

Oh Santa Trinidad, verdad sin sombra,
faro y puerto del hombre peregrino,
danos un corazón que te conozca
y adore la bondad de tus designios. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Mi alma está sedienta de ti, porque tu gracia vale más que la vida.
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Ant. 2. Alababa Domingo a Dios con su palabra, cantando: «Bendito sea el Señor».
Ant. 3. Que los fieles festejen la gloria del Señor con vítores.

LECTURA BREVE                                                                                                               Ef 3, 8-9 
A mí, el más insignificante de los santos, se me ha dado la gracia de anunciar a los gentiles la riqueza insondable de Cristo; e iluminar la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo.

RESPONSORIO BREVE
R. Contad a los pueblos * La gloria del Señor. Contad.
V. Sus maravillas a todas las naciones. * La gloria del Señor. Gloria al Padre. Contad.

Benedictus, ant. ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona justicia, que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!»

PRECES
Alabemos al Señor, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, y digámosle:
Alabado seas, Señor, que nos das la salvación. 

Bendito seas Señor, que diste a la Iglesia tu siervo Domingo como ministro y guía para muchos hermanos,
concédenos que, bajo su dirección, caminemos siempre alegres y confiados en tu misericordia.

Tú que hiciste brillar a santo Domingo por el esplendor de las virtudes, el fervor de la caridad y el celo de la predicación evangélica, 
concédenos caminar tras él en el seguimiento de tu Hijo.

Tú que has hecho a Domingo de Guzmán heraldo del Evangelio, 
haz que, con nuestra palabra y con nuestra vida, te hagamos presente en medio del mundo.

Tú que nos llamas a la perfección por la oración y contemplación, 
haz que, a ejemplo de santo Domingo, hablemo siempre de Dios y con Dios.

Padre nuestro.

Oración

Te pedirnos, Señor y Dios nuestro, que santo Domin­go de Guzmán, insigne predicador de tu Palabra, ayude a tu Iglesia con sus enseñanzas y sus méritos, e interceda con bondad por nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.

Hora intermedia 

Las antífonas y salmos, de la feria correspondiente.

Tercia
LECTURA BREVE                                                                                                          1Cor 2, 4-5 
También yo me presenté a vosotros débil y temblan­do de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
V. Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor.
R. Al que enseñas tu ley.

Sexta
LECTURA BREVE                                                                                                               Is 59, 21
Mi espíritu, que está sobre ti, mis palabras que puse en tu boca, no se apartarán de tu boca, de la boca de tu descendencia, ni de la boca de la progenie de tu descendencia, desde ahora y para siempre.
V. Mira, yo pongo mis palabras en tu boca.
R. Hoy te establezco sobre pueblos y reyes.

Nona
LECTURA BREVE                                                                                                                Mal 2, 6
Transmitía la ley con fidelidad y no se encontraba fallo alguno en sus labios; caminaba conmigo en paz y rectitud, y apartaba del pecado a mucha gente.
V. Haz que camine con lealtad.

R. Enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.

La oración como en Laudes

Vísperas

HIMNO

Domingo de Guzmán, noble de origen,
preferiste otros timbres de nobleza,
ser todo del Señor era tu gloria,
ser para el mundo lámpara evangélica.

Su Palabra sembraste por doquier
para ofrecer a Dios cosecha plena.
Vivir en la verdad, llevarla a todos
dejaste a tu familia como lema.

Luchaste con denuedo, sólo armado
con la fe, la palabra y la pobreza,
para arrancar las almas del error,
volverlas a la gracia de la Iglesia.

Tu oración eran lágrimas pidiendo
para todo el perdido la clemencia.
Tu compasión, la luz de tu semblante
el bálsamo ofrecía a toda pena.

Oh Santa Trinidad, que con tu fuego
el alma de Domingo hiciste hoguera,
danos ir por su luz hasta tu luz
y tu amor encender en nuestra tierra. Amén.

SALMODIA
Ant. l. Te ofreceré un sacrificio de alabanza invocando tu nombre, Señor, Dios mío.

Salmo 115

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos».

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho el cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Ant. Te ofreceré un sacrificio de alabanza invocando tu nombre, Señor, Dios mío.
Ant. 2. El Señor ha estado grande con nosotros porque cambió nuestra suerte.

Salmo 125

Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Recoge, Señor, a nuestros cautivos
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir iba llorando,
llevando la semilla;
al volver vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Ant. El Señor ha estado grande con nosotros porque cambió nuestra suerte.
Ant. 3. Por la sangre de Cristo hemos recibido el perdón de los pecados.

Cántico                                                        Ef 1, 3-10 

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.

Él nos eligió en Cristo,
antes de la fundación del mundo,
para que fuésemos santos
e intachables ante él por el amor.

Él nos ha destinado por medio de Jesucristo,
según el beneplácito de su voluntad,
a ser sus hijos,
para alabanza de la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en el Amado.

En él, por su sangre, tenemos la redención,
el perdón de los pecados,
conforme a la riqueza de la gracia
que, en su sabiduría y prudencia,
ha derrochado sobre nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad:

el plan que había proyectado
realizar por Cristo, en la plenitud de los tiempos:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Ant. Por la sangre de Cristo hemos recibido el perdón de los pecados.

LECTURA BREVE                                                                                                      Flp 1, 3-4.7-8 
Doy gracias a mi Dios cada vez que os recuerdo; siempre que rezo por vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer dia hasta hoy. Esto que siento por vosotros está plenamente justificado: os llevo en el corazón, porque tanto en la prisión como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís mi gracia. Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero en Cristo Jesús.

RESPONSORIO BREVE
R. Bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios, * Y la cumplen. Bienaventurados.
V. Y dan fruto con perseverancia. * Y la cumplen. Gloria al Padre. Bienaventurados.

Magníficat, ant. Oh padre excelso, santo Domingo, míranos siempre con bondad mientras vivamos, y a la hora de la muerte acógenos a tu lado.

PRECES
Celebrando con júbilo la protección de santo Domingo, encomendemos a la bondad de Dios nuestras necesidades y las de todo el mundo, diciendo:
Salva a tu pueblo, Señor. 

Padre bueno, que nos has llamado a servirte siguiendo las huellas de Cristo,
otórganos el mismo amor a la verdad que inflamó a santo Domingo.

Tú que confiaste a santo Domingo y a sus seguidores la misión de enriquecer el mundo con los frutos de la contemplación en la oración y el estudio, 
danos ser perseverantes en la oración, asiduos en el estudio y fervientes en la predicación.

Señor, que ofreces a tus ovejas los pastos de la vida y las fuentes de la verdad, 
multiplica en la Iglesia hombres y mujeres que proclamen con eficacia al mundo de hoy tu amor a los hombres.

Tú que has resucitado en gloria a tu Hijo Unigénito, hecho obediente hasta la muerte de cruz, 
haz que nuestros hermanos y hermanas difuntos contemplen sin fin tu rostro.

Padre nuestro.

Oración

Te pedimos, Señor y Dios nuestro, que santo Domin­go de Guzmán, insigne predicador de tu Palabra, ayude a tu Iglesia con sus enseñanzas y sus méritos, e interceda con bondad por nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!» (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén

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Liturgia de las horas: 28 de julio, beata María Teresa Kowalska, virgen, mártir, II Orden

beata Maria Teresa Kowalska

28 de julio
BEATA MARÍA TERESA KOWALSKA
VIRGEN, MÁRTIR, II ORDEN
Memoria libre para OFMCap y Clarisas Capuchinas

Teresa del Niño Jesús es una de los innumerables mártires que entregaron su vida por amor durante la persecución religiosa de la Segunda Guerra Mundial.
Nació en 1902, en Varsovia; tomó el hábito de las Clarisas Capuchinas en el convento de Przasnysz, en 1923, y emitió los votos perpetuos en 1927. Fueron distintivos suyos el espíritu de oración, la laboriosidad y la amabilidad con todos.
El 2 de abril de 1941, los nazis asaltaron el monasterio, arrestaron a todas las religiosas y las trasladaron al campo de concentración de Dzialdowo. Murió, por las penalidades de la cárcel, el 25 de julio de 1941. Ofreció sus sufrimientos a Dios por la liberación de sus hermanas religiosas que, de hecho, recuperaron su libertad dos semanas después de su muerte. Fue beatificada por Juan Pablo II, el 13 de junio de 1999 en su segundo viaje apostólico a Polonia, junto a cinco Hermanos Menores, siete Conventuales y cinco Capuchinos, en un grupo de 108 «mártires del holocausto» de la Segunda Guerra Mundial.
Del Común de un mártir o de vírgenes.
Himnos castellanos en el Apéndice I.

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA
De la Homilía del beato Juan Pablo II, papa, en la beatificación de ciento ocho mártires de la Segunda Guerra Mundial
(13 de junio de 1999: AAS, vol 91, 1999, pp. 1051-1056)

El testimonio de la victoria de Cristo

Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia. La liturgia de hoy da a nuestra acción de gracias un matiz particular. En efecto, permite ver todo lo que ocurre en la historia de esta generación desde la perspectiva de la misericordia eterna e Dios, que se ha revelado más plenamente en la obra salvadora de Cristo.

Jesús fue entregado por nuestros pecados y resu­citó para nuestra justificación. El misterio pascual de la muerte y resurrección del Hijo de Dios ha abierto un surco nuevo a la historia humana.

Si miramos en ella los signos dolorosos producidos por la acción del mal, llegamos a la certeza de que éste no puede dominar los destinos del mundo y del hombre, no puede triunfar. Esta certidumbre brota de la fe en la misericordia del Padre que tanto amó al mundo que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca sino que tenga vida eterna

Por eso, cuando san Pablo propone la fe de Abrahám que, apoyado en la promesa de Dios, no vacila entre dudas, sino que se reafirma en la fe, podemos vislumbrar la fuente de esta fuerza, gracias a la cual ni las más duras pruebas están en grado de separarnos del amor de Dios.

«Señor Jesucristo… dígnate defenderme con el sig­no de tu cruz santísima; y dígnate concederme… que, así como llevo en mi pecho esta cruz con las reliquias de tus santos, así conserve siempre en la mente el recuerdo de la pasión y las victorias de tus santos mártires»: ésta es la oración que, al ponerse la cruz pectoral, recita el obispo.

Hoy hago de esta invocación la plegaria de toda la Iglesia en Polonia que, llevando la pasión de Cristo des­de hace mil años, se ha regenerado siempre en la semilla de la sangre de los mártires, y vive del recuerdo de la victoria lograda por ellos en esta tierra.

Precisamente hoy estamos celebrando el triunfo de quienes, en nuestros días, dieron por Cristo su vida tem­poral para poseerla por los siglos en su gloria. Una victo­ria singular, porque fue compartida por representantes del clero y de los laicos, por jóvenes y ancianos, por per­sonas de distintos estamentos y estados.

Entre ellos se encuentra el arzobispo Antonio Julián Nowowiejski, pastor de la diócesis de Plock, torturado hasta la muerte en Dzialdowo; el obispo Wladyslaw Goralde, pastor de Lublin, torturado con odio especial sólo por ser obispo católico.

Hay también sacerdotes diocesanos y religiosos, que murieron porque no quisieron abandonar su ministerio. Entre ellos están también aquellos que murieron sirvien­do a los compañeros prisioneros, enfennos de tifus, y los que fueron torturados hasta la muerte por defender a los hebreos.

En el grupo de los beatificados hallamos hermanos religiosos y religiosas, que perseveraron en el servicio de la caridad y ofrecieron sus tormentos por el prójimo. Entre estos beatos mártires están también algunos lai­cos. Están cinco jóvenes, formados en el oratorio salesiano; un celoso catequista laico torturado hasta la muerte por su servicio; una heroica mujer que dio libre­mente su vida a cambio de la de su nuera que estaba a la espera de dar a luz un hijo.

Todos estos beatos mártires son, hoy, inscritos en la historia de la santidad de pueblo de Dios que peregrina en la tierra polaca desde hace más de mil años. Si hoy nos alegramos por la beatificación de ciento ocho márti­res, clérigos y laicos, lo hacemos, antes que nada, por­que son el testimonio de la victoria de Cristo, don que nos restituye la esperanza.

Mientras cumplimos este solemne acto se reaviva en nosotros la certeza de que, independientemente de las circunstancias, también nosotros podemos conseguir una victoria plena en cada caso, gracias a Aquel que nos ha amado. Los mártires beatificados nos gritan al cora­zón: ¡Creed que Dios es amor! ¡Creedlo en el bien y en el mal! ¡Acrecentad en vosotros el fruto de la fidelidad a Dios en toda prueba!

¡Alégrate, Polonia, por los nuevos beatos! He aquí la riqueza de su gracia; he aquí, el fundamento de nuestra indestructible confianza en la presencia salvífica de Dios sobre los caminos de los hombres del tercer milenio. 

A él sea la gloria por los siglos de los siglos.

 

RESPONSORIO
R. Contemplarnos tu belleza, virgen de Cristo. * Has recibido del Señor una corona espléndida.
V. No se te quitará el honor de la virginidad: no serás ya separada del amor del Hijo de Dios. * Has recibido del Señor.

La oración como en Laudes.

Laudes

Benedictus, ant. Dichosa la virgen que, negándose a sí misma y cargando con su cruz, imitó al Señor, esposo de las vírgenes y rey de los mártires.

Oración

Padre nuestro del cielo, que nos alegras hoy con la fiesta de la beata María Teresa del Niño Jesús, que en­tregó su vida en holocausto de amor, concédenos la ayu­da de sus méritos a los que hemos sido iluminados con el ejemplo de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

Magníficat, ant. Mirad la virgen que sigue ya al Cordero que fue crucificado por nosotros; también ella, corno el Señor, ha sido víctima pura, una hostia inmaculada.

APÉNDICE I:
Himnos en castellano
OFICIO ORDINARIO

Laudes

Como se abrió la mañana
en esplendores del día,
hoy crece en mí la alegría
para alabar al Señor.

Loado, Señor, tú seas
por el sol y por la vida.
Loado, tú, sin medida;
es mi tributo de amor.

Loado, Señor, tú seas
en el agua y en las rosas,
¡Dios mío y todas mis cosas!
Loado siempre, Señor.

Y con Francisco te alabo
hoy con toda criatura.
Que todas de tu hermosura
son pregoneras y honor.

Al Dios que es Trino y es Uno
den alabanza infinita,
que en todo ser está escrita
la grandeza de su amor. Amén.

Vísperas

La perfecta alegría
sólo está en el amor,
en un amor capaz de dar la vida.

No la dan las riquezas,
si no es una, Señor:
la de tu amor como única moneda.

No la dan los placeres,
y sí la da el sabor
de recibir de ti mieles y hieles.

Ni la da, no, el orgullo,
sino el ser servidor
de todos y por ti, por darte gusto.

La da la paradoja
de abrazarse al dolor
como tú a tu cruz de sangre y mofa.

La perfecta alegría
se logra en el amor,
en ese amor capaz de dar la vida.

Perfecta como tú, genuina joya,
dánosla ya, Señor,
como una gracia que será tu gloria. Amén.

COMÚN DE SANTOS FRANCISCANOS

Laudes

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del Seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseña
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.

Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y Único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.

SANTOS VARONES FRANCISCANOS

«¡El Amor no es amado!» (San Francisco)

Fuiste grito enamorado
de la inefable hermosura
de una increíble locura:
Dios en hombre anonadado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste del dolor flechado
al mirar la horrible muerte
y el cuerpo sangrado, inerte,
de tu Dios crucificado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste tú el anonadado
al alimentar tu vida
con el pan y la bebida
de Jesús sacramentado.
«¡Ay, y el Amor no es amado!»

Fuiste voz, ansia, cuidado
de hacer entender a todos
los hombres, de todos modos,
que sólo existe un pecado:
«¡Ay, que el Amor no es amado!»

Hoy, ya bienaventurado,
en la familia del cielo,
danos repetir tu anhelo
de ver a Dios siempre amado.
«¡Ah, que el Amor sea amado!» Amén.

SANTAS MUJERES FRANCISCANAS

Dichosa tú, que te llamas
hermana de Jesucristo,
y que nutres con su sangre
tu amor al Padre divino,
y amas con él como a hermanos
a todos los redimidos.

Dichosa tú, que te llamas
esposa de Jesucristo,
desposada por el Padre
en el amor del Espíritu,
que compartes sus afanes
y sus bienes infinitos.

Dichosa tú, que te llamas,
sí, madre de Jesucristo,
pues en la fe lo concibes
y lo das a luz en hijos
de tu amor a los demás
y tu amor contemplativo.

Dichosa hermana y esposa
y madre de Jesucristo,
pues te llamas lo que eres,
como él mismo lo ha dicho,
y con él reinas y gozas
por los siglos de los siglos. Amén.

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